El Imperio Oriental

La guerra contra los partos
De nuevo, Octavia
Cleopatra, reina de Oriente
La guerra contra Cleopatra
El camino de la muerte

La guerra contra los partos

En el año 37 a. C., Cleopatra llegó a Antioquía. El abandono de Antonio debió hacerla reflexionar, por lo que  ahora impuso condiciones para la alianza: Su matrimonio con el romano, según el ritual egipcio que, al contrario que las leyes romanas,  permitía la poligamia. Cleopatra, obtiene de Antonio el reino de Calcis, la costa siria, Chipre y algunos territorios dispersos de Cilicia, Creta y Judea. Era  el triunfo de su política. Egipto engrandece su territorio, protege sus fronteras, recobra en Oriente su acción hegemónica, y tornando a su política legendaria, aspira al señorío sobre Siria, que Herodes, apenas entronizado, pretende arrebatarle.  Antonio consiguió a cambio el apoyo militar y financiero de Cleopatra.

Como faraón de Egipto, el matrimonio para Cleopatra era una cuestión política. ¿Llegó a amar al romano?  Su trágica muerte, si hemos de creer a Plutarco, indica que fue una esposa fiel y amante.  

La política de la pareja despertó los recelos de Roma.  Plutarco comenta como justificaba Antonio sus acciones:

Decía que la grandeza del imperio de los Romanos no resplandecía en lo que adquirían, sino en lo que donaban, y que la nobleza se dilataba con las sucesiones y descendencia de muchos reyes, y de este modo era como su progenitor venía de Hércules, que no limitó su sucesión a una mujer sola, ni temió a las leyes de Solón, sino que tuvo descendencia de varias mujeres.

Antonio aspiraba al señorío del mundo por la hegemonía de Oriente. Se proponía actuar como Sila, Pompeyo, y el propio César: ganar poder, fama, dinero y triunfos militares en Oriente, para luego volver a Roma y deshacerse de sus rivales políticos; por ello, como se propuso César, tenía que conquistar el reino de los partos, encrucijada donde se encontraba la ruta de la India, las de Armenia y del Cáucaso, y las importantes vías del tráfico que, atravesando el Asia Central, alcanzaban la China. Pero este nuevo ensueño de Imperio Universal condujo otra vez a un desastre. Antonio era un brillante general, como demostró en Farsalia y Filipos, pero su carácter excesivamente confiado carecía de las dotes política y el genio de César.

En la primavera del 36 a. C inició la campaña contra los partos. La reina le acompañó hasta el Eufrates, y después regresó a Egipto, pasando por Judea. Se dijo que entonces, embarazada de su último hijo con Antonio, intentó seducir a Herodes y que éste intentó asesinarla. En Alejandría acuñó monedas, en las que Antonio y Cleopatra aparecían como soberanos helenísticos, a modo de Afrodita y Dionisio, de Isis y Osiris. Más tarde da a luz a Ptolomeo Filadelfo.

Sin embargo, la campaña contra los partos fue un completo desastre, aunque la causa, por supuesto, no fue porque Antonio precipitara la campaña para volver a sus orgías con Cleopatra, según apuntaron los historiadores antiguos. Parece que la campaña estuvo bien planeada, aunque esta empresa conllevaba una serie de riesgos imprevisibles, en un amplio terreno desértico, hostil y desconocido para las legiones romanas. Roma nunca pudo someter la Partia, ni siquiera el gran emperador Trajano, quien después de su retirada, al llegar a Roma murió de una enfermedad que contrajo durante la campaña. ¿Lo hubiera conseguido César?

Antonio, que se había aliado con el rey armenio Artavasdes, lanzó una ofensiva a través de Armenia y Media. El desastre ocurrió cuando Artavasdes lo traicionó y los partos destruyeron su retaguardia, junto con los víveres y las máquinas de guerra, mientras asediaba Fraata, lo que le forzó a una retirada peligrosa desde Media hacia Armenia, en mitad de un invierno helado, perseguido por la caballería y los arqueros partos, el hambre y las enfermedades. En total, perdió 24.000 hombres. La retirada terminó en Siria, donde esperó el socorro de Cleopatra que no le abandonó, sino que acudió con víveres, ropas y dinero.  A pesar de la derrota, conservó el prestigio entre sus soldados, ya que su actuación en la retirada había impedido la aniquilación del ejército, por lo que conservó su afecto, como comenta Plutarco.

Mientras tanto, Octavio afianzaba su poder en Roma. El 3 de septiembre del 36 a. C, su general  M. Vipsaniuo Agripa , en combinación con Lépido, logró un gran triunfo, con la derrota de Sexto Pompeyo en la batalla de Nauloco. Lépido pretendía obtener Sicilia, porque se le habían rendido ocho legiones de Sexto, pero Octavio se atrajo a su ejército mediante el soborno. Lépido se vio sin ejército y sin el gobierno de África.  Octavio lo desterró a Circeo. En realidad,  pudo conservar la vida gracias a que ostentaba el cargo de Pontífice Máximo y su muerte hubiera sido un sacrilegio.  A  partir de entonces, el mundo sólo tenía dos amos: Octavio en Occidente y Antonio en Oriente. La guerra civil era ya cuestión de tiempo.

De nuevo, Octavia...

La esposa romana de Antonio, Octavia,  llegó a Atenas con suministros y refuerzos para su marido. Se ignora si actuó por iniciativa propia, de buena fe, o se trató de una treta de Octavio para provocar a Antonio. El asunto fue, según Plutarco:

Queriendo Octavia navegar desde Roma a unirse con Antonio, se lo permitió César; los más creen que no por condescender con su deseo, sino para que desatendida y abandonada, diera causa justa para la guerra. Llegada a Atenas, recibió carta de Antonio en que se le daba la orden de permanecer allí, hablándole de la expedición.

Las tropas consistían en 2.000 soldados. No es difícil imaginar el enojo de Antonio: ¡Octavio le había prometido 4 legiones!; es decir, 20.000 soldados... y ahora le enviaba a su esposa con la décima parte.  Es entonces cuando se dijo que Cleopatra hizo lo posible para retener a Antonio e impedir que se alejara tras Octavia y que así logró demorar durante un año la campaña contra Armenia. Comenta Plutarco:

Fingió que estaba perdida de amores por Antonio; y para ello debilitaba el cuerpo con tomar escasos alimentos, y en su presencia ponía la vista como espantada, y cuando se apartaba de ella, desolada y triste. Hacía que muchas veces se le viera llorar, y de repente se limpiaba y ocultaba las lágrimas, como que no quería que el lo advirtiese. 

Sin embargo, no parece creíble que Cleopatra se empeñara en demorar la campaña, ya que Antonio ya había despedido a Octavia.

Cleopatra, reina de Oriente

La derrota contra los partos fue parcialmente superada con una rápida campaña contra el traidor rey de Armenia, Artavasdes. En la primavera del 34 a. C, Antonio celebró un nuevo acuerdo con Herodes y, a continuación, invadió Armenia. La guerra terminó con la derrota y la prisión de Artavasde. Su hijo, Artasia fue también vencido. Antonio llevó sus armas victoriosas hasta el Arase y completó la conquista del reino armenio que quedó como provincia romana. Posteriormente se alió con el rey de los medos.  Alejandro Helios se casaría con una princesa meda y heredaría la Media. Después, en Alejandría celebró su triunfo, vestido como Dioniso, acompañado de Cleopatra, como Isis. El rey de Armenia y su familia desfilaron cargados de cadenas de plata, en consideración a su rango.

Pocos días después, celebraron la ceremonia conocida como las donaciones de Alejandría. Antonio y Cleopatra se sentaron en tronos de oro; sobre tronos más bajos, Ptolomeo Cesarión , Alejandro Helios, vestido como rey meda, Cleopatra Selene y Ptolomeo Filadelfo, vestido como rey de Macedonia. 

Antonio pronunció un discurso en el que distribuyó los territorios que dependían de Egipto y los que había conquistado. Cleopatra, nombrada Reina de Reyes, y Ptolomeo Cesarión, Rey de Reyes, hijo de César, recibian Egipto, Celeseria y Chipre. Alejandro recibió Armenia, Media y Partia, aun por conquistar; Cleopatra Selene, Libia y Cirenaica; Ptolomeo Filadelfo, Siria septentrional, Fenicia y Cilicia. En Oriente se gestaba un vasto imperio dinástico cuyo centro debía ser Egipto, aunque, al memos de momento, como vasallo de Roma. El acto, aunque provocativo, no implicaba una ruptura formal con Roma, cuyos gobernantes estaban acostumbrado a poner y deponer reyes. ¿Antonio se había conformado con un Imperio Oriental, mientras Octavio controlaba Occidente? ¿Aspiraba al dominio mundial y su propósito era provocar a Octavio para que le declarara la guerra?

La guerra contra Cleopatra

Mientras Antonio unificaba el Oriente bajo su mando, Octavio se había instalado sólidamente en Occidente. Aquí ninguna tradición favorecía la instauración del poder monárquico, por lo que no tuvo más solución que aparecer como defensor de la república y de las antiguas tradiciones romanas. Era un contrasentido, ya que antes había asumido el papel de vengador y heredero de César, quien había acabado con la república. No obstante, con la misma habilidad política conque más tarde engañó a Roma haciendo pasar una monarquía por república, ahora, preparaba, no obstante, un poder personal, haciendo que le prestaran juramento Italia y las provincias que detentaba. Entre Octavio y Antonio, entre Occidente y Oriente, la lucha era inminente.

Antonio y Octavio comenzaron una guerra de propaganda que alcanzó su tono más virulento en el año 32 a. C., cuando Antonio mostró ante el mundo entero su amor por Cleopatra, ya que repudió a su esposa Octavia que le había permanecido fiel,  a pesar de las repetidas humillaciones.  Se hizo correr el rumor de que Antonio planeaba reducir Roma a un estado vasallo de su imperio oriental y que los romanos serían los esclavos de los eunucos orientales y de su reina lasciva y ramera, a la que, de origen macedónico, creían insultar llamándola "la egipcia"; que estarían obligados a rendir culto a los dioses decadentes y bestiales de Egipto y a adoptar las prácticas religiosas perversas de una tierra de gobernantes incestuosos. También se decía que Cesarión no era hijo de César, que Antonio estaba sometido a Cleopatra, como Hércules lo estuvo a Ónfale, que Cleopatra, como lujuriosa reina ramera, vivía en constantes  orgías con un borracho, Antonio. Sin embargo, en Alejandría, donde Cleopatra también contaba con enemigos, no ha quedado ningún registro testimonial de esta escandalosa depravación sexual y la vida de Antonio en Alejandría, Éfeso o Atenas, junto a Cleopatra fue parecida a la que llevó en Atenas, junto a Octavia. Era un hombre al que le gustaban las fiestas, la buena comida y bebida, las bromas y el ejercicio físico.

Sin embargo, Antonio, bien de buena fe, o porque no quería que se le acusara de iniciar la guerra civil (Ya Cicerón le había acusado de ello cuando César cruzó el Rubicón), prefería permanecer en la legalidad y que el Senado reconociese su autoridad en Oriente. Por ello a finales del año 33 a. C, fecha en que expiraba el triunvirato, envió un informe sobre sus actos al Senado, el cual fue leído por los cónsules, Sosio y Enobarbo, seguidores suyos.  Octavio respondió con la fuerza, con lo que los dos cónsules y 300 senadores huyeron de Roma y se refugiaron en Éfeso junto a Antonio. Octavio obtuvo así el consulado y Antonio se convirtió legalmente en un ciudadano romano privado que actuaba sin la autoridad del estado.

La popularidad y el prestigio de Antonio decayeron con esta campaña. Algunos de sus seguidores, como Planco y Ticio, se pasaron al enemigo. Ellos revelaron a Octavio la existencia de un testamento de Antonio, depositado en el templo de las Vírgenes Vestales. Octavio se apoderó del documento y leyó su contenido en el Senado. Antonio manifestaba su voluntad de ser enterrado en Alejandría, junto a Cleopatra; reconocía oficialmente a sus hijos con Cleopatra y a Cesarión , como hijo de César. El testamento provocó las iras de Roma que consideró a Antonio como un egipcio.

Octavio realizó una solemne declaración de guerra contra Cleopatra. La suerte de esta guerra se decidió en la batalla naval de Actium.

Lejos de iniciar la guerra y atacar a Roma, Antonio se preparó para una guerra defensiva. No sabía por dónde atacaría el enemigo. Indudablemente lo haría por mar. Su estrategia era estar preparado para cualquier eventualidad de ataque, lo que le hizo dispersar sus fuerzas, tanto la flota como el ejército y esta circunstancia fue su perdición, ya que en los momentos decisivos, atacado en dos frentes, no pudo disponer de todos sus efectivos. Sucesivamente estableció su cuartel general en Éfeso, Atenas, y Patras. Durante el invierno 32-31 la mayor parte de la flota se encontraba en la costa oriental de Grecia, entre Acarnania y Epiro; mientras  que el ejército permanecía a lo largo de la costa.

Las fuerzas de Antonio y Octavio estaban bastante niveladas. Octavio estaba al frente de 70.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y una flota de 400 naves.  Cleopatra y Antonio disponían de 75.000 legionarios, 25.000 auxiliares, 12.000 jinetes y 500 naves de guerra; 200 de ellas, egipcias. El ejército de Octavio contaba con fuerzas más uniformes y disciplinadas, todas reclutadas y entrenadas en Roma. El ejercito de Antonio era heterogéneo, compuesto por legionarios romanos y tropas proporcionadas por los reyes aliados. Los navíos de Antonio eran pesados y los de Octavio, ligeros y maniobrables.

Marco Vipsanio Agripa, general de Octavio, hábil estratega que se había destacado en las batallas navales contra Sexto Pompeyo, atacó Metona, en la costa sudeste de Grecia; atrajo así la atención del enemigo, mientras Octavio salía de Brindisi y lograba desembarcar en Panormo, al norte de Epiro, y avanzar hacia Actium (Accio).

Antonio sale rápidamente hacia Accio. Al poco tiempo, los dos ejércitos se encuentran en el golfo de Ambracia, donde permanecieron frente a frente durante todo el invierno sin luchar, por razones tácticas. En la primavera siguiente, Agripa tomó Leucadia, al sudoeste de Accio. Mientras Antonio atacaba sin éxito al ejército de Octavio en combates terrestres, en los que los reyes de Tracia y Paflagonia se unieron a su enemigo. Agripa, desde el otro frente, avanzó hacia Patrás, donde se apoderó de parte de la flota de Antonio; logró llegar hasta Corinto y cortar el abastecimiento de Antonio que queda bloqueado en Accio.

Los repetidos fracasos, la malnutrición por la escasez de víveres y una devastadora epidemia desmoralizaron a las fuerzas de Antonio. Muchos de sus partidarios no aprobaban la presencia de Cleopatra en el campamento, en parte por la venenosa campaña de Octavio y también porque los romanos no podían aceptar que una mujer, y con más motivo egipcia, tuviera una posición de mando. No obstante, formalmente la guerra era contra ella que había financiado la campaña y aportado barcos y tropas. ¿Podía desentenderse Cleopatra de sus tropas y de la defensa de su país? Es en este momento cuando comienzan las deserciones en el campamento de Antonio. Domicio Enobarbo, el consul refugiado con Antonio, tras el golpe de mano de Octavio en el Senado, había pedido insistentemente que la reina se marchara a Egipto, finalmente se pasó a Octavio. Más tarde lo hizo Delio, llevando consigo el plan de batalla

A estas alturas, Antonio está tan destrozado que, según algunos, comienza a pensar que la reina trata de envenenarle. El episodio, narrado por Plinio, parece un tanto exótico como para ser cierto, pero muy a tono con la imagen que la propaganda romana daba de Cleopatra. En todo caso, es indicativo del estado en que se encontraba Antonio y de los problemas que, sin duda, por las circunstancias adversas, habían surgido entre la pareja. Según el relato, con el fin de demostrar su inocencia, vertió disimuladamente flores envenenadas en la copa de Marco Antonio. Cuando éste quiso beber, le detuvo. Mandó entonces llamar a un condenado a muerte, le obligó a beber la copa y murió al instante. Así hizo comprender a Antonio que podía envenenarle en cualquier momento, sin que él pudiera evitarlo y que no lo hacía por el amor que le tenía.

El camino de la muerte