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Sinuhé, el egipcio

Es quizá la novela histórica más conocida. Tras su publicación en 1945, alcanzó fama mundial su Akhenatón autor, el escritor finlandés, Mika Waltari que dedicó 10 años de su vida a estudios históricos.

Sinuhé es un médico, trepanador real, en la época de la revolución religiosa de Amenofis IV, Akhenatón, el faraón hereje. Una serie de vicisitudes personales le empujan a viajar a Simyra (antigua ciudad fenicia), Jerusalén, Babilonia, Creta y el país de Khatti y a contemplar la aguda crisis que planteó el naciente monoteísmo y su posterior represión, junto a la amenaza de descomposición del imperio por la política pacifista del faraón. Todo ello muy razonable, aunque difícilmente pudo ser Sinuhé trepanador, puesto que la práctica de la trepanación no era conocida por los médicos en el Egipto antiguo.

Waltari enlaza de forma creativa algunas fuentes egipcias que él mismo cita, como los relatos de Sinuhé y la perversa Tabubú.

El cuento de Sinuhe.

Esta fuente, elaborada durante el Imperio Medio, es la biografía de un funcionario egipcio contemporáneo del gobierno de Sesostris I, que, para no verse envuelto en la conspiración que conoce por casualidad y que llevó a la muerte a Amenemhat I, huye a Palestina, en donde permanece hasta su vejez.

- Sinuhé- dijo ella, pensativa-.¿Entonces tienes miedo y huyes si se te confía un secreto?

Pensaba sin duda en la leyenda de Sinuhé, lo cual me irritaba, porque ya me habían atormentado bastante en la escuela con la leyenda de Sinuhé.

En el relato de Sinuhe:

...no morirás en el extranjero; los amu no te enterrarán; no serás envuelto en la piel de un carnero utilizada como ataúd...

Los amu eran nómadas del desierto. Sinuhé también huye pero antes se ve obligado a enterrar a sus padres envueltos en una piel de buey.

El cuento de Tabubú.

Es un relato escrito en la época de los ptolomeos en el que se narran las pesadillas con que Tabubú, sacerdotisa de la diosa-gata Bastet atormentó a Setne Jamuaset, hijo de Ramsés II.

La perversa Nefernefernefer encarna a Tababú.

-Te he prometido una leyenda y te la voy a contar porque el alba está lejana todavía y no tengo sueño. Es la leyenda de Satné y Tababué, sacerdotisa de Bastet.

A partir de ese punto, los encuentros entre Sinuhé y Nefernefernefer están presididos por frases repetitivas, al modo del cuento de Tababú:

Yo soy una sacerdotisa , no una mujer cualquiera: si quieres hacer conmigo lo que ansías, me tendrás que ceder todo cuanto posees.

De un modo similar, poco a poco, Nefernefernefer se irá apoderando de todas las pertenencias de Sinuhé:

No soy una mujer despreciable, pese a que vivo sola, y debo velar por mi reputación.

Este mismo ritmo repetitivo aparece en el episodio en que la princesa Beketatón se prostituye a cambio de piedras con las que construirá un pabellón que será la muestra palpable de su venganza sobre Horemheb. Esa leyenda está tomada de Herodoto, según el cual la hija de Keops mandó construir una pirámide, reuniendo una a una las piedras que exigía a sus clientes en el burdel.

-Soy la princesa Baketamón, esposa del ilustre capitán Horemheb.

No es necesario decir que Horemheb no tuvo como esposa a Beketatón, ni fueron sus hijos Ramsés y Seti. Su esposa fue Mutmedjme, al parecer hermanastra de Nefertiti.

La Sátira de los Oficios de Dwa-Jeti

Instrucción de Dwa-Jety, para su hijo Pepi, en la que se hace un elogio de la profesión de escriba:

¡Qué vida tan dura la del carpintero que cepilla las vigas! ...Nada en la tierra es comparable con la profesión de escriba.

Dice Inteb, un héroe de guerra, a Sinuhé:

Por esto te digo, muchacho, que de todos los oficios, el de soldado es el más horrible y miserable... si quieres mandar soldados y conducirlos, aprende primero a escribir.

Quien haya leído a Waltari (sobre todo S.P.Q.R. El senado de Roma) conoce la complicidad que mantiene con el lector avisado... El capítulo sobre los khabiri es genial en este sentido: insinúa de forma socarrona y descubre al final, pero de forma que el lector extraiga sus propias conclusiones. Intentaré imitarle.

- Así llegué a una pequeña villa situada en el flanco de una colina cuyo nombre era Jerusalén...se decía que la horda de los khabiri era más numerosa que las arenas del desierto...

Dice Horemheb:

...mientras atravesábamos el desierto de Sinaí y sufríamos hambre y sed... he visto en un valle un matorral ardiendo...y no se consumía.

...Por esto quiero guardar semilla de khabiri, porque dentro de unos años el hambre los arrojará de nuevo de su desierto...

Finalmente, Sinuhé:

El nombre de este dios era Jahvé o Jehu, y los khabiri no tenían otro, de manera que tuvieron que regresar sin dios a su desierto y más pobres todavía que a su marcha, a pesar de que hubiesen cantado ya de júbilo agitando ramas de palmera.

En 1887 se descubrieron 380 tablas de arcilla en Tell el-Amarna, conocidas como las Cartas de Amarna. Son una serie de cartas, redactadas en acadio, en escritura cuneiforme, que gobernantes extranjeros, principalmente de ciudad-estados, pero también de los reinos de Babilonia y Asiria, dirigieron a Amenhotep III y Amenhotep IV (Akhenatón). En varias cartas Ebed-Kheba, rey de Jerusalén, pide de forma desesperada ayuda al faraón, frente a los ataques de los khabiris, o hapirus (hebreos. Ib'r, E'br)

Una forma muy sutil de indicar que el comienzo del éxodo fue anterior a la época de Akhenatón y, por supuesto, de Ramsés II.

Waltari utiliza de forma un tanto libre e imaginativa una carta que forma parte de los archivos hititas, dirigida al rey Subbililiuma, de forma que atribuye la autoría a la princesa Baketamón.

Soy la hija del faraón... Me he enterado de que tienes numerosos hijos. Envía aquí uno de ellos para que yo pueda romper una jarra con él, y tu hijo reinará a mi lado sobre el país de Kemi.

Sin embargo, en realidad la carta llevaba como firma, Reina, lo que excluye a Baketatón, de la que no hay ningún dato que permita suponer que llevara ese título. Es posible que la autora fuera Nefertiti, Meritatón o Ankhesenamón, ya que ellas si fueron reinas... La hipótesis más aceptada supone que la autora fue Ankhesenamón.

Las informaciones que aparecen en Sinuhé sobre el país de hatti (su fuerza se basaba en el terror, la guerra y el ejército, pero sus leyes internas eran más suaves que las de otros pueblos) están extraídas del código hitita, conjunto de artículos escritos en lengua hitita sobre dos tablillas de arcilla encontradas durante las excavaciones de la antigua Hattusa.

Por último, no es necesario reseñar que las figuras de Tiy (al parecer de origen mitanni y en absoluto hija de un pajarero) y Horemheb no tenían la baja extracción social que se les atribuye en la novela.

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