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Horemheb

Setepenre
Dyeserjeperure
Meriamun

Horus está en júbilo
Elegido de RE
Santas son las manifestaciones de Re
Amado de Amón

Último faraón de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo.

Al parecer, comenzó su carrera militar y política en la época de Akhenatón, como escriba y general, con el nombre de Paatonenheb, gran comandante del ejército. Lo cierto es que no se menciona el nombre de Horemheb durante la época amarniense, por lo que algunos autores han especulado con la idea de que no era un seguidor de Atón, sino de los antiguos dioses.

Por el contrario, otros autores identifican a Horemheb con Paatonenheb, seguidor de Atón, ya que su alto rango militar y político en la época de Tutankhamón no pudo surgir de la nada.

Si se trata del mismo personaje, es lógico que cuando fracasa el plan político y religioso de Akhenatón, sustituyera un nombre con implicaciones heréticas por otro más acorde con los nuevos tiempos.

En el reinado de Tutankamón su carrera militar experimenta un progresivo prestigio que le eleva hasta la cima de la estructura del Estado, hasta el punto que, durante la infancia del nuevo faraón, gobierna junto a Ay, el padre del dios, con un poder prácticamente ilimitado, como demuestra el amplio listado de sus títulos en la mastaba que ordenó construir en Saqqara. Entre muchos más:

Generalísimo
Boca principal del país
Representante del Rey al frente de las Dos Tierras
Portador del sello del rey del Alto y Bajo Egipto.
Supervisor de los sacerdotes de Horus, señor de Seby
Diputado del rey
Príncipe del Alto y Bajo Egipto

Los relieves de su tumba en Saqqara contienen escenas de sus triunfos en las campañas bélicas al servicio de Tutankhamón, en las que conduce el desfile de los prisioneros asiáticos, sirios, libios e hititas, y es premiado con el oro del honor.

Horemheb recibe el oro del honor Cuando Tutankhamón muere, le sucede Ay, continuando Horemheb su carrera militar. Al morir Ay sin heredero, Horemheb fue proclamado faraón, apoyado por el clero de Amón y los militares. Al parecer, de forma muy oportuna, el oráculo de Amón le designó faraón. Este hecho y su matrimonio con Mutmedjme, su reina y Gran Esposa Real, hija de Ay, su predecesor, dieron cierta apariencia de legitimidad a sus aspiraciones al trono.

Su primer objetivo fue restablecer el orden religioso e interno, alterado en el periodo amarniense; así pues, restableció el culto a Amón, toleró el culto de Aton, intentó frenar el poder de los sacerdotes de Amón y llevó a cabo una serie de reformas sociales, bajo el lema Mi Majestad legisla para hacer prosperar a los habitantes. El Decreto de Horemheb, hacia 1300 a C, se propone eliminar las injusticias debidas a la corrupción, utilizando medidas contundentes, como la pena de muerte y pérdida de la nariz. Se ha conservado una copia en una estela encontrada delante del X Pílono del templo de Amón en Karnak.

Tumba de Horemheb en el Valle de los ReyesDurante su reinado llevó a cabo algunas campañas bélicas en Nubia y contra los hititas, destinadas a recuperar los territorios perdidos.

Desarrolló una gran actividad constructora: Engrandeció el templo de Amón en Karnak, donde construyó un último pílono, el IX, amplió la ciudad de los obreros en Deir el-Medina. Fuera de Tebas construyó un templo excavado en la roca (speos), en Dyebel Silsila, que dedicó a la tríada tebana, Amón, Mut y Jonsu, a Sobek, a Tueris y a su persona. Construyó en el Valle de los Reyes su tumba (KW 57), en la que aparece por primera vez un segundo libro del inframundo, el Libro de las puertas. Usurpó los relieves de la fiesta de Opet en Luxor, de la época de Tutankhamón, y el templo funerario de Ay.

Solucionó el problema dinástico de su sucesión, ya que no tuvo descendencia, nombrando heredero a un alto cargo militar, Paramessu que le sucedió en el trono con el nombre de Ramsés I.

Tradicionalmente se ha venido ofreciendo una imagen negativa de Horemheb, en cuanto a su actuación en el final del período Amarna, como general perverso, asesino de faraones y perseguidor de sus memorias. En especial, se le hace responsable de la muerte de Tutankhamón, sin ninguna base sólida, ya que, hasta el momento, no se ha encontrado ninguna prueba concluyente de que éste muriera de forma violenta. En cuanto a a la execración de la memoria de estos faraones, es cierto que ordenó desmantelar el templo de Atón en Karnak, cuyos talatas fueron empleados como rellenos en sus construcciones, aunque la persecución sistemática se produjo en la época de los faraones ramésidas.