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Religión de Egipto

Religiosos por exceso, mucho más que otros hombres cualesquiera, usan de toda especie de ceremonias...
(Los nueve libros de la Historia. Euterpe. XXXVII).

La frase de Herodoto parece muy acertada si se tiene en cuenta el excesivo número de dioses del panteón egipcio, más de 2000, y el papel esencial que desempeñaron las ideas religiosas en la civilización egipcia en la que arte, literatura e instituciones mantuvieron la impronta de sus creencias religiosas durante milenios. Sin embargo, aunque los antiguos egipcios escribieron un gran número de textos de carácter religioso, en especial funerario, nunca elaboraron un cuerpo doctrinal sistemático.

La multiplicidad de dioses es consecuencia del fraccionamiento primitivo del país en nomos y ciudades que mantuvieron sus ideas religiosas tras la unificación del Alto y Bajo Egipto, por lo que existían dioses distintos en cada nomo o ciudad : Menfis adoraba a Ptah, a la diosa Hator, símbolo del cielo en forma de vaca, y al buey Apis; Heliópolis a Ra; Tebas, a Amón; Hermópolis, a Thot, dios de la sabiduría, con cabeza de Ibis; Abidos, a Osiris; Elefantina, a Khnemu con cabeza de carnero; Cinópolis y Asiut, a dioses de carácter funerario, como Anubis y Uepuauet.

No obstante la multiplicidad de dioses, existió cierta tendencia al henoteísmo; es decir, a reconocer una deidad única en cada lugar, sin excluir la existencia y el culto a los dioses de otros lugares. Por ello, y dependiendo en cada momento de la ciudad o nomo hegemónico, destacará primero Horus, el sol naciente; después Ra, el sol en todo su esplendor, de Heliópolis, y más tarde a Amón, el dios de Tebas, que por la importancia que alcanzó esta ciudad, cuyos gobernantes pertenecían a la dinastía que expulsó a los hicsos, llegó a considerarse como dios nacional, sobre todo cuando se identificó con Ra, y con el nombre de Amón-Ra era adorado en casi todo Egipto. Un caso insólito fue la revolución religiosa de Akhenatón que generará el primer monoteísmo conocido de la historia.

Durante la época prehistórica, los egipcios divinizaron los fenómenos naturales de los que no conocían su razón, algunas plantas y determinados animales por sus cualidades o costumbres. Más tarde los dioses adoptan forma humana (antropomorfismo), y algunos conservan rasgos zoomórficos de su origen, como la cabeza de animal y así, y El dios Anubis cuida de la momia del funcionario Senedhen como ejemplo, el chacal al que los egipcios veían merodeando por los enterramientos en la arena del desierto, por lo que fue considerado como una deidad protectora de las necrópolis, se convertirá más tarde en el dios Anubis, con cabeza de chacal. El halcón, divinizado por su capacidad de vuelo, se convertirá en Horus, con cabeza de halcón. En Heliópolis se hizo famosa el Ave Fénix, llamada así por los griegos, que, según la leyenda, se quemaba en una pira y renacía de sus propias cenizas. En otros lugares se adoraba el gato, el escarabajo, el gavilán, etc. En Menfis el animal sagrado fue el buey Apis. Este buey tenía que ser negro, con una mancha blanca triangular en la frente, dobles los pelos de la cola y otras señales que sólo conocían los sacerdotes; sus cadáveres se embalsamaban y se guardaban en un cementerio especial, el Serapeum, descubierto intacto por Mariette en 1851.

Estos dioses no vivían solos, ya que la evolución de las creencias religiosas incorporará el concepto de familia, y de este modo, se formaron tríadas compuestas por un dios, su esposa y su hijo, como la tríada de Menfis, formada por Ptah, Sekhmet y Nefertum y la de Tebas, por Amon, Mut, Khonsu. .

Los dioses eran para los egipcios seres superiores, con pasiones humanas y poderes extraordinarios, a los que se rendía culto según el principio do ut des (ofrezco dones a cambio de conseguir mi petición) y do quia dedisti (doy las gracias por los favores recibidos). El faraón, como dios viviente, era el nexo de unión entre los hombres y los dioses que aseguraba el orden cósmico, sin el cual, retornaría el caos primigenio, concepto que se esclarece con las leyendas sobre la creación que se comenzaron a elaborar en el Imperio Antiguo y que explican las líneas generales de la cosmogonía egipcia.

Mito de la creación

La visión cosmogónica de los antiguos egipcios está profundamente incardinada en la observación de la trayectoria del sol y la regularidad de las estaciones y las crecidas del río Nilo. El mundo para los egipcios se componía de tres regiones:

- El inframundo, o Reino de los Muertos, donde reinaba Osiris y adonde llegaban los muertos, tras un camino plagado de terribles peligros, para ser juzgados en el Tribunal de Osiris y, tras la anhelada justificación, alcanzar la vida eterna.

- La Tierra, el habitáculo de los hombres y de los demás seres de la creación, cuyo centro era Egipto, el don del Nilo, más allá del cual se extendía el caos.

- El Cielo, morada de los dioses, en especial del dios-Sol. La diosa del cielo, Nut, era una mujer arqueada sobre la tierra, cuyo cuerpo era la bóveda celeste, que en el ocaso tragaba a Ra y en el amanecer lo alumbraba.

El origen de este mundo se explica en diversos mitos sobre la creación, como el mito de Heliópolis:

Al principio sólo existía el océano primordial, un mundo desordenado y caótico, el Nun, donde vagaba el dios de la creación, Atum ("El que se creó a sí mismo"). De las aguas surge una colina primigenia. Atum escupe la primera pareja de dioses, Shu, el dios del aire y de la luz y Tefnut, la diosa de la humedad, de los que nacen Geb, el dios de la tierra y Nut, diosa del cielo, de los que nacerán Osiris, Isis, Seth, Neftis y Horus el Viejo, como se relata en la leyenda de la Maldición y el Nacimiento. La humanidad surgirá del llanto de Atum.

Leyenda de La Maldición y Nacimiento

Nut, la diosa del cielo, y Geb, dios de la tierra se amaban. Ra, movido por los celos, maldijo estos amores a los que Nut y Geb declaró estériles, ya que ningún hijo nacería en ningún mes, ni año, y para más precaución, interpuso a Shu, el aire, entre los amantes, de forma que Geb permaneció tumbado en el suelo y Nut arqueada sobre la tierra. Plutarco relata en su Tratado sobre Isis y Osiris que Nut pidió ayuda al dios Thot, quien consiguió, mediante una apuesta con la Luna, la decimoséptima parte de su luz (explicación de los ciclos lunares), con la que creó cinco días epagómenos, en los que Nut dio a luz a sus 5 hijos en el siguiente orden: Osiris, Horus (concebido por Isis y Osiris en el seno materno), Seth y Neftis.

El mito de Osiris

El mito de Osiris configura las creencia en la vida más allá de la muerte y el culto de los muertos. Según la leyenda (conocida por el Tratado de Isis y Osiris de Plutarco, textos de Diodoro de Sicilia y los Textos de las Pirámides) Osiris fue un rey bondadoso y benefactor que apartó a su pueblo del canibalismo, le enseñó la agricultura y las técnicas de riego, a partir de las inundaciones anuales del Nilo, y le dio leyes con las que regirse en paz, pero su hermano Seth (la aridez, el lado oscuro, el desierto), que odiaba a Osiris urdió un complot junto con otros 72 conspiradores y la reina de Kush, Aso. Mediante engaños consiguió que Osiris se introdujera en un cofre que una vez sellado arrojó al río Nilo.

Cuando Isis, esposa y hermana de Osiris, conoció la acción de Seth, buscó el cadáver de su esposo para darle sepultura y partió en su busca. En Biblos encontró el cofre perdido que guardaba el cuerpo de Osiris. Set descubrió el cofre y descuartizó el cadáver de Osiris en 14 pedazos que nuevamente arrojó al río. Isis comenzó de nuevo a buscar los pedazos, acompañada por su hermana Neftis. Poco a poco Isis fué recuperando cada uno de los trozos del cuerpo. Sólo un pedazo quedó por recuperar, el falo, comido por los peces lepidoto, pagro y oxirrinco, a partir de entonces especies malditas, que ningún egipcio tocaría o comería. Isis reconstruyó el cuerpo y con la ayuda de Anubis lo embalsamó. Con el poder de la Magia, se convirtió en milano y sobrevoló alrededor del cuerpo de Osiris, al que dotó de la suficiente vitalidad para poder concebir al hijo de ambos, Horus (el joven), al que dará a luz en la isla de Shemis, en el delta. Más tarde Horus, hijo póstumo de Osiris, se enfrentó a Set, para vengar a su padre. Tras el combate, del que sale vencedor, aunque pierde un ojo, recupera para sí el trono de Egipto, mientras Osiris permanecerá como rey de los muertos.

El mito, que tiene ciertas connotaciones solares, se interpretó en algunos sitios como mito fluvial: Osiris es el agua o el Nilo, padre de Egipto; Isis, la tierra vegetal, y Seth, el desierto, la terrible sequía, enemiga de Isis y Osiris.

Íntimamente relacionadas con las creencias religiosas de los egipcios y el mito de Osiris están sus ideas sobre la vida futura y el culto a los muertos. Los egipcios creían que cuando el hombre muere hay algo en él que continúa viviendo; a este algo llamaban ka, el doble, especie de sombra que sobrevive después de la muerte. Pero la supervivencia del doble o alma requería necesariamente la conservación del cuerpo o, por lo menos de alguna imagen de él, donde el alma pudiese residir; si el cuerpo se descomponía le faltaba al alma el apoyo donde seguir viviendo y moría también. La conservación del cuerpo se lograba mediante la momificación y el enterramiento de la momia en lugares secretos, de difícil acceso, en ataúdes que conservan también la forma humana. En un principio, la vida en el más allá era únicamente privilegio del faraón y los nobles, pero, poco a poco, las creencias religiosas se democratizaron y todo egipcio podía tener acceso a la eternidad.

El arte del embalsamamiento alcanzó en Egipto una gran perfección que dio paso a una floreciente industria, como ha referido el historiador Herodoto cuando describe tres tipos de embalsamamiento:

Allí tienen oficiales especialmente destinados a ejercer el arte de embalsamar, los cuales apenas es llevado a su casa algún cadáver, presentan enseguida unas figuras de madera, modelos de su arte, las cuales con sus colores remedan al vivo un cadáver embalsamado...

Entonces quedando a solas los artesanos en su casa, ejecutan de esta forma el embalsamamiento de primera clase. Empieza por sacar el cerebro, haciéndole pasar por las narices con un hierro encorvado y disolviéndolo con un líquido que hace penetrar por la cabeza. Luego abre el costado con piedra de Etiopía aguda y cortante, saca por la abertura los intestinos, los lava con vino de palma, los espolvorea con aromas machacadas. Enseguida llena el vientre de finísima mirra, casia y de variedad de aromas, excepto el incienso, y por último cosen la abertura. Así preparado el cadáver es metido en natrón por espacio de 70 días. Pasados éstos es lavado y fajado con vendas cortadas de una pieza de finísimo lino, untadas de goma.

Es posible que los embalsamadores, como se relata en Sinuhé, el egipcio, pertenecieran a la clase social más ínfima. En este sentido Herodoto continua:

En cuanto a las mujeres bien parecidas, se toma la precaución de no entregarlas luego de muertas para embalsamar, sino que se difiere hasta el tercero o cuarto día después de su fallecimiento. El motivo no es otro que el de impedir que los embalsamadores abusen criminalmente de la belleza de las difuntas, como se experimentó, a lo que dicen, en uno de esos inhumanos, que abusó de una de las recién muertas, según se supo por la delación de un compañero de oficio.

Como los egipcios creían que el doble tenía las mismas necesidades y sentimientos que en la vida terrenal, se preocuparon, con arreglo a sus posibilidades económicas, de su vivienda, vestido y alimento. Las personas humildes enterraban las momias en la arena del desierto; en cambio, los ricos edificaban suntuosas tumbas. Las tumbas eran, al contrario que las efímeras viviendas terrenales, construidas con un material perecedero, como el adobe, edificios para la eternidad, construidos con materiales no perecederos, como la piedra; generalmente estaban formadas por una capilla exterior, donde podían entrar los vivos a depositar las ofrendas; después seguía un estrecho corredor con estatuas del muerto, que habían de sustituir a la momia para sostener el doble si aquella se destruía, y al final se abría un pozo, de cuyo fondo partía un pasillo que llevaba a la verdadera morada del muerto; en ésta se colocaba el cadáver sobre un gran sarcófago y a su alrededor se depositaban los alimentos que necesitaría el doble. Una vez cegado el pozo, ya nadie podía bajar a la cripta, pero continuaba la ofrenda de alimentos en la capilla funeraria que se decoraba con relieves y pinturas que representaban todo lo que el doble pudiera necesitar; no sólo se dibujaban los alimentos y otros objetos necesarios, sino su obtención, y así se ven en las pinturas labradores, zapateros, carpinteros, albañiles, etc.

Juicio de OsirisAl lado de las momias los egipcios colocaban un ejemplar del Libro de los Muertos, como guía imprescindible para el alma durante su viaje por el inframundo, ya que indicaba todo lo que debía hacer y decir: Cuando el alma dejaba el cuerpo, se internaba en galerías oscuras y era transportada en barcas por ríos subterráneos; encontraba al paso demonios que procuraban despedazarla, pero los dioses, Anubis, de cabeza de chacal y Thot, de cabeza de ibis, la defendían y guiaban hasta el Tribunal de Osiris, que había de juzgar, rodeado de 42 dioses asesores, si el muerto había cometido alguno de los 42 principales pecados. Anubis pesaba el corazón del difunto. Si estaba libre de culpas, su peso era más ligero que la pluma de Maat , símbolo de la justicia y la verdad, en cuyo caso se convertía en Osiris y alcanzaba la eternidad; en caso contrario, el monstruo Ammit devoraba su corazón..

Según el Libro de los Muertos la fórmula que debe emplear el alma para defender su causa ante el Tribunal de Osiris es la declaración de inocencia o confesión negativa:

¡Gloria a ti, Señor de Verdad y de Justicia! ¡Gloria a ti, Dios Grande Señor de Verdad y de Justicia! He venido ante ti, oh, mi amo!, me presento ante ti para contemplar tus perfecciones. Porque te conozco, conozco tu nombre y los nombres de las 42 divinidades que están contigo en la sala de la Verdad y de la Justicia, viviendo de los despojos de los pecadores y hartándose de su sangre, el día que se pesan las palabras ante Osiris el de la vos justa: Espíritu doble, Señor de la Verdad y de la Justicia es tu nombre. Yo, en verdad, os conozco, Señores de la Verdad y de la Justicia; os he traído la verdad, he destruido por vosotros la mentira. No cometí ningún fraude contra los hombres, no atormenté a la viuda, no mentí ante el tribunal, no conozco la mala fe, no hice nada prohibido….¡Soy puro, soy puro, soy puro!