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 El templo de las ilusiones
Pauline Gedge ha publicado diversas novelas históricas, ambientadas en el antiguo
Egipto,
La dama del Nilo,
su primera novela, El faraón,
El papiro de Saqqara, La casa de los sueños,
El templo de las ilusiones y la trilogía
Los señores de las Dos Tierras, en las que
la frontera entre imaginación e historia es imperceptible, ya que se basan en una
recreación de hechos históricos generalmente aceptados o, si acaso, en hipótesis
conocidas con las que se podrá estar o no de acuerdo.
El templo de las ilusiones
es su quinta novela de tema egipcio. Como muy acertadamente señala Manuel Pereira
en el prólogo que acompaña a la novela:
¿Hasta qué punto es
histórica esta novela?
Como se ve, los escribas ya solían reinventar, reescribir, añadiendo de su cosecha
a la versión original, un poco a la manera de creadores de novela histórica. Pero
los copistas egipcios también nos legaron otros textos, en apariencia más ceñidos
a la verdad histórica. Eran procesos judiciales. Y en particular uno conocido como
"La conspiración del harén"
El papiro Harris recoge el proceso judicial que se siguió contra
los acusados de intentar el asesinato de Ramsés
III. La segunda esposa del faraón, Tiy, apoyada por parte de la
nobleza y altos funcionarios, urdió el complot regicida, con el fin de instalar en
el trono de Horus a su hijo
Pentaur... Fue, pues, una historia sórdida, preñada de ambiciones
oscurecidas por la traición más hiriente y despreciable, por provenir del círculo
íntimo de la víctima, ya que ¿quienes más allegados que una esposa y un hijo?. Sin
embargo, la novela, aunque recoge los datos esenciales de la conjura, nos cuenta
una historia diferente... al modo de los antiguos escribas, como ya señala Manuel
Pereira en su prólogo.
Y, ¿por qué una historia diferente? En una entrevista que Linda Richards hizo a
Pauline Gedge, ésta señala que en sus objetivos son diferentes a los de un
historiador. Si los historiadores se ocupan de la autenticidad de los hechos, el
novelista utiliza la ficción para recrear las motivaciones que pudieron impulsar
a los personajes a realizar los hechos.
Thu es una hermosa campesina, arrogante y ambiciosa, hija de un mercenario libu
recompensado con tres
arouras de tierra cultivable, que vive pobremente en Asuat,
descontenta con su destino. Un día llega a la aldea un famoso mago vidente,
Huy, que cambiará su destino. Bajo su tutela, Thu se convertirá en la dama instruida y refinada
que llegará a ser la concubina favorita de
Ramsés III, pero también, contra su voluntad, en el instrumento que
Huy y sus aliados utilizarán para asesinar al faraón.
La muchacha campesina
confiada a nuestro cuidado, inocente, inexperta y llena de sueños, fue al lecho
del rey como un escorpión: hermosa, imprevisible y mortífera. Como un escorpión le
había picado, pero él se recobró.
El asesinato de Ramsés
fracasó y Thu fue separada de su hijo y condenada al exilio en Asuat, su aldea
natal; en cambio, los instigadores quedaron impunes. Durante 17 años trabajará
como sierva de los sacerdotes de Uepuauet, sin otra compañía que el remordimiento
por su culpa y el odio hacia los falsos amigos que la utilizaron; sentimientos que
la impulsan a escribir día a día su historia, ya que si consigue, con la ayuda de
Uepuauet, el que abre los
caminos, que Ramsés lea su escrito, podrá obtener el perdón y la
venganza que liberarán su espíritu, sin que pueda sospechar que, en realidad, su
ka atormentado sólo recuperará la paz cuando pueda perdonar.
Uepuauet fue un dios con aspecto de chacal, de carácter
guerrero y funerario, originario de la ciudad de Assyut (Asuat). Su título,
el que abre los caminos
, alude a los caminos del parto, de las batallas y del más allá. Por
ello, Thu le confía a su hijo y espera que le ayude a liberar su ka para
alcanzar la eternidad.
El templo de las ilusiones
trastoca, pues, la realidad histórica, pero, quizá por ello, como
contrapunto, nos presenta una cuidada recreación de las costumbres, el ambiente y
la vida en el antiguo Egipto: la familia, las viviendas, casas humildes y mansiones,
los jardines, la alimentación, los perfumes y cosméticos, los vestidos y peinados,
la magia, los remedios medicinales, los venenos, los dioses. Como señala Manuel
Pereira en el prólogo:
Sus descripciones del ambiente urbano y de la vida doméstica en el
Egipto faraónico son tan vívidas que a veces uno cree estar realmente a la sombra
de un sicómoro, comiendo pasteles de azafrán, como hacen los difuntos en el Libro
de los Muertos.
Al igual que en sus otras novelas, el lenguaje contribuye en la
evocación del ambiente; así, no contemplamos amaneceres y atardeceres, sino:
Nut estaba por parir
a Ra, en un torrente de luz
Ra se deslizaba lentamente hacia la boca de Nut y las sombras empezaron a imperar
en el césped.
Y es que la diosa del cielo, Nut, hija de Shu y de Tefnut, esposa de Geb,
dios de la tierra, madre de Osiris, Isis, Seth y Neftis traga al anochecer al dios
sol, al que dará a luz a la mañana siguiente.
Por otra parte, el argumento sigue la cronología egipcia; se inicia en el año 31
de Ramsés, en el que probablemente se descubrió la conspiración, a principios del
mes de Tot, continua durante los meses de Paophi, Athyr, Joiak y Tybi y recoge la
situación política de los últimos años del reinado de Ramsés, la corrupción
administrativa y la codicia de los sacerdotes de Amón:
El delicado equilibrio
de Ma'at, la música cósmica que entretejía los poderes seculares y sacros para
producir aquel canto sublime que era la gran fortaleza de Egipto, se había cargado
de codicia y corrupción; ahora Egipto cantaba débilmente y desafinando.
En sus días de juventud, el faraón había conducido al ejército en una serie de
grandiosas batallas contra las tribus que nos cercaran por oriente, deseosas de
apropiarse de los fértiles pastos del Delta; pero su genio no se extendió a las
batallas que se empezaban a librar dentro de sus fronteras.
Parece como si, después de todo, la autora no resistiera la
tentación de utilizar el verdadero nombre del hijo traidor en la realidad, pero
noble e inocente en la ficción:
-Se te llamó Pentauru.
Él se relajó con un gruñido.
-Excelente amanuense -dijo-. Es un nombre que le va bien al hijo del faraón...
Seguramente Ramsés hubiera cambiado a Tiy y Pentaur por Thu y su
hijo.
Enlaces sobre la
época de Ramsés III
Sobre la vida cotidiana en el antiguo Egipto, una dirección interesante, aunque en inglés
Ramsés III
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