babuino
08-29-2004, 11:35 PM
Un hijo de su mamá, una cantidad indeterminada de señores desconocidos y un posible cuadrúpedo con una enfermedad cutánea escribió en una pared de Barcelona: «desde que los obreros veranean no se puede ir a ninguna parte». La evidente hijoputez, desprecio y mala leche del comentario no quita que en más ocasiones de las que me gustaría… refleje la realidad.
Aprovechando la coyuntura de que el foro últimamente está practicamente copado por temas de índole turística y aprovechando tambien que vengo calentito despues de hablar de la situación actual de la enseñanza en otro tema, quiero presentarles un especímen relativamente reciente… o tal vez no lo sea tanto. Exclusivas babuino tiene el placer de presentarles el manual del perfecto
HOMO TURISTICUS.
Ser un buen Homo turísticus no es fácil, requiere dedicación, constancia y una sutil mezcla de ignorancia autocomplaciente y mala baba. Vaya esto como advertencia preliminar. Un buen Homo turísticus nunca mira donde pone los pies. Pisoteará siempre que le sea posible las excavaciones abiertas y desprotegidas. Si no se puede entrar en un sitio porque lo están restaurando o simplemente porque demasiadas visitas lo han deteriorado, siempre tratará de colarse o, si tiene disponibilidad económica tratará de sobornar al guía o al guardia para que lo deje entrar y sacar unas fotos (a ser posible con un flash bien pontente). Esto nos lleva a una importantísima característica del Homo turísticus; a pesar de ser una especie gregaria que se mueve en rebaño, cada Homo turísticus se cree único. Eso provoca curiosos y destructivos comportamientos como su tendencia a la recolección de recuerdos. Da igual una piedrecita, un trocito de inscripción… lo que sea con tal de vacilar con las amistades y sin que importen los daños que ese comportamiento pueda causar. Estudios avalados por las más prestigiosas universidades han demostrado que una manada de Homos turísticus sin vigilancia puede ser más destructiva que cien Belzonis equipados con maquinaria moderna. Si quieres ser un buen Homo turísticus ni se te pase por la cabeza disfrutar de tu viaje. Comportamientos como la contemplación reflexiva o el emocionarse delante de una pieza o un monumento especialmente relevante están prohibidos. El Homo turísticus ve la vida desde el objetivo de la cámara. Su prioridad no es disfrutar del viaje, su prioridad consiste en vacilar y aburrir a familiares y amigos con maratonianas sesiones de video y de contemplación de fotografías más o menos desenfocadas mostrando a gente con la sonrisa forzada y en posturas imposibles con el fondo, eso sí de algún que otro monumento. El Homo turísticus sacará fotos con flash donde está prohibido (que se jodan las pinturas si se estropean) y reconvendrá con acritud a cualquiera que ose colarse despistado en el plano. El homo turísticus siempre se queja: por el calor, por el frio, por la calidad de la comida, por los mosquitos… por todo. Pasa el tiempo que está fuera de casa quejándose. Comportamiento que no solo remite sino que se invierte cuando vuelve a casa y se pone a marear a quien se le ponga a tiro contándole de la manera más repetitiva posible las maravillosas experiencias y aventuras (con grave peligro para el pellejo en los casos más extremos) que ha corrido. La lectura subliminal de esto último es la siguiente: Yo me he pegao un viaje cojonudo a Egipto mientras que tú, mierdecilla, te has tenido que ir al pueblo como todos los años. Y quiero terminar con un último e imprescindible detalle en todo Homo turísticus que se precie: Aunque sus conocimientos previos (sobre Egipto en el caso que nos ocupa) fueran nulos, eh Homo turísticus regresará, despues de pasar una semana cagando blando, transformado en el más avezado de los egiptólogos.
O sea: tú que lees esto y tienes la suerte de estar a punto de viajar a Egipto… ¡No me seas Homo turísticus!
Saludos.
PS. Si a alguien se le ocurre algún otro dato, experiencia, o lo que sea y que sirva para contemplar este «manual del perfecto Homo turísticus» que no se corte.
Aprovechando la coyuntura de que el foro últimamente está practicamente copado por temas de índole turística y aprovechando tambien que vengo calentito despues de hablar de la situación actual de la enseñanza en otro tema, quiero presentarles un especímen relativamente reciente… o tal vez no lo sea tanto. Exclusivas babuino tiene el placer de presentarles el manual del perfecto
HOMO TURISTICUS.
Ser un buen Homo turísticus no es fácil, requiere dedicación, constancia y una sutil mezcla de ignorancia autocomplaciente y mala baba. Vaya esto como advertencia preliminar. Un buen Homo turísticus nunca mira donde pone los pies. Pisoteará siempre que le sea posible las excavaciones abiertas y desprotegidas. Si no se puede entrar en un sitio porque lo están restaurando o simplemente porque demasiadas visitas lo han deteriorado, siempre tratará de colarse o, si tiene disponibilidad económica tratará de sobornar al guía o al guardia para que lo deje entrar y sacar unas fotos (a ser posible con un flash bien pontente). Esto nos lleva a una importantísima característica del Homo turísticus; a pesar de ser una especie gregaria que se mueve en rebaño, cada Homo turísticus se cree único. Eso provoca curiosos y destructivos comportamientos como su tendencia a la recolección de recuerdos. Da igual una piedrecita, un trocito de inscripción… lo que sea con tal de vacilar con las amistades y sin que importen los daños que ese comportamiento pueda causar. Estudios avalados por las más prestigiosas universidades han demostrado que una manada de Homos turísticus sin vigilancia puede ser más destructiva que cien Belzonis equipados con maquinaria moderna. Si quieres ser un buen Homo turísticus ni se te pase por la cabeza disfrutar de tu viaje. Comportamientos como la contemplación reflexiva o el emocionarse delante de una pieza o un monumento especialmente relevante están prohibidos. El Homo turísticus ve la vida desde el objetivo de la cámara. Su prioridad no es disfrutar del viaje, su prioridad consiste en vacilar y aburrir a familiares y amigos con maratonianas sesiones de video y de contemplación de fotografías más o menos desenfocadas mostrando a gente con la sonrisa forzada y en posturas imposibles con el fondo, eso sí de algún que otro monumento. El Homo turísticus sacará fotos con flash donde está prohibido (que se jodan las pinturas si se estropean) y reconvendrá con acritud a cualquiera que ose colarse despistado en el plano. El homo turísticus siempre se queja: por el calor, por el frio, por la calidad de la comida, por los mosquitos… por todo. Pasa el tiempo que está fuera de casa quejándose. Comportamiento que no solo remite sino que se invierte cuando vuelve a casa y se pone a marear a quien se le ponga a tiro contándole de la manera más repetitiva posible las maravillosas experiencias y aventuras (con grave peligro para el pellejo en los casos más extremos) que ha corrido. La lectura subliminal de esto último es la siguiente: Yo me he pegao un viaje cojonudo a Egipto mientras que tú, mierdecilla, te has tenido que ir al pueblo como todos los años. Y quiero terminar con un último e imprescindible detalle en todo Homo turísticus que se precie: Aunque sus conocimientos previos (sobre Egipto en el caso que nos ocupa) fueran nulos, eh Homo turísticus regresará, despues de pasar una semana cagando blando, transformado en el más avezado de los egiptólogos.
O sea: tú que lees esto y tienes la suerte de estar a punto de viajar a Egipto… ¡No me seas Homo turísticus!
Saludos.
PS. Si a alguien se le ocurre algún otro dato, experiencia, o lo que sea y que sirva para contemplar este «manual del perfecto Homo turísticus» que no se corte.