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Reyes Griegos
Alejandro Magno, vencedor del Imperio Persa, fue recibido en Egipto como libertador y legítimo faraón.
En el primer año de su reinado, Alejandro, cruzó el Helesponto y derrotó a Darío III en la batalla de Isos (333 a.C.), más tarde, Alejandro llegó a Pelusio y desde allí conquistó Menfis. Los sacerdotes egipcios le otorgaron la corona del
Egipto unificado.
Fundó la ciudad de Alejandría.
Cuando muere Alejandro en el año 323 a. C., sus esposas Estatira, la hija de Darío, y Roxana han concebido posibles herederos. Alejandro no había
designado un sucesor, ya que poco antes de su muerte, ante el requerimiento de Pérdicas, al que había entregado su anillo, simplemente dijo Hoti to kratisto: Al mejor hombre. Pérdicas asume la
regencia, al tiempo que se inicia una violenta lucha por el poder en la que destacaron los asesinatos de Estatira, Filipo III Arrideo, hermanastro de Alejandro, Roxana, el hijo de ésta, Alejandro IV, Pérdicas y Cleopatra, hermana de Alejandro.
Ptolomeo, uno de sus generales, se instaló como sátrapa de Egipto, en nombre de los sucesores de Alejandro, Filipo III Arrideo y Alejandro IV, donde permanece al margen de las sangrientas luchas sucesorias, además de trasladar el cuerpo de Alejandro, que marchaba
hacia Macedonia, a Alejandría donde fue sepultado. En el año 321, tras el asesinato de Pérdicas, rechazó la regencia del Imperio. Finalmente, se coronó faraón en el año 305, con el nombre de Ptolomeo I Sóter, salvador, cuando todos los posibles sucesores de
Alejandro habían desaparecido. Este hecho marca el inicio de la dinastía ptolemeica o lágida que gobernó el país por espacio de tres siglos.
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