Es indudable que en el momento que se inicia la Dinastía IV Egipto es un próspero y fecundo Estado, con un gobierno centralizado cuya máxima autoridad ostenta en rey. Durante la dinastías anteriores, especialmente la Dinastía III, se han fomentado unos signos de poder transmitidos a través de las artes plásticas, éstos legitimaban al rey como supremo gobernante de amplios territorios, esta imagen será la que cambie con el advenimiento de la Dinastía IV.
Con la Dinastía IV la tipología funeraria experimentará algunos cambios destinados a vincular al soberano con el dios-sol Ra, esta nueva visión se proyectará y perpetuará con la Dinastía V. El dios-sol empieza a despertar el interés por los teólogos egipcios, se le considerará como fuerza superior y tanto las pirámides como la aparición del título “Hijo de Ra”, son símbolos de la nueva identidad que adquiere el faraón.
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