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Ramsés III
Usermaatre
Meriamóm
Segundo faraón de la
dinastía XX (1183/82-1152/51), hijo de Setnajt y de Tiy-Merenaset.
Los últimos años de la dinastía XIX, tras la muerte de
Tausert,
estuvieron marcados por guerras civiles, anarquía y la usurpación del trono por un
sirio. Setnajt expulsó a los usurpadores y se convirtió en el primer faraón de la dinastía XX, con
el apoyo del clero de Amón. Una inscripción de Setnajt
relata su lucha por pacificar el país, que acabó en el
segundo de sus tres años de reinado.
Ramsés III recibió un país que, aunque pacificado, venía atravesando
desde los últimos tiempos de Ramsés II una creciente crisis
económica y una nueva situación geopolítica en el oeste del Delta,
marcada por la presencia hostil de tribus libias y los pueblos del mar.
Merenptah fue el primer faraón que repelió el ataque de los libios,
aliados con los pueblos del mar. El
nuevo faraón, nacido en el medio militar, encarnará la imagen de un
jefe militar que tiene por modelo a Ramsés II y que defenderá su
país de la invasión extranjera en tres grandes guerras. Los últimos
años de su reinado estuvieron ensombrecidos por traiciones,
conflictos interiores y un intento de golpe de estado.
Su residencia real se encontraba en Pi-Ramsés, aunque dispuso de otras
residencias en las grandes ciudades egipcias. Isis fue su esposa
principal, aunque, como los demás faraones, tuvo otras esposas y
diversas concubinas. Se le atribuye al menos 10 hijos y varias hijas.
Su primera actividad bélica consistió en una campaña en Nubia, sin
que, al parecer, estuviera motivada por conflictos en la zona; el
faraón no tiene la intención de engrandecer su imperio, sino de
protegerlo y de asegurar su autoridad.
En el año 5 de su reinado derrotó a las tribus libias que habían
invadido la parte occidental del delta del Nilo, con el pretexto de que
el faraón había interferido en la sucesión de su jefe.
En el año 8, otra unión más peligrosa, los Pueblos del Mar,
conglomerado de pueblos procedentes de Asia Menor y de las islas del
Mediterráneo, que había destruido el antes poderoso Imperio Hitita en
Asia Menor y devastado Siria, avanzó contra Egipto por tierra y por
mar.
Ramsés había dispuesto ciudadelas a lo largo de la zona desértica
del Delta, donde los centinelas vigilaban el avance enemigo. Desde los
navíos se atendía a la vigilancia de las bocas del Nilo, ya que
Ramsés preveía el ataque en un doble frente.
Los centinelas de las ciudadelas descubrieron el avance del enemigo en
Palestina: desde hacía meses se habían concentrado, entre otros, en
el país de Canaán, los danuna, los sículos y los sardanos, acogidos
por los filisteos. Ramsés los venció en una batalla terrestre. Los
piratas tekker avanzaron con sus navíos hacia las bocas del Nilo,
donde esperaban los navíos egipcios que les tendieron una trampa, ya
que, invisibles para el enemigo, atacaron su retaguardia, mientras la
vanguardia era acribillada por los arqueros del faraón, situados en
tierra. Egipto evitó la invasión y los relieves de Medinet Habu
narran esta gran batalla naval con todo lujo de detalles.
En el año 11 otra unión de tribus libias y pueblos del mar se
infiltraron en el delta occidental. Ramsés tuvo que emprender otra
guerra, en la que derrotó a los mashauash, después de capturar a su
jefe, Meshesher.
Una vez evitado el peligro, Ramsés pudo reorganizar la sociedad
Egipcia en clases agrupadas por ocupaciones, restaurar edificios y
construir otros, como su castillo de millones de años, gran templo
funerario y palacio, en Medinet Habu, al oeste de Tebas.
También se ocupó del comercio, la industria y de dirigir varias
expediciones con el fin de adquirir los productos de los que carecía
Egipto, como mirra, especias, cobre y turquesas.
Después de un reinado próspero la crisis económica, las dificultades
administrativas y las conspiraciones amargaron sus últimos años. Las
guerras defensivas y la codicia del clero de Amón habían debilitado
la economía Egipcia. La corrupción invadió la administración del
Estado.
Hacia el año 28 se sublevó en Athribis el visir del Bajo Egipto.
Ramsés tuvo que recurrir a los mercenarios de los pueblos del
mar para sofocar la rebelión. Un año más tarde los obreros empleados
en la tumba real en Tebas emprendieron una huelga a causa de la demora
en el pago de sus raciones mensuales. Sólo la intervención del visir
del Alto Egipto, que había asumido la responsabilidad de todo el
país, acabó con la huelga.
Hacia el fin del reinado de Ramsés, su segunda esposa, Tiy, planeó su
asesinato, con el fin de colocar a su hijo Pentaur en el trono, para lo
que urdió una conspiración con la complicidad de concubinas, altos
funcionarios y guardias del harén.
No se sabe con certeza si el complot tenía por objetivo matar o anular
la voluntad de Ramsés, ya aquejado de mala salud. En cambio, se sabe
que se utilizó la magia, en forma de imágenes de cera. Se ignora si
se llegó a utilizar veneno, puñal u otra arma, ya que la momia del
rey no presenta ninguna prueba y las fuentes no lo mencionan. En todo
caso, dado el poder que los antiguos egipcios atribuían a los
sortilegios, ninguno dudaría de la gravedad del delito y de que la
conjura habría conseguido su objetivo si no se hubiera descubierto a
tiempo.
Los papiros judiciales de Turín recogen el proceso, la lista de los
culpables y las penas que les fueron impuestas.
El complot fue descubierto a tiempo y pronto se iniciará el proceso
judicial, presidido por el príncipe heredero, el futuro Ramsés IV.
Los culpables fueron juzgados por 12 jueces, escribas, chambelanes,
servidores y algunos dignatarios extranjeros. Al parecer, tres de ellos
se dejaron corromper y fueron juzgados y condenados.
Al final del proceso, los criminales perdieron sus nombres originales,
lo que representaba la pérdida de su eternidad. Fueron ejecutados o
forzados al suicidio.
Ramsés murió en el año 32 de su reinado. Fue el último gran faraón
que se esforzó por detener la decadencia que se agudizará con sus
sucesores, los ramésidas.
Su momia, actualmente en el museo de El Cairo, se encontró en la
"cachette" de Deir el-Bahari.
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