El ajuar funerario, a pesar de la modestia de la tumba, constituye uno de los grandes tesoros de la arqueología de la Antiguedad. En la antecámara se encontraron tres lechos dorados flanqueados por parejas de dioses y otros cuatro más modestos, todos ellos dispuestos para el uso del faraón en su vida de ultratumba. Ya ante la puerta de la cámara funeraria, aparecieron dos estatuas, de tamaño natural, de Tutankhamon presentaban aplicaciones de oro, mientras que el cuerpo estaba ennegrecido con pez, estaban preparadas para albergar el alma (ka) del soberano, ambas ostentan los símbolos del poder, el color negro de las imágenes aluden a la resurrección, no en vano el limo fertilizardor de la tierra que deposita regularmente el Nilo es de este color negruzco, se trata de una característica iconográfica presente en la tradición funeraria anterior a Amenofis IV y que se relaciona con el culto a Osiris (resucitado tras su muerte), el culto a este dios de los muertos es el mito funerario más importante en la religión egipcia. Según la descripcón de Carter, estos eran algunos de los objetos más importantes hallados en la antecámara, pero se encontraron muchos más objetos de gran riqueza como muebles, pequeñas estatuas, vasos de alabastro, etc. Entre las piezas mobiliarias más destacadas se hallaba el impresionante trono de Tutankhamon, considerado como de las piezas más ricas del arte suntuario de la Antiguedad. Su estructura es de madera noble y toda la superficie se encuentra cubierta de materiales preciosos como el oro (trabajado con la técnica del repujado) o incrustaciones de piedras semipreciosas y vidrios policromados. El respaldo acoge una escena del faraón junto a la reina, cobijados ambos bajo los rayos benefactores del dios solar Atón, iconografía que demuestra que la idedas de Amenofis IV siguieron ejerciendo una cierta influencia en el reinado de Tutankhamon, la escena conserva algo de la cotidianidad que los artista de Amenofis IV habian desplegado en las representaciones de el-Amarna.
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