Marco Antonio y Cleopatra

El regreso de Cleopatra a Alejandría
Tras los idus de marzo
El encuentro de Tarso
Antonio en Alejandría
Antonio y Octavia
El imperio oriental

El regreso de Cleopatra a Alejandría

Cleopatra se encontró con graves problemas cuando regresó a Alejandría: un usurpador a las órdenes de Arsinoe se había hecho pasar por Ptolomeo XIII; durante los años 42 y 41 a. C., las crecidas del Nilo habían alcanzado el codo de la muerte. Los canales habían sido descuidados durante su ausencia, con lo que no se hizo un uso racional de las inundaciones y no se obtuvieron buenas cosechas, lo que provocó hambrunas y epidemias de peste,  y, para colmo de males, la situación internacional en Roma era inestable, Antonio y Octaviano se enfrentaban por la sucesión de César. ¿Qué planes tendría el vencedor para Egipto? ¿Quizá, de nuevo, la anexión a Roma?

Muy poco después de su regreso a Alejandría, su hermano-esposo, Ptolemeo XIV murió, según el historiador judío Josefo, envenenado por Cleopatra. Tras la muerte del joven rey, Cesarión pasa a ser corregente, a la edad de cuatro años.

Para remediar la situación del pueblo, Cleopatra distribuyó los graneros reales. La comunidad judía fue excluida, ya que según la ley, los judíos eran extranjeros. Su decisión le ganó su enemistad. Reprimió los abusos de los administradores locales que imponían cargas extraordinarias a los campesinos.

Bajo su mandato, poco a poco, Egipto prosperó, como lo demuestran las monedas, en las que aparece Cleopatra con el cuerno de la abundancia. La reina construyó una nueva armada y reabasteció los graneros reales. Con asombrosa lucidez, comprendió Cleopatra que para devolver a su patria la posibilidad de jugar un papel internacional era preciso romper la autoarquía en que agonizaba. Y no vaciló. Suprimió el monopolio de la banca real y los del aceite y la sal, devolvió la libertad a todo el comercio, incluso al de la plata, y en los dominios del estado quedaron abolidos los arriendos a perpetuidad, sacándose las tierras a subasta pública. Tan radicales reformas, que reintegraban a Egipto en la economía internacional, no podían triunfar sino con la restauración de una moneda fuerte, y para ello era necesario proporcionar a la monarquía recursos que la permitieran reconstituirla,  lo que logró con una sola providencia: aboliendo la inmunidad de los templos, poniendo otra vez las propiedades sacerdotales bajo la administración del estado y restableciendo los presupuestos del culto.

Le faltaba una potencia militar que espera encontrar... 

Tras los idus de marzo

Mientras tanto,en Roma, tras la muerte de César, recibida por el pueblo con hosca desaprobación, se extendió el pánico. La prudencia de Antonio, por entonces cónsul, devolvió la calma, aunque calculaba el modo de recibir el legado político de César.

En los funerales pronunció el elogio fúnebre y tras la lectura del testamento que conmocionó al pueblo por su generosidad, juró a los dioses que estaba dispuesto a vengarlo y cerró la escena dramática presentando al pueblo la toga ensangrentada del dictador y su cuerpo inanimado, herido por 23 puñaladas. Ante aquel espectáculo, el pueblo rugió de ira y deseo de venganza. Con el fin de incinerar el cadáver, la multitud improvisó una hoguera a la que arrojaron sillas, bancos, armas y todos los objetos preciosos que llevaban. Una vez consumida la hoguera, corrieron hacia las casas de los conjurados para quemarlas también, pero Antonio lo impidió.

Poco a poco, tras una serie de medidas, Antonio consolidaba su poder. El pueblo aprobaba sin vacilar sus leyes y el Senado, temeroso de su popularidad, no protestaba.

La situación cambia cuando aparece Cayo Octavio, sobrino,  hijo adoptivo y heredero de César, de 19 años, ahora conocido como Octaviano y más tarde como Augusto. Pretendía recoger la herencia política de César, y aunque parecía débil y enfermizo, ocultaba una gran sagacidad política. Antonio, que no lo valoró en su justa medida, se refirió a él como "el muchacho que le debió todo a un nombre". Cicerón creyó engañarlo y lo  apoyó, con el fin de restaurar la República. Entre el 2 de septiembre del 44 y el 21 de abril del 43 a de C., atacó duramente en el Senado a Antonio, con sus famosas 14 Filípicas (a imitación de los discursos de Demóstenes contra Filipo II de Macedonia) . El propósito de Cicerón era utilizar a Octaviano, para declarar la guerra a Antonio que combatía en la Galia Cisalpina contra Décimo Bruto, uno de los asesinos de César… Y lo consiguió. El 21 de abril del 43 una unión de Octaviano, Hircio y Pansa, los dos cónsules del año, y Décimo Bruto derrotó a Antonio en Mutina (Módena). Pronto Octaviano, que para conseguir sus propósitos no había dudado en aliarse con los republicanos, se convenció de que una vez vencido Antonio, ya nada podía esperar del Senado que no ocultaba sus simpatías por los asesinos de César,  ni de Cicerón que había comentado:  "Al muchacho se le debe alabar, se le debe honrar y después deshacerse de él". Octaviano marchó sobre Roma con ocho legiones y de esta forma consiguió ser cónsul con apenas 20 años. Cicerón, burlado por Octaviano, marchó de Roma. A partir de ahora, Octaviano se presentará como vengador de César.

En Oriente se organizó una oposición al nuevo régimen en torno a los "republicanos", los asesinos de César. Bruto controlaba Macedonia y Casio, en Siria se enfrentaba a Dolabela.

Mientras tanto, Antonio se une a Ventidio, Planco, Asinio Polión y Lépido, con lo que consigue en poco tiempo 22 legiones.

Ante esta situación, Octaviano prefirió llegar a un entendimiento con Antonio. Como prueba de buena voluntad, revocó la proscripción de Antonio y Lépido.

El 23 de noviembre Octaviano, Antonio y Lépido se encontraron en Bolonia, donde convinieron que regirían el estado durante 5 años, para cuyo fin, se repartieron el territorio. La lex Titia les otorgó este poder, y fueron designados tresviri reipublicae constituendae consulari imperio. Sus enemigos, incluido Cicerón, alcanzaron la muerte, al poco de comenzar las sangrientas proscripciones. Poco después, el ejército de los triunviros acabó por completo con los republicanos en Filipos (Macedonia), donde el triunfador indiscutible fue Antonio:

Ninguna hazaña notable se vio de Octavio, sino que a Antonio era a quien se debían las victorias y los triunfos. (Plutarco)

Cuando el conflicto internacional llegó a Egipto,  Casio exigió a Cleopatra hombres y víveres, a lo que se negó, bajo la excusa de que la pobreza y las enfermedades asolaban Egipto.  Sin embargo,  envió a Dolabela las 3 legiones que César había dejado en Egipto. Casio capturó estas legiones y Dolabela se suicidó en Laodicea durante el verano del 43 a.C. Cleopatra decidió unirse a los triunviros con su armada, pero un ventarrón la dispersó y tuvo que regresar a Egipto.

El encuentro de Tarso

Tras la victoria de Filipos, Antonio inició un grandioso viaje por Oriente: era necesario imponer el orden del triunvirato en esta región y reunir los fondos necesarios para el mantenimiento de las legiones romanas. Fue recibido como el nuevo Dionisio. No hay que olvidar que en Oriente había arraigado la monarquía de derecho divino, por lo que ese título era un halago hacia el triunviro que aparecía como Señor indiscutible de Oriente. En el 41 a. C, convocó a Cleopatra para que le diese explicaciones sobre el apoyo que había prestado a Casio. Parece ser que fue un pretexto y que lo que deseaba era, como impenitente mujeriego, seducirla y, de paso,  contar con su ayuda financiera, ya que proyectaba una expedición contra los partos que amenazaban a los protectorados romanos de Oriente. Por otra parte, Cleopatra necesitaba del apoyo de Antonio para devolver a Egipto el poder que en otro tiempo tuvo. Sin embargo, se hizo esperar y sólo accedió a ir a Tarso tras recibir varias cartas apremiantes y la visita de Delio, enviado de Antonio. Plutarco nos narra su llegada:

Se resolvió a navegar por el río Cidno en galera con popa de oro, que llevaba velas de púrpura tendidas al viento, y era impelida por remos de plata, movidos al compás de la música de flautas, oboes y cítaras: Iba ella sentada bajo dosel de oro, adornada cono se pinta a Venus. Le asistían a uno y otro lado con abanicos, muchachitos parecidos a los Amores que vemos pintados: Tenía cerca de sí criadas de gran belleza, vestidas de ropas con que representan a las Nereidas y a las Gracias, puestas unas a la parte del timón, y otras junto a los cables. Las orillas estaban perfumadas de muchos y exquisitos aromas, y un gran gentío seguía a la nave por una y otra orilla, mientras otros bajaban de la ciudad a gozar de aquel espectáculo, al que pronto acudió toda la muchedumbre que había en la plaza, hasta haberse quedado Antonio solo sentado en el tribunal; la voz que de unos a otros se propagaba era que Venus venía a ser festejada por Dionisio en bien de Asia.

El encuentro de Tarso fue una entrevista diplomática. Cleopatra aparece en pie de igualdad, ante Antonio/Dionisios (el dios de los Ptolomeos) como Afrodita/Isis para manifestar su poder sobre los territorios que reivindicaba. Por otra parte, la reina se propone seducir al romano de quien dependía la suerte de Egipto.

Cleopatra convidó a cenar a Antonio a bordo de su lujosa nave y le ofreció un banquete alumbrado por multitud de luces. Los festejos se prolongaron durante cuatro días. Cleopatra tenía 28 años; según Plutarco:

...en aquella edad en que la belleza de las mujeres está en todo su esplendor y la inteligencia en su plena madurez.

Enseguida se hicieron amantes. Cleopatra consigue de Antonio la ejecución de Arsinoe y del falso Ptolomeo XIII y regresa a Alejandría.

Antonio en Alejandría

En 41 a. C., Antonio llegó a Alejandría, donde pasó el invierno. Vivía en la ciudad como un ciudadano alejandrino, cambió su toga romana por la clámide griega, asistía a gimnasios y conferencias y visitaba monumentos y santuarios. Cleopatra, que le acompañaba en la esgrima, la caza, los juegos de dados, le ofreció espléndidos banquetes. Con un grupo de amigos, formaron una asociación a la que llamaron la "vida inimitable" (amimétobien), elite social e intelectual que perseguía una libertad, alegría y ansías de vivir sin frenos. Por la noche paseaban las calles, vestidos como humildes alejandrinos. 

Pero la reina nunca perdía de vista su meta política. Plutarco nos narra una anécdota que lo atestigua.

Estaba un día pescando con mala suerte, y enfadándose porque se hallaba presente Cleopatra, mandó a los pescadores que, sin que se notara, pusieran en su anzuelo peces, y habiendo sacado dos o tres, la reina comprendió lo que pasaba. Fingió que se maravillaba…Luego que Antonio echó la caña, mandó a uno de los suyos que colgara del amzuelo pescado salado del Ponto. Cuando Antonio creyó que había picado algún pez, las risas y el chasco fueron tan grandes como se puede pensar. Deja -le dijo-, imperator, la caña para nosotros, los que reinamos en el Faro y Canopo. Tus capturas son ciudades, reyes y provincias.

Antonio y Octavia

Antonio abandonó a Cleopatra a finales del invierno de 40 a. C., reclamado por la preocupante situación en el exterior: Los ejércitos partos, dirigidos por un romano, Quinto Labieno, ocupaban el sur de Asia Menor, Siria y Judea, y eran cada vez más amenazadores. Herodes había tenido que refugiarse en Roma. Al mismo tiempo, su tercera esposa, Fulvia y Lucio, hermano de Antonio, por propia iniciativa y sin conocimiento de éste, defendían en Roma sus intereses frente a Octavio, en la guerra de Perusia (Perugia), en la que fueron derrotados.

Antonio se dirigió a Atenas, donde su esposa, Fulvia, se había refugiado, tras la derrota en Perusia. Tras recriminarla por sus acciones, marchó hacia Italia. Fulvia murió poco después. La situación de Antonio era muy grave, puesto que había perdido parte del Oriente a causa de los partos y 11 legiones de las Galias que adquirió Octaviano como consecuencia de la guerra de Perusia.; sin embargo, pronto su situación cambia, ya que Asinio Polión logró que Domocio Enobarbo se le uniera con 200 navíos de la flota que perteneciera a Bruto, al tiempo que Sexto Pompeyo  aparece como su aliado. Con esta ayuda, cercó Brindisi. La guerra civil parecía de nuevo inminente, pero ninguno de los dos bandos se sentía seguro.  El conflicto se solucionó gracias a la intervención de Mecenas y Asinio Polión, con el tratado de Brindisi, en el que se suscribió un nuevo reparto: Antonio recibe el Oriente hasta el Adriático, con la obligación de combatir a los partos; Octavio, el Occidente, y Lépido, África. El acuerdo pareció robustecerse con el matrimonio de Antonio con Octavia, hermana de Octaviano y viuda de C. Marcelo.  En el año siguiente, a petición de Lépido y Antonio se firmó el tratado de Miseno con Sexto Pompeyo, quien controlaba el Mediterráneo mediante actos de piratería contra las naves romanas.

En el otoño de 39 a. C, Antonio, acompañado de Octavia, marchó a Atenas, donde permaneció hasta la primavera del 37 a. C.  Allí le aclamaron como el Nuevo Dionisio, dios místico no solamente del vino, de la felicidad y de la inmortalidad. Durante este tiempo, su ejército, dirigido por Publio Ventidio Basso, obtuvo 3 victorias sobre los partos, con lo que se recuperaron las anteriores posiciones romanas en Oriente y Herodes recuperó su reino. Mientras tanto, a pesar de su matrimonio con Octavia, otras diferencias habían surgido entre los dos triunviros y otra vez la guerra civil parecía inminente; sin embargo, pudo evitarse gracias al Tratado de Tarento , conseguido por la mediación de Octavia.  Con este tratado  se anuló el Pacto de Miseno, el triunvirato se prolongó durante cinco años más,  Octavio se comprometió a proporcionar 20,000 legionarios (que nunca entregó) a Antonio, como ayuda para la próxima campaña contra los partos y éste entregó 120 naves que Octavio utilizaría en la guerra contra Sexto Pompeyo. Solucionado el conflicto, Antonio, en compañía de Octavia que estaba embarazada de su segundo hijo, marchó hacia Oriente, pero, inesperadamente, al llegar a Corcira,   la envió de nuevo a Italia, con el pretexto de evitar a su esposa e hijos las molestias de seguirlo en la expedición contra los partos. Luego, tras cuatro años sin hacer nada por ver a Cleopatra, ni siquiera durante una campaña en Siria,  concertó por mediación de Fonteyo Capitón, una entrevista  en Antioquía (Siria).

¿Que motivó la precipitada vuelta de Octavia a Italia? Es razonable suponer que Antonio, por sí sólo o aconsejado por Ventidio u otros allegados, comprendiera que sus tratados con Octavio le habían arrancado las Galias, 11 legiones y 120 navíos, sin que hasta el momento hubiera obtenido nada a cambio. Plutarco indica que se había indispuesto contra Octavio por algunos chismes. ¿Qué chismes? Lo ignoramos. Lo cierto es que si bien, su esposa Octavia no pudo darle el apoyo que él hubiera deseado, Livia Drusila, con quien Octaviano había casado recientemente, habría hecho todo lo necesario para enemistar a los triunviros. No hay que olvidar que Livia, de la que más tarde el historiador Tácito sospechó que había asesinado a los herederos de Octavio, con el fin de asegurar la sucesión de su hijo Tiberio, era una mujer ambiciosa y ávida de poder. 

Como quiera que fuese, Antonio decidió reanudar su alianza sentimental y política con Cleopatra. ¿Sólo por amor? No parece razonable, aunque la historia así lo registra. Narra Plutarco:

La más terrible peste, que había estado callada por largo tiempo, es decir, el amor de Cleopatra, que parecía adormecido y debilitado por mejores consideraciones, se encendió y estalló de nuevo al acercarse a Siria...

¿Qué hacía mientras tanto la reina de Egipto?

A los seis meses después del abandono dio a luz a los hijos de Antonio, Alejandro Helios y Cleopatra Selene, sin que su padre hiciera nada por conocerlos, ni siquiera cuando se encontraba en Siria, lejos de Octavia. No existe constancia alguna de que la reina acudiera en busca del triunviro que nada quería saber de ella. Cleopatra tenía que estar muy preocupada con la azarosa vida del triunvirato, siempre en puertas de la guerra civil. Egipto estaba otra vez en peligro. Por otra parte, Roma había reforzado las fronteras con Egipto y el Senado había nombrado a un enemigo suyo, Herodes, rey de Judea, Idumea y Samaria.

Según algunos historiadores, Cleopatra se comportó en ese tiempo como la laboriosa araña que teje sus intrigas para atrapar de nuevo a Antonio y así acrecentar su poder. Cuenta Plutarco:

Habiendo sido nombrado (Antonio), por hacer obsequio a Octavio César, sacerdote de César el Dictador, continuaron tratando en buena compañía y amistad de los más graves negocios; más cuando se juntaban a divertirse y jugar, Antonio se sentía mortificado de que siempre era el que libraba peor; y es que tenía a su lado un Egipcio dado a la adivinación, de aquellos que examinan el destino, el cual, o instruido de Cleopatra, o teniéndolo por cierto, estaba diciendo continuamente a Antonio con sobrada libertad que, siendo su fortuna la más grande y brillante se marchitaba al lado de la de César, y le aconsejaba que se alejara cuanto más pudiera de aquel joven...o más bien por haber dado oídos al adivino marchó con Octavia a Atenas .

Sin embargo, la realidad era que una vez solucionado los problemas de los triunviros con Sexto Pompeyo, por el tratado de Miseno, Antonio, como señor de Oriente, debía abandonar Roma y acometer la guerra contra los partos. Así que el astrólogo se esforzó en vano.

El Imperio Oriental