Editada por: Salah Selem - Amuda Jaial - Nubi
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  #21  
Viejo 12-18-2005, 10:35 PM
Avatar de 5Brujita5
5Brujita5 5Brujita5 no está en línea
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Fecha de Ingreso: Jul 2005
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Predeterminado

¡Como me gusta tu historia! Estoy impaciente como ha ido evolucionando tu vida ahora que llevas más tiempo allí.
Un abrazo
Brujita
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  #22  
Viejo 12-19-2005, 07:47 AM
Avatar de SARAH
SARAH SARAH no está en línea
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Fecha de Ingreso: Apr 2005
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Predeterminado Isabel

Gaby ya es una buena escritora. Besos
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  #23  
Viejo 12-19-2005, 09:38 AM
SHA SHA no está en línea
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Fecha de Ingreso: Sep 2005
Localización: BaRcELoNA
Mensajes: 44
Predeterminado

Madre mia...te debio costar adaptarte Gaby, pero no me quiero imaginar lo que te costara irte de Egipto!!
Animo con el siguiente capitulo!!!
Un besazo!
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  #24  
Viejo 12-19-2005, 12:32 PM
Avatar de ceciliafarrera
ceciliafarrera ceciliafarrera no está en línea
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Fecha de Ingreso: Aug 2005
Localización: Cairo
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Predeterminado

Isa: muchas gracias por tu comentario y por seguir leyendo. En verdad no quiero aburrir. Je, siempre digo lo mismo pero sigo escribiendo. Prometo cuidarme.

Nefert-Maat: Jajaja, gracias, pero mejor intúyeme impulsiva. Jeje, ya verás, pobre Pierre.

Brujita: Pues es que yo misma me asombro por todo lo que ha pasado. Cuando me pongo a leer lo que sucedió en los primeros días, no puedo creer todas las aventuras que hemos vivido.

Sarah: Gracias , pero me falta muchíiisimo para escribir medianamente bien.

Sha: Tienes toda la razón, me costó mucho adaptarme, pero ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y me va a doler en el alma tener que partir.

A todos, gracias por compartir conmigo esta vida.

Besitos

4. FOLLOW ME

You don't know how you met me
You don't know why, you cant turn around and say good-bye
All you know is when I’m with you I make you free
And swim through your veins like a fish in the sea
I'm singing....

Follow me
Everything is alright
I'll be the one to tuck you in at night
And if you want to leave
I can guarantee
You won't find nobody else like me

Uncle Cracker

Sonó el despertador a las siete y media de la mañana. Siempre lo ponemos media hora antes de nuestra necesidad para poder decir, cinco minutos más. Pero la verdad, ese día yo no quería cinco minutos más, quería dormir todo el día, porque la resaca de la tristeza es más fuerte que la del alcohol. Di media vuelta y seguí durmiendo. Quince minutos después, la voz de Pierre volvió a despertarme. Levántate floja, Izrahim no tarda en llegar. Abrí sólo un ojo, y delante de mí, sentado, estaba Pierre con una taza de café recién preparado. Yo quería seguir enojada pero ese detalle debilitó mis intenciones. Gracias, repuse. ¿Ya estás más tranquila? Sí. ¿Quieres ir? Sí. ¿Ya no estás enojada conmigo? No. No estaba enojada, pero el pobre no podía sacarme mas que monosílabos. Terminé mi café todavía en la cama. Y para no perder mi mala costumbre, estuve lista un minuto antes de las nueve. Cuando bajamos un taxi negro desvencijado y ruidoso (como casi todos) nos esperaba en la puerta y fuera, recargado en él, estaba Izrahim, un hombre delgado, curtido por el sol, con manos rugosas y vestido con una chamarra de piel negra. No podía creer que con el calor que golpeaba, unos veinticinco grados a esa hora, él vistiese de esa manera. Nos saludó con una sonrisa y en un perfecto inglés nos invitó a subir al taxi. Nos llevó primero a la Ciudad de los Muertos. Nos explicó que ese lugar era un cementerio. Mausuleos de considerable tamaño, que en algún momento fueron ocupados por gente que no tenía donde vivir. Las casas estaban abiertas, y en el interior se veían tapetes y sobre ellos, gente dormida. Nos dijo que los cuerpos sepultados originalmente habían quedado bajo el piso que los nuevos ocupantes habían colocado para hacer sus nuevas casas habitables. En las calles, se veían algunas personas caminando, comprando leche en carros tirados por burros, fruta o verdura, en cajones colocados con descuido sobre las aceras, o pan a un hombre que sobre unos plásticos que sobre la misma, ofrecía su mercancía. Cuando pasábamos, noté molestia en sus miradas por ver intrusos en sus dominios. En el centro de esa laberíntica y derruida ciudad, se levantaba ante nuestras miradas una pequeña y bien conservada mezquita. Izrahim dijo que era una de las más antiguas en Egipto. Salimos del auto para verla de cerca. La puerta estaba cerrada y tal vez Izrahim observó mi decepción y fue a hablar con el cuidador. ¿Les gustaría conocerla por dentro? No había terminado de hablar cuando yo ya estaba delante de la puerta con mis zapatos en la mano. El cuidador tenía en su mano la llave mágica, una llave antigua, para mí enorme, de unos cuarenta centímetros de largo. Dejamos los zapatos justo en la entrada. El lugar era un solaz, revestido con alfombras verde botella con guirnaldas rojo oscuro ribeténdolas. Una veintena de lámparas pequeñas de cristal colgaban del techo y frente a un rosetón multicolor que apuntaba hacia La Meca, colgaba la lámpara más grande del recinto. El silencio era perfecto, hasta que fue interrumpido por el canto de los pájaros que tenían su nido en los techos de la mezquita. Nos quedamos en pié mirando el rosetón, mirando como la luz se filtraba entre los cristales de colores. El aroma que se metía por todos los poros era de flor de loto. Y ante ese no silencio tan perfecto, sentí la enorme necesidad de dar gracias a Dios, a mi Dios que en ese momento comprendí que era el mismo para todos. So pena de parecer hereje, imaginé los distintos rostros de Dios, los distintos nombres, sus distintas y únicas manos. Izrahím tomó las nuestras y dijo que Alah tiene grabado su nombre en las manos de los seres humanos porque somos sus hijos. Ahí comprendí que ese hombre tan lejano a nosotros en tiempo, distancia y cultura, era tan cercano a nosotros en humanidad. Recordé entonces una canción que ha sido mi himno por los encuentros que a lo largo de mi vida he tenido: Soy vecino de este mundo por un rato/ y coincide que también tú estás aquí/ coincidencias tan extrañas de la vida/ tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir. Yo sonreía y suspiraba y lloraba y decía, esto es increíble. Izrahím, antes de subir al coche nos preguntó si teníamos hambre. No habíamos desayunado y yo le dije que sí. Van a probar los mejores Falafeles de Cairo, Yo no sabía si se trataba de pan, frutas o murciélagos, porque en mi vida había escuchado ese platillo. Pierre pellizcándome, le decía, no gracias no tenemos hambre. Pero Izrahim no lo escuchó y Pierre no se atrevió a seguirlo. No vayas a comer nada, ¿no ves lo sucio que está todo?, te vas a enfermar y no estás vacunada, me decía mientras esperábamos. Yo ya estoy vacunada contra las venganzas de todos los reyes y faraones, no te preocupes, le replicaba. Izrahím volvió con dos paquetes de papel estraza y dentro dos panes árabes que contenían unas tortitas fritas de una pasta de habas verdes; como aderezo zanahorias y algo semejante al chile, pero largo, curtidos en vinagre. Pierre quiso pagarle e Izrahím le dijo, no, el desayuno lo invito yo, porque ustedes son mis nuevos amigos. Mientras yo disfrutaba de mi sencillo manjar cairota (no he vuelto a probar uno igual), me divertía al ver como Pierre trataba de hacerse entender con su mezcla de francés, inglés y español.

Salimos de ese desolado paisaje surrealista rumbo a Dasúr. En medio del desierto había un pequeño oasis. A los lados de la carretera podían verse palmeras, que regalaban su sombra a los hombres cansados. Regados por canales, plantíos de frijos, maíz, tomate y cebolla. Para un ratón de hormigón y rascacielos como lo he sido yo, esta imagen era verdaderamente un remanso. Al salir del oasis me impresionó la invisible pero bien delimitada línea entre la vida del agua y el verdor de las plantas y el desolado paisaje desértico.

Ante nosotros pudimos ver tres pirámides, la primera Amenemhat III, se veía deteriorada, erosionada y que si no fuese por sus dimensiones, hubiera jurado que era un gran montículo de piedra y arena. Izrahím nos mencionó que sólo tendríamos acceso a dos pirámides, una sería la siguiente: la Pirámide Roja, situada al norte del conjunto, fue el primer ejemplo de pirámide pefecta. La construyeron con bloques de piedra local roja revestidos originalmente de piedra caliza, mide doscientos veinte metros de lado por noventa y nueve de alto. El lugar estaba vacío sólo un policía trataba de conseguir sombra recargado en una de las paredes de la pirámide y su camello recostado en la arena, vigilando. Izrahím nos dijo que la entrada era arriba, teníamos que subir unas angostas escaleras. En lo alto, un hombre apostado junto a la puerta nos esperaba con los billetes para entrar. Entra tú primero. No, tú, le dije a Pierre. Un estrecho y bajo túnel en diagonal y barandales a los costados nos invitaban a bajar. Llegamos a una primer cámara rectangular con aroma húmedo y rancio. Tan rancio era que preferí aspirar por la boca. Subimos y luego bajamos unas escaleras y encontramos otras dos cámaras. Nos quedamos un momento ahí, sólo observando ese lugar vacío y todo lo que tenía que decirnos. Yo quería quedarme más tiempo. Pero Pierre me tomó de la mano y me pidió que nos fuéramos. Vi miedo en sus ojos. ¿Qué tienes? Pregunté. Es que me da miedo que estamos solos y que cuando subamos la pequeña puerta esté cerrada. Qué tal si nos dejan aquí. Su miedo era genuino y lo vi desvalido. Entonces comprendí que todo lo que había pasado la noche anterior era también miedo, miedo a lo desconocido, miedo a un nuevo lugar. Igual que a mí, a Pierre le estaba cambiando la vida. Con una ola de valor inusitada, me tomó de la mano y me dijo sígueme, yo te cuido, tenemos que ver Saqqara y Gizah, entonces una melodía inundó mi cabeza, es una melodía que me pone de buen humor y en ese momento me hizo esbozar una sonrisa a ritmo country..
You don't know how you met me (No sabes cómo me encontraste)/
You don't know why, you cant turn around and say good-bye (no sabes por qué, tú no puedes dar la vuelta y decir adiós)/
All you know is when I’m with you I make you free (Todo lo que sabes es que cuando estoy contigo, te hago libre)/
And swim through your veins like a fish in the sea (y nado por tus venas como pez en el mar)/
I'm singing.... (Estoy cantando...)

Follow me (Sígueme)/
Everything is alright (todo está bien)/
I'll be the one to tuck you in at night (tocaré a tus oídos en la noche)/
And if you want to leave (y si tú quieres partir)/
I can guarantee (puedo asegurarte)/
You won't find nobody else like me (que no encontrarás a alguien como yo)
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  #25  
Viejo 12-19-2005, 06:09 PM
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pels43 pels43 no está en línea
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Fecha de Ingreso: Nov 2004
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Amiga aca nos tienes a todos SIGIENDOTE......
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  #26  
Viejo 12-19-2005, 07:14 PM
nefert-maat
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Me gustan todas las entregas.....

Ceciliafarrera.....la impulsividad puede ser buena o mala....como todo...pero uno de sus dones....es el entusiasmo....y de ese a tí te sobra....

un besazo
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  #27  
Viejo 12-20-2005, 12:18 PM
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ceciliafarrera ceciliafarrera no está en línea
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Predeterminado Continuación

Muchas gracias chicas, sobretodo por aguantar la lata. Nefert - Maat, espero que el entusiasmo no se vaya nunca del todo. Un besito también para ustedes.

5. GRACIAS A LA VIDA

Gracias a la vida que me ha dado tanto
me dio dos luceros que cuando los abro
perfecto distingo lo negro del blanco
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo
Gracias a la vida que me ha dado tanto
me ha dado el sonido y el abecedario
con él, las palabras que pienso y declaro
madre, amigo, hermano y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando
Gracias a la vida que me ha dado tanto
me ha dado la marcha de mis pies cansados
con ellos anduve ciudades y charcos playas y desiertos,
montañas y llanos y la casa tuya, tu calle y tu patio
Gracias a la vida que me ha dado tanto
me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano
cuando miro el bueno tan lejos del malo
cuando miro el fondo de tus ojos claros
Gracias a la vida que me ha dado tanto
me ha dado la risa y me ha dado el llanto
así yo distingo dicha de quebranto
los dos materiales que forman mi canto
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos que es mi propio canto
Gracias a la vida, gracias a la vida
VIOLETA PARRA


Izrahím nos esperaba en el taxi. Subimos y nos dirigimos a la parte opuesta de la entrada de la Priámide Roja, desde ahí pudimos observar la pirámide romboidal, tampoco podríamos admirarla de cerca y tuvimos que conformarnos con mirarla a lo lejos, bañada por una finísima película de arena. Retomamos el camino desértico hasta Saqqara hasta llegar al complejo funerario de Te ti, el sol golpeaba con furia nuestros rostros y el calor se hacía insoportable. Descendimos por el típico túnel – escalinata hasta encontrarnos con tres cámaras más amplias que en la pirámide Roja y en cuyas paredes se encontraban inscripciones en jeroglífico grabadas con un tenue tinte azul, en la cámara central encontramos un sarcófago enorme de granito. Extrañamente nos encontramos a gusto ahí, no se sentía calor, el olor no era tan fuerte como en Dashur y la altura de la cámara nos permitía sentirnos más libres. Después de unos minutos decidimos volver a nuestro camino. Nos observaban con atención y montados en camellos algunos policías que cuidaban el recinto, ya de nuevo e la carretera pudimos observar los distintos complejos funerarios que componen Saqqara, pero que serían testigos solitarios conformándose con las miradas lejanas de los turistas. Nos acercamos cuanto pudimos a la Pirámide Escalonada. Cuánta grandeza en silencio. Pensé cuánto tendrían que decir aquéllos testigos mudos.

Izrahím nos propuso ir a casa de unos amigos suyos en Memphis, para que conociéramos la parte menos turística de esos recorridos. Llegamos a un pequeño pueblo dentro del oasis y aparcamos frente a una pequeña casa de adobe con techo de madera y palmas. Salió a recibirnos una mujer joven que llevaba en brazos un bebé y a su alrededor varios niños corriendo y sonriendo. Izrahím le dijo que estábamos ahí para saludar y para tomar un té. Ella dijo que teníamos que esperar a su madre, la mujer de más edad en la casa. Izrahím nos explicó, que los hombres no pueden visitar solos las casas si no está el dueño o la mujer de más edad y respetada. A los pocos minutos llegó una mujer cuyo rostro estaba surcado por innumerables arrugas, ojos pequeños por el paso del tiempo pero tan profundos como su sabiduría empírica, vestía una túnica negra y un velo negro también cubría su cabeza. Izrahím nos comentó que probaríamos pan hecho en casa. Frente a la puerta tenían un pequeño horno de piedra donde cada día cocinaban su pan. La mujer me tomó de la mano y nos guió hacia el interior de su hogar. Pequeñito, dos habitaciones, una que servía de salón para comer y por las noches como dormitorio y otro, la cocina. El salón estaba cubierto con alfombras de plástico y nos invitó a sentarnos sobre ellas. De la nada y en cuestión de segundos, aparecieron por la puerta otras cuatro mujeres, casi diez niños y dos hombres que se sentaron en corrillo junto a nosotros. La mujer nos llevó una tetera de aluminio y un mechero que servía para calentar el té. Una bandeja enorme también de aluminio, repleta de un queso muy salado, de gusto fuerte y de un tono marrón oscuro, pan, el cual era finito y tostado, con el sabor indiscutible del trigo recién molido, Aceitunas y hojas de menta. Yo veía aquello como un delicioso manjar rústico, como si me hubiesen metido en una máquina de tiempo. Pierre lo veía como si de la bandeja fuesen a emerger alienígenas dispuestos a devorarlo. Todos hablaban y cantaban y nosotros no entendíamos nada. Y ahí disfruté ser tan libre para comer, sin tener que apegarme a cucharas y tenedores. Disfruté comer con las manos y sentir el sabor de las cosas naturalmente. El té era también fuerte, casi cremoso y era sobrecogedoramente caliente al pasar por la garganta. Pero curiosamente el calor que sentía, se desvaneció. Los niños querían una fotografía y pudimos capturar su imborrable sonrisa en dos de ellas. Cuando salimos les dejé un paquete de galletas que llevaba y algunos caramelos y ellos en correspondencia me obsequiaron un ramillete de flores. El mayor regalo, fue convivir con gente que jamás había visto y que daba todo lo que tenía con risas y alegría.

No nos dimos cuenta de lo tarde que era, hasta que Izrahím anunció que no podríamos entrar a las pirámides de Gizah. Ah, no, cómo que no. Si era uno de mis grandes sueños y no podía comprender que después de dos días en el Cairo no pudiese verlas. Al ver mi decepción nos propuso hacer un recorrido por el mirador en un paseo en camello. Llegamos a un pequeño establecimiento con un aparcamiento de camellos en la calle. Los animales echados sobre sus cuatro patas pestañeaban sin remordimientos. Se veían tan dulces. A Pierre le temblaban las piernas, porque nunca ha sido aficionado a montar sobre animales cuadrúpedos. Así, que me pidió que fuera la primera en subir. Esto es cosa de niños, le dije. Todavía echado el animalito, me subí en él y a la orden de su dueño sus rótulas delanteras se apoyaron en el piso y casi me voy de cabeza. Cuando el animal estaba en sus cuatro patas pude darme cuenta de la enorme altura que tenía y que realmente no me gustaría caer desde ahí. Me aferré con las uñas y con cuanto pude, dispuesta a no soltarme. Cuando Pierre vio esto no quería subir, cuando se animó no paraba de comenzar a rezar un Padrenuestro combinándolo con estrofas de la Marsellesa. El camino fue divertido y estresante. Cuando llegamos a la “puerta trasera” de las pirámides el miedo se esfumó y comenzamos a trotar como experimentados beduinos en el desierto. Poco a poco nos acercamos al conjunto, hasta que después de una colina pude observar la Pirámide de Micerinos, después Kefrén y cuando vi en todo su esplendor a Keops no pude contener el llanto. Abracé al camello porque no tenía otra cosa que abrazar. Tantos siglos de misterio y cultura resumidos en esas construcciones colosales y perfectas. No tenía palabras ni las tengo ahora. Había esperado mucho tiempo para tenerlas frente a mí, y en ese momento las sentía tan mías. Bajamos de los camellos y sentí por primera vez en el viaje que Pierre se emocionaba y se rendía ante la grandeza. Nos quedamos abrazados unos minutos sólo observando. El sol comenzaba a sentir sueño y era el momento de regresar. En esta ocasión, el guía se montó conmigo en el camello y toda la ilusión de ser una magnífica beduina se esfumó. Al ir en la parte posterior no tenía de donde afianzrme y comencé a dar tumbos y a resbalarme de un lado a otro, hasta que logré alcanzar los cabellos del pobre guía que tuvo que aguantar mis manos en su cabeza durante todo el camino. Cuando llegamos, el dueño de los camellos, nos llevó a la terraza en el tercer piso de su casa. El sol comenzaba a dar su encantador espectáculo diario al dormir. El cielo estaba pintado de rojo intenso detrás de las pirámides y sólo mostraba su perfecta silueta. Ahí pensé que el hombre es capaz, cuando se lo propone, de hacer cosas buenas que duran para siempre.

Terminaba el día, le dije a Izrahím que quería comprar una escencia y nos condujo a la fábrica de un amigo suyo. Un increíble lugar desbordante de aromas. Casi tres mil esencias para perfumería y medicinales. Con mucha paciencia nos mostró cada una y nos dijo que algunas sirven para abrir y equilibrar nuestros chakras o puntos energéticos. Como vio que no le entendíamos nos explicó que tenemos siete. Y que teníamos que abrirlos para recibir los dones que Dios nos da. Entonces nos mostró la escencia de Flor de Loto y nos dijo que con ella la persona que la usa abre sus chakras para la tranquilidad, la armonía y la paz. Nos llevamos este. Dijo Pierre sin dejarlo terminar, que aquí mi mujer y yo necesitamos esas cosas. Todos reímos y desde entonces cuando se avecina algún problema o nuestro ánimo no es el mejor, Pierre dice abre tus chakras y el ambiente se inunda de un suave aroma a loto.

Era apenas el segundo día y ya había recibido la magia de Egipto. Al día siguiente comenzaría mi peregrinaje en solitario ante sorpresas que no imaginaba. En ese momento lo único que me quedaba por hacer era decir Gracias a la vida que me ha dado tanto/me ha dado la marcha de mis pies cansados/
con ellos anduve ciudades y charcos/playas y desiertos, montañas y llanos/y la casa tuya, tu calle y tu patio
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  #28  
Viejo 12-20-2005, 12:47 PM
ESTRELLA* ESTRELLA* no está en línea
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Me está encantando tu historia, ya tengo ganas de leer el siguiente capítulo.

Besos
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  #29  
Viejo 12-20-2005, 01:29 PM
Avatar de TIT
TIT TIT no está en línea
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Ay Gabby, ni se te ocurra pensar que esto pueda ser una lata para nosotros, si lo leemos con avidez !!! Yo solo puedo conectarme en el trabajo y ni te imaginas la de veces que entro aquí al cabo del día solo para ver si tu fantástico relato continua.
Escribes muy bien, ¿no te has planteado hacer un libro de relatos o algo así ?, y tus experiencias nos han enganchado a todos, cuanta valentía encierran...
Sigue, sigue, que mientras tanto releeré extasiada lo que has escrito antes.

Por cierto, el poema "Gracias a la Vida" lo tengo en un LP antiguo de mi madre, cantado por Alberto Cortez, y lo recuerdo muy a menudo, me ha gustado verlo como encabezamiento de uno de los capítulos, para mi también muchos momentos de mi vida van asociados a una canción.

Gracias de nuevo y un beso grande
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  #30  
Viejo 12-20-2005, 01:53 PM
Taja Taja no está en línea
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Hola Gabby....vuelvo a darte las gracias,me encanta tu relato.Me emociona encontrar sentimientos compartidos.Un besazo.
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