A pesar del gran esfuerzo realizado en la construcción de la nueva Capital, la ciudad no tendrá un larga vida. Tras la muerte de Akhenatón, acaecida durante el decimoséptimo año de su reinado, el nuevo faraón Tutankhamón (1334-1325 a.C) rechaza la renovación religiosa emprendida por Amenofis IV, volviendo a las tradiciones y restaurando el culto a Amón en el templo de Karnac. En principio parte de la población de Ajetatón (el-Amarna) permaneció en la ciudad, pero fue abandonada paulatinamente, de forma que quedó desahitada (exceptuando una zona junto al rio dedicada a la producción agrícola).
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