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View Full Version : Ta Nut Ra Ptah, el sueño perdido


soñador
07-01-2004, 08:16 PM
Os juro, hermanos que jamás estuve en Ta Nut Ra Ptah, el sagrado lugar donde la reina Nut concilió el cielo y la tierra. Sus sacerdotes, antaño los Maestros del Número y la Medida, ahora que el país ha caído bajo dominación griega, apenas son un burdo remedo, una cruel pantomima de lo que en tiempos fueron. Eran, para nosotros los aspirantes de la Casa de la Vida, una leyenda más del pasado, quizá una mentira exagerada para enaltecer nuestro propio origen. Por este motivo, no acabé de comprender las palabras que me dirigía mi preceptor Hati cuando me habló sobre la importancia de la restauración que se había llevado a cabo en el Templo de la Diosa Madre hasta que me puso las manos dándose cuenta de mi desinterés y falta de atención.

La imposición de manos es una de las trece especialidades médicas con las que los sacerdotes suelen premiar a los novicios que no han planteado problemas en el curso de sus estudios o consideran que les han servido bien. Mi maestro Hati utilizaba esta técnica de un modo increíble y la enseñaba con precaución sólo a aquellos alumnos que él mismo elegía, entre lo cuales tengo la inmensa suerte de contarme. En esta ocasión Hati no me impuso las manos con fines curativos, sino para sumergirme en el más extraño sueño que nunca pude imaginar y en el que creí caer como desde un abismo tras una breve e inútil resistencia por mi parte.

Antes de caer dormido, sin poder mover ni siquiera mis músculos faciales, vi difuminarse el sonriente rostro de mi maestro. Me resistí, no era la primera vez que mi maestro me inducía en tal estado, siempre sentía unas naúseas increíbles a pesar de que, una vez despierto, me sintiese muy bien. Pero su voluntad era más fuerte que la mía y sucumbí como siempre. Entré en un sueño que no reconocí como tal, yo que siempre advierto cuanto estoy soñando, sencillamente cambié de lugar y hasta que desperté no supe que había estado soñando.

Me vi en aquel sitio, estaba allí. En el lugar de la Dama del Cielo. Después subí una escalera de ciento cuarenta y cuatro peldaños que llegaba justo al lugar en la terraza situado encima del recinto secreto donde se guardaban las reliquias de Osiris, y allí me condujeron. En el techo estaban las Doce y justo en el centro del círculo reconocí a Ptah. Observé elementos de cálculo y a las siete Errantes. A un lado, la imagen de Nut aparecía con las manos extendidas y sus pies llegaban hasta los muros.

De repente, las figuras dispuestas en círculos dentro del círculo comenzaron a moverse. El Cortejo de las Doce cobró vida. El León navega sobre una manjit que se transforma en serpiente. Vi como una mujer diminuta se aferraba a la cola del León, volvió su cabeza hacia mí y la reconocí de inmediato: era Iset. Detrás estaba Nut, con una espiga en la mano, la diosa reina que ha dado su nombre a una constelación, Virgo, y, detrás de ella, una forma humana con cabeza de toro. Sobre esta cabeza, algo o alguien blande un bastón con cara de chacal. En el tercer dibujo, la Balanza de la Justicia oscila. El Escorpión parece agitar su cola, Sagitario se dispone a lanzar una flecha. La cabra, Capricornio, está echada pero a punto de ponerse de pie apoyándose con tensión en una de sus patas, de pie sobre su lomo está Horus con cabeza de gavilán que presenta un bastón con gesto triunfal. Justo detrás está Acuario que vierte agua con un jarro en cada mano. Los Gemelos revelan algo importante, pues unidos por un cordón están separados por un jeroglífico que representa tres líneas truncadas. Aries, símbolo de Amón, está tumbado en sentido opuesto a su curso histórico, mirando hacia atrás. El Toro gira su cabeza a Oriente pero casi salta en dirección al norte como si quisiera salir del círculo. Lo que primero fue un Escarabajo, ahora bajo estos griegos le llamamos Cáncer, es el que cierra el Cortejo de las Doce.

Aborto en la contemplación del techo en la Sala de las Reliquias, no fui consciente de que había despertado. El círculo ya no estaba ante mí, era la cara de Hati que se carcajeaba de mi confusión. Cesó de reir y, acercándo su cara, me ordenó que le detallase todo lo que había visto. Después de que le contase mi sueño, se inclinó y me dijo con severidad:

-Aprendiz Matti, ¿puedes explicarme el significado de tu sueño?

-No, maestro Hati. –respondí bajando los ojos al suelo.

-En tal caso, -respondió mi maestro con dura expresión- no podrás acceder a tu ordenación de segundo grado. Te aconsejo que medites profundamente los próximos días, pues no es merecedor del conocimiento quien pasa sobre él ignorándolo. Si tu capacidad no te permite extraer la sabiduría que encierra la visión con que has sido premiado, la próxima vez que veas mi cara me veré obligado a inducirte de nuevo, y te aseguro que no te resultará nada agradable comparado con lo que has vivido hasta hoy. Ahora retírate y vuelve dentro de siete días, no hay vuelta atrás, o triunfas o sucumbes.

Apoyé mis manos en las rodillas y, tras incorporarme, salí temblando de la habitación. Sólo me quedaban siete días y decidí que si por el sueño veía, por el sueño conocería. Apreté con la mano fuertemente la pequeña vasija de barro que ocultaba bajo mi túnica mientras me dirigía a mi aposento, el destilado de cornezuelo ya me había ayudado en alguna ocasión límite. Esta lo era.

soñador
07-18-2004, 08:08 PM
Sentado en la posición del loto frente a su maestro, alzé mi inclinada cabeza y respondí:

-Sí, maestro Hati.

-En tal caso, -repuso Hati en tono grave- dime cual es el significado general de esa representación.

Traje a la mente las incompletas visiones que el cornezuelo me había proporcionado e intenté componerlas en orden antes de reponder.

-Piénsalo bien, Matti, tu futuro depende de tu respuesta. –añadió Hati- Te diré algo, debes saber que los elementos de esa visión que tan bien me describiste, existen. Están precisamente en ese lugar que pudiste ver en sueños, pero que no conoces. He decidido enviarte allí, donde maestros del Número y de la Medida te instruirán si me demuestras que lo mereces. Habla.

-El grabado de piedra es una advertencia y refleja un momento en el tiempo. Un hecho concreto muy importante.

-¿Por qué dices que refleja un momento en el tiempo? –me interrumpió Hati.

-La posición de los signos del Escarabajo y del León lo indican, -aclaré- pues su posición relativa en el cielo está asignada a la perfección; el primero hacia el sur, mientras que la cabeza del segundo lo está al norte.

-De acuerdo, -asintió Hati- me agrada comprobar que no te dejar confundir por la apariencia de estos nuevos símbolos introducidos por los pequeños griegos, ya que has identificado sin problema al Escarabajo. ¿Ves algo más de particular en estos símbolos?

-Sí. El León está bajo Cáncer, el Escarabajo, inicia una nueva progresión en el tiempo pero retrocediendo en el espacio…

-Eh, eh, -volvió a interrumpir Hati- espera. Lo que dices no hay quien lo entienda, ¿qué es eso de que el León progresa en el tiempo pero retrocede en el espacio?

Quedé en un largo silencio ante la pregunta de mi maestro, cuyos ojos inquisidores me taladraban. Yo no conocía el significado profundo de la respuesta que me demandaba, pero los signos eran claros aunque yo no pudiera comprenderlos. Así que con la humildad que pude, le dije:

-La representación de la constelación de Cáncer indica claramente, sin posibilidad de otra interpretación, ese movimiento extraño de Ra.

Ante la cara absorta de Hati, que me miraba sin ver, me atreví a preguntar:

-¿Lo viste así en Ta Nut Ra Ptah, maestro?

¿Eh? –despertó Hati de su introspección- Soy yo el que pregunta, aprendiz, y sólo hemos empezado. Ya me explicarás tus métodos de comprensión, ahora...

soñador
07-21-2004, 06:17 PM
…dime, ¿estamos hablando de esto?

Hati extendió en el suelo un rollo en tanto que no dejaba de fijar su vista en mí. Incliné la cabeza para examinar el papiro sintiendo la mirada del preceptor sobre mi rapado cráneo. Fingí examinar con detalle lo que me mostraba con objeto de ganar tiempo para evaluar mentalmente la situación.

Mi maestro intentaba dilucidar hasta qué punto yo había podido extraer conocimiento de la visión en la que me indujo, ignorando que las explicaciones que le estaba ofreciendo me habían llegado mediante trance por ingesta de cornezuelo al que recurrí en mi desesperación, como hago siempre que me enfrento a un problema grave. Concluí que mis respuestas no eran las que esperaba, pero tampoco le habían contrariado como para dar por concluída nuestra reunión.

Sé que no puedo esperar nada malo de Hati, no es como la mayoría de los sacerdotes, pero conozco su severidad; si mis respuestas hubiesen sido incorrectas, bien él habría dado por terminado su examen, bien me hubiese puesto las manos con resultados impredecibles. Algo más tranquilo debido a mis razonamientos, alzé la cabeza y respondí:

-Sí, maestro Hati.

-¿Estás seguro? ¿Es… exactamente esto?

Yo estaba seguro que la representación del papiro que acababa de mostrarme, era una reproducción fiel del techo de la Sala de las Reliquias de Ta Nut Ra Ptah, pues la visión y el cornezuelo habían conseguido que el dibujo se grabase en mi mente. Pero el sospechoso tono de la voz de Hati hizo bajar nuevamente mis ojos hasta el papiro. ¡No era el mismo dibujo que acababa de ver! Si bien seguía el mismo esquema, faltaban elementos. Desconcertado, volví a mirar a Hati que casi no podía reprimir la risa.

-Maestro, este no es el papiro que me enseñaste, está incompleto.

-No, Matti, –se carcajeó mi preceptor- esta vez no estás soñando, mira bien.

Hati levantó el papiro dejando ver otro bajo el primero mientras decía:

-Sólo pretendía averigüar si eras capaz de distinguir. Al menos puedes discernir de dos respuestas posibles, la verdadera. Por supuesto, un palo de ciego no es suficiente. Como te dije, dejaremos al León y al Cangrejo para el final, porque sé que no sabes nada de nada y, si insisto sobre ello, comenzarás a tartamudear. Será mejor que me hables del resto de los elementos.

Volví a respirar aliviado para mis adentros, pues sabía que si Hati me invitaba a continuar era debido que me había ganado su aprobación. Él sabe que soy un ignorante, pero querrá saber el medio por el que he logrado dar palos de ciego que han resultado ser certeros. Así, me dispuse a relatar fielmente lo que el espíritu del cornezuelo me había transmitido.

Pewero
07-28-2004, 01:39 AM
Hola Soñador, me gusta tu narracion y me gustaria que ademas de redactarla, me hablaras de su origen, sigue adelante amigo.

Soñador, ¿recuerdas aquel foro de los sueños? me parece que tu participaste ahi con algunas aportaciones.

Saludos Pewero.

soñador
07-30-2004, 06:21 PM
Hola, amigo pescador, que Ra alumbre a tus pies por llamar aportaciones esas líneas que, como aquí, escribí en aquel foro. Sí me acuerdo, haría falta uno así, donde cada cual contase sus sueños. Me alegro que te guste mi relato, pues lo escribo a ratos para mi diversión y la vuestra. Está abierto como todos los foros, cualquiera puede añadir un capítulo o los que quiera, ánimo.

Te habrás dado cuenta que lo situo en epoca Ptolomaica, en una Casa de la Vida de una importante ciudad, cuando Egipto era menos Egipto pero aún conservaba una gran parte del conocimiento que nos llegó por los griegos, cuando su pasado ya era leyenda para ellos mismos. Fue un foro que abrió Semmat sobre Denderah el que me lo inspiró.

Un saludo y un abrazo para todos los miembros del foro, soñadores o no.

soñador
07-30-2004, 06:25 PM
A punto de empezar a hablar, Hati volvió a interrumpirme:

-¿Dijiste que el grabado también es una advertencia?

-Sí, maestro. –respondí.

Me pareció que Hati acentuaba su profunda y severa mirada que, sin embargo no podía ocultar una gran humanidad. Me sentía seguro y bien en su compañía, pero, al mismo tiempo, yo era dominado por una expectante inquietud, pues lo inesperado era habitual en él. Pero no abrí mi boca hasta que me invitó a continuar diciendo:

-Bien, bien… ya hablaremos de eso, ahora te escucho. Describe en orden estricto.

Mis visiones con el cornezuelo habían sido incompletas, por momentos de una viva nitidez, a ratos con oscuras sombras, y yo deseaba ofrecer a mi maestro la respuesta que me permitiese acceder a la ordenación, ya que me suponía el acceso a la práctica de la medicina. Yo había superado mis exámenes en más de tres especialidades, lo que no era frecuente entre los aspirantes, por eso no acababa de comprender que Hati hubiese retrasado mi ordenación condicionándola, ahora, a demostrarle unos conocimientos de los que nadie nunca me habló. Pero confío en Hati, pues sólo he recibido bien de él y siempre me ha ayudado, incluso se ha arriesgado por mí y no puedo recriminarle nada a pesar de mi impaciencia.

Sin pensarlo, puse en práctica el mismo ejercicio de meditación que Hati me había enseñado para la imposición de manos y que he repetido miles de veces. Anulé mis pensamientos dejándolos pasar y notando como la fuerza de Maat me hacía vibrar sutilmente. En semitrance, me sorprendí oyéndome hablar:

» Iset, la madre de Horus, esa mujer pequeñita que se agarra a la cola del León, simboliza a los que descienden de los supervivientes de Amenta, los seguidores de Horus, nuestros ancestros, que inician su andadura hacia el Segundo Corazón de Ptah bajo su majestuoso y firme signo.

» La espiga que Nut sostiene en sus manos es el símbolo del germen divino que lleva en sí y que la acompaña con forma humana y cabeza de toro en alusión a su hijo Usir. El cuarto creciente del Sol poniente, el de los Durmientes de Amenta, está, precisamente, sobre la cabeza de Nut, y en su mano izquierda porta un bastón con cabeza de chacal, símbolo del asesino Set sometido al final a su hermano mayor.

» Gracias a la Balanza, que representa la justicia suprema, pasaron más de dos mil años después del primer grabado, sin conflictos. Los seguidores de Horus mantuvieron el país sin guerras relevantes durante milenios, pues los problemas se resolvían durante el mes dedicado a esta constelación, la Balanza, ante una piedra consagrada, una balanza de oro y veintidós jueces. Fuera de nuestras fronteras, éramos considerados dioses.

» En estricto orden, sigue el Escorpión. Debe su nombre a Nar-Mer, el último rey que unificó los dos clanes fraticidas, el de Usir y Usit que estos griegos llaman Set y Osiris. Después vienen Sagitario y la Cabra, cuyos conceptos están oscuros en mi mente, maestro, sólo puede decirte que Horus, sobre el lomo de la Cabra y con cabeza de halcón, muestra un bastón que simboliza la victoria sobre su tío Set.

» El que Vierte las Aguas representa al creador, pero su significado también me resulta confuso. Los Dos Peces están unidos pero al mismo tiempo separados, es nuestro pueblo y nuestra condición. El Carnero es el símbolo de los usurpadores, de los idólatras del Sol, de Amón. Por eso está representado mirando al este, invirtiendo el curso natural, en lugar de estar mirando al oeste, donde reposan los Antepasados de Aha Men Ptah. El Toro Celeste parece vivo en la piedra, lanzándose al norte fuera de la espiral de las Doce, pertenece a todos los mundos vivientes y aún más allá.

» Los Gemelos para los griegos, Dos Hermanos para nosotros, están representados por una escena dual, son cuatro figuras. Los dos principales, cogidos de la mano, son Usir y su esposa Iset, los otros dos, los gemelos, han sido relegados a una posición inferior, bajo el grabado del Carnero, como firme voluntad de recordar la vergüenza de los fraticidas.

En este punto cerré mi boca y mis ojos pudieron ver a Hati que me había estado escuchando con toda atención. Me sentí extrañamente tranquilo a pesar del largo silencio de mi preceptor, tan largo que, inclinando mi cabeza, recalqué en voz baja:

-He hablado.

Hati permaneció todavía en silencio un buen rato sin apartar su vista de mi antes de responder con una pregunta.

-¿Qué hay en ese grabado además de la animadversión de los grabadores de la Dama del Cielo hacia los seguidores de Set?

soñador
08-14-2004, 11:15 AM
Ante la pregunta de mi maestro dudé si sería capaz de contarle la parte final de mi visión, tan extraña y terrible como delirante, pero a mi entender vívidamente reflejada en el círculo de las Doce. Temí hablar porque mi sueño era un desatino y podía provocar mi expulsión de la Casa de la Vida.

Sentía como la mirada de Hati intentaba traspasar mis pensamientos. Era evidente que mi maestro se contenía para no inducirme, pues deseaba oir las palabras que yo quisiera expresar por mi propia voluntad.

―Maestro, en realidad me lo explicaste tú al leerme una inscripción de la cripta de Poniente del templo de la Dama del Cielo.

―No te entiendo, Matti -volvió su mirada a un lado Hati.

―El cielo enrojece por el desenfreno de las costumbres. -cité textualmente de memoria- Es el preludio del resplandor del fuego celeste. Ya nada es recto, ya nada es honesto en Aha Men Ptah. La impiedad y la blasfemia la han corrompido todos sus estamentos. Desgraciadamente el Gran Cataclismo está próximo. Qué tiempos tan terribles. Tu bramido, que viene del León, quebrantará incluso su poder.

―Eres como las extrañas aves que traen de oriente en esos raros camellos de dos jorobas. -me interrumpió Hati levantando su mano con brusquedad- Repites las palabras con la entonación de un salmo, sin comprenderlas ni saber qué dices.

―Maestro, -respondí sin alzar la cabeza- se trata de la advertencia a la que aludí. Es uno de los motivos del grabado, el principal motivo.

Hati dejó de fingir desprecio y volvió a mirarme fija e inquisitivamente al tiempo que me decía con severidad:

―¿Es todo lo que tienes que decir? Deja de jugar, Matti, yo soy el gato aquí, y tú el ratón, no lo olvides. Di todo lo que sepas.

―Ra cesó su navegación en el firmamento, -casi me sobresalté al oir mi voz jugándome mi futuro- como si fuera el fin de los tiempos. Aquel día, bajo el signo del León, invirtió su recorrido. Como dicen los textos: ¡Oh, tiempo, que suspendió su vuelo en León!

Visiblemente alterado ante mis palabras, Hati, enmudeció. Un larguísimo silencio volvió a hacerse entre nosotros. Por respeto bajé mi cabeza y miré al suelo hasta que la voz de Hati sonó de un modo completamente distinto hasta entonces.

―Eso no te lo ha revelado Maat, eso no es de Nut. Tampoco es producto de una inducción y, sin embargo, es cierto. No es un palo de ciego como los que acostumbras a dar, ni el resultado de una santa imposición de manos. Matti, dime, ¿quién te lo ha dicho o cómo lo has averiguado?

Tuve la impresión de volver a jugarme mi futuro por segunda vez en tan corto espacio de tiempo. Pero Hatti me conocía bien, creo que mejor que yo mismo, y no podía ocultarle nada. Así, decidí liberarme diciendo:

―Soy un ignorante, maestro, no sé nada, y temo no poder alcanzar mi ordenación, pues, deliberadamente ha sido retrasada por tu voluntad hasta el punto de que otros aspirantes de mi edad ejercen desde hace más de un año. Sin duda, todo esto debe ser a causa de mi ignorancia y debo confesarte que, en mi confusión y ansias por demostrarte que soy digno de tu enseñanza, he recurrido al cornezuelo que me mostró en visiones lo que te acabo de decir.

Llegado a este punto, callé y bajé mi cabeza de nuevo. Ciertamente, mi futuro pendía de las próximas palabras de Hati.

Fimosis III
08-14-2004, 12:40 PM
Soñador, tu relato es apasionante, tu estilo narrativo envolvente y preciso, vívísimo. Felicidades. Seguiré impaciente los progresos de Matti.

Un saludo

soñador
08-15-2004, 08:35 PM
Gracias, Fimosis III, me alegro que te guste. Sólo es un pequeño cuentecillo sin ninguna pretensíón para divertirnos todos, está abierto para que cualquiera participe, añada alguna página, preste argumento, critique.. lo que sea.

Saludos y un abrazo para todos los miembros del foro.

soñador
08-17-2004, 10:33 AM
―Mírame a los ojos, Matti. -oí decir a mi maestro.

No había motivo para mi temblor interno, pero tal era mi estado cuando alzé la cabeza para mirar a mi preceptor. Sus ojos no mostraban severidad y noté su actitud desacostumbradamente relajada cuando empezó a hablarme.

―Ahora, escúchame. Lamento con pesar que mi presión te haya llevado a adoptar procedimientos que pueden resultar peligrosos, de tan inciertos resultados como el cornezuelo, pero yo no te enseñé a utilizar ese remedio del modo que tú lo has hecho. Te enseñé a utilizar la fuerza sublime de Maat, el poder de Nut, con la que has conseguido curaciones asombrosas, ¿qué más necesitas, tú que la utilizas cientos de veces al día, para confiar en ella?

Advertí una profunda queja en el reproche de mi maestro y ello me resultó tan abrumador que bajé mi mirada al suelo.

―Matti.

Inmediatamente volví a mirar a los ojos a mi preceptor que continuó hablando:

―Debo ser comprensivo. Es más, necesito serlo y tú me das la ocasión para ello, por lo cual te debo agradecimiento. No se me oculta que ver la ordenación de compañeros menos capaces en tanto que se retrasa la propia, debe resultar muy desalentador. Dices bien, yo ha retrasado la tuya y he permitido que otros menos aventajados que tú ya estén enriqueciéndose con la práctica de su conocimiento. Por este motivo, te pido excusas.

―Maestro, no lo hagas. -protesté- ¿Quién soy para que me pidas excusas por algo que de seguro es por mi bien? Soy yo quien te las pide por mi ignorancia, por mi irreflexión y por no contener mis palabras,

―Bien, -convino Hati con cierto tono de complicidad- de acuerdo. Puesto que todos estamos disculpados, considero el momento apropiado para hacer algo que, te aseguro, estaba deseando desde hace tiempo.

Mi preceptor se levantó para ir al otro extremo de la habitación a coger un delgado estuche de fibra de palmera de dos codos. Regresó y, sentándose frente a mí en la posición del loto sobre la estera, depositó el estuche entre ambos diciendo:

―Es un regalo para ti, maestro Matti.

Lo había oido claramente. Hati me había llamado maestro. Casi olvidé el regalo, y ahora fui yo quien, casi hipnotiozado, clavé los ojos en él.

―Sí, -el semblante inexpresivo de Hati contrastaba con la sonrisa de sus ojos- has oído bien, joven maestro Matti, si bien no me lo oirás en público hasta el día primero del mes de Toht, dentro de diez días. No te he pedido que aceptes mi regalo porque no te supongo capaz de rechazarlo, como tampoco espero una descortesía por tu parte, ¿piensas abrirlo?

Las palabras de Hati habían suscitado en mi mente tal cantidad de reacciones que, efectivamente, había olvidado en ínfimas fracciones de tiempo el regalo que me acababa de ofrecer. No abrirlo en el acto hubiese significado desprecio, por lo que dirigí mis manos hacia el estuche y lo abrí. Era una túnica de lino real doblada por el talle y, encima de ella, un collar de cobre que representaba a dos cobras entrelazasas, a los lados de las cobras se repetían los tres motivos de mis especialidades. Yo sabía todo lo que aquello significaba y el sentido de las palabras de Hati, pero aturdido volví a mirarle con ojos como platos.

―Todo llega, Matti, -mi maestro sonreía abiertamente- y a veces de modo inesperado. Dentro de diez días ya no dependerás del Templo ni de la Casa de la Vida. Serás libre para enriquecerte, para ejercer, para aceptar los brazos que ya te tienden las muchachas o para desperdiciar tu vida. Supongo que no desearás seguir al servicio del Templo, pero te oiré con agrado acerca de tus intenciones pasado mañana en mi casa. Ve por la tarde, a la caída del sol.

Casi inmovilizado en el suelo, vi como mi maestro de incorporaba dando por concluído el diálogo. Me había invitado a su casa, lo cual era una deferencia inmensa pues nadie entraba en su casa si no era invitado directamente por él, como también lo había sido su regalo que mi estado de aturdimiento me había impedido agradecer. Antes de salir, Hati se volvió para decirme:

―En privado no vuelvas a llamarme maestro y dentro de diez días en ningún caso. No lo olvides, te espero pasado mañana.

―No faltaré, maestro. –balbucí mientras Hati salía por la puerta.

soñador
02-03-2005, 06:46 PM
En el exiguo espacio de mi cuarto de baño, sentado sobre la minúscula pileta, acabé de verter agua sobre mi cabeza. Mientras dejaba el jarro en el suelo vino a mi memoria la imagen de El que Vierte las Aguas. El cornezuelo no me mostró imágenes nítidas sobre este personaje, al contrario que sobre el Cangrejo. Pero yo sentía temor por esta figura, pues instintiva, aunque irracionalmente, se me antojaba una formidable advertencia. Y no sabía si esta premonición estaba relacionada con el pasado o con el futuro.

Alejando estos pensamientos, sequé mi cuerpo y me vestí con una ligera túnica de lino que ceñí a la cintura, coloqué en mis hombros el collar de cobre correspondiente a mi condición que pronto sería sustituído por otro y ungí mi cráneo con bálsamo. Después de aplicar kohol sobre mis párpados fui a ver a mi madre y me incliné ante ella. Me despedí de mi padre que hizo una ácida observación sobre el collar que acababa de ponerme, ya que yo nunca lo había utilizado hasta entonces, salvo en festividades religiosas y durante mis ordenaciones anteriores, pero me excusé diciéndole que lo portaba en honor a mi maestro a quien iba a visitar. Esta es la verdad.

Me siento inquieto ante las reverencias provocadas por mis emblemas oficiales entre mis vecinos, incluso entre sacerdotes de más edad pero menor graduación. Me molesta ser blanco de las miradas y, por ello, eludo las vestimentas oficiales, pero en esta ocasión resultaban obligadas, lo cual me fue muy útil a la hora de atravesar el concurrido mercado con sus mil olores y sonidos distintos, pues los viandantes me abrían paso y algunos inclinaban sus cabezas con respeto.

La casa de mi maestro Hati sólo presentaba una larga pared blanca en la que destacaba una sola y única puerta de madera, junto a la que existía una pequeña hornacina. Me abrió la puerta un sirviente que me acompañó a través de dos patios ajardinados con sendos estanques. El final del segundo patio, una bellísima clepsidra en parte transparente, servía también como surtidor. Era un lugar bellísimo en el que se conjugaban armoniosamente trinos de pájaros y el rumor del agua. Mi maestro, que estaba sentado en el porche de su casa junto a un velador, tuvo la deferencia de levantarse a mi llegada, pero yo bajé mis brazos y no hablé hasta ser interpelado.

-Siéntate, Matti. -me habló en tono cortés mientras me entregaba un pañuelo de lino- Agradezco tu visita.

-Soy yo el que te agradece la invitación, maestro. -correspondí inclinando levemente la cabeza.

Otros sirvientes llegaron para veter agua en nuestras manos, las cuales secaron con paños y nos ofrecieron otros. A continuación nos sirvieron hidromiel y frutas, y se retirando después de haberse inclinado. Hati se dirigió a mi diciéndome:

-Te he hecho venir porque, ante la inminencia de tu última ordenación y la consecución de tres especialidades, debo decirte algo al respecto. No obstante, mis palabras dependen de las tuyas, porque ahora eres mi igual y, en breve, poseerás libre albedrío. Mis palabras serán en función de tu libre decisión, de lo que tengas determinado para tu fututo inmediato. Así debo preguntarte cuales son tus intenciones. Dime: ¿Piensar ejercer libremente por tu cuenta o continuar al servicio del Templo como sacerdote de grado superior?

Mi respuesta fue rápida. Demasiado rápida, pero no pude evitarla, salió por sí sola causando una momentánea parálisis en la expresión de mi maestro.

-Ni lo uno, ni lo otro.

soñador
02-11-2005, 06:10 PM
-¿Es tu intención combinar ambas cosas? -inquirió Hati- Porque no creo que puedas permanecer inactivo.

-No, maestro, -respondí- deseo seguir aprendiendo. Si ello es posible.

Hati me miró fijamente sin decir palabra. Su mirada cobró tal intensidad que bajé los ojos, como tantas veces delante de él, musitando:

-Como alumno.

Pero no permanecí demasiado tiempo mirando al suelo. La voz de Hati hizo levantar mi mirada hacia él.

-No insistas en llamarme maestro. Sabemos que las especialidades se adquieren en la práctica pero perteneciendo al Templo, no puedes continuar aquí sino como docente. No existen más estudios en la Casa de la Vida. Sólo hay un lugar en todo Egipto en el que un sacerdote de clase superior...

Hati se interrumpió y volvió a mirarme a los ojos, pero esta vez sostuve su mirada hasta que continuó.

- ...puede seguir estudiando. Estás pensando en los Maestros del Número y la Medida. Sí, recuerdo que te hablé de ello y tú también me has hablado. Era mi decisión enviarte allí. Por este motivo retrasé tu ordenación, porque deseba formarte al ritmo necesario y para ello necesitaba tiempo, porque quise que no sólo fueras un buen médico, además, un buen geómetra y matemático que dominase un conocimiento amplio, incluídas nuestras escrituras, historia y calendarios. Confieso que tus palabras de justo resentimiento me han hecho reflexionar y, por ello, tu inmediata ordenación, que significa tu completa libertad, va acompañada de tres especialidades, lo que no es frecuente y me ha costado algún enfrentamiento con mis iguales que no las aprueban a causa de tu juventud. Siendo libre, como eres, te he hecho venir para conocer si aceptarías ir al lugar de la Dama del Cielo.

-Mis palabras fueron alocadas, -respondí- e ignorantes. Te debo mis estudios y casi todo lo que sé, por ello iría a donde me dijeses. Pero mi deseo coincide con el tuyo y me alegro por ello.

-Tú lo has dicho, Matti. Es mi deseo y me alegro igualmente que sea el tuyo. Pero no es tan fácil.

Hati mandó traer una jarra de vino y ordenó retirar el hidromiel. Sirvió generosamente mi vaso e hizo lo mismo con el suyo. Tras beber un largo trago, apoyó su espalda y dijo:

-Irás a Ta Nut Ra Ptah, pero no puedo garantizarte que te quedes allí el tiempo suficiente. Llevarás las credenciales y los documentos y emblemas oficiales de la Casa de la Vida, devengarás dietas, escolta y todo lo concerniente a tu nueva dignidad junto a mi recomendación personal para mi amigo Anhor, sumo sacerdote de la Casa de la Dama del Cielo, pero la decisión dependerá de él.

Hati se acomodó aún más en su asiento de cuero y volvió a beber antes de seguir hablando como si lo hiciese para sí mismo.

-Nadie entró nunca fácilmente. La severidad es extrema en Tentitris. Todos son sometidos, aún sin ser conscientes de ello, a pruebas que deben ser superadas. Hoy día, resulta aún más difícil, estamos bajo dominación griega y nos negamos a entregarles nuestro saber, pues es todo lo que nos queda. Ese saber es sólo para los merecedores, independientemente de que sean vencedores o no. Antes venían los griegos con humildad, algunos regresaban con más conocimento del que podían asimilar, otros con absolutamente nada, dependiento de su actitud y aptitud, Ahora intentan exigir que les entregemos incluso nuestra alma. Tienen nuestras riquezas y nuestro suelo, pero no nos arrancarán nuestra esencia que debe perdurar para generaciones remotas...

Hati volvió a interrumpirse y, mirándome, advirtió la atención con que le escuchaba. Batió las palmas de sus manos y acudió un sirviente que se inclinó ante nosotros.

soñador
03-04-2005, 06:40 PM
Una vez que el sirviente se hubo marchado, Hati volvió a tomar la palabra diciéndome:

-Tu buena formación no será suficiente en Ta Nut, para que te acepten deberás mostrarles ese algo más que exigen a todos los iniciados. Confío en tu excelente nivel médico, el dominio de la imposición de manos y en esa extraña capacidad que tienes desde pequeño hacia las visiones y que aún no dominas ni acabas de comprender. Esto me recuerda que dejamos inconcluso un tema. El León y el Escarabajo.

Hati tomó un papiro enrollado y poniéndolo ante sí en el velador, me preguntó seriamente:

-¿Has vuelto a ingerir cornezuelo?

-No. -respondí.

-¿Has utilizado el poder de Nut para conseguir visiones?

-No. -volví a responder.

-Hazlo ahora.

Sin acabar de comprender lo que Hati me pedía, mi expresión se volvió interrogante mientras quedaba con los ojos fijos en los de mi maestro.

-Ahora, Matti.

Y, advirtiendo mi duda, añadió:

-¿Por qué no ahora? -su expresión ya no era grave- ¿Qué es una imposición de manos sino la fuerza pura de Nut? Haces imposiciones a diario, inopinadamente porque nunca sabes a la hora que vendrá la enfermedad. Te basta sentir compasión ante la persona enferma y ya estás preparado para utilizar esa sutil pero tremenda fuerza. Sabes que es la fuerza de dios en el hombre, en ese hombre que ayuda al hombre. Sabes que es necesario amar, ser puro, para canalizarla y lo haces por amor a un desconocido cuya enfermedad te mueve a la piedad, lo haces casi a diario por los demás, ahora hazlo por ti. ¿O es que mi presencia te supone impedimento?

Las palabras de mi maestro me influían poderosamente, logrando llevarme a un estado de semitrance. Era ese estado al que él me había ayudado a llegar tantas veces. El estado desde el que llegas a saber si debes utilizar las manos o el sílex con el enfermo. Era la fuerza de Nut que nos mantiene vivos a todos y que puede ser actualizada a través del canal adecuado, nuestro propio cuerpo. Recordé el calor que me producía en las manos cuando sanaba por imposición sin intervenciones agresivas y el íntimo placer que ello me producía, pues esa fuerza beneficia tanto al sanador como al paciente, actuando en ambos. Para ello la armonía debe ser perfecta y la concentración total. El amor debe fluir, sin amor a la persona que sufre esa fuerza no actuará. En esto es millones de veces veces superior al cornezuelo, que es inútil. Esa fuerza la conocen algunos ignorantes que la utilizan con provecho y es ignorada por muchos sacerdotes instruídos.

Apartando estos pensamientos, me di cuenta que Hati no estaba utilizando su formidable capacidad mental de influencia, esperaba que yo utilizase la mía propia y le oí decir:

-Ámate, Matti, actualiza esa fuerza en ti. Hazlo sin miedo porque tu intención es perfecta.

Acto seguido, desenrrolló el papiro y sujetándolo con ambas manos lo extendió ante mí mostrándomelo al tiempo que decía:

-Hazlo ahora.

bidaia
03-04-2005, 06:50 PM
bueno,soñador,me alegra mucho tu regreso con la continuación del relato.
es tan...gráfico que parece que cada escena se desarollase delante de mis propios ojos.me gusta mucho el estilo.
muchas felicidades y continúa,por favor.

un saludo

nefertari7
03-04-2005, 09:02 PM
Buenas noches amigos!

Gracias Soñador por deleitarnos con tan hermoso cuento, leo atentamente sin interrumpirte pero ya no podia más y tengo que darte la enhorabuena,es fantastico!!
Espero con ansias la continuacion de tu relato.......... llevanos soñando a ese pais maravilloso, continua!!!!!

Saludos

soñador
05-11-2005, 04:44 PM
No supe si veía el papiro que Hati me enseñaba o si la visión me la estaba proporcionando mi mente. Dejé de ver la habitación en la que estábamos, tampoco veía a Hati, no veía nada excepto la imagen que estaba ante mis ojos. Pero supe al instante que la fuerza de Nut me poseía de un modo como nunca antes la había sentido.

Noté vibrar todo mi cuerpo al mismo tiempo que experimentaba un cosquilleo en la frente. El papiro desapareció ante mis ojos. Sabía que estaba en trance, pero de tal intensidad que, por momentos, perdía consciencia de ello y creía estar inmerso en una vivencia. Vi como el cielo se oscurecía y como la tierra temblaba. El sol detuvo su tiempo y todo fueron tinieblas, sólo rotas por los incendios de la gran ciudad. Las olas barrieron la costa ahogando a los que no pudieron escapar. Al fin, el mar lo engulló todo y todo desapareció.

El sol, que detuvo su tiempo en León, después de un eterno día y medio volvió a salir por el mismo lugar que se puso. Sus rayos hicieron brillar la única ala que el empapado escarabajo pudo desplegar después de haber escapado, a duras penas, del inmenso desastre. En ese momento mi visión se hizo difusa, y recuperé mi estado normal, esta vez con absoluta normalidad. Hati me sorprendió entregándome un estuche de palma mientras decía:

-No hables. No necesito oírlo, sé lo que has visto. No podré verte después de tu ordenación, pues parto para Siwa ese mismo día. Así, me he permitido redactar tus credenciales, ya que no quise que otro lo hicera por mí, para puedas marchar al Lugar de la Dama del Cielo en el momento que desees

soñador
07-22-2005, 07:47 PM
Gracias, nerfertari7 y bidaia, me alegro que os guste, intentaré colgar algún episodio de vez en cuando. Si veis que tardo mucho, seguid vosotros si os parece. Un abrazo.

soñador
07-22-2005, 07:48 PM
El viaje al lugar de la Dama del Cielo tuve que hacerlo en su totalidad por tierra siguiendo la orilla del Nilo pues la crecida, adelantada, imposibilitaba la navegación a contracorriente. Esto me dio la oportunidad de confraternizar con los sacerdotes de los templos en los que pasaba la noche, y preferí soportar sus puyas y bromas debido a mi escasa edad antes que colgar sobre mis hombros el collar de cobre que Hati me regaló. Ocultar mi grado evitaba la rigidez en el trato que hubiese impedido una relación informal y la posibilidad de conocer el día a día de la tierra que pisaba.

Por mi condición de sacerdote de primer grado y la naturaleza de mi traslado, me asistía el derecho a residir en las dependencias del templo si así lo deseaba. Dudaba donde fijar mi residencia cuando llegase a Tentitris, si en el templo o fuera de él, pero nunca me asaltaron dudas sobre mi futura estancia en aquel lugar. Por alguna incomprensible razón, sabía que ese iba a ser mi sitio. A pesar de las advertencias de Hati yo tenía confianza en mi y en los conocimientos que había adquirido junto a él y en la Casa de la Vida. También confiaba en mis especialidades, imposición de manos, generalista y trepanación, aunque siempre he juzgado esta última como perfectamente inútil, pues sólo se obtienen resultados en un caso de cada cien o aún menos, en tanto que en la imposición de manos había comprobado que, en mi caso, surtía efecto en siete casos de cada diez, si bien no es siempre aplicable, bien por el tipo de dolencia, bien por las particulares condiciones que deben regir en la relación médico-paciente.

Tuve ocasión durante mi viaje de quedar impresionado en el gran templo de Amón en Tebas, donde se efectuaban sacrificios de modo contínuo, tanto en el interior como en el exterior a la vista de miles y miles de peregrinos que no cesaban de acudir a aquel lugar, donde el olor a sangre y a carne quemada llega a resultar desagradable y provocar náuseas. El mismo barullo podía observarse en los atracaderos que, por las especiales condiciones de la época, aparecían atestados de barcas a la espera de poder remontar el río. Pero no tuve tiempo de poder pararme como pretendía, pues mi destino estaba próximo y la fecha de mi llegada estaba fijada de antemano.

En muy poco tiempo acabé el final de mi primer viaje, pues nunca antes había salido de Heliópolis. Divisé desde lejos el aspecto que ofrecía el templo de la Diosa Madre. Los oblicuos rayos del sol de la tarde, reflejados en el embarcadero, incidían en los policromados muros haciéndolos brillar como una joya. Varios caminos convergían en una amplia plaza entre el embarcadero y el templo, que estaba flanqueado por una doble Casa de la Vida y, al otro lado, un estanque sagrado de abluciones. Otro templo más pequeño parecía proteger su parte posterior. Frente a la plaza, dos pequeños pilonos marcaban el inicio de la muralla de adobe, pintada y con las aristas perfectamente rectas.

Era un lugar verde y apacible, sólo con una pequeña población cercana y un embarcadero muy extenso, que transmitía calma, pues no se observaba allí ningún ajetreo agobiante. Si tuve dudas antes de llegar sobre dónde fijaría mi residencia, éstas se me disiparon casi al instante, pues en las dependencias exteriores busqué al sacerdote que debía recibirme, el cual en aquel momento increpaba con dureza a un subordinado y, cuando éste se inclinó poniendo una rodilla en tierra pidiendo excusas, el superior le despidió dándole un fuerte golpe con el pie. Cuando volvió su mirada hacia mi, como he dicho, mis dudas se habían disipado. No pernoctaría allí.

Me disgustó que fuese esta la primera impresión de saqué de aquel lugar sagrado, donde me dirigía con todo respeto interior debido a lo que representaba, pero tampoco me sorprendió en exceso, pues sé que la naturaleza humana, voluble y contradictoria, es la misma en todos los lugares. Sin embargo, viendo aún en el rostro de aquel sacerdote mucha ira reflejada y no queriendo ser blanco de ella, decidí colgar de mi cuello el collar de cobre que me distinguía como superior, y me dirigí a él.

soñador
07-26-2005, 10:05 AM
El respeto que instintivamente siento hacia las personas que me doblan la edad, no lo experimenté en ese momento con aquel sacerdote, por lo que, consciente de mi grado superior, puse en mi pregunta y en su tono toda la altanería y distancia que pude:

-¿Cuál es tu nombre, sacerdote?

A la vista de mi collar de cobre, bajó su cabeza y sus brazos al tiempo que me respondía.

-Amós, noble señor ¿eres el enviado de Hati?

-Yo soy, -asentí- mi nombre es Matti, de Heliópolis, y si ese es tu nombre, eres el que debe recibirme.

-Así es, noble sacerdote, tengo que...

-Pero he sido yo -le interrumpí- el que se ha molestado en buscarte, cuando eras tú el que debía estar esperando para recibirme con presteza y auxiliarme en lo que me resultase necesario. En lugar de esto, he perdido mi tiempo, me has hecho sufrir tu incompetencia y te encuentro golpeando a un subordinado. ¿Cual ha sido el motivo de tu actitud?

Aquel hombre cambió varias veces la expresión de rostro demostrando confusión. Me resultó evidente su penoso estado, al que contribuían algunos sacerdotes que aminoraban su paso cerca de nosotros, e incluso lo detenían, intentando captar nuestra conversación. Amós, medio inclinado ante mí y pasando los ojos alternativamente del suelo a mi cara, acertó a murmurar:

-Son unos inútiles, acaban con mi paciencia estorbando mi trabajo.

-Entonces, son como tú, -respondí- ¿debo por tanto castigarte en público del mismo modo que tú has hecho?

En este punto, viendo el lamentable rostro de Amós y que la ira no se había marchado de sus ojos que le traicionaban, dudé de la posible eficacia de mi reprimenda, pero no de que aquel energúmeno la mereciera. En todo caso, decidí acabar con la situación diciendo ante el incómodo silencio de Amós:

-Puesto que te he encontrado y no deseo perder mi tiempo, dime ahora si tienes capacidad para hacerte cargo de mis credenciales y si te han entregado algún mensaje o instrucciones para mí.

Amos bajó nuevamente su cabeza respondiendo:

-Anhor, sumo sacerdote, Maestro del Número y de la Dos Casas de la Vida, te está esperando. Tengo orden de llevarte hasta él, apenas llegases. Sígueme, noble sacerdote.

Mi expresión no varió en absoluto, pero quedé momentáneamente en suspenso ante las palabras de Amós. Anhor, sumo sacerdote y maestro de la Casa de la Dama del Cielo, una leyenda viva al que incluso mi maestro Hati siempre se refería con veneración y cuya fama por su conocimiento e increíbles curaciones se extendía más allá del país, me estaba esperando. A mí, que soy nadie.

Sin alterar lo más mínimo el gesto, dije a Amós:

-En tal caso, apresúrate a llevarme ante él, ya hemos perdido bastante tiempo.

iseth
07-27-2005, 06:56 AM
Hola Soñador!!

Qué bueno verte aparecer de nuevo por aqui (aunque no sea la más indicada para decirlo :o ). Sabes que, por mi parte, resulta siempre muy agradable continuar leyendo tu relato. :)


Un abrazo

Iseth ;)