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Cleopatra VII
En el seno de una familia intrigante Último faraón de Egipto. Su figura transciende la historia de Egipto, ya que aparece en el escenario político de las luchas civiles de Roma que pusieron fin al Primer y al Segundo triunvirato, por su relación con Julio César y Marco Antonio. Por ello, la imagen que de ella nos ha llegado es contradictoria, basada en los ataques de escritores romanos partidarios de Octavio Augusto. En el seno de una familia intrigante, a la sombra de Roma. Cleopatra Philopator Nea Thea (la diosa que ama a su padre), nació en el año 69 a C. Fue la última representante de la
dinastía ptolemaica o lágida que gobernó Egipto desde el año 305 a. C, en que Cleopatra no era egipcia, ya que la dinastía procedía de Macedonia. Los ptolomeos establecieron su capital en Alejandría, fundada por Alejandro Magno . Los últimos reyes fueron débiles marionetas de Roma. Fue hija de Ptolomeo XII Neos Dionisos, llamado Auletes, el flautista y posiblemente de su hermana Cleopatra V Trifaena I. Otros hijos de Ptolomeo fueron Berenice IV, Cleopatra VI, Arsinoe IV, Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. Tras su muerte y la de su hijo, Tolomeo XV (o XVI, según algunos historiadores) Cesarión, en el 30 a.C., la dinastía desapareció y Egipto fue anexionado al Imperio romano por Augusto. Los primeros años del reinado de Cleopatra A la muerte de Ptolomeo XII en el año 51 a C., Cleopatra VII, de 18 años, subió al trono junto con su hermano Ptolomeo XIII Dionisio II (51-47 a C.) de unos 10 años de edad, con el que contrajo matrimonio, como estipulaba el testamento de su
padre, depositado en el templo de las Vírgenes Vestales en Roma , y del que Pompeyo Magno fue nombrado ejecutor. Gobernó en solitario, ya que prescinde por completo de su hermano y de su camarilla; por ello, en los documentos de los primeros años de reinado sólo aparece su nombre y en las monedas, su rostro, sin la compañía de su infantil esposo. Asumió la tradición y el carácter faraónico del antiguo Egipto, como nunca lo había hecho ninguno de los Ptolomeos. Además de ser el único representante de su dinastía que hablaba el egipcio, ahora se propone participar como lo hicieron los antiguos faraones en las ceremonias religiosas. En marzo del año 51 a de C murió el toro sagrado Buchis, venerado como encarnación de Amón, en el templo de Hermontis, cerca de Tebas, en el Alto Egipto, y había que nombrar un nuevo toro sagrado en una ceremonia religiosa en la que el faraón lo conducía hasta su templo, ceremonia en la que no había participado ningún Ptolomeo y en la que Cleopatra decide mostrarse al modo de los antiguos faraones. Una estela conmemorativa recuerda este hecho: La Reina, la Señora de las Dos Tierras, la diosa que ama a su padre, escoltó el toro en la barcaza de Amon a Hermonthis. Pese a todo, los tres primeros años de su reinado fueron extremadamente difíciles, ya que las inundaciones del Nilo alcanzaron los niveles del codo de la muerte y por otra parte, en el año 48 a C., se vio envuelta en un conflicto con el
procónsul de Siria, Marco Calpurnio Bíbulo, que había enviado a sus dos hijos a Egipto con la misión de recuperar las legiones de Gabinio que permanecían allí desde que éste repuso a Ptolomeo XII en el trono, ya que las necesitaba para dirigir una campaña
contra los partos. Los gabinianos se amotinaron, negándose a abandonar Egipto y en la refriega murieron los hijos de Bíbulo. Cleopatra actuó con suma diplomacia, al expresar sus condolencias y entregar los cabecillas a Bíbulo. Más tarde, recibió a Cneo, hijo de
Pompeyo Magno, con el que se rumoreó, al parecer sin ningún fundamento, que mantuvo una relación amorosa, y al que entregó tropas y víveres que Pompeyo necesitaba en su enfrentamiento con César. Al mismo tiempo, en la República de Roma se desarrollaba la guerra civil entre César y Pompeyo. El 2 de octubre llegó César a Alejandría, con dos legiones, décima y duodécima, y 800 jinetes, con la autoridad de cónsul de Roma, acompañado de sus 12 lictores que portaban las fasces con hachas, en señal de "imperium", lo que provocó el descontento de los alejandrinos. Venía tras los pasos de Pompeyo, y con el fin de cobrar la deuda que Ptolomeo XII había contraído con él, como medio de recuperar su trono. De acuerdo con el plan previsto, Teodoto le presentó la cabeza y el anillo de Pompeyo, pero la reacción de César no fue la esperada, ya que, según Plutarco, lamentó y vengó la muerte de Pompeyo. No hay que olvidar que César siempre se comportó con excesiva magnanimidad con sus enemigos, a los que repetidamente perdonó y que si bien Pompeyo era su rival, en otro tiempo fue amigo, aliado y marido de su hija Julia. César, tras ocupar el palacio, comienza a actuar como árbitro entre Ptolomeo XIII y Cleopatra, a los que cita a su presencia con el fin de cumplir el testamento de Ptolomeo XII. En este punto, Cleopatra ofrece a César una sorpresa más agradable que la cabeza de Pompeyo que tanto le entristeció y encolerizó, como fue su persona envuelta en una alfombra oriental que el siciliano Apolodoro depositó a sus pies. Plutarco señala que ésta fue la primera añagaza con que le cautivó, pero en realidad fue el medio con el que burló a la camarilla de su hermano Ptolomeo XIII, más que dispuesta a impedir la entrada de Cleopatra en palacio. Según Plutarco, César y Cleopatra pasaron juntos la primera noche que se conocieron, como comprobará a la mañana siguiente Ptolomeo XIII cuando, al presentarse ante César, lo encontró junto a Cleopatra. Ptolomeo huyó del palacio entre lloros y gritos en un intento de atraer a los alejandrinos a su causa. Sin embargo, César, al menos aparentemente, se mostró imparcial, ya que se limitó a devolver al pequeño Ptolomeo a palacio y cumplir el testamento de Ptolomeo XII Auletes, restableciendo el gobierno conjunto de Cleopatra y su hermano-esposo; incluso devolvió Chipre a Egipto que quedaría bajo el gobierno de los hermanos de Cleopatra, Arsinoe IV y Ptolomeo XIV. Pronto la situación cambia. Plutarco nos informa que el barbero de César se enteró de una conspiración tramada por Potino para asesinar a éste. Acerca de la guerra que allí tuvo que sostener, algunos la gradúan no solamente de innecesaria, sino, además de ignominiosa y arriesgada por sólo los amores de Cleopatra; pero otros culpan a las gentes del rey, y principalmente al eunuco Potino, que gozando del mayor poder, había dado muerte poco antes a Pompeyo, había hecho alejar a Cleopatra y con mucha reserva estaba armando asechanzas a César. César actuó según su estilo, con rapidez y por sorpresa, y ordenó matar a Potino en un banquete, al tiempo que Aquilas se reunía con el ejercito de Ptolomeo XIII, con lo que se inician las guerras alejandrinas, duras y difíciles, ya que durante 5 meses César estuvo acorralado por el ejército de Áquilas, formado por unos 20.000 hombres, pero que acaban con la victoria de César, la muerte de Ptolomeo XIII y el reconocimiento de Cleopatra como reina absoluta de Egipto (incluído Chipre), aunque César la obligó a casarse con su hermano menor, Ptolomeo XIV. César siempre meditaba cuidadosamente sus actos, por lo que debió tener poderosos motivos para permanecer en Alejandría en defensa de la causa de Cleopatra. No se sabe con certeza si le retuvo la fascinación y el encanto de la reina, intereses
políticos o la conjunción de ambos factores, lo único cierto es que, con su ayuda, Cleopatra recuperó su trono y que en todo momento controló a la reina, que eceptó decisiones que no debieron entusiasmarla, como la cesión de Chipre a Ptolomeo XIV y
Arsínoe, el perdón de ésta y su propio matrimonio con Ptolomeo XIV. Es fácil suponer que Cleopatra amó a un hombre tan carismático. El 16 de abril del 46 a. de C., César derrotó a las fuerzas pompeyanas en Tapso, en África. Luego regresó a Roma, donde recibió la dictadura por 10 años y honores extraordinarios, casi divinos. Es en este momento cuando invitó a Cleopatra a visitarlo en Roma. Cleopatra llegó en el otoño de 46 a. C., acompañada por Caesarión y su hermano-esposo, Ptolemeo XIV. César la acogió en una de sus villas, situada más allá del Tiber, donde permaneció dos años, mientras negociaba un tratado de alianza con Roma. Entre el 20 de septiembre y el 1 de octubre del año 46, César celebró cuatro triunfos: sobre los galos y Vercingetorix, los egipcios, Farneces del Ponto y Yuba. Entre los prisioneros desfilaron Vercingetorix y la hermana de Cleopatra, Arsinoe, a quien César perdonó la vida y que más tarde moriría por orden de Marco Antonio, a petición de Cleopatra. Es posible que Cleopatra no se encontrara en Roma durante los triunfos, ya que no existen documentos que prueben su estancia o que se comportara con tal discreción que su presencia no tuvo eco en los mentideros de la época. Más tarde, el 17 de marzo del 45, César derrotó a los restos de las fuerzas pompeyanas en Munda, aunque quedó con vida Sexto Pompeyo, quien luego sería enemigo de los sucesores de César. Después de Munda, en octubre del año 45 a. C., César regresó a Roma, donde recibió honores propios de reyes y dioses, el título de dictador perpetuo, el derecho a usar el traje triunfal (la púrpura, la corona de laurel y los altos borceguíes de los reyes albanos), los títulos de Liberator e Imperator, la dedicación de una estatua en el templo Quirino, como Deo invicto, y de otra estatua en el Capitolio, entre la de los reyes. Es entonces cuando se inicia el rumor de que aspira a ser de rey de Roma. Bruto y Casio dirigen una conspiración para asesinarle. En los idus de marzo, el 15 de marzo de 44 B.C., los conspiradores rodearon a César en la entrada de la Curia Pompeya y le abatieron con 23 puñaladas, mientras Trebonio entretenía a Marco Antonio fuera de la Curia. ¿Qué papel desempeñó Cleopatra en estos hechos? Se rumoreaba que César pretendía ser rey de Roma, con Cleopatra como reina. Ignoramos si el rumor tenía fundamento. Lo cierto es que de facto era y se comportaba como rey de Roma, aunque no poseyera tal título, y que había llevado a cabo una serie de benéficas reformas sociales e inutilizado al Senado que pasó a ser un simple consejo consultivo. Es posible que pensara organizar el imperio según la idea de Alejandro Magno, como una federación de estados, Roma, Egipto y Partia (que se proponía conquistar). Si estos propósitos se hubieran realizado, posiblemente, Cesarión habría sido el heredero de la nueva monarquía hereditaria. En Egipto era reconocido como Amón y la dinastía de los ptolomeos era la única que seguía representando la idea de la monarquía de derecho divino, por lo que un matrimonio con Cleopatra le convertiría en legítimo heredero de los faraones. Cleopatra residía en en Roma, rodeada de una corte fastuosa y él se vestía como los reyes helénicos y disponía de una estatua delante del templo de Venus Genetrix, en la que figuraba montando un caballo del que se decía que su dueño dominaría el mundo , y, como los faraones, de un templo a Júpiter Julio junto con un clero especial para celebrar el culto de "César, dios vivo" . Cleopatra aparecía como la Nueva Isis y como Venus Genitrix, la diosa madre, en una estatua dorada en el templo del mismo nombre. La sombra de Cleopatra se percibe en la reforma que César hizo del calendario, con la ayuda del astrónomo Sosígenes de Alejandría y en su proyecto de fundación de bibliotecas. Aunque, según Suetonio, César reconoció a Cesarión como hijo suyo, las leyes romanas contra la bigamia y los matrimonios con extranjeros, impedían tanto un matrimonio con Cleopatra, como la legitimidad de su hijo; por supuesto este estado de cosas hubiera podido cambiar. El mismo Suetonio indica: Hervio Cinna , tribuno de la plebe, manifestó a muchas personas que tuvo redactada y dispuesta una ley, que César le mandó proponer en su ausencia, por la que se le permitía casarse con cuantas mujeres quisiera para tener hijos. Por entonces y, sin duda por indicación de César, se había interrogado a los libros sibilinos sobre la guerra que éste se proponía llevar a cabo contra Partia, la única nación que había derrotado a las legiones romanas, y la respuesta fue que sólo un rey podría vencer a los partos. Más tarde se produce la escena, magistralmente recreada por Shakespeare (Julio César), en la que Marco Antonio ofreció públicamente a César en las fiestas Lupercales (15 de febrero), una diadema, símbolo de la corona de rey y que César rechazó, según se cree, porque el hecho no alcanzó la aclamación popular que esperaba. Una de las cuestiones que debía tratar el senado en el fatídico 15 de marzo era la propuesta de Aurelio Cotta (hermano de su madre, Aurelia) para que se concediese a César el título de rey, antes de emprender la campaña contra los partos, puesto que estaba escrito en los libros del destino que únicamente un rey podía vencer a los partos. Se rumoreaba también que Cleopatra había alentado la idea de una monarquía al estilo oriental...A pesar de su extremada discreción en Roma, quizá ya los romanos la odiaban y este sentimiento se refleja en las cartas de Cicerón Ático. A la muerte de César, Cleopatra esperó hasta la lectura del testamento. Cesar adoptaba como hijo a su sobrino Cayo Octavio y lo nombraba su heredero, en caso de que no le naciera un hijo; dejaba legados considerables a sus asesinos y cedía al pueblo sus jardines del Transtévere y 300 sestercios para cada uno de los 150.000 ciudadanos que eran mantenidos por el estado; sin embargo, no mencionaba a Ptolomeo Cesarión. El testamento debió ser un duro golpe para Cleopatra que aproximadamente un mes después del asesinato, regresó a Egipto con su esposo, Ptolomeo XIV, y su hijo . El 15 de abril Cicerón escribió a Ático : "La huida de la reina no me desagrada". Tras su huída, Cleopatra desaparece de la escena política de Roma...hasta su encuentro con Marco Antonio en Tarso. |
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