El esplendor adquirido por las dinastías del Imperio Nuevo tendrá un amplio reflejo en la ciudad de Tebas y en el templo de Amón en Karnac que se convertirá en el principal centro espiritual de Egipto. Las continuas intervenciones en Karnac durante la dilatada Dinastía XVIII, convirtieron el templo en un auténtico laberinto, reservado al faraón y la alta jerarquía sacerdotal.
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