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Los Valles de Egipto

El Valle de los Reyes

Información práctica e histórica 6.


Algunos reyes que fallecieron después de haber permanecido un corto tiempo en el trono no pudieron concluir su morada eterna, por ello no dudaron en usurpar la tumba de un predecesor. Esto ocurre en el valle, concretamente en el hipogeo de la reina Tausert y del rey Setnajt. Setnajt amplió la tumba de Tausert para dar cabida a sus restos mortales y modificó el enterramiento cubriendo sus muros con estuco para poder retallar su imagen. Todavía hoy puede observarse este acontecimiento en aquellos lugares donde la capa de recubrimiento a caído, dejando ver los relieves originales de la reina Tausert.

Las medidas de seguridad de las tumbas reales también se perciben en su arquitectura. No se trata de maldiciones que puedan afectarnos directamente, que puedan provocarnos enfermedades o la muerte, sino de fórmulas en las que se maldice al profanador y se le conmina para que no pueda tener una vida placentera y feliz en el Más Allá. Además, otras medida prácticas consistieron en añadir ciertos elementos que garantizaran una mayor protección hacia los “amigos de lo ajeno”: teóricamente la inclusión de un profundo pozo, además de una simbología religiosa, dificultaba el acceso de cualquier ladrón potencial y el hecho de incluir sarcófagos cada vez más grandes también constituía una medida de seguridad que consideraron eficaz. A causa de sus grandes dimensiones no serían sacados de las tumbas para ser reutilizados o robados.

Llegados a este punto quizá deberíamos preguntarnos cual fue la razón que condujo a los monarcas de las dinastías XVIII, XIX y XX a escoger este escenario como lugar para que sus cuerpos reposaran eternamente. Cualquiera que viaje a Luxor Oeste puede sacar rápidamente la conclusión: su situación natural. El Valle de los Reyes poseía, de forma natural, una serie de características naturales que no podían ser pasadas por alto: una situación privilegiada, una formación que favorecía una vigilancia eficaz y un complicado acceso. Realmente era un lugar que podría ser guardado por la policía de la necrópolis sin mucha dificultad, asegurando la perpetuidad de sus tumbas y de los ajuares que en ellas incluyeron. Lamentablemente, el tiempo demostró que la codicia humana llega más allá de lo que habitualmente podemos prever y la mayor parte de las tumbas del Valle de los Reyes fueron profanadas poco después de que los difuntos fueran inhumados en ellas. Sólo la tumba del rey Tut-anj-amon, violada diez años después de su entierro, Tuya, Yuya y Mahirpa, se escaparon, en cierto modo, de la avaricia humana, de las garras de los depredadores de tesoros.
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