El material utilizado, una purísima diorita de gran dureza, la perfección de su ejecución y la iconografía hacen de ella la viva imagen del poder del faraón. Kefrén aparece entronizado y protegido por el Horus en su forma de halcón, identificando a la persona del faraón como la encarnación terrenal de la divinidad. A diferencia de esculturas anteriores, de rasgos arcaizantes, la imagen de Kefrén es más etilizada, de rasgos más delicados; se presta un especial cuidado a la anatomía que aparece idealizada y a los detalles como se puede apreciar en los plegados de la falda y en el tocado; el trono aparece enriquecido con inscripciones y elementos decorativos esculpidos en relive. Esta iconografía del poder divino del faraón se va a prolongar durante casi todo el arte del Antiguo Egipto.
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