PDA

View Full Version : Solo Cuentos Cortos



Nieves
05-11-2005, 01:22 PM
Saludos a todos!

Abro este tema para todos aquellos que quieran escribir algún cuento, corto por supuesto, sin seguir ningún tema especial, ni continuar un hilo argumental, solo expresar lo que a veces ronda en nuestra cabeza, como me pasa a mí. Los invito a plasmar aquí lo que queráis.

Por favor: Solo cuentos cortos. ;)

nefert-maat
05-15-2005, 05:34 PM
Era el amanecer, cuando el cielo pasa del negro estrellado al azul puro pasando por el rojo que Ra mostraba después de haber vuelto a vencer a la muerte el caos y la oscuridad………Ra había vencido de nuevo.

Ese instante era el qué Merytra aprovechaba para recogerse en silencio y escuchar su corazón, pensando en Maat, alimento de dioses y hombres

"...le he hecho la ofrenda de Maat que él ama (Amón) pues sé que de ella vive. Ella es también mi pan y yo me alimento de su rocío"

Asi reza una inscripción de la reina Hatshepsut, pensó la joven y como esa simple frase la ayudaba para seguir el camino que marcó su destino desde pequeña....

Era una joven alegre, disfrutaba de la vida y veía a esta en todas partes, el batir de alas de las aves concentradas a lo largo del gran río, el fluir del agua, el soplo del viento que movía arbustos y ramas, las barcas que lo transitaban. El color verde de la vegetación y el dorado de la arena, los chiquillos al regazo de sus madres, las peleas entre ellos, las risas de los juegos…….

Todos los días necesitaba sentir esa vida, esa alegría, sentir que cada cosa creada es única y especial, sabía que era afortunada, tenía una acusada sensibilidad para notar la belleza allí donde estuviera, y saber que todavía tenia un mundo por descubrir

Pero por la tarde, la tristeza inundaría su corazón, como la mayoría de las tardes desde que era pequeña, y acompañaba a su madre.
Entonces veía a la muerte, y sentía la pena , el infortunio, de la esposa o el marido o los hijos ; el lamento desgarrado del vivo hacia el muerto, esa pena del alma que se nota sobre todo en los ojos , tristeza ante la perdida……

Y entonces lloraría, las lágrimas fluirían solas, se tiraría de los pelos, se descubriría el pecho, cogería arena y se la pondría por la cara y el cuerpo y de esa manera expresaría la rabia e impotencia que se siente hacia la muerte y llamaría la atención de los dioses

Para ella era fácil, tan sencillo como podía sentir la belleza de las cosas, podía también sentir el lamento de la perdida, y su cuerpo era la expresión de sus sentimientos…
Era plañidera profesional, y desde pequeña lo había aprendido, cuando iba desnuda con su trenza de juventud acompañando a su madre.

Un beso

Nefert-maat

Sahure
05-16-2005, 07:54 PM
6 de marzo de 1989 11:58 A.M.

Un viejo Ramsés del 67 se aproximaba por la polvorienta y parcheada carratera que discurre paralela a la orilla oriental del Nilo. Después de cruzar el Maru-Aten y algunas pequeñas formaciones rocosas fue paulatinamente aminorando la velocidad hasta que por fin se detuvo frente a unas pequeñas ruinas de piedra. Del vehículo salieron dos jóvenes de unos 25 años.

_ Frank, ¿me puedes decir que hacemos aquí? sI paramos mucho tiempo no llegaremos nunca a El Cairo.
_ Tranquila Karen, llegaremos, no te preocupes. Quiero que veas aquello de lo que tanto te he hablado. Dejaremos el coche aquí y seguiremos el resto del trayecto a pie.
_ Pero... entonces... ¿esto es Tell el-Amarna? ¡Pero si está todo en ruinas!, ¡no hay nada en pie!
_ Si, pero estas ruinas hablan, nos dicen como fue esta ciudad hace más de 3.000 años. Siempre te he dicho que hay algo en ella que me atrae . Es algo extraño, algo que no lo siento con ningun otra lugar de Egipto. Hoy después de tantos años esperando voy a poder cumplir mi deseo.

Frank estaba maravillado, extasiado. Durante los primeros metros del recorrido no hablaron, Frank se sentía algo mareado, seguramente debido al calor. A aquella hora cercana a mediodía el sol ya apretaba con fuerza. Sacó la cantimplora de la mochila y vertió un poco de agua por la nuca. El agua le ayudó a recuperarse.

Karen, después de haberse asombrado con las construcciones de Karnak intentaba comprender que había en aquél lugar que tanto atraía a su compañero. Se acercaron a un lugar con unos pequeños muros que en su parte más alta no asomaban más de medio metro. Karen preguntó:
_ ¿cariño, que era eso?
_ Esa era la casa donde vivía el visir Nakht. En su tiempo había en ella jardines, árboles, estanques... todo un paraíso
_ ¡Pues quién lo diría!... Se me hace difícil pensar que aquí una vez hubiera jardines. Aquello parece otra casa algo más pequeña ¿no?
_ Si, en esa casa habitó en su día el escultor del rey, Tutmosis. Seguro que algunas de las estatuas que has visto de Akhenatón las esculpió él. Quién sabe si creó el busto que tanto te gusta de Nefertiti.

A medida que seguian caminando el calor volvía a hacer mella en Frank, contestaba a las preguntas de su compañera con dificultad.
_ Vaya!! Esto si que es grande -exclamo Karem- ¿es esto el palacio?
_ Si.. si, aquí vivían... Akhenatón y Nefertiti... con sus seis hijas
_ Frank, ¿te encuentras bien?, hace demasiado calor, toma, siéntate en este murete y bebe un poco de agua, te vendrá bien.
_ Gracias, se me pasará pronto, estoy un poco mareado, este calor me está matando.

Frank a pesar de su malestar estaba disfrutando, aunque nunca había estado allí nada resultaba desconocido para él. Habían sido muchos los años que había dedicado a saber de Egipto y sobretodo a la época amarniana, especialmente atrayente para él. El joven se roció una vez más la nuca con agua y le dijo a Karen:
_Ya estoy mejor, vamos a seguir que quiero que veas el palacio
_ ¿Estas seguro que ya estás mejor? esperamos un poco mas...
_ No, no, ya se me ha pasado el mareo, vamos

Los dos jóvenes se levantaron pero súbitamente los ojos de Frank se nublaron, éste parpadeó para aclararse la vista pero la cabeza le daba vueltas. Intentó sentarse de nuevo pero su mano no encontró el borde del murete, cayó hacia atrás golpeándose la nuca con la piedra.

_ Frank!!!, Frank!!!, cariño, ¿que te pasa? ...Frank por favor!!! contesta!!! Frank, Frank

AÑO 1335 A.C. AKHET-ATON

A la puerta del palacio real llegaba un hombre de más bien baja estatura y de avanzada edad, vestido con una túnica de mangas cortas que el tiempo había envejecido ostensiblemente. Tres guardias le cortaron el paso y a la petición de identificación por parte del capitán este contestó:
_ Soy Nakht, anterior visir, Su Majestad me espera, condúceme hasta él con prontitud.
_ Bien, tengo órdenes de llevarte hasta él, acompáñame visir.

Nakht ostentó el alto cargo de visir durante los primeros años de reinado de Akhenatón, aquellos durante los cuales se produjo el abierto enfrentamiento contra el clero de Amón. Después vivió unos años en Akhetatón hasta que le pidió al rey renunciar al cargo y poder trasladarse a vivir al Delta ya que el clima era mucho más benigno para su delicada salud. Durante su viaje de regreso no hizo otra cosa que preguntarse porque el faraón le habría mandado llamar con tanta urgencia

Los dos hombres se adentraron en palacio recorriendo varios pasillos. Llamó la atención de Nakth el silencio reinante, en otro tiempo el palacio era un hormiguero de gente de toda condición, desde la servidumbre, pasando por los escribas, hasta los altos cargos y las hijas del faraón. Otra cosa que llamó la atención de Nakht es la cantidad de guardias en todas las puertas, algo que en otro tiempo Akhenatón nunca permitió.

En los jardines del palacio real y sentados frente al estanque, rodeados de lotos y coloquíntidas le esperaban Akhenatón y ... Nefertiti!! Cuanto hacía que no sabía nada de ella, las noticias que llegaban decían que ya no intervenía en asuntos públicos con su marido, se especulaba mucho acerca de su salud, incluso había quién decía que la reina había muerto. Él sabía que esto último no había ocurrido porque sino se le hubiera comunicado este extremo. Akhenatón al verlo esbozó una leve sonrisa, pero Nefertiti ni siquiera hizo ademán de mirarle, tenía la mirada fija al frente, como si estuviera ausente. Había perdido gran parte de la belleza que tenía, pero conservaba aún ese aura que la hacía una mujer distinta a las demás. Akhenatón llamó a Nakht:
_ ¡¡Cuanto tiempo mi fiel amigo!! Doy gracias a Atón que te ha traído ante mí. Pero acércate por favor. Se que estarás cansado del viaje pero te robaré poco tiempo.
_ Majestad, me puse en camino en cuanto recibí tu misiva -decía Nakht mientras hacía una profunda reverencia- no entiendo los motivos por los que me has mandado llamar pero sabes bien, como te dije hace tiempo, que siempre estaré a tu servicio.
_ Lo se perfectamente querido amigo, pero acércate más por favor, -Nakht se acercó, el rey tomó sus manos y siguió hablando- Muchas cosas han cambiado desde tu marcha, seguro que ya te has dado cuenta de algunas de ellas, han cambiado tantas que ahora eres la única persona en la que confío. El tiempo corre en nuestra contra, por eso casi no puedo explicarte nada, todas las preguntas que te estás haciendo y las instrucciones que quiero que cumplas están aquí en este papiro que te entrego.
_ Pero Majestad..., no entiendo que está pasando... ¿que instrucciones tengo que seguir?... ¿para que?
_ Lo entenderás en cuanto lo leas. La reina y yo partimos de inmediato a la llamada de Atón. Tú eras lo único que esperábamos ya.
_ ¡Pero Majestad, no puedes hablar así, Egipto te necesita, tu eres su luz!.
_ Amigo mio, tu eres una persona muy inteligente, como ya supones esos guardias que has visto al entrar no los he puesto yo, Egipto ya no está en mis manos. La reina y yo preferimos reunirnos con Atón por propia voluntad antes que hacerlo por voluntad de otros.
_ Pero mi señor yo...

El faraón se puso en pie, tomó la mano de su esposa que no se había movido durante toda la conversación y puso la otra mano en el hombro de Nakht.
_ Mi querido visir, se que la tarea que te encomiendo será ardua, pero confío en ti para que la lleves a cabo como siempre hiciste en el pasado, en ese papiro tienes instrucciones acerca de mis hijas y del lugar que quiero que repose nuestro cuerpo.
_ Mi señor...

Unas lágrimas cayeron de los ojos de Nakht mientras veía a su amigo alejarse de la mano de su esposa. No se dio cuenta que debido a la rabia que sentía, su mano apretaba como una tenaza el papiro que le había entregado Akhenatón, mientras en su mente circulaban con odio las figuras de Horemheb, Ay y el Sumo sacerdote de Amón.

6 de marzo de 1989 13:25 P.M.

Frank asía fuertemente el brazo de Karem cuando despertó, se encontró tumbado a la sombra de un sicomoro y con una toalla empapada de agua en la frente. Karem le llamaba justo en ese momento:
_ ¡¡Frank, loado sea Dios, por fin regresas, que preocupada me has tenido!!
_ ¿Como me has traído hasta aquí?, ¿cuanto tiempo llevo así?
_ Unos campesinos pasaron hace una media hora y me ayudaron a traerte a esta sombra, perdiste el conocimiento hace casi una hora.
_ Bueno, ya estoy mejor, ayúdame a levantarme por favor y vámonos

Entraron en el coche y Karen se puso al volante. Antes de arrancar Frank cogió la cara de Karen y le dijo:
_ No creerías lo que me ha pasado Karen.
_ Si que me lo creeré Frank, mientras tenías perdido el conocimiento balbuceabas palabras que no he logrado comprender, como si hablaras otra lengua, espero que me lo cuentes.
_ Te lo contaré todo Karen, pero prométeme que volverás conmigo en cuanto tengamos ocasión.
_ Me da miedo Frank, pero si tu quieres volveremos.
_ No tengas miedo... vámonos ya Karen, arranca.

El destartalado Ramsés dejó una estela de polvo en dirección a El Cairo mientras Frank miraba ensimismado el lugar que abandonaba.... Volvería seguro

Continuara?

nefert-maat
09-11-2005, 01:42 PM
Hola Nieves,
Me gustan tus cuentos, trasmiten pasión, vida y muerte, una gran dualidad........Como la vida misma.

Un besazo para tí y otro para tu padre.

nefert-maat
09-13-2005, 10:02 PM
Cuando Merit nació su primer llanto fue un anticipo de lo que seria durante toda su vida.
Fue un lloro alegre,que parecia más un canto dotado de vida, un grito de alguien que celebraba la llegada a la luz.

La pusieron Merit en honor de la diosa que personificaba la música. Creció rodeada de cascabeles, matracas y sistros, , la niña dejaba de llorar en cuanto los oía, cambiando por una sonrisa el temor que antes sentía.

Su madre era cantora en el templo y sus primeros juguetes fueron tambores, flautas y oboes.

Al hacerse adolescente, la naturaleza siguió regalandola dones, una aguda sensibilidad para captar los sonidos y recrearlos, un cuerpo esbelto y flexible que se movia con la gracia de las diosas del amor.... como los juncos que se doblan al viento adoptando su forma, una voz melodiosa agradable a los oidos de los hombres y los dioses.

Una rara belleza exotica, un porte altivo y orgulloso. No había fiesta ni banquete donde su presencia no fuera requerida, para distraer el ocio de los comensales.

Pero Merit no era del todo feliz, su cuerpo perfecto no la libraba de sus pensamientos y anhelos, sentia que había algo más que baile y música , que todo no era tan perfecto como su trabajo la hacia imaginar.

Veía cuando se dirigia al templo a honrar a la diosa Hathor como algunos chiquillos,hijos de esclavos trabajaban ya desde pequeños, ayudaban a sus padres y sentia como alguien les había robado la infancia.

Cuando preguntaba por esa gente esclava, prisioneros traidos de otros paises más alla de Nilo , siempre recibia la misma respuesta:
No son egipcios nuestros dioses no les son favorables, la ley de Maat no rige para ellos, son toscos y rudos .

Pero Merit pensaba ¿Cómo distinguian los dioses entre los que eran egipcios y los que no? e intuía que el corazón, los anhelos y las ilusiones de todos los pueblos coincidian.
Veía como la madre lloraba al hijo muerto, como la muerte y el sufrimiento no distinguía entre ellos y nosotros.
Y como el bebe se aferraba a su madre y el cariño de ambas era el mismo.
¿Cómo los dioses no podían verlo si ella lo veía?

Un día resolvió ir al templo y preguntar al gran sacerdote , un anciano famoso entre el pueblo por su gran sabiduría,y resolvió preguntarle por los misterios de la vida, que curiosamente el canto y la alegría se lo habían mostrado.

El gran sacerdote la escuchó atentamente mientras pensaba en la dulce niña, protegida de los dioses, su corazón estaba preparado para que él pudiera mostrarla uno de los misterios que no todo el mundo sabía ni podía conocer ya que para ello se necesitaba además de un corazón preparado una atenta disposición…..

“Para poder comprender a los dioses y a los hombres tienes que escucharles con el corazón y no con tus sentidos que te engañaran, los ojos y los oídos sólo te enseñaran la superficie de las cosas y no el interior de los hombres.
Sólo tu conciencia , tu corazón e intuición te podran llevar hacía nuevos horizontes y conocimientos.

Tendrás que liberarte de los prejucios de lo que hasta entonces te parecía la verdad y cuestionartela ,abrir tu mente y descubrir el proposito que Maat puso dentro de tu corazón, entonces veras y podras comprender a los hombres, no les juzgaras y los ayudaras, porque ayudandoles a ellos te ayudas a tí misma.

Veras que en el fondo todo los hombres son iguales y que las diferencias tan solo las marca el miedo y el temor.

Si consigues todo esto, podras comprender el principio del universo y acceder a la sabiduría y al conocimiento, pero no confundas sabiduría con saber.

El saber no es más que unos hechos guardados en la memoria, hay que aprender a comprenderlos. La sabiduría se consigue no-sabiendo, atravesando el intelecto mediante una experiencia interior.
Sus frutos son abundantes y conseguiras la perfecta armonía entre los dioses y tú...... llegaras a ser una Majerut.

Tras salir del templo Merit se concedió unos días de descanso para poder pensar en todo lo que el anciano le había revelado y noto como al comprenderlo en su corazón se había instalado una alegría permanente que ahora acompañaba a su antes alegría superficial….

Y dió gracias a los dioses

Mika
09-13-2005, 11:35 PM
hola nieves :)

bueno como por hay dicen que lo prometido es deuda aqui esta un pequeño relato no se desarrolla en egipto, pero espero que igual les guste. ;)

Han oído hablar de las gárgolas y sus funciones tal ves si o tal ves no bueno aquí se las presento puede que crean que las gárgolas son simples estatuas cuya única función es la de asustar a los paganos en la edad media .. y nada damas pero no es así...
Hace algún tiempo existió una joven muy hermosa llamada Noah , esta chica en particular tenia una fijación por estas criaturas , una fijación que podríamos llamar amor.. siempre las estudiaba y no dejaba de pensar en ellas y pensando bien si fuera tu única diversión y ocupación quien no lo haría...
Noah siempre trato se subir hasta donde se encontraban pero nunca pudo, en una catedral tan antigua ninguna chica particular podría traspasar mas aya del altar ... pero ella no se conformaría con esto ... una noche decidió quedarse hasta el final de la ultima misa y aprovecho la oscuridad del lugar para poder colarse y esconderse en un confesionario hasta que estuviera segura para poder salir y lograr su cometido...
Así pasaron las horas y ya casi había perdido todas sus esperanzas hasta que escucho algo; eran varios sacerdotes los cuales se les veía muy preocupados..

Señor ya es al tercer monaguillo que le pasa esto que haremos, así nunca podremos librarnos de ellas y no conseguiremos la paz ... Dios mío que haremos...

Si ya lo se pero no se como detenerlas ... además no es la primera ves que esto pasa, esos espíritus están locos y no hay poder que pueda con ellos lo único que se conoce de ellos es que cada cierto tiempo atacan a las personas pidiéndoles alguna cosa y si no la obtienen pues hay tienes los resultados....

Pero esto no puede ser tiene que haber algo que las pueda detener o cualquier día de estos nos puede pasar algo a cualquiera de los tres o no maestro?

Ya olvídense de este asunto.... nadie debe enterarse eso debe quedar en secreto de confesión.
Pero esto no quedo oculto para todo el mundo, y esto hizo que Noah ahora mas que nunca tuviera el deseo de saber como era este sitio...pero tendría que esperarse hasta la mañana para poder salir de su escondite ; que noche tan incomoda paso...
Cuando por fin logro llegar a su casa se dio un baño y durmió hasta que el reloj diera las 6.00 hora en la que se da la ultima misa del día en la catedral, así que se arreglo y puso en marcha su plan, y ando por el camino que tanto conocía.
La iglesia no parecía la misma había algo que le sorprendió mucho y es que al ver a sus amadas estatuas todas absolutamente todas habían cambiado su mirar e incluso la posición en la que habían sido esculpidas...
Por cierto que esto en ves de ahuyentarla le dio ánimos para seguir adelante tenia que saber mas, quería estar con ellas.
Cuando por fin entro en el santuario se dio cuenta de que algo muy raro ocurría, todos preguntaban por el monaguillo que había sido encontrado muerto en el tejado, al parecer era muy querido por el pueblo.
El sacerdote solo decía que el joven se había mudado repentinamente de la ciudad sin razón aparente y que era un hecho muy lamentable, nadie noto que esto era una mentira, ni mucho menos las miradas cruzadas de los dos sacerdotes auxiliares....
Gracias a esta confusión Noah pudo escabullirse hasta las escaleras que se encontraban detrás del altar.. siguiendo el camino que llevaba al lugar donde los sacerdotes se cambiaban y es preparaban para dar la misa...era un sitio muy curioso y sencillo pero no había tiempo para distraerse debía seguir su camino al tejado...
Al llegar allí quedo tan maravillada por las criaturas fantásticas que solo así podría contemplar, acariciar y disfrutar que no se dio cuenta de que había empezado a llover aunque no muy fuerte...
Y así anduvo toda la noche hablando con ellas como si alguien la pudiera escuchar; en alguno que otro momento le pareció que alguien le contestaba pero no le hizo mucho caso...
Quiso quedarse mas tiempo pero ya la pequeña llovizna se había convertido en tormenta y aunque fuera imposible de creer con esto las voces se hicieron mucho mas claras y entendibles, pero no le importaba era como un trance divino que poca gente llega a conocer o contemplar
Te gustaría quedarte aquí para siempre? Le preguntaban?
Y esta sin saber el significado y el peso que pueden llegar a tener las palabras respondió con la ligereza de una pluma
Claro que si siempre eh querido estar aquí...y no supo nada mas de lo que había pasado..

Al las dos semanas subió un sacerdote al único lugar en donde se podían ver las gárgolas a la perfección y ocurrió algo que casi lo mata de un infarto , algo que no podía creer... salió corriendo e busca de sus discípulos y estos al llegar dijeron

Otra ves lo hicieron pero como pudo llegar esta muchacha a este lugar si estaba cerrado.

Estos seres tiene poderes que nunca entenderemos pero parece que al fin tienen lo que querían un guardián que velara por ellos

Yo diría que mas que un guardián un Ángel que les brinde su amor y los proteja del infierno...
Sea lo que sea ya no podemos hacer nada.

Anubis 4
09-14-2005, 11:56 AM
Horus fue creciendo y a menudo era visitado por su padre, desde el Más Allá quien le enseñaba todo lo que debía conocer para derrotar a Seth y vengar su muerte. Cuando Osiris consideró que su hijo podía estar preparado le preguntó cúal de todas las acciones consideraba la más bella, a lo que Horus contestó: Vengar al padre y a la madre cuando han sido indignamente tratados. Osiris nuevamente preguntó a su hijo, esta vez por el animal mas útil en la batalla. Horus respondió que el caballo, contestación que dejó perplejo a Osiris, que no se explicaba por qué su hijo no habia mencionado al león, y le interrogó sobre este punto. Horus constestó "porque el león es sumamente útil en acciones defensivas, pero el caballo lo es en acciones ofensivas cuando queremos dispersar al enemigo y perseguirle en su huida". Osiris tras esta lección de su hijo consideró que Horus se encontraba preparado para combatir a las fuerzas de Seth. Horus formó un ejercito al que se unieron muchos egipcios y la reina Aso (Tueris)

A partir de este punto se incluye la versión del templo de Edfú, mucho más explícita que la de Plutarco.

Ra, que podía ver el futuro reflejado en los ojos de los hombres, mirando fijamente el Ojo de Horus vió el color del Gran Mar Verde, pero Seth estaba observando y tomó la forma de un gran jabalí, que pasó por donde se encontraba Ra, distrayéndole. Ni Ra ni Horus lo reconocieron, y Seth, en su forma animal disparó un soplo de fuego a lo ojos de Horus, haciéndole emitir un gran grito de dolor. En ese momento averiguó que el jabalí no era otro que Seth. Ra se llevó a Horus, que pudo recuperarse de la perdida de visión y reunió de nuevo un ejercito con el que luchar contra Seth. En la guerra hubo muchas batallas, pero la última y más grande fue en Edfú, donde se encuentra el gran templo que recuerda ese día.

Las fuerzas de Seth y Horus se encontraban cercanas entre las islas y rápidos de la primera catarata. Seth, ahora en forma de un gran hipopótamo rojo, fué a la isla de Elefantina y profirió una maldición contra Horus y su madre Isis. "Desátese una tempestad y un diluvio poderoso contra mis enemigos". La tormenta se desató contra las naves de Horus, quien consiguió sujetar las barcas. Horus se transformó en un hombre de más de 4 metros en cuyas manos sostenía un gran arpón. Seth entonces abrió sus poderosas mandíbulas de hipopótamo para devorar a Horus, momento que este aprovechó para lanzar su arpón que golpeó la cabeza del gran hipopótamo atravesándola hasta el cerebro y matándolo. Seth se hundió en el Nilo, en la isla de Edfú. La tormenta amainó y las personas de Edfu salieron a recibir al gran Horus entonando el himno que después los sacerdortes cantarían en la fiesta anual en honor del dios de Edfú.

"¡Siéntase alegre, aquel que habita en Edfú! ¡Horus el gran dios, el señor del cielo, ha matado al enemigo de su padre! ¡Tome la carne de los vencidos, beba la sangre del hipopótamo rojo, queme sus huesos con fuego! Córtese en pedazos.¡ Que los trozos sean dados a los gatos y los desperdicios a los reptiles!
"¡Gloria a Horus el poderoso, el valiente, el único hijo de Osiris. Horus de Edfú, Horus el vengador!"

Anubis 4
09-14-2005, 11:59 AM
El mito de Osiris

Cuando Ra todavía gobernaba el Mundo, fue advertido de que su hija Nut (Rea), diosa de los espacios celestes, tenía comercio secreto con Geb (Cronos), dios de la Tierra, y que si en algún momento diese a luz un niño, este gobernaría la humanidad, por lo que Ra maldijo a Nut de manera que nunca podría tener un hijo en ningún día y ninguna noche del año ("Asi nunca Nut pueda dar a luz niño alguno ni en el transcurso del mes ni en el transcurso del año"). Nut pidió consejo al gran Thot (Hermes), dios de la sabiduría, quien por cierto estaba enamorado de la diosa, de la que también había obtenido favores en su momento. Este, por medio de su sabiduría, encontró la forma de evitar la maldición. Thot acudió a Jonsu, dios lunar, cuyo brillo era entonces casi como el del Sol y lo desafió a un juego de mesa, en el que Jonsu apostaba su propia luz. Ambos jugaron y la suerte siempre estaba de parte de Thot, hasta que Jonsu fue derrotado. La apuesta consistía en 1/72 parte de la luminosidad diaria de la Luna, y desde entoces Jonsu no ha tenido suficiente fuerza para brillar a lo largo del mes, por eso mengua y se recupera. Con esta luz Thot creo 5 nuevos días, conocidos como epagómenos, en el calendario que hasta entoces constaba de 12 meses de 30 diás cada uno y los añadió justo al final del año, de manera que no pertenecían ni al año viejo ni al nuevo. Así Nut pudo tener a sus 5 hijos, y al mismo tiempo se cumplió la maldición de Ra. Primero nació Osiris, y su nacimiento fué anunciado como el de un dios bondadoso y benefactor del pueblo (" El gran señor de todas las cosas ha aparecido bañado por la luz"). El segundo fue reservado para el nacimiento de Horus (Apolo), hijo de Osiris e Isis, el tercero para Seth (Tifón), quien no nació ni en el tiempo que le correspondía ni por el camino adecuado, sino rasgando el costado de su madre Nut. El cuarto día nació Isis , entre las marismas, y el último Neftis (Afrodita, Teleuté y Victoria).

Osiris, el primogénito, era el heredero del reino y representaba el lado bueno, la regeneración y la fertilidad de la tierra, mientras que Seth representaba la aridez, el lado oscuro y las zonas desérticas. Con el tiempo Osiris se casó con su hermana Isis, a quien amaba desde el vientre de su madre. Seth se casó con Neftis, pues al ser un dios sólo una diosa podía ser su esposa. Isis, la más inteligente de los 4 hermanos, obtuvo con destreza el nombre secreto de Ra, el nombre que le otorgaba poder y grandeza (Véase historia de Ra) y con el tiempo Osiris se convirtió en el Rey de Egipto. En aquellos tiempos la humanidad vivía en estado salvaje, practicando el canibalismo, y fue Osiris quien enseñó a su pueblo a cultivar los campos, aprovechando las inundaciones anuales del Nilo, y cómo segar y recoger la cosecha para alimentarse. También les enseñó como sembrar vides y obtener vino (de ahí la asociación griega con Dionisio) y la forma de fabricar cerveza a partir del cultivo de cebada. Pero no sólo enseñó al pueblo cómo alimentarse y cultivar sino que le dió leyes con las que regirse en paz, la música y la alegría y les instruyó en el respeto a los dioses.

Cuando había acabado su función Osiris partió a proclamar sus enseñanzas en otra tierras, dejando a cargo de Egipto a Isis quien gobernó sabiamente en ausencia de su marido. Pero Seth odiaba a su hermano, su poder y su popularidad, por lo que mientras Osiris se encontraba en otras naciones confabuló un plan junto con otros 72 conspiradores y la reina de Kush (Etiopía), Aso. En secreto obtuvo las medidas exactas del cuepo de Osiris y fabricó un cofre de maderas nobles, ricamente adornado, como un Rey se merecía y en el que encajaba perfectamente el cuerpo de su hermano. Tras el regreso de Osiris, Seth decidió dar un gran banquete en honor a su hermano, e Isis, enterada de la posible conspiración advirtió a Osiris, quien no vió nada malo en acudir al banquete. La fiesta, a la que habían asistido los 72 conspiradores, fue grande; las mejores comidas y bebidas y los mejores bailes de todo el reino. La fiesta y los acontecimientos que se relatan a continuación se produjeron durante el día 17 del mes Athyr del año 28 del reinado de Osiris.

En un momento de la fiesta, cuando ya los corazones de los invitados estaban jubilosos, Seth enseñando el cofre dijo, con voz dulce: "Daré este cofre a aquel cuyo cuerpo encaje perfectamente en él". Los invitados fueron probando uno a uno si su cuerpo encajaba dentro del cofre, pero ninguno lo obtuvo porque para unos era largo o corto y para otros demasiado ancho o estrecho. Osiris, maravillado por la grandeza del oro y maderas y por las pinturas que lo adornaban, acercándose a él dijo: "Permitidme probar a mi". Osiris lo probó y viendo que encajaba afirmó: "Encajo y será mio para siempre", a lo que Seth respondió "Tuyo es, hermano y de hecho lo será para siempre" y cerró la tapa bruscamente, clavándolo luego con ayuda de los invitados y sellándolo con plomo fundido. El cofre fue transportado hasta el Nilo donde lo arrojaron. Hapi, el dios del Nilo, lo arrastró hasta la costa fenicia, junto a la ciudad de Byblos, donde las olas lo lanzaron contra un arbusto de tamarisco, en el que quedó incrustado. El arbusto creció y se convirtió en un grandioso árbol con el cofre incrustado en su tronco. Pronto se corrió la voz de la grandeza del arbusto por las tierras del reino y el rey Malcandro, avisado de la extraordinaria apariencia del árbol, se acercó al lugar. ordenando fuese talado, para, con é,l construir un pilar que en adelante sujetara el techo de su palacio.

Isis, enterada de la traición de Seth, se propuso encontrar el cadaver de su marido para darle la justa sepultura, digna de un dios, y partió en su busca junto a su hijo Horus, también llamado Horus el Niño o Harpócrates, encontrando refugio en la isla de Buto en la que vivía Uadyet, a quien los hombres llamaban también Buto o Latona, y le confió a Horus, temiendo que el odio de Seth acabase con la vida de su hijo de la misma forma que había acabado con la de su marido.

Isis deambuló por toda la tierra en busca del cuerpo de Osiris, preguntando a todos los que veía, pero no había hombre ni mujer que conociese el paradero del cofre, y la magia que Isis poseía no tenía efectos en tales circunstancias. Hasta que encontró a unos niños que jugaban en la ribera del río, quienes la informaron de la rama del Nilo por la que había llegado el cofre al mar. Además Isis descubrió meliloto en la corona que Osiris había dejado cerca de Neftis, signo inequívoco del comercio que éste había mantenido con su hermana Neftis, a quien confundió con la misma Isis. De esta unión nació Anubis a quien Neftis había escondido al dar a luz por miedo a la posible venganza de Seth. Isis, guiada por perros, le encontró, le cuidó y alimentó y desde entonces Anubis se hizo su guardián y acompañante.

Después Isis, solicitando siempre la ayuda de los niños, averiguó que el cofre había llegado hasta la localidad de Byblos, noticia que le había sido transmitida por un viento divino. Llegó a esta ciudad y se sentó en la orilla del mar. Las doncellas de la reina Astarté, esposa de Malcandro, bajaban cada día al río a bañarse e Isis, a la salida del baño, les enseñó cómo peinarse, trenzando sus cabellos, y las perfumó con las fragancias que emanaban de su cuerpo. Cuando las doncellas regresaron a palacio su señora quedó maravillada por sus nuevos peinados, hasta entonces desconocidos, y por las fragancias con las que habían sido ungidas. Las doncellas le relataron su encuentro con una mujer que se encontraba en la orilla, una mujer solitaria y triste que las había peinado y perfumado con sus fragancias. La reina mandó a buscarla y le propuso a Isis que sirviese en palacio cuidando de su pequeño hijo, que se encontraba débil y enfermo, al borde de la muerte. Isis aceptó diciendo 'puedo hacer que este niño sea grande y poderoso, pero lo haré con medios propios y nadie debe interferir en mi obra'. Poco a poco el niño fue creciendo aunque Isis no hizo más que darle a chupar su dedo, en lugar del seno. Más tarde Isis, que sentía gran afecto por el niño, decidió hacerlo inmortal, quemando sus partes mortales. Por la noche ponía grandes troncos en el fuego y arrojaba al niño a las llamas; después se convertía en una golondrina y emitía grandes lamentos en torno al pilar en el que se encontraba Osiris. La reina preguntó a sus sirvientes si conocían qué hacía su amiga para que el niño se hubiese restablecido de esa forma, pero nadie conocía el secreto de la diosa, por eso una noche, ávida de curiosidad acudió a espiar a Isis y cuando vio que su hijo era arrojado al fuego fue a rescatarlo, privándole de la inmortalidad. Isis entonces pronunció las siguientes palabras: '¡Oh madre imprudente! ¿Por qué has cogido al niño?, sólo unos días más y todas sus partes mortales habrían sido destruidas por el fuego y, como los dioses, habría sido inmortal y joven por siempre'. En ese instante Isis adoptó su verdadera forma y la reina advirtió que se encontraba ante una diosa. Los reyes ofrecieron a Isis los mejores regalos que podía imaginar, pero ella sólo pidió una cosa: el gran pilar de tamarisco que sujetaba el palacio y todo lo que en él estuviese contenido. Cuando se lo ofrecieron Isis lo abrió, sin ningún esfuerzo, y tomó el cofre, devolviendo el pilar al Rey cubierto por una fina tela ungida en esencias y flores. Este trozo de madera se mantuvo en Byblos como el pilar que una vez albergó el cuerpo de un dios, y como tal, fue largamente venerado. Cuando Isis recogió el cofre que contenía el cuerpo difunto de su marido, se estremeció, dejándose caer sobre él y de ella emergió un lamento tan profundamente agudo que el más pequeño de los hijos del rey quedó como muerto en ese mismo instante. Isis cargó el cofre en un barco ofrecido por el rey y partió hacia Egipto en compañía del mayor de los hijos del rey. En la travesía a lo largo del río Fedros (Ouadi-Fedar actualmente) soplaba un viento extremadamente fuerte y violento. Isis, en un momento de irritación, desecó el curso. Cuando Isis se creía segura y sola decidió abrir el cofre que contenía el cuerpo de su marido, a quien besó. Pero el principe se encontraba cerca observándola. Isis le descubrió y fue tal la mirada que surgió de sus ojos que el hijo del rey falleció en el momento.

A su llegada a Egipto, Isis escondió el cofre en los pantanos del Delta y acudió a Buto en busca de Horus. Seth, que se encontraba cazando jabalíes una noche, encontró, por la luz de la Luna, el cofre y lo reconoció. Encolerizado por el hallazgo lo abrió, tomó el cuerpo de Osiris y lo despedazó en 14 trozos que esparció a lo largo del Nilo para que sirviese de alimento a los cocodrilos. "¿No es posible destruir el cuerpo de un dios?". "Yo lo he hecho - porque yo he destruido a Osiris"! dijo Seth riendo, y su risa se oyó en todos los rincones de la Tierra, y todos aquellos quienes la percibieron temblaron, estremeciéndose de terror.

Isis debía empezar de nuevo su busqueda, pero esta vez no se encontraba sola, contaba con su hermana Neftis, esposa de Seth, con quien estaba enfrentada en su rivalidad con Osiris y con Anubis, hijo de Osiris y Neftis. En su búsqueda iba acompañada y protegida por 7 escorpiones, viajando por el Nilo en una barca de papiro, y los cocodrilos en reverencia a la diosa ni tocaron los trozos de Osiris ni a ella. Por eso en épocas posteriores cuando alguien navegaba por el Nilo en un barco de papiro se creía a salvo de los cocodrilos, pues se pensaba que estos todavía creían que era la diosa en busca de los trozos del cuerpo de su marido. Poco a poco Isis fue recuperando cada uno de los trozos del cuerpo, envolviéndolos en cera aromatizada, y en cada lugar donde apareció un trozo, Isis entregó a los sacerdotes la figura, obligándoles a jurar que le darían sepultura y venerarían, además de consagrarle el animal que ellos mismos decidiesen al que venerarían con los mismos honores en vida, cuando muriese y tras su muerte. Sólo un pedazo quedó por recuperar, el miembro viril, comido por el lepidoto, el pagro y el oxirrinco, especies que quedaron malditas a partir de ese momento, y nunca más ningún egipcio tocaría o comería pez de esta clase (estas especies inspiraban terror a los egipcios). Isis reconstruyó el cuerpo y con su magia asemejó el miembro perdido, consagrando así el falo, cuya fiesta celebrarían mas tarde los egipcios. Gracias a Anubis lo embalsamó, convirtiéndose en la primera momia de Egipto, y lo escondió en un lugar que sólo ella conocía y que permanece oculto y secreto hasta este día.

Anubis 4
09-14-2005, 12:00 PM
Yo soy Isis, la gran Diosa, la Señora de la Magia, la Poderosa en Hechizos.

Salí de mi casa(1), en la que mi hermano Seth me había encerrado porque Thot me llamó, Thot el dos veces Grande, poderososo de la justicia y la verdad en la tierra y el cielo. Él me llamó y me dijo: 'Ven, oh Isis, ahora es bueno escuchar,(2) porque hay vida para el hombre que se deja guiar por el consejo de otro. Ocúltate, tú y tu hijo, porque él puede llegar hasta nosotros. Sus miembros crecerán, y también su fuerza se hará poderosa y él accederá al trono de su padre, a quien vengará y el rango de Gobernador de las Dos Tierras será suyo'

Huí(3) cuando Ra descendía en gloria por el lado occidental del cielo y el manto de la noche cubría el cielo. Conmigo venían los siete escorpiones y sus nombres eran Tefen y Befen, Mestet y Mestetef, Petet, Tetet y Matet. Detrás de mí estaban Tefen y Befen; Mestet y Mestetef a cada uno de mis lados; delante iban Petet, Tetet y Metet, vigilando y protegiendo el camino para que nadie pudiese entorpecer mi viaje. Yo les ordené en voz alta y mis palabras atravesaron el viento y penetraron en sus oidos: No conozcáis a ningún negro, no saludéis a ningún rojo,(4) no prestéis atención a ninguna criatura noble o plebeya. Mantened vuestro rostro en el camino'.

Entonces vagué por la Tierra de Egipto, Tefen y Befen tras de mí, Mestet y Mestetef a cada uno de mis lados, Petet, Tetet y Matet delante de mí; y de este modo llegamos a Per-Sui,(5) donde se venera al cocodrilo y la Ciudad de las Dos Sandalias, que es la ciudad de las Diosas Gemelas, allí donde comienzan los pantanos y marismas del Norte del País, donde hay campos de papiro y donde habitan los hombres de los pantanos; y de aquí a las Grandes Aguas Verdes en la Tierra del Norte.

Cuando llegamos a las afueras, cerca de las casas que habitan los hombres de las marismas, pasamos cerca de la vivienda de una rica mujer de nombre Usert. Ella se encontraba en la puerta. Desde lejos me vió llegar cansada, fatigada y dolorida y de buen grado me habría sentado en su casa a decansar, pero cuando me dirigí a ella con la intención de hablarla me cerró la puerta por miedo a los siete escorpiones que me seguían.

Continué mi camino y encontré a una mujer de las marismas(6) que me abrió la puerta de su casa en la que pude descansar, pero Mestet y Mestetef, Petet, Tetet y Matet y Befen se pusieron de acuerdo y unieron todo su veneno bajo el aguijón de Tefen de modo que su picadura se convirtió en siete veces poderosa. Entonces Tefen regresó a casa de la mujer de nombre Usert, aquella que nos había negado el descanso. Su puerta continuaba cerrada pero Tefen observó una pequeña grieta por la que pudo introducirse en el interior de la vivienda, donde encontró al hijo de la mujer. Reptando hasta donde se encontraba le inyectó el veneno de su aguijón, ahora siete veces poderoso y se declaró un fuego en la casa de la mujer cuyo nombre era Usert, pero no había agua para extinguirlo y fue el Cielo quien envió el agua sobre la casa. Un gran prodigio porque la fecha de las lluvias aún estaba lejana.

La mujer de nombre Usert, que nos había negado su casa, lloraba y su corazón estaba triste porque no sabía si su hijo aún se encontraba con vida o no. Estuvo vagando por el pueblo, llorando de dolor, pero nadie acudió a la llamada de lamentación de la mujer de nombre Usert. Y hasta mí llegó el sonido de sus lamentaciones y mi corazón se llenó de dolor por su pesar. Por eso sentí piedad de ella y volví a buscarla con intención de devolver a la vida al niño, libre de toda culpa. Juntas acudimos al lugar en el que yacía su amado hijo. Entonces le dije a la mujer:

'¡Ven a mí, ven a mí! Observa mi boca que da la vida, que tiene el poder de destruir a las malas criaturas con la emisión de ciertas palabras, que mi padre me ha dado a conocer. Soy su amada hija, la descendencia de su cuerpo'.

Y yo, Isis, La Señora de la Magia, cuya voz hace que se despierte de la muerte, dije en voz alta las Palabras Poderosas, las Palabras que puede oir incluso la muerte, y puse mis manos sobre el cuerpo del niño al que debía devolver la Vida. Frío e inmóvil estaba su cuerpo por el siete veces poderoso veneno de Tefen. Entonces pronuncié el hechizo mágico contra el veneno del escorpión y estas fueron mis palabras:

'¡Oh veneno de Tefen, sal de ese cuerpo y cae sobre la tierra!
Veneno de Befen, no avances, no penetres mas, sal fuera de ese cuerpo y cae sobre la tierra.
Porque yo soy Isis, la Gran Maga, Señora de los Hechizos. Practico la magia y sé qué palabras pronunciar.
Escuchadme, vosotros, todos los reptiles que poseéis el poder de morder o picar.
¡Cae, oh veneno de Mestet!
¡Quédate atrás, oh veneno de Mestetef!
¡No circules veneno de Petet y Tetet!
¡No te acerques, veneno de Matet!

Ahora sigue el hechizo contra el veneno dado por Geb a Isis

No clames a los Tesheru (los Rojos), gira tu mirada lejos de las nobles señoras que están en sus casas, gira tu cara hacia la tierra hasta que lleguemos a los lugares en que ocultar en Jeb(7). El niño vivirá, el veneno morirá. Ra vivirá y el veneno morirá. Como Horus se hizo fuerte por la intervención de su madre, así el que ha sido herido se hará fuerte también.

Entonces el niño se recuperó y el fuego provocado en la casa de Usert fue extinguido y el cielo estaba satisfecho por las palabras de Isis, la diosa. La mujer, de nombre Usert, vino y me trajo algunas de sus pertenencias y tomó sus brazaletes, sus collares y riquezas y las llevó a casa de la mujer de las marismas, como recompensa por haberme abierto la puerta de su casa cuando yo, cansada y dolorida, acudí en busca de descanso.

Y ahora los hombres de las Dos Tierras hacen masa de harina de trigo y sal y la depositan sobre las heridas infligidas por el aguijón del escorpión, y luego recitan las Palabras Mágicas que yo recité sobre el hijo de la mujer llamada Usert cuando el siete veces poderoso veneno de Tefen estaba en su interior, porque yo soy Isis, la Gran Maga, la Señora de la Magia y Señora de los Hechizos.


--------------------------------------------------------------------------------

Notas:

1.- O 'prisión'
2.- Obedecer
3.- De la prisión.
4.- Se hace referencia aquí a los habtantes de la tierra negra y los de la tierra roja, esto es tanto a los egipcios como a los extranjeros.
5.- La casa del cocodrilo.
6.- Este es uno de los aspectos fundamentales de la narración. La primera mujer, una mujer rica le niega el descanso a Isis, y la segunda, una mujer pobre de las marismas, posiblemente una sierva es quien le abre la puerta de su casa.
7.- La Isla de Chemmis.

Anubis 4
09-14-2005, 10:03 PM
siento no haber contribuido con el topico... pero no soy muy buena en el tema de la literatura... igual AMO la MITOLOGIA y queria compartir con ustedes algunas de mis leyendas favorita...

BESOS a TODOS ;)

nefertari7
10-31-2005, 12:49 PM
Buen comienzo de semana familia.........



Como seria nuestros cuentos populares vistos en el antiguo egipto?.....este que os realto es el mas antiguo y el mas conocido por todos nosotros.....La Cenicienta..... voy a contároslo tal como me lo contaron a mí.... en una noche en el desierto, contemplando de lejos a las enigmáticas pirámides y bajo el cielo estrellado.......





“Sucedió hace mucho más de mil veces mil lunas y tuvo lugar en el lejano y antiguo Egipto...

Reinaba por aquel entonces un faraón joven y hermoso, además de valiente y sagaz, un faraón que todavía estaba soltero. Sus consejeros habían querido atarle con el lazo matrimonial a princesas reales con quienes establecer alianzas políticas muy ventajosas, pero el joven faraón rechazaba siempre sus propuestas aduciendo que los quehaceres guerreros le tenían demasiado absorbido y que aún había tiempo para contraer nupcias.

Los años transcurrían pues, y el faraón continuaba inmerso en sus batallas, expediciones y conquistas bélicas y el trono del Alto y Bajo Egipto no contaba con un heredero de sangre azul que pudiese sucederle como hijo de su soberano. Y de tal manera esta situación parecía no tener remedio, que incluso los dioses de su religión, empezaron a preocuparse.

Isis, la Madre, fue a visitar a su marido Osiris y le manifestó su preocupación por el hecho de que el joven faraón no tuviera descendencia. Osiris meditó sobre el problema largo tiempo y luego hizo llamar a su hijo Horus, el halcón.

-Hijo mío- le dijo-, te ordeno que vueles a mis amadas tierras del Nilo y encuentres solución al despego que muestra el joven soberano reinante acerca de la cuestión de su matrimonio,

ya que es menester casarse y perpetuar la dinastía.

Y dijo Horus:

-¿Cómo he de hacer, padre mío?

Y dijo Osiris:

-Tu ingenio te ayudará.

Y oyendo y obedeciendo, el noble Horus, se transformó en halcón y voló hacia las fértiles riberas del padre Nilo, porque el Nilo es la vida para Egipto y Horus sabía que allí iba a encontrar la solución al problema planteado.

Faraón, mientras tanto, regresaba victorioso de una guerra entre las aclamaciones de su pueblo. Se soltaron palomas y se mandó erigir un obelisco que conmemorase tan brillante campaña, luego los escribas se pusieron a escribir los hechos de la batalla, cantando la gloria de Faraón y los escultores empezaron a tallar estatuas gigantescas de su soberano.

Atardecía y el joven faraón, desde la terraza de su palacio contemplaba la puesta de sol ensimismado, cuando de pronto, hete aquí que un rayo pareció descender del cielo y un hermosísimo halcón vino a posarse en su mano. El faraón, maravillado hasta el límite del asombro al comprobar que el halcón, aun siendo salvaje era manso, quedó todavía más sorprendido al comprobar que el ave rapaz llevaba en su pico, cogida por la breve cinta de cuero de una correa, la más diminuta sandalia de mujer que sus ojos hubieran visto nunca, y todavía no había tenido tiempo de comprender lo que aquello significaba y ya el halcón se alejaba raudo dejando a sus plantas la sandalia.

Faraón se inclinó recogiendo personalmente la prenda, y se dijo:

-¿A quién pertenecerá esta breve sandalia?... Su dueña tiene un pie pequeño y estrecho, lo que revela gentileza y donaire, también juventud... Debe ser adolescente y muy bella.

Y por primera vez en su vida, el faraón sintió como el amor entraba en su corazón y en aquel mismo instante y hora, se enamoró perdidamente de la desconocida poseedora de la sandalia, y como era el soberano del Alto y Bajo Egipto, mandó proclamar por todo su reino que sólo se casaría con la joven en cuyo píe se ajustase perfectamente aquella sandalia.

Al instante partieron en dirección a los cuatro puntos cardinales, mensajeros para extender la nueva y ya al día siguiente comenzaron a afluir al palacio real centenares de bellas jóvenes que iban a probarse la sandalia, pero... ¡Oh desilusión!, en ningún pie se ajustaba exactamente, ya que o bien sobraba o bien faltaba.

Faraón estaba desesperado, su desconocida amada no aparecía... Y fueron viniendo de todos los lugares de Egipto doncellas y más doncellas y en ningún pie se ajustaba la sandalia. Como la voz se corrió, hasta de los reinos vecinos llegaron aspirantes a la prueba, pero fue inútil, no hubo nadie que pudiera calzarse la diminuta sandalia.

El faraón se puso enfermo. No quería ni comer ni beber, no dormía, había olvidado las batallas, la gloria, sólo suspiraba y palidecía, sólo deseaba morir ya que la tristeza le devoraba.

La diosa Isis, muy preocupada otra vez, fue a visitar de nuevo a su esposo Osiris y le contó lo que sucedía en el país del Nilo, y Osiris, dios bondadoso y comprensivo, llamó a su hijo Horus, preguntándole enfadado:

-¿Es así como me obedeces?

Y dijo Horus:

-Padre mío, confía en mí.

Y convirtiéndose en halcón, voló hasta el palacio del faraón en cuya cámara entro. Al verle, el joven monarca pareció revivir y ante el asombro de la corte entera que ya le daba por muerto, corrió en pos el halcón, diciéndole:

-¡Tú me trajiste su sandalia, dime, ¿dónde está ella?!

A lo que el halcón, con un aleteo le indicó :”sígueme” y el faraón le obedeció. Salieron de palacio, cruzaron la ciudad y llegaron al Nilo, allí el halcón se posó sobre una barca y el faraón se subió a ella como improvisado marinero dado que empezó a remar siguiendo el vuelo del ave, de este modo alcanzó la otra orilla del río y se detuvo, porque el halcón había hecho lo mismo encima de la humilde morada de un pescador.

Desorientado quedó Faraón ante aquel final, y más todavía cuando, abriéndose la puerta de la choza, surgió de su interior una bellísima adolescente que caminaba descalza. El faraón dijo:

-¿Quién eres, hermosa entre las hermosas, gentil niña?, pues no te conozco, ya que tú no viniste a mi palacio a probarte la sandalia...

Y la joven respondió con una voz más dulce que el soplo de la brisa:

-Cómo podía ser, mi señor, si yo soy tan pobre que sólo tenía un par de sandalias, y un día mientras me bañaba en el Nilo, debió venir algún ladrón y me arrebato una de ellas, de tal suerte, que no me pude presentar ante tu divina majestad, ya que únicamente me queda ésta, que es su pareja y no iba ir yo al palacio del faraón del Alto y Bajo Egipto, calzada de un pie y descalza del otro.

Y en así diciendo, la bella pescadora, extrajo de su delantal un pequeñísima sandalia, hermana gemela de aquella que Horus, el halcón, había llevado al soberano.”

No hace falta que os cuente el final de la historia.... pues todos lo conocemos, ¿verdad?

Man on The Moon
12-26-2005, 07:02 PM
Mientras suena esta canción...Secret of the Sea...
una y otra vez, entra en mi buzón un mensaje...
una felicitación escrita con el corazón.

El halcón inicia el vuelo...desde Alejandría
el faro es su guía...que ilumina
el mediterraneo...y se guía por los secretos del mar.

Lleva un mensaje escrito en un papiro
y sabe que el viaje es largo...su destino
mas alla del sol, donde nacen los sueños
donde se escribe con amor...
un lugar en donde la luna y el sol...
bailan al atardecer en medio del oceano.

Es allí, en el pais de la maravilla
en donde se esconde la naturaleza viva...
en donde Tu haces realidad la fantasía.

Este mensaje de paz y amor...
que este viejo amigo te envía...
es un secreto del mar...
desde Alejandría...un día...

Nieves...te deseo toda la felicidad
que quepa en tu mochila...en TU vida.

:rolleyes: Man on the Moon

Nieves
12-26-2005, 07:06 PM
Gracias Moon,

Eres maravilloso.

La poesía no sería nada sin tí, te lo aseguro querido amigo.

Un abrazo desde el otro lado del mar.

Te dejo de regalo y a todos mis amigos, uno de mis cuentos...

Nieves
12-26-2005, 08:07 PM
-Maldito camión de todos los infiernos... ¡¡Arranca!!

La ignición maullaba, pero nada, las bujías mojadas no dejaban pasar el impulso eléctrico, una y otra vez, hasta que la batería, agotada, ya solo dejaba oír un seco chasquido de contacto.

-¡¡Demonios!!

Miró alrededor, interminable desierto a un lado, interminable desierto al otro lado…
Continuó maldiciendo hasta que se le agotó el repertorio, entonces le sacudió un puntapié al parafango delantero, lo que no hizo más que causarle un profundo dolor en los dedos del pie que lo dejó dando saltitos en un pie y con ganas de colocar en un altar a la madre del mecánico que reparó el auto esa mañana antes de salir del Cairo.

Una vez que se hubo tranquilizado, se sentó en una piedra a considerar la situación:

¿Había visto otros vehículos cuando venía? No, ni en un sentido ni en otro, y ya se estaba haciendo de noche, qué desgracia. No había traído linternas, ni manta, y el día anterior, con el apuro de hacer el viaje, y el camión malo, no había colocado el cargador del móvil, así que el móvil estaba descargado. Se consoló pensando que igual ni señal había por aquellos parajes.

Sin poder hacer otra cosa, entró al camión dispuesto a pasar la noche, con la ligera esperanza de que algún otro vehículo pasase por allí. Se acostó ocupando los asientos delanteros, con el molesto asiento pequeño apretándole los riñones y una pierna apenas soportada por el volante. Hasta ahora se daba cuenta de lo útil que hubiese sido traer una almohada.

La noche del desierto llegó con su frío aullido solitario. Marcos se arrebujó con su toalla, única cosa con que podía protegerse del descenso de temperatura, ya que ni en sueños se había imaginado pasar la noche en aquella situación. Se quedó dormido al poco rato, con un sueño intranquilo.

Soñaba que escuchaba un tipo de música que estaba seguro no haber oído jamás. Se despertó y realmente la estaba oyendo. Asomó la cabeza por la ventanilla, y a la distancia distinguió unas lucecitas que se movían. Se incorporó deprisa, serían tal vez unos comerciantes que iban en alguna caravana de camellos hacia la ciudad, no debía permitir que se alejaran, así, que salió del camión y caminó en la oscuridad hacia las luces vacilantes.

En un momento dejó de verlas, se habían desvanecido. Miró alrededor y solo las estrellas brillaban en el firmamento, tampoco escuchaba la música. Pensó que posiblemente, estaban acampando y por lo tanto, apagarían las linternas. Claro, era lógico. Lo que tenía que hacer era, simplemente, continuar caminando en la misma dirección hacia donde los vió por última vez.

De pronto cayó en cuenta de que estaba perdido, completamente desorientado, sin puntos de referencia por los cuales guiarse. Quiso volver y ya no podía distinguir la silueta del camión contra el fondo negriazul, Sintió una punzada en el estómago, y el pánico se apoderó de él. Corrió sin precaución hacia donde debía estar su vehículo, hasta que se resbaló y cayó, golpeándose la cabeza contra una piedra. Comenzó a sangrar un poco sobre la sien derecha, así que sacó su pañuelo y lo apretó contra la herida, quedándose sentado en la arena. Ahora lo que tenía que hacer era esperar a que amaneciera. Se dio cuenta de lo imprudente que había sido, el frío le hacía temblar y le castañeaban los dientes. Al poco rato se adormeció.

Un roce suave y tibio en el rostro lo despertó. Se encontró frente a una joven sonriente que lo miraba de cerca, alumbrándolo con una linterna. Alarmado, se quiso apartar, pero ella le agarró una mano y lo ayudó a levantarse.

-¿Dónde me llevas, pequeña? – preguntó sin obtener respuesta. La muchacha se guiaba con la luz de la linterna, y lo llevaba de la mano, sin decir palabra.

Ella se detuvo de pronto ante una abertura en el suelo, y descendió, indicándole que hiciera lo mismo. Marcos estaba ya deseando preguntarle si le prestaba la linterna para ir en busca de su camión, pero ella se internó en el pasadizo y a él no le quedó otro remedio que seguirla. Llegaron ante una puerta que se abrió apenas ella dio unos toquecitos. La intensa luz que salía del interior le segó por un momento, pero luego se acostumbró y entró, siempre siguiendo a la jovencita. Allí pudo ver un amplio salón, bien iluminado, con almohadones en el suelo, y a muchas personas con extrañas túnicas sentados en ellos, bebiendo, comiendo, y charlando de manera muy animada, en alguna variante del idioma, pues él no lograba comprender ni una palabra de lo que decían.

La joven le dio una copa, que él se tomó de golpe, y luego ella le dio otra más. Alguna neblina le inundó la razón. Los profundos ojos negros de ella lo miraban con intensidad creciente, las voces de aquellas personas le parecían ecos en la inmensidad que lo rodeaba, profunda e indetenible vorágine de imágenes que danzaban sin control a su alrededor. Un mundo incomprensible, nuevo o tal vez muy antiguo se abrió ante él. Bailarinas de transparentes túnicas descorrieron los cortinajes y la luz de un día lleno de sol entró a raudales por los espléndidos ventanales.

Clavado de asombro en su lugar, no se atrevía a dar un paso, hasta que ella lo tomó de la mano y le mostró la maravillosa vista que se abría ante él.

Había un precioso estanque, rodeado de palmeras, tamarindos y otras plantas, adornado con miles de flores de todas clases. El estanque estaba entre el edificio donde él se encontraba y una edificación magnífica que se veía al frente, un palacio, o tal vez un templo, no estaba seguro, pero no gris o de colores opacos como todos los que conocía, sino brillando de luz y color, con banderines y estandartes ondeando en la brisa.

Alrededor se podía ver un conjunto de muros y plazas donde pululaban cantidades de personas, vestidos con trajes muy hermosos y adornadas con toda clase de prendas, llevando en la cabeza bellísimos paños de colores. Estatuas enormes, luciendo maravillosos ropajes y brillantes joyas vigilaban desde todos lados. Marcos estaba asombrado, su corazón latía de emoción, desenfrenado. La chica le sonreía y siempre llevándolo de la mano, le indicó la salida hacia un balcón, del cual bajaron por unos amplios escalones de piedra hasta el jardín que rodeaba el estanque.

Los demás les siguieron y allí, continuaron bailando y cantando al compás de la música de ensueño que tocaban varias jóvenes con sus extraños instrumentos. La joven le sirvió bebida y comida, hasta que el cielo bajó a la tierra y lo cubrió todo de su negro manto de estrellas. Si alguna vez disfrutó de la sensualidad, fue en aquella ocasión; como en un sueño, su piel y su alma se entregaron al placer que le brindara la joven. La amó en medio de una bruma multicolor, sumergido en aquel estanque, donde el perfume embriagaba sus sentidos cual licor y le hacía faltar el aire. En algún momento, cayó en un profundo sopor y los demás lo ayudaron a salir del agua, acostándolo sobre unas pieles de animales. Allí, se durmió, apoyando la cabeza en el vientre de la joven, que le acariciaba el cabello suavemente.

Despertó con la sensación de que le ardía la piel del rostro y escuchando que un tambor gigantesco resonaba a sus oídos. Se incorporó de mala gana y casi se desmaya de la impresión cuando se fijó en que estaba de vuelta dentro de su camión y de que unas personas lo observaban intrigadas a través del parabrisas.

Nadie le hizo caso a su relato; seguramente se había drogado para pasar la noche, o todo era producto de su imaginación a causa del golpe en la cabeza. No había más explicación. Las autoridades lo amenazaron con meterlo en la cárcel si continuaba con su historia molestando a los turistas,o lo enviarían interno al hospital psiquiátrico.

Las personas que pasan por allí cuentan que a veces un tipo recorre el desierto, hablando consigo mismo, buscando algo entre la arena, convencido de no se sabe bien qué historia de una ciudad perdida y un estanque, donde hay una preciosa joven de ojos hechiceros que él ama.

Nieves
01-03-2006, 11:27 AM
Años de vivir buscando ésa persona especial, y no encontrarla; el tener que vivir con aquel vacío, le habían convertido en el amargado que era. Ningún amigo le invitaba a su casa, ni sabía de bodas ni celebraciones en su familia. En su taller de orfebrería, pasaba los días, las noches, la vida entera. Algunos hombres le ayudaban cuando tenía pedidos grandes, pero era por poco tiempo, hasta que cumplían el trabajo. Su vida había consistido en trabajar solitario en el taller, hasta que llegó la molesta chiquilla, hermana de su cuñada.

Ella era toda alegría, llegaba al taller en horas de la mañana, con sus impulsivos arrebatos, revolviéndolo todo, limpiando, sacando el polvo acumulado por años sobre los estantes, descubriendo obras de arte olvidadas, que ni recordaba haber fabricado.

Los primeros días, al primer ruido molesto, la echaba sin contemplaciones, pero la chiquilla regresaba al día siguiente, con la misma determinación del día anterior. Terminó por aceptar resignado aquella presencia en sus dominios.

Pero eso no lo hacía cambiar de forma de pensar, aquella chiquilla era una molestia. La aceptaba solo porque su cuñada necesitaba que alguien la cuidase.

El tiempo pasó y un buen día, se preocupó por enseñarle algunos secretos de su profesión. Se sorprendió un poco cuando se dio cuenta de que la pequeña aprendiz en verdad aprendía. Sin embargo, era necesario ser duro con ella; no le permitía dejar un trabajo a medio hacer o mal hecho, aunque a veces le incomodaban aquellas lágrimas que resbalaban como esféricos cristales transparentes por las rosadas mejillas. Sin embargo, observaba con satisfacción que su severidad rendía frutos.

Se había acostumbrado a su presencia, que ya formaba parte del taller. Su imagen acompañaba a la silla que estaba en el rincón, junto a la mesa que había colocado cerca de la ventana para ella. Tan acostumbrado estaba, que al pasar el tiempo, no notó los cambios naturales que ocurrían en ella, dejó de ser una chiquilla y comenzó a vestir como una adolescente. Por éso, no estaba preparado para lo que ocurrió un día.

Ella no vino.

Aquel día, de manera inexplicable, sus llamados no perturbaron la paz del taller. De repente se encontró mirando de manera insistente hacia la puerta de entrada. Hubo un momento en que creyó oír el suave y repetitivo llamado, y se levantó enseguida, abrió la puerta de madera, pero no, allí no estaba su inocente carita para decirle que se había quedado jugando, o que había tenido que hacer alguna tarea para su hermana. Nada, no, allí no estaba ella.

El resto del día lo pasó malhumorado, sin darse realmente cuenta del porqué. No pudo concentrarse en los pedidos que tenía que entregar en pocos días. El encierro en su taller se le hizo insoportable.

El ocaso a orillas del río. Ni idea tenía de la última vez que lo había contemplado. Brumas que se formaban sobre la corriente, algunas aves acuáticas que levantaban el vuelo en medio del silencio del atardecer, cuando todas las cosas buscan el refugio del hogar, temerosos de la oscuridad de la noche y acuden al abrigo de los demás de su especie. Allí, los terribles cocodrilos dejaban las fangosas orillas para internarse en las playas arenosas, tras los matorrales de papiros. Las aves se reunían con alegre algarabía en los árboles que crecían en las riberas, como copos níveos sobre las oscuras ramas.

Los últimos rayos del sol lanzaban destellos dorados antes de desaparecer tras las lejanas dunas del desierto. Kaper estuvo admirando todo aquello con un sentimiento de tristeza que le nacía en algún lugar que no había tenido nunca plena conciencia de poseer.

Sus pies lo dejaron plantado frente a la puerta de su hermano mayor. Solo hasta que el rostro asombrado de Nedja apareció ante él, se dio cuenta de donde estaba.

-¡Kaper, bienvenido, hermano mío! ¡Que sorpresa! Pasa, pasa hombre, no te quedes allí parado.

-Saludos hermano, debo disculparme por haber venido sin avisar...

-Oh, no necesita mi hermano avisar para honrar mi casa con su presencia, siéntate aquí, ven.

Se sentaron en las esteras dispuestas en el suelo, y a unas palmadas del dueño de la casa, se acercó Sey, su esposa, trayendo unas viandas, y tras saludar a su cuñado, se sentó al lado de Nedja. Kaper los miró, distraído. Una suerte envidiable la de su hermano, tenía una esposa linda y amorosa.

-Hay muy buena cosecha este año, Kaper. He prosperado y aumentado el capital que nuestro padre nos dejó. Estoy complacido…-Ante el silencio, aventuró, sabiendo que a su hermano le costaba pedir algo- Si has decidido casarte y formar una familia, sabes que tienes tu parte a tu disposición…

Kaper lo miró sorprendido.

-No, no, hermano mío, no he venido a ti con esos reclamos.-Su mirada se posó en Sey, y sacando audacia de donde no tenía, le dijo:- Estoy preocupado porque Taserij no fue hoy al taller, y tenía algunas tareas que cumplir… Un pedido…

-Oh! Veo que olvidó avisarte. Te pedimos disculpas, es que hoy ha ido a visitar a la familia de Naftera, en su finca, río abajo.

Kaper no se atrevió a preguntar quién era Naftera.

Nedja, jovial y conversador, no paraba de hablar. Tenía tan pocas oportunidades de charlar con su hermano, que aprovechó aquella ocasión al máximo. Kaper no prestaba mucha atención, pues nunca le había atraído el trabajo del campo. Pasar largas horas bajo el sol, preocupado por las cosechas, las crecidas, las plagas que atacaban la siembra, nada de eso le interesaba, pues su temperamento artístico lo había llevado a preferir el trabajo de los metales. Su pasión era la creación de piezas de joyería.

Su hermano, entre cuento y cuento, hacía alguna referencia a un compromiso, una boda, preparativos, ofrendas, encargos al templo. Escuchaba sin oír todo aquello, hasta que Nedja asoció el nombre de Taserij con el asunto de los preparativos de la boda. Su corazón le dio un vuelco.

Se despidió de su hermano y cuñada lo más rápido que pudo y se fue caminando hasta su taller. Pasó la noche reclamándose a sí mismo. ¿Por qué le iba a preocupar que Taserij se casase? No era de su incumbencia. Lo que le debía preocupar era que aún faltaba cumplir con el pedido. Si, eso era lo que lo que le molestaba: si ella se casaba, se iría, entonces tendría que buscar un ayudante. Se refugió en aquel pensamiento. Al día siguiente, avisaría en el mercado que necesitaba un ayudante, o mejor dos.

Que Taserij se casara no iba a impedir que él cumpliera con su trabajo… Que Taserij se casara… Sí, que lo hiciese, mejor así, era una chiquilla muy molesta que hablaba sin parar…. Aunque a decir verdad, sus trabajos eran buenos; últimamente sus brazaletes le quedaban perfectos, y las aplicaciones no se caían con nada. Recordaba claramente el día que ella le mostró uno donde el lapislázuli se quedaba firmemente adherido. Con su carita de triunfo, arrebolada y sonriente, le mostraba la joya y solo logró de él un extraño sonido de aprobación…. Lo reconocía, que Taserij se casara, le ocasionaba zozobra…

El sol aún no calentaba lo suficiente, cuando unos conocidos toquecitos en la puerta le paralizaron el corazón. Molesto consigo mismo, le abrió, y ella entró como siempre, lo saludó con un beso que en otras ocasiones él esquivaba, menos ésta vez, y luego ella se fue a buscar sus instrumentos de trabajo, sin decir nada.

La estuvo observando un rato, esperando algo, no sabía bien qué. Tal vez una explicación a su ausencia del día anterior o tal vez la temida noticia. Nada, como si nada hubiese ocurrido, ella continuó con el repujado de una pieza de plata, absorta en su labor. El rostro lucía más rosado de lo normal. La piel de los hombros y los brazos, de igual manera le hablaban de su día expuesta al sol, tal vez en la barca que la llevase al lado de su prometido, o tal vez recorriendo con él los campos y las siembras, tal vez abrazados...

Le preguntó con una voz ronca, que le sonó desconocida:

-Dime Taserij: ¿Quién es Naftera?

Ella detuvo un momento el martilleo, pero continuó enseguida, sin dar importancia a lo que decía.

-Ah, no te he hablado de él, es el novio que me buscó Sey. Ayer visitamos a su familia, y me llevó a conocer sus propiedades. Tienen una finca muy grande con muchas vacas.

Kaper la escuchaba con una sensación de irrealidad. Ella continúo hablando sobre el viaje por el río, la extensa familia del joven… Casi no la oía, atormentado muy a su pesar. De pronto encontró fuerzas y con un hilo de voz, le dijo:

-¿Cuándo te casas?

Ella no dejó de hacer lo que estaba haciendo, siguió hasta terminar. Tras una eternidad solo interrumpida por el suave golpeteo del martillo, le dijo como si hablara de cualquier cosa sin importancia:

-Cuando tú me lo pidas, Kaper.

Se quedó inmóvil en su sitio, sintiendo un ahogo y un loco palpitar en el pecho mientras ella continuaba como si nada, relatando como Naftera la quiso besar y ella huyó corriendo...Que la persiguió el ganado… Que caminó durante horas bajo el ardiente sol hasta la barca...Que regresó a casa muy enojada… Que para eso había perdido un día de trabajo… Que Kaper se había tenido que molestar en buscarla en casa de su hermana… Que odiaba a Naftera, al campo y a las vacas…

Nieves
01-09-2006, 12:58 AM
He caminado por las montañas escarpadas que me rodean,
como solitario fantasma que por los montes vaga.
Los riscos se alzan hacia el cielo azul,
y en las tardes la niebla besa los altos picos.
El viento azota incansable las nevadas cumbres,
y la soledad se hace infinita como la inmensidad del espacio.
Mi alma se une a las rocas, a los abrojos,
a los árboles, a las águilas en solitario vuelo.

El riachuelo saltarín deja oír su música de cristal
y la llovizna de la niebla cubre mi piel con heladas caricias.
El viento trae melodías de épocas lejanas,
y mis pensamientos se arrojan por los abismos
en intrépido vuelo hacia la nada.
Ese es el momento en que mi corazón se desgrana
en profundo lamento de música y amor,
triste recuerdo que su partida me dejó.

Nieves
01-21-2006, 07:51 PM
Casi perdí el tren en Aswan, por estar enamorando a una turista japonesa que se alojaba en el mismo hotel que yo y me traía de cabeza, pero es que andaba con sus padres y en especial el papá era un tipo de egoístas creencias que no me dejaba acercarme. Creí que por ser el último día, se descuidaría un poco, pero no, estuve bebiendo en el bar del hotel más de la cuenta y el nipón no se separó de ella. Al fin, me di cuenta de la hora y tuve que correr.

El tren llegó a la estación de Luxor a las 10 de la noche. Agradecí aquella parada a más no poder. Los maquinistas tienen la idea de que transportan carne congelada, así que convierten al tren de pasajeros en un frigorífico, vaya, por dios. Cometí el error de abordar el tren en camiseta y pantalones cortos, craso error. Lo único que me alegró las cuatro horas de tortura, fueron las dos chicas australianas que viajaban solas y que estaban sentadas en el asiento contiguo, aunque a mi lado, junto a la ventanilla, se sentó un egipcio con cara de malas pulgas que me miraba de reojo. Yo me dediqué a charlar, bromear y cortejar a las chicas, mientras el egipcio se obstinaba en salmonear una monótona cantaleta que leía de un librito con una linterna minúscula, de donde a veces levantaba la vista tan solo para mirarnos fijamente. Bueno, si llegó a entender nuestras bromas, no dio señales de haberlo hecho. Las australianas estaban encantadas y yo más. Lo pasamos bien, pero las perdí en la estación. Estoy seguro de que bajaron, pero tal vez alguien las esperaba.

Bueno, cargué mi mochila a la espalda y salí de la estación dispuesto a buscar un hotel. No menos de diez egipcios se me abalanzaron para preguntarme de dónde era, si tenía hotel, y un montón de cosas que entendía a duras penas. Ya he lidiado con éstas cosas, así que solté un enérgico “La,la,la, shukram” cada tanto, para quitármelos de encima.

Caminé por aquellas calles enrevesadas, con inesperados callejones oscuros hasta dar con el hotel de la guía de viajeros. Claro que la guía detallaba que tenía ducha, aire acondicionado, sábanas tal vez limpias y desayuno. Sí, tenía ducha, para ducharse era necesario subirse al water o ser contorsionista, el aparato de aire sonaba como una locomotora descompuesta y las sábanas definitivamente, estaban casi limpias. Nada, que una noche la he pasado hasta en el piso de mi casa, y la verdad, me estaba cayendo de sueño. Ya que me quejaría si no había desayuno.

Dormí como un bendito, siempre lo hago, caigo y no me despiertan ni que se caiga el techo, por eso al levantarme, me dí con la desagradable sorpresa de la desaparición de mi cámara digital y de la filmadora. Maldije varias veces. No me importaban tanto las cámaras, sino todo el material fotográfico que había recolectado para la revista. Dos semanas de las actividades del Ramadán y lo mejor, el Fest, los tres días que se pasan celebrando que se terminó el ayuno. El ayuno diurno querrán decir, porque de noche, ni qué decir. Ni duermen.

Me sequé con las sábanas después de haber tomado una ducha tras una batalla estoica para no caer dentro del water. Me vestí y fui a reclamar.

Claro: "Shalam", "marhaba", "min fadlek", "aina l cameram", "la, la, la" y todo éso, al final nada de mis cámaras. Amenacé con la policía. Me dijeron que me sentase a desayunar. Sí, el desayuno muy bueno. Una especie de empanada rellena con una pasta de lentejas o algún grano parecido, té, pan, huevos duros , mermelada y mantequilla. Y de postre, mis cámaras. Me alegré infinitamente. Recogí mi mochila. "¿Va a volver en la noche?" Claro que no. Desaparecí del lugar.

Caminé hacia el templo y a mitad del camino, encontré un hotel más decente. Dejé mi mochila y me fui a tomar mis fotos. El malecón a orillas del Nilo, los capitanes de las falucas ofreciendo de manera insistente viajes y paseos, con sus largas batas de tonos pastel. Algunos turistas se acercan y hacen esfuerzos por regatear, terminaron pagando más del doble de lo normal. Nadie parece estar en cuenta de que los paseos en faluca están regulados por el gobierno y hay una lista de precios bien clara en la oficina de información, cerca del templo. A la gente le encanta que la estafen cuando sale de vacaciones.

Me detuve cerca de uno de los embarcaderos. En una faluca que estaba más allá, distinguí a las australianas. Me vieron y me saludaron, haciéndome señales con la mano. Claro que sí me iría con ellas, bajé las escaleras corriendo y subí de un salto a la embarcación, el capitán se apresuró a tratar de sacarme la mayor cantidad posible, "jajajaj, muy difícil, amigo mío, los peores están en Aswan, así que olvídalo, me bajo", "la, la, la sube, sube, cuánto pagas? "Acordamos algo cercano al precio oficial y nos fuimos a darle una vuelta a los alrededores. Aproveché para tomar algunas imágenes muy bonitas, y de cuando en cuando, bromeaba con las chicas y los demás pasajeros sobre los regateos y esas cosas.

En la noche, me fui a darle una vuelta al mundo nocturno de Luxor. Es absolutamente distinto al ambiente del día. Por las noches salen de ronda tanto turistas como lugareños. Unos ofrecen y otros aceptan. Tomé algunas fotos, sin rostros, claro, o me arriesgaba a que me asesinasen. Las australianas estaban en el bar donde quedamos, y no estaban solas, un par de egipcios las acompañaban, lo cual me decepcionó mucho, pero no hubo ningún problema, amables hasta el extremo, los egipcios se ofrecieron a pagar buena parte de la cuenta y nos fuimos a otro lugar.

Llegamos a un lugar más sórdido, he visto lugares así en Londres, pero éste les superaba por lo cosmopolita. Turistas de todas clases, egipcios de ambos sexos. Yo hubiese jurado que los hombres egipcios jamás permitirían tal cosa, pero sí, había jovencitas de grandes ojos y mirada lánguida sentadas por allí. Nuestros guías nos indicaron que nos sentásemos con las chicas. Me senté con una de ellas y al poco rato, ya me había ido de paseo con ella por el malecón. La policía es muy cuidadosa, nos siguieron largo trecho, así que en cuanto pudimos, nos escurrimos por las callejuelas, hasta un lugar que ella conocía. En ésas cosas soy precavido, es verdad, pero esta vez me dejé llevar. La luz del nuevo día me despertó, la chica no estaba, tampoco mi cámara ni mi billetera. Y ésta vez, no había manera de recuperar nada.

Regresé a mi hotel para ducharme y cambiarme, y al bajar a desayunar, encontré a los egipcios de la noche anterior, muy sonrientes, saludándome. Aproveché para acusarlos y quejarme de lo que me había pasado. Se miraron y después se ofrecieron a llevarme adonde yo quisiera, sin costo alguno. ¿Algo gratuito en Luxor? Raro, podría ser en Aswuan, ¿Pero, en Luxor? Los acompañé a donde tenían un todo terreno, donde ya estaban las australianas, que me saludaban muy sonrientes, a pesar de que las había dejado solas la noche anterior.

Viajamos todo el día por una carretera que atravesaba el desierto, al principio, muy buena, pero pronto comenzamos a dar tumbos, lo cual se volvió un ejercicio muy divertido, pues aproveché para sujetarme de una de las chicas, y ella no se resistió. Lo pasé muy bien. Llegamos al caer la tarde a un oasis. Un auténtico oasis de película. No un pozo sin gracia con tres palmeras raquíticas y varias casuchas alrededor, no aquello era un paraíso: arenas blancas que se internaban bajo un lago de aguas transparentes y dulces, bajo la sombra de un tupido bosque de palmeras datileras, y sin rastro de gente.

Acampamos allí ésa noche, armamos unas tiendas y después de cenar, nos acomodamos como mejor nos pareció. Lástima, no me tocó con ninguna chica, pero me dediqué a contemplar el cielo. La quietud de la noche, el silencio, el verdadero silencio. Otros lugares en que he estado, la definición de silencio se refiere a la falta de voces humanas, y si hay suerte, sin el ruido de vehículos molestos; pero aquí, sin ranas croando en medio de la noche, o grillos, o cualquier otro insecto con aires de barítono, el silencio es esa total ausencia de ruido que subyuga y permite descansar a los oídos, de manera tal que llegué a creer que me había vuelto sordo. Ni el viento soplaba entre las palmeras. Nada.

Me podía dejar llevar por mi imaginación y soñar con un mundo distinto.

Me desperté muy temprano, increíblemente descansado. Pensé que había sido el primero, pero no, las chicas ya estaban nadando en las cristalinas aguas, así que me uní a ellas. Creo que nunca antes disfruté tanto de una diversión sana, pues ni se me ocurrió propasarme con ellas. Nuestros guías nos tenían el desayuno listo, y luego nos fuimos a un lugar muy especial.

Nos llevaron a un poblado. No sabría decir qué clase de poblado era, pero las personas eran tan amables y los niños tan alegres que no recuerdo haber visto a otros iguales en todo Egipto. Pasamos todo el día con aquellas personas sencillas, compartiendo su diario devenir, Preparamos alimentos, molimos granos utilizando piedras, corrimos por los patios persiguiendo a los patos y gallinas, y al atardecer nos quedamos embelezados escuchando los cuentos de las mujeres, que eran suavemente traducidos por los guías. Aquella noche me sentí feliz y en familia como no lo hacía desde tiempos inmemoriales en compañía de mis abuelos.

Al día siguiente, fuimos a visitar unas ruinas cercanas al poblado. Era un lugar que nunca había visto en las fotos de las guías de Egipto. Bajamos por unas escaleras de piedra hasta una edificación subterránea. Las paredes estaban decoradas con pinturas hermosas, los colores brillantes, nítidos y sin rastro de daños, como si las acabasen de pintar. Muebles y utensilios dispuestos de manera armoniosa por todos lados, rastros de flores secas y algunas pieles de leopardo sobre algunos objetos, me indicaban que estábamos en la tumba de algún sacerdote muy importante. Los guías nos llevaron hasta una puerta que abrieron con cuidado y entramos a un recinto donde un sarcófago de madera de cedro relucía en medio del impoluto lugar. Precioso, inalterado. El piso cubierto por losas de cristalino alabastro, del más fino que pudiese haber jamás Me quedé con la boca abierta. Salí de allí con el corazón encogido de emoción.

Emprendimos el retorno y en verdad que yo no me quería ir. Por un momento me imaginé llevando la vida sencilla y tranquila de aquellas gentes del poblado, que no pedían nada y que lo daban todo. Aquella última noche en el oasis fue mágica. Sin sueño, me quedé sentado sobre una piedra contemplando las estrellas, imaginando a los antiguos habitantes, sobrecogidos por la inmensidad de la belleza de aquellas noches, de aquel desierto y de aquella paz.

Comprendí muchas cosas. Si hubiese tenido mi cámara, habría fotografiado todo y no habría disfrutado nada. Miré mis manos vacías y luego el horizonte sugerido por un fino resplandor azulado separando el cielo de la tierra. No, aquello no lo habría podido ver a través de mi cámara, porque lo estaba viendo con los ojos de mi alma. Tal vez lo más increíble, era que hasta había olvidado cortejar a las chicas. Uno de los egipcios se me acercó y me entregó un paquete. Lo abrí, allí estaba mi cámara, mi filmadora y mi billetera. Lo miré estupefacto, él sonrió y dijo: "No necesitaste nada de esto para vivir los días más inolvidables de toda tu vida"

El tenía toda la razón. Egipto, el de los turistas, el de los templos, el de las miles de fotografías. Egipto, el del verdadero pueblo, el del cariño, la vida y la humildad.

Me despedí de las chicas y de los egipcios en Luxor, antes de tomar el vuelo que me llevaría de vuelta a casa. La próxima vez me toca ir al Jordán. Ya lo sé: tomaré las fotos necesarias para la revista, pero luego, dejaré las cámaras en el hotel y me iré a ver al verdadero Jordán con mis verdaderos ojos…

nefert-maat
01-21-2006, 10:38 PM
Hacer turismo con otros ojos.....los ojos que dan sentido al corazón

Muy bonito tu cuento Nieves.....

Un besazo guapa ;)

Nieves
01-21-2006, 11:40 PM
Hola y gracias, Nefer-Maat!

La transformación de las cosas cuando se deja de verlas con los ojos condicionados por ideas preconcebidas.

Un beso

Celso Vernon
01-22-2006, 01:46 PM
¡Curioso relato, Nieves!... sin duda, un relato muy común y revivido cada día en el Egipto del hoy y el mañana, en el presente, ese inmediato presente... Pero, ¿del Nilo al Jordán?... ¿Jordán?...

Un saludo, compañera :)

Nieves
01-22-2006, 02:03 PM
jajajaja!!

Celso, es que mi fotógrafo preferido viaja de allá para acá y le pasan muchas cosas raras. :D

Un abrazo.

Lo de "mi fotógrafo preferido" es porque él es uno de los personajes de mis cuentos.

Traeré su aventura más extraña, ya me dirán que les parece...

Nieves
01-22-2006, 05:00 PM
¿Conocen la carretera que va desde Asiut a la zona de los uadís donde están las cuevas que tienen muchos dibujos? Es una carretera, si se le puede decir así, que recorría todos los días el año pasado, en mi viejo Land Rover del 72.

Un grupo de arqueólogos está realizando excavaciones allí. Dicen que era un lugar donde las chicas iban para realizar ritos de fertilidad con un dios o algo así. No me interesa mucho la mitología egipcia, ni ninguna otra. Mi trabajo me lleva a muchos lugares diferentes y se me confunden dioses, reyes, creencias... Así que mejor no me complico la vida.

Me llamo Peter y soy fotógrafo profesional, me han contratado muchas veces para realizar las fotografías y filmaciones de las excavaciones en Egipto, Siria, Argelia. En fin, que ya estoy acostumbrado a este clima y a pasar por toda clase de experiencias locas en el desierto.

Trabajé para el Dr. Liedenbruck durante la temporada del año pasado. Eramos un grupo pequeño. Había dos mujeres (no muy jóvenes) que se dedicaban a la clasificación de los restos de cacharros rotos que se encontraban a montones por allí, los arqueólogos que eran cuatro, seis obreros egipcios y yo, que además de fotografiar, me encargaba de comprar víveres y llevar y traer recados desde las excavaciones hasta la ciudad. De los egipcios, había dos que eran muy bromistas. Se pasaban el tiempo haciendo bromas estúpidas y tenían al Dr. Liedenbruck muy molesto.

A media temporada, un día llegaron corriendo, diciendo que habían descubierto algo extraordinario. Los arqueólogos estaban muy emocionados, a punto de llamar a la prensa, pues este par de idiotas supuestamente desenterraron una vasija con el nombre de Jesús escrito en jeroglíficos, al lado del dibujo de un pez, todo muy bien elaborado. Mientras los arqueólogos andaban atareados examinando la pieza y preparando la declaración para la prensa, entré a mi tienda en búsqueda de unos filtros para la cámara, y los escuché riéndose tras la tienda, los encontré doblados de la risa en la arena. Ni que decir que le avisé al Dr. inmediatamente. El Dr. Liedenbruck era una persona muy paciente, por algo era arqueólogo, y también muy amable, pero en aquella ocasión, se molestó muchísimo. Me envió a buscar al jefe de policía y los arrestaron por dos semanas. Al volver a la excavación, no me hablaban, ni falta que me hacía.

El Dr. me encargaba realizar varias cosas extras cuando terminaba mi trabajo, generalmente se le ocurría que tenía que ir a toda prisa a la ciudad a 50 km de distancia a enviar un e-mail o traer esto o aquello.

Si habéis recorrido esta carretera, obligado tenéis que dar una vuelta alrededor de una enorme roca. Aquella tarde, apenas terminé de dar la vuelta, en medio de la vía estaba una muchacha, la ví justo a tiempo para dar un frenazo de película, mi viejo Land patinó y casi se vuelca. La chica continuó allí, sin moverse. Por un momento pensé que era un espejismo.

Me bajé del auto y le dije unas cuantas cosas que se merecía. Extrañamente, la chica se arrojó al piso con los brazos extendidos hacia mí. Me acerqué a ella, tal vez estaba herida o algo, escuché que murmuraba en un idioma extraño, claro que yo no soy experto, pero sé unas cuantas frases en árabe, pero aquellas palabras no me parecían árabe, yo no entendí nada, la tomé de los hombros y la obligué a mirarme. Obstinadamente miraba el piso. La sacudí un poco, pero soltó otro montón de frases incomprensibles. Miré alrededor, buscando a Wael y Jesse, tal vez me habían gastado una de sus bromas, tenían que ser ellos. Esta chica no podría haber venido sola a este lugar, está a 50 km de distancia de todos lados, seguro estarían por allí cerca y saltarían de un momento a otro para burlarse de mí.

Intenté preguntarle en árabe de dónde era y cómo se llamaba pero no pareció entenderme; en lugar de responderme, se quitó la larga túnica que traía puesta. No había visto una ropa como aquella, tampoco me interesa mucho la moda de las mujeres egipcias, pero esta chica me sorprendió: estaba depilada. Tengo mucha experiencia con las chicas del Cairo y sé que hay zonas del cuerpo que no se depilan, pero ésta…bueno, debe ser alguna costumbre de las chicas de las tribus del Sahara, no se sabe. Los idiotas esos llegarían en cualquier momento, tal vez estaban esperando para ver mi reacción y me estarían grabando; decidí no seguir el juego. Me despedí de la chica y me dirigí a mi auto, pero ella me siguió, me sostuvo por la camisa y con la cabeza baja, sin mirarme, comenzó a quitármela.

Observé de nuevo los alrededores, como no ví a nadie, esperé a ver hasta donde era capaz de llegar la atrevida chica. La verdad es que ella sabía lo que quería, unos momentos después, ya no me aguanté, la complací allí mismo, sobre una manta que saqué del auto, en medio de la sensación rara de estar esperando a que apareciera en cualquier momento el par de egipcios locos o en todo caso un padre, esposo o hermano furioso. No vino nadie. Una vez que me separé de ella, recogí la manta y la metí en el auto, volteé para ofrecerle llevarla a donde quisiera, y no había nadie, ni rastro. Miré por todas partes, no podía haberse ido tan rápido, y tampoco había dónde ir. Desde la carretera se observaba un buen trecho alrededor, lo único era la roca. Le di vueltas y más vueltas, pensando que estaba detrás de ella, pero no.

Volví a mi auto y me fuí a entregarle las cosas al Dr. Al llegar al campamento estaban los dos bromistas, tranquilos e inocentes. Esperaba que en cualquier momento me acusaran con el Dr, mostrándole una grabación mía mientras hacía el amor con una chica de las tribus, pero nada. Estuve intrigado muchos días, pero como nada ocurrió, y la temporada terminó, me olvidé del incidente, acepté un trabajo para National Geographic en la India y me fui para allá.

El trabajo en la India se extendió mucho más del tiempo previsto, así que cuando el Dr. Liedenbruck me llamó para continuar con él, tuve que declinar y decirle que buscara otro fotógrafo.

La semana pasada me enteré de que había a fallecido de un ataque cardíaco mientras realizaba unas excavaciones en un lugar nuevo. El Dr. Herson quedó encargado de continuar su labor. Me telefoneó para ver si estaba libre, sí, ya estaba libre; regresé de la India el miércoles y acepté ir a Egipto, más que nada porque me sentía un poco en deuda con el viejo Dr. y fui dispuesto a realizar una exposición fotográfica de lo mejor para honrar su memoria.

Ayer estuve en el lugar donde estaba excavando. Me sorprendí al darme cuenta de que estábamos al lado de la enorme roca a orillas del camino entre Asiut y las cuevas. Era el mismo lugar, la misma roca. Le habían quitado un montón de arena que cubría la base y ahora se notaba que estaba tallada por uno de los lados. Parecía una estela o algo así, con unos dibujos grabados. El Dr. Herson me indicó lo que quería fotografiar. Allí estaba una imagen de una joven con los brazos extendidos hacia una forma rectangular algo extraña. Me acerqué para ver mejor, y me eché a reír.

Aquella no era ninguna estela de los antiguos egipcios. Qué tonto el Dr. Cayó en la broma de los obreros egipcios, porque aquella imagen no era otra cosa que la parte delantera de mi viejo Land Rover. Hasta se podía leer la matrícula, con los números un poco raros, pero reconocibles, si lo sabré yo, es la matrícula de mi auto. Llamé al Dr. Herson, le señalé mi viejo auto, y la imagen grabada. Se quedó con la boca abierta de la impresión. Le expliqué lo que me había ocurrido, y le nombré a los culpables. Los llamó y les mostró el grabado, al tiempo que les soltaba un chorro de acusaciones en árabe, Herson habla el árabe como si hubiera nacido en Arabia. Wael y Jesse negaron vehementemente tener nada que ver; juraron por Alá que no habían sido ellos, y negaron conocer a la chica en cuestión.

Bueno, de todas formas, el Dr. no cayó en sus bromas infantiles. Ordenó que cubrieran nuevamente la piedra y se olvidó del asunto. Me fuí de allí con la extraña sensación de haber hecho algo mal, pero yo estaba seguro, era una de las bromas estúpidas del par de egipcios, claro que fueron ellos, sino ¿Qué otra cosa podría ser?

nefert-maat
01-28-2006, 08:48 PM
Cuentan que una vez las aguas del Nilo vinieron cargadas de imaginación, el pueblo se bañaba en ellas y sus pensamientos empezaban a volar cada vez más arriba.....la imaginación es un arma poderosa, cuna de los sueños imposibles y los anhelos secretos .

Se bañaban en la orilla y cada vez acudía más gente....pero había un silencio total...cada uno encerrado en sus pensamientos , se miraban entre sí....¡Si mi vecino viera lo que estoy imaginando.....!
Pero casi todos los sueños eran parecidos, sueños de riqueza, de poder, de belleza, imaginaban que eran faraones...reyes del doble país....que les adoraban..que eran bellos y poderosos....casi dioses.

El Nilo también traía las aguas revueltas...que les llevó más allá.....¡que bien hubiera estado que los sueños acabaran ahí!!
Una felicidad momentanea, llena de gloria y poder.....

Cuando las aguas se pausaron y sus ansias se hubieron calmado y colmado se volvieron a sentir infelices....antes anhelaban y podían soñar e imaginar...
pero al descubrir que tenían todo lo que soñaban......

Se quedaron sin deseos, sin imaginación......sin sueños.
Y vino el vacio más profundo que alguna vez sintieron.....eran ricos, poderosos, gloriosos ...faraones....pero almas vacias.

Suplicaron al Nilo y a sus aguas....que les librara del enorme vacio...

Al año siguiente las aguas del río vinieron cargadas de amor.....el pueblo volvió a bañarse y el amor les penetró .....vieron como la riqueza, el poder ...eran cosas intensas que se deseaban pero no colmaban el espíritu.

Este se llenaba con encuentros y con amor....un amor profundo, duradero, por el vecino, el hermano, el amigo,el compañero....sintieron como todos en realidad eran UNO y cada uno una gotita de amor en la fuente cósmica cuyo surco era la vida.....

Se llenaron de nobleza, entrega, generosidad, alegría, corazones henchidos de amor....

El Nilo vino cargado de amor ....y convirtió las aguas en sabiduria y a los hombres en almas generosas.....

Un besazo....para las almas generosas :)

Nieves
01-29-2006, 05:46 PM
Un beso para la tuya, Nefer-Maat, más generosa que ésa, difícil.
Me encantó tu cuento, es una moraleja.

Un beso.

nefert-maat
01-29-2006, 10:02 PM
Y a mí me encanta que mi cuento le guste a la contadora de cuentos más encantadora de fantasía desbordante.....y alma generosa....

Un besazo.....fuertecillo

Nieves
01-30-2006, 10:22 PM
Profundo, Himathra... Gracias.

Nieves
02-03-2006, 09:04 PM
Lentamente despierto de mi letargo.

La gran mayoría de mis hojas todavía permanecen vivas y se orientan hacia la naciente fuente de calor, dispuestas a comenzar el vital proceso de convertir el calor en energía, absorbiendo bióxido de carbono y desechando el oxígeno resultante de la transformación de las moléculas de agua. La brisa fluye con suavidad y algunos pajarillos emiten sus vibraciones melodiosas entre mis ramas.

Las pelillos sensores de mis raíces analizan de manera exhaustiva el subsuelo, atravesando capas superficiales de cristalinas partículas de arena, llegando hasta las vetas de arcilla y alabastro y rocas basálticas que abundan allí. Son elementos inservibles para absorber, pero muy útiles como sostén. Envío impulsos hacia las raíces secundarias para que produzcan fibras más gruesas que se aferren con fuerza a las rocas y continúo buscando a través de los depósitos detríticos, hasta que al fin, bajo una capa caliza, encuentro los estratos limosos, compuestos por calcio, hierro, nitrógeno y otras sales minerales que necesito de manera imperiosa.

Detecto la humedad de un depósito subterráneo. Finísimas raicillas absorbentes extiendo hacia allí de inmediato; el nivel freático está muy bajo en esta época del año, y cada vez tengo que internarme más profundamente, en la búsqueda del líquido que corre por mis vasos capilares.

El sistema sensor monitorea constantemente los alrededores, tanto bajo la superficie del suelo como por encima de él. Las vibraciones me indican el paso de las criaturas que transitan cerca o lejos. Hace mucho que los grandes animales no arrancan mis ramas, por lo tanto mi sistema defensivo no está activo, sino latente, listo para concentrar sustancias tóxicas en las hojas apenas los sienta de nuevo.

En tiempos que se pierden en la memoria de mis estaciones, era continuamente atacado en épocas de escasez de alimento, porque mis hojas siempre están vivas y solo durante un corto período, dejo que se marchiten, cerrando el paso de líquido desde el pecíolo, para concentrar humedad en la parte vital de mi tronco y evitar que se evapore a través de ellas. Esto solo lo hago cuando me he sentido amenazado por alguna especial sequía.

Analizo las delicadas partículas llenas de información que vienen en la composición del aire. Sustancias volátiles que viajan distancias considerables, me inundan de feromonas emitidas por las criaturas que pasan; casi sé lo que piensan, detecto miedo, dolor, alegría y hambre. Son criaturas necesarias, pues me sirven para esparcir mis semillas, mis hijos, mi herencia. Sin embargo, hace mucho que me preocupo, pues ningún mensaje de otros como yo me llega a través del aire.

Las esporas, el polen que debe ser transportado desde ellos hasta mí, han dejado de fluir desde hace mucho, y pienso que los mensajes que envío, no encuentran receptor. Mis frutos son estériles. Una parte de mí se ha dedicado a buscar la manera de producir el necesario enlace, pero hasta ahora, nada ha dado resultado.

Los frutos dulces son producidos en cantidades exorbitantes cada temporada, pero ninguno será capaz de germinar: no nacerán otros como yo. Esa imagen de incontinuidad ha tenido la facultad de incentivar nuevos impulsos destinados a activar los recursos más primitivos, aquellos guardados desde siempre en las profundidades de las células, más allá, hasta los enlaces de proteínas y azúcares. Una evaluación de la situación me indica que me falta algo esencial. He dedicado el sistema sensor superficial a la tarea de analizar todo ser vivo que pase cerca. Algún elemento de ellos me servirá, estoy seguro.


Cuando ha languidecido la intensidad de la luz y la temperatura ha comenzado a bajar, detecto dos criaturas que se han echado junto a mi tronco.

La emisión de partículas es intensa. Recuerdo que solo en los tiempos remotos de las grandes bestias había sentido algo así. La urgencia de la reproducción. Me apresto al análisis, no tendré otra oportunidad como ésta.

Aprovechando el momento en que yacen apretados bajo mi sombra, envío delicados, invisibles filamentos que acabo de crear, a través del suelo, hasta tocarlos. La corteza que los cubre es suave, muy blanda y térmica; mis filamentos se internan a través de ella en busca de fibras nerviosas para hacer una conexión con el sistema central. Me llegan imágenes incomprensibles, pero de éxtasis inaudito; estoy seguro de que la unión ha sido exitosa, por lo tanto me apresuro, es urgente, pues si se alejan, perderé toda oportunidad.

Activo las redes sinápticas de los conductos neurológicos de mi interior y el sistema productor de esporas; absorbiendo la información contenida dentro de las células reproductoras de la hembra, reajusto mi complejo sistema hasta obligarlo a elaborar una única espora, copiando y reproduciendo la matriz celular de aquellos seres.

Ya se han marchado. El frío de la noche me acompaña, y los pajarillos duermen entre mis ramas. He cumplido con mi misión primordial. En la hembra de aquella maravillosa especie, una espora está implantada en lo profundo de la célula germinativa que se reproduce en estos momentos.

Estoy maravillado. Aquellos seres poseen un magnífico cerebro central, poderoso, incomprensible para mí, pero que es la garantía de que mi semilla se esparcirá, cada vez más fuerte, cada vez más inteligente. Indestructible….

Sahure
02-04-2006, 12:04 PM
Que preciosidad de relato Nieves!!! :eek:

Siempre desde pequeño uno aprende a que debe respetar a los árboles y demás plantas, pues son seres vivos como nosotros. Sabemos que son algo más que meras pantallas donde el enamorado deja constancia de su amor, algo más que depósitos donde se alivia el perrito que sacamos a pasear...

Pero en este proceso que has llevado hasta transformarte en árbol, nos has enseñado como respiran, como sienten, como piensan, como aman, como luchan por su propia subsistencia...

Me ha encantado Nieves, gracias. ;)

Nieves
02-04-2006, 12:40 PM
Gracias, Sahure!

Mensajes como ésos son la fuerza que necesitamos para continuar.

Ejercicios de imaginación, rastros de memorias que vamos dejando a nuestro paso. Es bueno saber que no caen al vacío.

Un beso.

Celso Vernon
02-04-2006, 01:07 PM
Pues que la fuerza te acompañe, dulce Nieves.... :)

Nieves
02-04-2006, 10:43 PM
Me detuve frente a los amplios ventanales del palacio, y apoyé mis manos en el borde, sintiendo la suavidad de la piedra, tantas veces pulida por tantas manos. Desplacé mi cuerpo hacia afuera para sentir plenamente el viento y el calor que se derramaba sobre mi rostro. La brisa era fría y suave, pero el calor de los rayos del sol, eran una tibia caricia que me gustaba sentir en mi piel a cada atardecer. Unos pasos se detuvieron a mi lado. Gejesar, mi amigo.

-Dime, Gejesar, ¿De qué color está el cielo ahora?

-Tiene el color de las frutas maduras... -me contestó, sin meditarlo y sin asombrarse de mi pregunta.

-¿Hay nubes acaso que entorpezcan el avance del dios sol? Está haciendo una brisa fría, más temprano que de costumbre.

-No, no hay nubes, es el viento del norte que viene por el río y nos baña con su fresco aliento.

Me quedé meditando, como tantas veces. Aquella descripción me trajo a la mente la voz de Rekmira. Sí, ella era así, ésa era la imagen verdadera de Rekmira. Tenía el color y el aroma de las frutas maduras, su presencia me llenaba de un tibio calor, no ardiente como el del mediodía, sino suave y confortable, y su voz era la brisa fresca que subía por el río y bañaba mi alma.

Gejesar se alejó, silencioso, como siempre. Yo me quedé allí hasta que ya no pude sentir más ningún calor.

El rugir de Hakbra dibujó la imagen de mi señor en mi imaginación. Hakbra se acercaba a mí y rugía cada vez más fuerte, hasta que yo le daba tiernas palmaditas en la gigantesca y melenuda cabeza. A veces me dejaba tocar sus belfos y sentir sus filosos colmillos, para lo cual abría las fauces y fingía atacarme, pero luego se echaba al suelo de espaldas, y yo me dejaba caer sobre su vientre y le daba suaves masajes. Yo sabía que el gigantesco león tenía sus días malos en los cuales no dejaba que nadie se le acercase, pero a mí me permitía aquellas confianzas, y varias veces nos recostábamos juntos, al lado del estanque a meditar y dejaba que yo colocase mi cabeza en su panza.

Los pasos de mi señor siguieron al leve pisar del animal.

-Ven, Shehat, quiero descansar.

Lo seguí por los pasillos a través de las columnas, hasta el salón de trono, donde mi señor se recostaba en un diván y se dormía.

Tomé mi arpa y la tañí, dulcemente, los acordes de la música dejaron su huella delicada y luminosa en mis pensamientos. No me aparté del repertorio que prefería mi señor, y estuve deslizando mis dedos por las cuerdas afinadas hasta que escuché su respiración profunda y acompasada, igual a la de Hakbra. Dejé el arpa y me alejé sin hacer ruido. La temperatura me indicaba que ya era de noche, y me dirigí a mis aposentos. En el amplio patio, un aroma conocido me hizo detenerme y me quedé muy quieto, tratando de localizar el lugar de donde procedía, y al sentir un rastro luminoso, giré hacia allí. Risas, pasos delicados, y una mano tibia sobre mi hombro. Rekmira.

-Tan pronto a dormir, Shehat? ¿No me deleitarás esta noche con tus cantos?- Su voz dibujaba figuras de difícil descripción en mi interior.

-Vengo de tocar para tu padre, y no estuviste presente, Rekmira,- Le reñí dulcemente- Sin embargo, cantaré solo para tí, si así lo quieres.

Su brazo se colgó del mío y suavemente, como otras veces, me condujo por patio, hasta el jardín y el estanque.

Nos sentamos en un frío asiento de piedra, y entoné algunas de mis canciones para ella, sin ningún instrumento musical, solo mi voz y mi corazón dejaron derramar el caudal de amor que me sofocaba.

De pronto, la imagen de una tormenta de arena, de un viento impetuoso del desierto, se apoderó de mis oídos y apagó mi voz.

-¡Rekmira, amor mío!

-Behka!! ¡Qué sorpresa, mi adorado príncipe! ¡Al fin has vuelto a mí!- la emoción de ella dejaba rastros dolorosos en mi corazón.

-Saludos, buen Shehat, veo que distraes a mi novia con tus canciones. Te lo agradezco.

-No hay nada que agradecer, mi señor.

-Vamos, mi pequeña flor, acompáñame a ver a mi tío.

Se alejaron sus voces a través de las palmeras del jardín, algunas ranas croaban en el estanque y el viento silbaba su triste canción de antiguo dolor entre las copas de las palmeras. Con una congoja en medio del pecho, me introduje por los pasillos laberínticos del palacio, sumergido en la oscuridad de mi alma, que no igualaba la de mis ojos.


Esa noche, escuché los reclamos de amor de Hakbra. ¿Por qué estaría así? No había ninguna hembra en palacio desde hacía mucho tiempo. Mi señor había sacado a todas las hembras luego de que una noche el gigantesco león no lo dejase dormir, y ahora, ocurría lo mismo de nuevo. ¿Alguien se atrevería a traer una hembra? Además, los mastines de mi señor, que estaban en el patio, comenzaron una cacofonía de aullidos que me erizaba la piel ¿Qué le ocurría ésta noche a todos los animales?

Unos momentos después, los presurosos pasos de la guardia real, resonaron en los pasillos, en dirección al recinto central, hacia el salón del trono. El eco de una lucha y varias carreras llegaba a mis oídos en sucesión inaudita, sin darme tiempo a analizar la situación. Reconocí la voz profunda del Gran Sacerdote, que entró de prisa, procedente del pasadizo que comunicaba con el templo.

Yo estaba en la puerta de mi claustro, llevando mi bastón, dispuesto a derribar al que fuera que se interpusiese en mi camino, pero no conté con mi oscuridad y su luz. Un olor acre, a sudor y ropa sucia invadió mi olfato. No tuve tiempo de reaccionar, un fuerte golpe retumbó en mi cabeza y una danza de rastros luminosos se apoderó de mí, para luego hundirme en un vacío de negrura abismal...

Regresé desde las profundidades, y tomé conciencia del estallido de dolor dentro de mi cabeza y del olor a sangre que me rodeaba. Palpé a mí alrededor con temor, por primera vez en toda mi vida. Ya no me sentía seguro ni sabía qué era lo que me rodeaba. Toqué unas ropas suaves, el manto de un sacerdote cubriendo un cuerpo caído en medio de un charco pegajoso. Una parte de la tela estaba húmeda de sangre. El olor repugnante me repelía, pero toqué aquel cuerpo frío hasta sentir la insignia del Gran Sacerdote. El corazón se me encogió dentro del pecho con una punzada de temor y mis oídos se agudizaron hasta el extremo, alertas ante la incertidumbre de si el peligro estaría acechando o ya habría pasado.

El tiempo se había desvanecido, me sentía completamente desorientado, ¿Sería ya de día, o era de noche aún? Ni un sonido me permitía ubicar la hora, pero pensé que de ser de día, estaría escuchando a los pajarillos en el jardín. Más me preocupaba no escuchar ruidos procedentes del exterior, nadie debía haberse dado cuenta aún de lo ocurrido en el palacio.

El recuerdo de Rekmira me asaltó de pronto. Debía ir de prisa a sus aposentos. Pegué la espalda a la pared y me fui tanteando el piso con el pie, sin usar mi bastón para no hacer ruido. Pisé algo suave y me agaché para palparlo; un dolor agudo me hizo retirar de inmediato la mano, sobresalía de aquel pecho un filoso cuchillo. Con más cuidado, extendí la mano de nuevo y el rostro de mi amigo Gejesar se dibujó ante mí, sentí que mi pecho era atravesado mil veces por mil espadas. Conteniendo los sollozos a duras penas, completamente desolado, me tumbé en el piso y me arrastré por las losas del pasillo que daba directamente al salón del trono.

Palpaba cuerpos en la oscuridad, ya sin esperanzas de encontrar vivo a nadie, solo con la aterradora idea de que en cualquier momento, podría tropezar con el delicado cuerpo de Rekmira. Al llegar a la puerta del salón del trono, tropecé con una piel conocida. Sintiendo que mi corazón daba un vuelco, toqué la espesa melena y mi mano resbaló hasta las fauces de mi querido amigo. Tenía abiertas las mandíbulas, los colmillos al aire y la lengua colgando a un lado. No pude contenerme más y me tendí sobre su cuerpo inmóvil, sollozando amargamente.

Una mano me rozó e hizo que me sobresaltara, y enseguida la alegría me invadió, renació la esperanza en mi pecho y tomé aquella tibia mano entre las mías. La voz apagada, inaudible casi, de Rekmira me dejó rastros opacos en el alma...

-…Traición, traición…Behka…Shehat…Shehat…

La voz se apagó y la mano sin fuerza de vida, resbaló de entre las mías. Me aferré a su brazo y me arrastré a su lado. Abracé a mi amada y dulce Rekmira, queriendo mantener el calor en aquel cuerpo ya sin aliento. Besé su rostro, humedeciéndolo con mis lágrimas y dejé que el dolor hiciera presa de mí. Los ecos de mis lamentos retumbaron en el recinto, interminables, sin posibilidad de ser callados. Sin freno.

Ante mis lastimeros gritos, los sacerdotes del templo entraron al palacio, pasaron corriendo a mi lado, y abrieron las puertas del salón del trono, empujándome tras ellas junto a Rekmira. Allí encontraron al rey. Hakbra no pudo defenderlo, cayó herido de muerte frente a las pesadas puertas, y sus garras habían rasguñado la madera, en un último esfuerzo por acudir en su auxilio. Estiré mi mano y mis dedos rozaron la superficie de la puerta, y recorrieron el camino de los desesperados arañazos. Percibí olor a sangre en aquellos profundos canales. El enorme león no había caído sin herir a alguien.

Una joven entró corriendo avisando que los mastines de mi señor estaban flotando en el estanque.

Yo continuaba aferrado al cuerpo de Rekmira, habíamos quedado fuera de todas las carreras, ocultos por la puerta abierta, hasta que los guardias reales me la quitaron. Pedazos de mi alma se iban con ella a medida que su cuerpo resbalaba de mis manos.


Aquella noche quedó envuelta en el dolor y la incertidumbre, en medio de una espesa negrura y es solo a veces que la puedo vislumbrar, a través de las noches de pesadilla que me atormentan.

El capitán de la guardia real me interrogó inútilmente, pues nada le podía decir, y las palabras de Rekmira las tenía tan clavadas en mi alma, tan profundamente, tan dolorosamente, que se me hacía imposible pronunciarlas. El capitán me despidió con despreciativos epítetos: "Arpista ciego, maldito por los dioses. Merecedor del castigo de la oscuridad".

El príncipe Behka, como sobrino del rey y único en la sucesión directa, tomó el destino del país en sus manos. Fiel a mi oficio, tañí mi arpa en el salón del trono para él. El recuerdo de mi adorada no me abandonó en ningún minuto de aquellos días y nunca lo hará. Por amor a ella debía averiguar por qué estaba ahora su alma de la mano de Anubis, en los oscuros laberintos del más allá.

Dediqué mis días y mis noches a analizar todo lo acontecido, aunque los recuerdos me abatiesen y me sumiesen en pesado tormento.

Alguien había traído una leona para distraer a Hakbra. ¿Era posible que una persona tuviese una leona en la ciudad, a la espera de que entrase en celo?

Indagué bajo un subterfugio entre los sacerdotes del templo, nadie sabía nada de un animal así, pero un joven sacerdote se me acercó más tarde, cuando, cabizbajo y pensativo, me hallaba sentado junto al estanque de los jardines del palacio.

-Saludos, Shehat.- Me saludó su voz de alegres melodías, al tiempo que se sentaba a mi lado.

-Saludos, Usereth - Le respondí, con un gran desgano.

-Escuché que preguntabas por una leona…

Aquello me hizo ponerme en alerta.


-Sí, quería saber si alguien tiene una. Si está preñada, mejor, pues mi señor quiere un cachorrito.

-Te diré, Shehat, que eso me parece muy extraño…

-¿Qué cosa te parece extraña, amigo mío?

-El que el rey te envíe a preguntar por una leona...

Me sobresalté mucho, pero la mano de Usereth apretó mi hombro y su voz susurró en mi oído:

-Shehat, te diré algo solo por una cosa, que si estás averiguando, es por una buena razón. Verás, dos días después del asalto, me llamaron para atender a un soldado en el acantonamiento, porque tenía una profunda herida en el muslo derecho, y me dijo que había sido una lanza, pero yo conozco la clase de herida que producen las garras de un león.

Sentí que una opresión en la garganta no me dejaba respirar.

-¿Sabes acaso cuál es el nombre del soldado?

-No, no lo sé, solo te puedo decir que no lo había visto antes. Y que la herida tenía dos días, aunque quiso hacerme creer que era nueva. Creyó que por ser un médico joven podía tratar de engañarme.

-¿Sospechas que fue herido la noche del asesinato?

-No lo puedo asegurar, querido amigo, pero eso me pareció. Ahora me debo ir, solo me queda pedirte que seas discreto.

-Gracias, Usereth, que Ra ilumine tus días.

-Y los tuyos, Shehat, aunque no lo puedas ver, mi amigo.

Me quedé allí solo, meditando, y la luz no tardó en convertirse en brillante resplandor entre mis tinieblas:

Estaba claro, un soldado a quien los sacerdotes del templo no conocían solo podía ser un recién llegado, y la única compañía del ejército que acababa de llegar, procedente de Nubia, de donde podía haber traído una leona, sin levantar sospechas, era justamente la compañía del príncipe Behka...

“…Herido por las garras de un león…” Sí, por las garras de Hakbra.

“…Traición, traición…Behka…”

Eso era lo que decía Rekmira, lo que yo creí una preocupación por Behka, era una acusación. Me imaginé sus ojos fijos en mí, que no la podía ver, tratando de decirme quien le había hecho aquello, y yo tardé tanto en comprenderlo….



Me levanté de la fría piedra, y mis piernas no me sostenían, temblaban de manera incontrolable. Me quedé allí esperando que se me calmasen los nervios.

Debí haberlo sospechado antes, ahora recordaba la evidente tranquilidad y falta de dolor en la voz de Behka, cuando apenas subió al trono y yo interpreté para él la música preferida de mi Rekmira. Aquel recuerdo me dió la seguridad que buscaba. Ya no tenía dudas, solo él podría ser el artífice de aquella horrenda masacre.

Era necesario encontrar la manera de demostrar lo que acababa de descubrir. Nunca como ese día deseé la luz de mis ojos; aquellas tinieblas me hacían sentir inútil y desvalido. Sollocé amargamente, hasta que una suave y fresca brisa bañó mi cuerpo de una tranquilidad inusitada. No había necesidad de demostrar nada.

Aquella noche, entré como siempre al salón del trono. Tañí mi arpa para el rey, tan dulcemente que se durmió. Luego, cuando los ronquidos de los soldados que le cuidaban me indicaron que también se habían dormido, me deslicé hasta él y coloqué el cinturón de mi túnica alrededor de su garganta. Apreté y apreté. El desgraciado se debatió bajo mi cuerpo con desesperación, pero al final, su corazón dejó de latir. Aún apretaba con todas mis fuerzas cuando los guardias del rey me sujetaron y me arrastraron fuera del salón.

Los sacerdotes me juzgaron y me creyeron, pero mi crimen no podía quedar sin castigo. Me encerraron en los claustros del palacio, pero no me importa, pues todas las tardes, mi amigo Usereth me lleva a la ventana para que sienta en mi rostro la suave caricia de mi amada Rekmira...

Fimosis III
02-05-2006, 12:00 AM
Estupendo relato, Nieves. Con qué facilidad me has metido en situación. Das unas imágenes tan vívidas... Lo he pasado fatal con la muerte de Hakbra.

Se te da bastante bien esto de escribir. Puedes contarme entre tus seguros admiradores.

Gracias. Un beso.

Nieves
02-05-2006, 12:32 PM
Gracias, Fimosis!

Espero poder estar a la altura, pondré todo mi esfuerzo.


Un beso

Nieves
02-05-2006, 06:38 PM
Su cuerpo inmóvil yace sobre la estera de papiros trenzados. La cabeza ladeada y los ojos que han perdido el brillo, me miran sin verme. El dolor atenaza mi pecho. Una desesperación, un deseo de hacer daño, como nunca me conocí, domina mis pensamientos.

La imagen del médico que abría sus venas y dejaba escapar su roja savia con la inútil esperanza de salvarla, me hace estremecer. Él yace también, pero en el suelo, manchada su túnica con su propia sangre y la que derramó.

Mis ojos no se apartan del cuerpo amado. ¿Cómo es posible que su alma no pudo aferrarse a su hermoso cuerpo? ¿Cómo pudo ser tan frágil? La culpa de todo esto la tiene el maldito arquitecto de la obra. Me tuvo escarbando el corazón de la roca, mientras mi mujer enfermaba y nuestro pequeño se moría en su seno.

Alguien pagará por su dolor y el mío, lo juro....


En la ribera, el orgulloso navío del faraón está anclado y ellos están a bordo. El arquitecto recibe los regalos y premios de manos del mismísimo faraón maldito y loco. Mientras ellos ríen y celebran en medio de excesos de lujos, manjares, bebidas y lujuria, que las piedras relucen al sol entre las candentes arenas del desierto, yo estoy llorando solo en mi miserable choza a la única joya que poseía.

¿Acaso es mayor merecedora su dicha que mi dolor? ¿Pueden los dioses desoír mi tristeza a favor de la indecente exposición de los vicios de quien los negó? ¿Es acaso su devoción a un invisible dios mayor que la mía a mi palpable diosa muerta? Dame la fuerza que necesito, dame el valor y te vengaré también a ti, Amón, verdadero señor de todos los dioses...

No temo a cocodrilo alguno, pues la presencia de mi dios me protege. Lo siento a mi lado... me lleva en silencio... no tengo frío. El manto de la noche me oculta.

Alcanzo la amura, allí puedo abrazar con mis piernas la proa y alzarme fácilmente sobre la borda. Desde mi altura puedo comprobar que los dioses me acompañan, pues todos los guardias han caído en el sopor del vino que han bebido hasta ahogarse, miserables alimañas. He forzado la entrada del camarín, que cubierto con telas de lino, y oloroso a flores marchitas y desmanes de cuerpos, guarda al rey y a su séquito más cercano.

Allí está el dios viviente, nunca lo había visto tan de cerca. Es increíblemente largo, sus pies sobresalen de la ya de por sí enorme litera, su rostro es la imagen de la depravación, sensuales labios adornan su rostro delgado y perfecto. Su cuerpo tiene una forma difícil de definir, sé que es un hombre, pero tal vez comparte los misteriosos secretos de Hapi. Mi puñal se hunde varias veces en su pecho, que apenas ha emitido unos gemidos ahogados. Amón ha sido vengado primero.

En una posición en extremo fácil para mí, se halla el arquitecto. Le despierto de un golpe en la cara, me mira sin reconocerme, y me alarga una mano. No digo una palabra, solo le muestro mi marca de cantero y cuando da señales de saber quién soy, le abro el grasiento estómago de un solo y decisivo movimiento.

El país de las dos tierras ha sido librado, mi dios renace con fuerza de eternidad en medio de celebraciones, y aquellos que renegaron de él, ahora se bañan en cenizas, suplicando el divino perdón, los templos volverán a ser frecuentados, pero yo no tendré a mi lado a lo único que me importa.

No hay consuelo, no hay luz, no hay esperanza. Ella no volverá a mí. Su risa no será el sonido que deleiten mis oídos ni su cuerpo el bálsamo para mi cuerpo cansado y maltrecho, ni sus lágrimas limpiarán la sangre de las heridas que me producen las afiladas rocas.

Con un dolor más grande si cabe, que antes, me doy cuenta de que he sido el instrumento, he sido el brazo, la furia, el trueno de rabia que con su rayo ha herido de muerte al hereje y vengado al dios. Porque he adorado a mi mujer por encima de todas las cosas, me ha sido arrebatada. Solo su pérdida me obligaría a hacer lo que hice. He sido la mano y el corazón del dios, ahora no soy más que un cascarón vacío, que con la corriente baja por el río, en búsqueda de mi destino, desesperado, sin mujer ni dios...

Nieves
02-07-2006, 10:35 PM
Esta noche, las sombras de las palmeras no se distinguen de la oscuridad que reina a mi alrededor. Cantos interminables de la noche que se enseñorean del mundo y de las almas, las sombras ocultan los pensamientos más recónditos y los deseos más inenarrables.

Mis pensamientos me llevan por los oscuros rincones que nublan mi mente y mi razón.

El cielo es un manto negriazul salpicado de lucecitas titilantes. Thot no vendrá esta noche y no hay temor de que me vea y anuncie mi presencia en el lugar en que me encuentro. A la distancia, contra el resplandor del horizonte, se recortan las negras figuras fantasmales de los obeliscos que apuntan al cielo, queriendo herirlo. De la cúspide de una de las torres del templo, un espejo de cobre pulido refleja la delicada luz de una vela. Furtivamente, he caminado con la espalda pegada a las frías piedras del muro, procurando no hacer ruido, hasta sentir la interrupción abrupta que da acceso a la entrada. El corazón me ha dado un súbito salto y ha comenzado a latir de manera acelerada; me ha dolido en el pecho.

Tanteando, ha encontrado el ladrillo que al ser empujado, mueve la pesada piedra que cubre la entrada. Me introduzco apenas hay espacio suficiente para que pase mi cuerpo. Cierro de nuevo y la oscuridad más absoluta me envuelve, de pronto tengo la aterrorizante idea de que no existo, de que mi cabeza se extiende hasta la eternidad en una vorágine de intemporalidad y de que mis miembros no me pertenecen.

Mis oídos están aguzados más allá de lo natural, sin embargo, lo único que escucho es el loco latir de mi propio corazón. Coloco en el piso mi carga y me arrodillo sobre las frías losas.

Saco de mi bolso la tea y las piedras que he traído para encender una luz. A causa del nerviosismo, tardo más de la cuenta en lograr las chispas que enciendan la grasa de la tea. Poco a poco, las amarillas lenguas de fuego suben chisporreteando por el trapo, y la vacilante luz comienza a reflejarse en las paredes del recinto. El corazón se me encoje de pavor. Los enormes ojos del dios Anubis parecen mirarme fijamente con acusadora expresión, trago saliva con doloroso esfuerzo pues los músculos de mi garganta se niegan a dejarla pasar.

El corredor parece hundirse en las fauces oscuras de la muerte. Obligo a mis piernas a que caminen en ésa dirección. Sombras que se convierten en estatuas con ojos relucientes que me siguen con su mirada adusta, inmóviles, pero con la apariencia de poder moverse de un momento a otro, se destacan de las paredes; camino delante de ellas con la piel erizada, temiendo que en cualquier momento puedan leer los propósitos de mi corazón y se me vengan encima, cual vengadores del inframundo.

Al final del pasillo, se llega al amplio salón de las ofrendas, y después está la puerta de acceso al sepulcro. Sorteo con sumo cuidado a los guardianes mudos, y procedo a romper los sellos que los sacerdotes anudaron con tanto arte y esmero. Tal vez otro lo hubiera hecho sin contemplaciones, pero yo lo hago con cuidado, y pidiendo perdón a cada respiro. Comienzo la pesada labor de abrir un hueco en la blanca pared de yeso. Los martillazos retumban en el vacío y en mi pecho. Mis dedos a veces se niegan a sostener el cincel, pero continúo con mi determinación hasta que al fin, la piedra cede y el recinto del sepulcro queda al descubierto. Paso primero la mano con la tea, y luego el resto de mi humanidad por el agujero. Dentro huele a aire viejo, flores muertas, soledad y al respirar este aire, siento una opresión en mis pulmones.

El cofre gigantesco está allí, imponente, con su contenido reinando en la muerte como en la vida. Adornado con imágenes del difunto siendo conducido por dioses y diosas, de negro alabastro reluce y despide reflejos a la luz de la antorcha. Me acerco, solo por un poco de reverencia que todavía permanece en algún recóndito lugar de mi conciencia, paso la mano por la superficie y quito los restos de las flores muertas, que dejan caer sus podridas hojas y sus pétalos deshechos al piso de la recámara, levantando un fino polvillo de polen. A la vacilante luz, admiro un momento las figuras e inscripciones. Isis lo abraza, lo rodea, lo protege con su alado cuerpo, sin embargo, no se mueve y se me escapa del pecho un suspiro de alivio. De mi bolsa saco varios pequeños troncos redondos de madera en forma de cuña y una palanca que aplico en la tapa del cofre con esfuerzo.

Mis músculos se ponen tensos y mis piernas se debilitan, sudo cual si estuviese en el desierto bajo el sol del mediodía, pero mi técnica da sus frutos, la tapa cede, meto la punta de una cuña, y luego otra y otra, deslizando la pesada tapa hasta que cae estrepitosamente por un lado. El sonido retumba con miles de ecos, las vibraciones me golpean el pecho; me parece que lo han oído hasta en Nubia. Me agacho y me quedo quieto hasta que los espíritus se duermen de nuevo.

Dentro del cofre, hay un sarcófago cubierto con una tela manchada de más flores muertas y restos de ungüentos. Quito todo esto y tengo que doblarme como una serpiente para poder hacer palanca en la tapa del sarcófago, que se desliza a un costado. Allí, bajo una fina tela de lino, y cubierto de hermosas joyas yace el cuerpo del dios de esta tumba. Me apresuro, le despojo de todo ornamento y meto en la bolsa todas las joyas que llevan su nombre grabado con delicadas figuras, anillos, sellos.

Su cuerpo seco está envuelto en vendas apretadas. Lo saco sin esfuerzo, pues nada pesa; busco en su pecho las prendas más valiosas, las que dominan su corazón, las que guardan la grandeza y el poder que emanaba de aquel dios vivo, cuando sus palabras eran escuchadas en la inmensidad de la tierra, ahora reinante en el verde campo de lo eterno.

Le dejo allí, en el suelo de su recámara; es su destino. Rogándole que me perdone, y cargando con el pesado bolso lleno de tesoros y de sueños, recorro aprisa el camino de retorno a la salida. Una vez afuera, apago la antorcha y entonces, solo entonces, me atrevo a llenar mis pulmones con el aire del amanecer que se avecina.

Me deslizo con cautela por la pared.

Tal vez no lo ví, pero lo sentí, mi cabeza retumbó como una roca de cantero y un sabor a sangre plenó mi paladar y algo caliente corrió por mis fosas nasales. La inconsciencia se llevó mi alma al mundo de los espíritus.

Heme aquí, entregando mis recuerdos y todo lo que fui, a Anubis, guardián del mundo de las sombras.

Nieves
02-11-2006, 06:11 PM
Los cúmulos nimbos se movían perezosamente sobre las cumbres nevadas y el sol comenzaba su lento derivar por la bóveda celeste.

Azgar esperaba impaciente al borde del risco. Todos sus compañeros demostraban el mismo nerviosismo con furtivas miradas delatoras al abismo que se abría a sus pies. Permanecían inmóviles, las alas extendidas, tratando de recibir la mayor cantidad posible de calor, para secar a tiempo las plumas húmedas de oscuridad. El silbido del viento oscilaba en varios decibeles de mayor o menor intensidad y fuertes ráfagas agitaban las delicadas plumas de las alas desplegadas al sol.

Azgar no tenía intenciones de esperar mucho tiempo, ya había esperado lo suficiente a que desaparecieran las espesas borrascas oscuras que el sol no podía atravesar.

Por fin, una ráfaga de viento suave y tibia se elevó por la ladera de la montaña, y envolvió al risco con un impulso ascendente que se mantuvo. Varios jóvenes se alistaron para despegar, uno detrás del otro.

Azgar, encabezando el grupo, sacudió las alas con fuerza al tiempo que corría al borde del risco, lanzándose al abismo con un grito de alegría. Lara, la joven de impresionantes ojos amarillos le siguió en la maniobra, Y tras ella, uno a uno, los jóvenes alados se lanzaron sin miedo, desapareciendo de vista, para reaparecer después ejecutando peligrosos movimientos, que demostraban su destreza en el recién adquirido arte del dominio de las alturas.

En las laderas de la montaña, más allá de las inalcanzables copas de los gigantescos árboles, los padres dejaban de limpiar sus plumajes para admirar el vuelo de sus hijos.

La enorme águila, madre de Azgar, vigilaba atentamente las revoluciones del joven y de vez en cuando, también admiraba a Lara, la joven de hermoso y brillante plumaje, ágil y delicada.

Demostrando su nerviosismo con compulsivos movimientos de su cabeza, el padre, observaba a Muria, de fuertes músculos, pesada y muy agresiva, la joven sería capaz de defender la comida de su prole a costa de lo que fuera. Era perfecta para su hijo.

En el aire, los jóvenes se entregaban a la cacería largamente demorada. Azgar escogió la blanca silueta de un animal que había visto esconderse tras unos arbustos. Abatió sus alas lo suficiente para bajar en picada y sin hacer mucho ruido. Cayó sobre el arbusto, justo encima del animal, que se defendió agitándose y mordiendo el aire. Azgar dejó que su peso descansara sobre la presa. No podía hacer otra cosa, de ninguna manera podría remontar el vuelo él solo con su pesada carga.

Ahora, según la tradición, una joven vendría en su ayuda. Esa se convertiría en su compañera y la madre de sus hijos. Alzó la vista al cielo, y pudo distinguir a las dos jóvenes, Lara y Muria, que luchaban por descender primero a su lado.

Internamente prefería a la delicada Lara, de finos y ligeros huesos, de bellísimos ojos amarillos y hermoso plumaje. Pero su padre le había dado las razones más poderosas para que su inclinación por Lara se viera disminuida a favor de Muria. La joven era fuerte, agresiva y capaz de todo, sus uñas eran largas y afiladas, nadie se atrevía a disputarle un trozo de carne por temor a recibir un profundo arañazo. Con ella tenía la seguridad de que en épocas de escasez, a sus hijos no les faltaría el alimento.

Bajo su peso, el animal se debatía cada vez menos, se tornaban débiles e inútiles sus esfuerzos por liberarse.

Lara sabía que su mayor desventaja era su ligero cuerpo. Enorme y muy fuerte, Muria la cercaba y la empujaba. La terma las mantenía girando en el aire, pero si su rival conseguía arrojarla del cono de la corriente ascendente, perdería altura sin remedio, se vería obligada a aterrizar y a regresar sola al nidal, perdiendo su derecho a tener pareja y descendencia. Sin embargo, era consciente de que tenía una ventaja compensatoria. Se movía más rápido. Las maniobras que ejecutaba limpiamente, le permitían esquivar una y otra vez las embestidas de Muria. Esta, enfurecida, se lanzó en picada suicida para obligarla a renunciar. En la maniobra de evasión que realizó Lara, aprovechó para batir sus alas con todas sus fuerzas y ocasionar una corriente que envió a Muria fuera de la terma, llevada por su propio peso.

Lara dejó que su grito de triunfo resonara en el cañón, y luego descendió hasta el lugar donde esperaba Azgar. La alegría se adueñó del corazón del joven. Lara caminó hasta él, llevando sus alas plegadas a los costados. Un beso sin abrazos selló la unión de la pareja y el futuro de sus hijos. Juntos, cargando el peso de la presa entre los dos, batieron las alas hasta elevarse y retornar al nidal entre los riscos….

Nieves
02-11-2006, 07:43 PM
La estatua deseaba moverse. Hacía tantas eras que estaba allí, clavada en su pedestal.

La sacerdotisa lo vestía todas las mañanas y lo desvestía todas las tardes, dejando su piel de piedra expuesta al frío viento del desierto que se colaba por entre las enormes columnas. No podía mirar alrededor, y menos sacudirse a los molestos animalillos que le recorrían los pies en busca de las migajas que quedaban de las ofrendas que le llevaban los hombres todos los días.

El no había probado ni uno de aquellos manjares, todos se los llevaban los sacerdotes y él podía escuchar como armaban irreverentes comilonas rematadas con abundante vino y cerveza, mientras él ansiaba poder probar aquellas cosas.

Aquella tarde, una procesión de sacerdotes sacó a una de las estatuas, vestida con sus ropas de ceremonia y el templo se quedó sumido en el silencio.

Esa noche, las sacerdotisas corrían por los pasillos, y se escondían tras las columnas, riendo y jugando. Pasaron por su campo visual y tuvo la oportunidad de deleitarse con la visión de aquella sacerdotisa, la que a veces se demoraba en bañarlo y en vestirlo, deslizando sus manos sobre su piel de piedra con suaves y acariciadores movimientos.

La sacerdotisa se acercó a él, sus compañeras la seguían y la desafiaban. Ella se puso seria y colocó una de sus delicadas manos en el rostro de piedra, acariciándolo con ternura, acercó su cara a la de él y sus labios cubrieron la sonrisa eterna.

No había sentido nunca algo así, un calor extraño comenzó a calentar su frío ser desde los labios bajando hasta su pecho, sintió un súbito temblor dentro de su corazón de piedra, y de allí el calor fue irradiando poco a poco a todo su cuerpo. La sacerdotisa se separó de él, y después de dirigirle una mirada intensa, se volvió hacia las otras sacerdotisas, hizo una reverencia y echó a correr, perdiéndose de vista tras otras estatuas, siendo seguida por el alborozado grupo de jóvenes que corrían y se reían.

La estatua se quedó allí, sola. A lo lejos se oían las risas de las jóvenes. Y después nada, solo el silencio. El frío volvió a adueñarse de su corazón de piedra.

El amanecer vino con su aroma de fresca brisa, los pajarillos entonaban trinos en los árboles del patio y algunos patos se bañaban en la fuente sagrada. Desde su lugar, la estatua observaba, ansiando poder moverse y correr por las distantes arenas. Un débil rayo de sol entró a través de las columnas y lo acarició con delicadas ondas de calor.

La sacerdotisa vino, con un cántaro recogió agua de la fuente, remojó un paño limpio y comenzó a restregar la pulida superficie de la estatua hasta dejarla brillando.

La estatua sentía deseos de gritar, la sacerdotisa pasaba una y otra vez las manos por su rostro, por el dibujo de la musculatura de sus brazos y piernas, por su espalda, por los delicados pliegues del faldellín que rodeaba su cintura, frotándolo con aceites perfumados.

El súbito calor lo invadió de nuevo, dándole a su corazón razones para seguir resistiendo la inmóvil existencia a que estaba condenado.

Vinieron días inciertos, rumores de una nueva religión que condenaba los antiguos ritos, invasiones de pueblos extranjeros.

Días después, una noche, los sacerdotes se refugiaron en el pequeño templo y trancaron la pesada puerta de madera, pero personas extrañas lograron echarla abajo, penetrando en el sagrado recinto. Armados con teas y martillos le prendieron fuego a los cortinajes, golpearon las columnas hasta hacer desaparecer los antiguos dibujos, los sacerdotes y las sacerdotisas corrían por doquier, siendo perseguidos por aquellos desalmados, que les asestaban golpes y los atravesaban con espadas.

Temió por su sacerdotisa, se sintió inútil e inservible, nada podía hacer para ayudar, para salvar su mundo, impotente. Dentro de su campo visual apareció la sacerdotisa, sus ropas rasgadas, su largo cabello suelto y despeinado, la sangre corría por su rostro bañado en lágrimas.

Corrió hacia él, su mirada suplicante le dolía no sabía dónde, ella le rodeó las inmóviles piernas con los brazos, un hombre vino y la golpeó con una piedra en la cabeza, su amada sacerdotisa se desvaneció a sus pies, con un gemido de dolor.

La estatua sintió que sus brazos de piedra ya no pesaban, asombrado de sí mismo, se movió, sus piernas se despegaron del pedestal, su rostro adquirió una terrible expresión. El hombre gritó espantado, trató de huir pero una mano pétrea le asestó un golpe que lo derribó, la estatua alzó una pierna y le colocó un pie sobre la cabeza, que se quebró como una cáscara de huevo.

Después regresó a su lugar, sintiendo que su cuerpo se volvía pesado y difícil de mover, allí estaba la sacerdotisa que lo miraba con enormes ojos de asombro, se inclinó hacia ella y la abrazó, ella le rodeó el cuello con sus brazos y se apretó contra su pecho. La estatua inclinó la cabeza y la besó con ardor de siglos. La sacerdotisa dejó de corresponder a su beso y su cabeza cayó hacia atrás, su hermosa y larga cabellera flotaba hasta casi llegar al piso. La estatua sintió que se rompía algo en su interior. Su cuerpo de piedra se inmovilizó.

Los hombres desenterraron unas estatuas como nunca se vieron antes, una en brazos de la otra, serían tal vez griegas o tal vez romanas, "parecen egipcias, podrían ser del período tardío", "no, tal vez de la época de Cleopatra", "que va, son del imperio nuevo", "estás loco, son del siglo III después de Cristo", "sueñas, querido colega, pertenecen a la XXIII dinastía", "ahora sí deliras, mi amigo, son del siglo I después de Cristo…."

Dos almas gemelas flotaban por las dunas del desierto como arena arrastrada por la brisa....

Fimosis III
02-11-2006, 09:41 PM
Además de en los mensajes privados, quiero decirte en público, Nieves, que disfruto un montón con tus cuentos, que me transportan con toda facilidad adonde me quieres llevar con su lectura, y que los disfruto doblemente sabiendo que los escribes para nosotros. Aquí seguiré, esperando los siguientes con impaciencia.

Un abrazo, y gracias.

Mari@
02-12-2006, 08:00 PM
Hola Nieves.....como te dije me he leido un cuento....La estatua.

Quiero decirte que es realmente bueno, me ha encantado, lo único que por lo menos a mi me ha pasado, que cuando estás leyendo te sumerges tanto en la historia que me parece corto.......acabas y te da la sensación de, ya!!! quiero mas..... no hay una segunda parte.

Te confieso que es el primer cuento tuyo que leo, pero me acabo de enganchar....

Muy bonito,romantico, he disfrutado mucho... Gracias Nieves!!

Saludos.

Nieves
02-13-2006, 12:04 PM
Vigilo a las personas que entran en la corte. Olores desconocidos se mezclan en el aire, creando siluetas de diferentes colores que retengo en mi memoria.

Escucho voces y risas; algunos me dirigen miradas nerviosas. Yo los miro fijamente, escudriñando en sus rostros; pero en realidad me fijo más en el olor que despiden, ya que durante el día mi vista no es tan aguda como en la noche. No importa mucho, en la noche también me guío por mi olfato y sé quién está de guardia y tiene sueño, quién ha ido al patio, quién está en celo y quién tiene hambre.

Pero más que en ésas cosas, me concentro en saber quién está de cacería.

Mi señor me recogió en las praderas, cuando era un cachorro. Mi madre yacía muerta a mi lado, después de perder la batalla contra un rinoceronte. Allí estaba yo, hambriento y muy solo, esperando por mi destino en las garras de algún primo o león o tigre que anduviera cerca. Mi señor me salvó. Su sombra me despertó del letargo del hambre, gruñí para que se alejara, pero sus manos me sostuvieron. Sentí sus dedos deslizarse por mi lomo como la lengua de mi madre. Me estremecí de placer cuando me dio leche tibia en su mano, que lamí hasta dejar limpia; sintiéndome protegido y a salvo, me dormí en sus brazos.

Durante muchos días, viajamos a bordo de la barca de mi señor. Al principio me ponía muy nervioso viajar en la barca sobre el río, pero pronto me acostumbré; los esclavos me bañaron, me cepillaron y perfumaron.

El palacio de mi señor me asustó, lleno de personas y olores nuevos. En el patio me recibieron dos perros con malas intenciones, no me dieron la bienvenida, y trataron de echarme de una vez. Se me erizó el pelo de la nuca, bajé las orejas, gruñí y mostré mis pequeñas garras para defenderme; mi señor soltó una gran carcajada, y de inmediato me alzó, llevándome a sus aposentos privados.

He dormido todos estos años dentro de sus aposentos. Jamás en el patio con los perros; solo los veo cuando vamos de cacería. Las primeras veces me gruñían, pero mi señor les sacudía el látigo en las orejas, y comenzaron a respetarme. Ahora no necesito que me defienda, he crecido, peso más que un hombre, y cuando me tiendo al lado de mi señor a tomar el sol, el largo de mi cuerpo supera el suyo, y eso que él es el hombre más alto de todos los que he visto, y he visto muchos desfilar por el salón del trono, negros, pálidos, morenos, y ninguno se compara con él.

Estoy orgulloso de mi hermoso y brillante pelaje negro, negro como las noches sin luna, negro como la estatua de mi señor, negro como su cabello y sus ojos penetrantes.

Desde hace dos años, mi señor me colocó un collar de oro, al que está unida una larga cadena también de oro, que él sostiene con su mano derecha cuando estamos en compañía de otras personas. Me desespero, me ha costado mucho acostumbrarme, y si me pongo nervioso, camino de un lado a otro tensando la cadena que mi señor sostiene firme.

Anoche noté que una persona se acercaba sin hacer mucho ruido a los ventanales de la habitación real. En la oscuridad, distinguí la silueta de alguien que dejaba caer algo en el piso. Luego se alejó presuroso. No me moví, lo que estaba en el suelo comenzó a reptar hacia la piel de tigre que está al pie de la cama. Esperé pacientemente hasta que se metió debajo, luego estiré y contraje mis músculos, salté, y clavé mis garras en la serpiente que se debatió bajo la piel. Mi señor se despertó y llamó a los sirvientes; estos llegaron y halaron la piel para quitármela.

No, no los iba a dejar, gruñí y les dí un zarpazo. La voz de mi señor los alejó, aproveché que ya no me molestaban para clavar mis colmillos en la rastrera y la sacudí hasta que se partió en dos. Los sirvientes comenzaron una gritería, mi señor enganchó mi collar a la cadena y me alejó de la piel. Se podía ver como algo todavía se retorcía bajo ella, y unas gotas de sangre manchaban el pulido piso de la recámara.

Desde anoche, mi señor me tiene enganchado con la cadena, y me lleva a todas partes.

Estoy sentado a su lado, con los músculos en tensión. La punta de mi cola se mueve de un lado a otro, y no puedo evitar mirar con odio a los que entran al salón del trono, sé que alguno olerá como el de anoche, entonces ninguna cadena me detendrá: lo cazaré.

Nieves
02-13-2006, 01:31 PM
Gracias, Mari@!

Mis cuentos son así, muy cortos. Tambien he escrito alguna novela, pero todavía no es tiempo.

Cuando sea, te aviso.

Un beso.

nefert-maat
02-13-2006, 01:37 PM
Vaya.....encantadora contadora de cuentos....tambien has escrito alguna novela....
Cuando sea el tiempo....me avisas a mí también, me gustará leerla

Por cierto....ya he leído el de la pantera.....tus personajes atraviesan el tiempo....los haces egipcios.....pero el cáracter es universal.....

un besazo ;)

Fimosis III
02-13-2006, 07:33 PM
Estupendo, Nieves, estupendo. Tenía el alma en un hilo, pensé que acabaría mal, temía que tu pantera pagara las culpas de una serpiente asesina y fuera ella quien sufriera un inmerecido final. He respirado aliviado. ¡Uf!

Gracias por esta nueva joyita. Gracias. Ya estoy esperando la siguiente...

Un abrazo.

Nieves
02-14-2006, 10:07 AM
Como estoy enamoradísima del Egipto Antiguo, el Egipto de los Faraones, por ser el Día de los Enamorados, dedico mi canto a TODA LA COMUNIDAD de Egipto.com

Un beso y un abrazo, Egipto.com.

Es posible que estéis tan ocupados en cosas que no valen la pena ni debatir, (porque competir para ver quien dice el insulto más hiriente no me parece que sea un buen tema de conversación ni debate) que lo más probable es que pase inadvertido mi canto, pero no importa: el amor, la admiración y los sueños por aquella época que se pierde en la niebla de los tiempos, sigue aquí, firme frente a todos los embates de aquellos que entran a esta comunidad a no decir NADA.

Nieves
02-14-2006, 10:09 AM
Aquel que amo me trae perfumes y flores, historias de mundos lejanos, caricias de suaves y antiguas melodías.

Aquel que amo es el dueño de mi alma, sin él moriré de seguro, su aliento es el aire que respiro, su mirada es la luz que me alumbra, sus besos son el alimento que me nutre y su cuerpo es la manta que me cubre.

Aquel que amo es el dios que me da vida, al que rezo, al que pido, al que doy, al que espero.

En su rostro me reflejo en días de brillante luz, en su rostro me reflejo en noches de luna de plata.

Me baña toda con caricias de nuevo frescor, bañando mi cuerpo sediento de amor.

Aquel que amo viene a mí y calma mis ansias, bajo sus caricias, mi cuerpo florece y agradecido de vida se llena, de cantos, de música, de colores y se plena de alegre algarabía cuando la noche duerme y el día despierta.


Aquella que amo me recibe con inocente alegría, con abrazo eterno soporta mis desmanes y florece en encanto y ternura cada día.

Aquella que amo es la dueña de mi alma, sin ella moriré de seguro. Su cuerpo es la ruta de mi camino, su aliento es la sed que me atrae, su mirada la sombra que añoro, sus besos son el alimento que nutre mi cuerpo, y es el cuerpo que con el mío cubro.

Aquella que amo es la diosa que me da vida, a la que rezo a la que pido, a la que doy, a la que llego.

En mi rostro se refleja su imagen en días de mordiente sol, en mi rostro se refleja su imagen en noches de luna inseparable.

Llego a ella y calmo sus ansias, bajo sus caricias mi cuerpo de perfume se llena, freno mis ímpetus y suave me diluyo en sus orillas, penetrando hasta la profundidad de su alma. Canto con miles de voces, pleno de algarabía, cuando la noche duerme y el día despierta.

Mi amada se llama Kemet...

Mi amado se llama Iteru....

zoser_imhotep
02-14-2006, 06:15 PM
Gracias Nieves, me has alegrado el día.

Besos

Imhotep

Taja
02-15-2006, 08:17 AM
Saludos a la compañia..!

Es un placer leerte...querida Nieves.

Nieves
02-16-2006, 11:41 AM
Los padres de Minya se conocieron en un viaje a Egipto. Allí fueron de luna de miel y el primer cumpleaños de la pequeña se celebró allí, y los subsiguientes, por eso ella sabía más de este país que del propio mucho antes de aprender a leer.

Y lo más natural era que sus padres organizaran un viaje al país de las pirámides para celebrar el compromiso de su hija y el fin de curso.

Minya era feliz. Desde joven la atormentaba su físico poco agraciado, y sabía que los pocos chicos que la habían cortejado lo hacían solo por pasear en el yate de su padre. Ella y Daniel estudiaban juntos, y ella se sentía atraída por el apuesto joven desde que lo conoció, y con el tiempo, aquella atracción se había convertido en una obsesión que disimulaba a duras penas. El siempre fue indiferente y distante, hasta que una chica nueva llegó. Helena.

Minya pensaba en Helena de Troya cuando la veía. Todos los ojos se volvían a verla pasar. Y por supuesto, de inmediato, todos en la facultad supusieron que era la pareja perfecta para Daniel, y el corazón de Minya se partía de dolor. Así que tomó el riesgo un día que lo encontró solo en la cafetería de la uni.

-Hola, Daniel, y eso que estas solo?

-Espero a Helena, hace media hora que debía estar aquí, pero no ha llegado aún.

-Algún retraso si importancia, ya verás. Por cierto, Daniel, te gustaría traer a Helena a una reunión en mi casa este sábado? Vendrán todos los chicos de la facultad, pues es mi cumpleaños.

-Oye, te felicito, no se hable más, le diré a Helena y cuenta con nosotros, allí estaremos.

-Muy bien, los espero entonces. Hasta luego, Daniel.

El baile del sábado estuvo muy bien. Por supuesto, la hermosa Helena acaparó las miradas y opacó a la cumpleañera. Pero Minya no se amilanó. En algún momento se las arregló para que Alphonse, el atractivo chico francés de la facultad de medicina, sacara a bailar a Helena y ella se instaló convenientemente al lado de Daniel, que se volvió a ella, y la invitó a bailar, con los ojos puestos en la pareja que se movía al compás de una música suave y romántica.

A partir del lunes de esa semana, Minya se encontraba con regularidad a Daniel solo, y Helena pasaba mucho tiempo en la facultad de medicina.
Antes de finalizar el curso, Daniel había pedido formalmente en matrimonio a Minya, que no cabía en sí de la felicidad.

Y tal vez por una perversión de su espíritu, Minya invitó a Helena y a Alphonse al viaje a Egipto, junto a otros cinco de sus amigos.

El tour estuvo maravilloso, habían visitado Luxor, y tomado un crucero hasta Abu Simbel, donde Minya hablaba más que el guía sobre la historia de los faraones y del país del Nilo eterno.

Aquella noche, en Abu Simbel, Minya quiso sorprender a Daniel y se estuvo arreglando con más esmero en la peluquería del hotel. Cuando estuvo lista, y llegó al salón para cenar, sus amigos le dijeron que Daniel estaba fuera fumando un cigarrillo.

Salió y rodeó la piscina, entre las sombras, reconoció la cabeza de su adorado, sobresaliendo de los setos del jardín, ya lo iba a llamar, cuando el murmullo de otra voz la hizo acercarse de manera cauta y silenciosa.

Las voces de Daniel y Helena le llegaron claras como la luz de la luna que se reflejaba en el Nilo.

-…. No te eches para atrás ahora, que estamos tan cerca, te casarás en poco tiempo y todo saldrá bien, ya lo verás.

-Pero es que es a veces siento que no aguanto más. Verla todos los días y besarla, escuchar su voz y que me diga “querido mío” a cada rato, me saca de quicio, no para de hablar de la historia egipcia y no hacemos más que ver piedras y más piedras. Unos meses de matrimonio así serán una tortura china, y mientras tanto, poco me falta para saltarle encima y retorcerle el cuello al francés ese cada vez que te abraza y te besa.

-Es poco sacrificio. Ten paciencia, la recompensa será inmensa. Heredarás todos sus bienes, como sufrido viudo, no te parece, “querido mío”?

Risas apagadas por besos y caricias siguieron a la burlona broma

Minya no pudo continuar escuchando, pálida y con náuseas se apresuró a entrar en su habitación con el corazón dándole locos saltos dentro del pecho. No podía llorar, aunque quiso derramar un mar de lágrimas, ni una salió de sus ojos. Poco a poco, el espejo del baño le devolvió la imagen de una estatua de cera. La mirada dura, el rictus en la comisura del labio que se hizo más profundo, la cabeza en alto y los puños apretados hasta que las uñas se enterraron en la carne.

Unos toques suaves en la puerta la hicieron reaccionar.

-Minya, que haces? Es tarde, preciosa, nos esperan para cenar.

La joven se sorprendió de su propia respuesta.

-Un momento, ya salgo, querido…mío..

Al día siguiente tomaron el avión al Cairo, en la tarde fueron al museo Egipcio, y en la noche tenían planificado ir a un espectáculo de bailarinas.

-Apresúrate, Minya, el espectáculo ya va a comenzar.

-No voy. Anda tú, y diviértete por mí, es que me duele demasiado la cabeza.

-Entonces, tampoco voy yo, que voy a hacer allí sin ti?, me quedaré a hacerte compañía.

-No seas niño, estoy bien, ya el doctor me dio algo y me dormiré enseguida. Te fastidiarás, mejor ve con ellos y disfruta. Yo debo descansar para ir a Gizeh mañana temprano.

-Como quieras, pero en verdad no puedo estar lejos de ti.

Se inclinó y la besó en la mejilla.


Al día siguiente estaban todos en una caravana de camellos y caballos alrededor de las pirámides. Pero, poco a poco, Minya y Daniel se separaban del grupo. El guía comprendía que los novios querían un rato a solas y los dejó tranquilos, conocía a Minya de tantos años y sabía que la joven no peligraba en aquel lugar donde jugaba desde niña. Un rato después, Daniel había descendido de su montura y trepaba una duna, con agilidad y en actitud bromista.

-Camina por el sendero, Daniel, si continúas por ahí, te puedes encontrar con algo desagradable.

-Arena es arena, no seas tonta. Los senderos no se quedan allí para que los sigas. Yo voy bien.

-Es que hay serpientes, si tropiezas con las piedras, las puedes despertar, y por acá no hay piedras, ven.

Daniel le dirigió una mirada de desaliento, pero enseguida persistió en su idea y subió la resbaladiza duna.

-Daniel, vuelve acá.

-Por aquí es mas rápido, ven tú, sígueme.

Minya miró alrededor, los demás se perdían tras las dunas, montados en sus camellos, mientras ella sostenía de la brida el caballo de Daniel. Desmontó, dejó ambos caballos y con paso firme emprendió la subida. Allí estaba él, su cuerpo alto y bien formado se recortaba contra el horizonte, tenía las manos en la cintura y observaba el paisaje con satisfacción.

-Te dije que este era el mejor lugar para contemplar las pirámides.

-Si, también es un buen lugar para contemplar el paso a la eternidad.

-¿Que quieres decir? No me vengas con tus reflexiones filosóficas, que no te entiendo, Minya.

-Ya lo sé, yo me entiendo sola. ¿Puedes sostener mi bolso, por favor?

Daniel alargó la mano distraídamente, mientras sus ojos volvían a posarse en el paisaje. Allá, en su camello adornado con borlas de colores, iba Helena. Espléndida, por un momento deseó haber continuado junto a ella, pero Minya había insistido en lo de los caballos y después se había quejado de que el movimiento le hacía doler la cabeza, se habían quedado atrás.

La aguda mordedura lo sorprendió. Soltó un grito de dolor, sacudiendo la mano, pero la serpiente había enrollado su cuerpo a la muñeca y lo inyectaba de nuevo. Logró soltarla y lanzarla lejos, al tiempo que corría bajando la duna en dirección a los caballos.

Minya lo seguía con paso lento y tranquilo.

-Es mejor que no corras, Daniel, el veneno actuará más rápido si corres.

-¿Qué quieres decir? Debemos llegar a los caballos de prisa, mientras más pronto me atiendan, mejor. Una mordedura no es grave.

-Si, es posible, pero te digo la verdad, si corres, es peor.

-¿Dónde están los caballos?

-Tal vez se fueron con su dueño, habrá que caminar.

-¿Pero, qué te pasa?¿Te has vuelto loca? ¡No puedo caminar tanto! Dime dónde dejaste los caballos! O mejor, dame el móvil, llamaré al guía de inmediato.

Minya lo miró con desprecio. Que hombre tan estúpido. Ya debía haberse dado cuenta de lo que pasaba. No se movió.

Daniel se acercó a ella en forma amenazante.

-¿Que haces? !Te digo que me des el móvil, imbécil!!

-Creo que lo dejé en el hotel, "querido mío".

-¡Déjate de bromas! Te ví hablando hace rato, dame el móvil de una vez…

Sentía un mareo extraño y el paisaje alrededor parecía girar. Minya se alejó con calma y esperó hasta que cayó al suelo entre gemidos y sollozos delirantes. Se acercó y le aplicó una inyección que contenía una concentración mayor de veneno, usando la misma herida practicada por los colmillos del reptil. Después cubrió el tembloroso cuerpo con arena, silbó y los caballos volvieron. Subió al propio y le dio un latigazo al de Daniel, que se alejó al galope.

Lo buscaron toda la tarde, hasta que un chico lo encontró semienterrado en la arena.

Los funerales se hicieron en el Cairo.

Tal vez Helena sospechó algo, pero se guardó mucho de decir nada...

Hesperide
02-19-2006, 05:32 PM
Gracias, Nieves. Es un placer leerte. De lo mejorcito del foro.

Un besín

Nieves
02-19-2006, 05:43 PM
Me alegra que te haya gustado, Hespéride.

Gracias a tí.

Nieves
02-19-2006, 05:52 PM
Hace dos días, dejé mi Honda para una afinada. Tenía un ruido, trac- trac- trac que me estaba poniendo nervioso. Claro, que si no fuera porque papá me tiene a monte con el asunto de buscar trabajo, hace rato que me hubiese ido para la playa, pero, que va, la moto es mi medio de subsistencia, soy mensajero.

“Busca trabajo, flojo” me dice a cada rato.

No me quedó más remedio. A arreglar la moto. La dejé en el taller y en la noche vino mi novia con la idea de que las hamburguesas son más sabrosas en el puesto de la esquina de la Plaza 1º de Mayo.

¿A quién se le ocurre que bajo tremendo aguacero que estaba cayendo, me iba a tener que trasladar sin "avión" hasta una plaza que me queda a diez cuadras, solo para traerle sus dichosas hamburguesas?

A ella, claro.

"Estás L-o-c-a" le dije.

Me gritó algo de su amplio repertorio, así que la dejé plantada en la puerta de su casa y me vine caminando solo bajo la lluvia, a la mía a ver tv. Mamá también anda de un humor… me sacó del sofá a brinco de perro rabioso, solamente porque empapé el sofá y además se me derramó el vaso de cocacola en su ridículo tapete.

Vaya, que al fin me fui donde mi amigo José Luis, que vive al cruzar la calle. Su mamá es un amor y Lucía, su hermanita no está nada mal.

Después de estar un par de horas bebiendo ron con cocacola y tratando de ligar con Lucía, José Luis se dió cuenta y me lanzó un botellazo por la cabeza. Me dijo que me fuera de su casa. Cuando menos ya dejó de llover, pero ya no tenía ganas de rogarle a mi novia.

Total, que ayer amanecí en el garage, sobre unas cajas llenas de toda clase de mariqueras que guarda mi papá desde que viajó a Egipto.

Algo se me había clavado en el cuello. Lo agarré y resultó que era una cosa como una cruz, o un muñequito de mi hermanita Gaby. Si, me había hecho un raspón y la sangre me manchó el cuello de la camisa. “Ahora sí, me arreglé, mamá me asesinará en cuanto vea esto”

Agarré la camisa y la metí a al lavadora, y mientras distraídamente, me dejé el extraño objeto en el bolsillo del pantalón.

Al medidodía, Chuy, el mecánico donde dejé mi moto, me llamó para avisarme que ya estaba todo listo. ¡Que bien!. Recogí mi “avión” con la promesa de pagar en cuanto consiguiera trabajo.

“Apenas me paguen la primera quincena, vale”.

“Bueno, pero si te olvidas, a tu moto te la va a reparar tu tía.”

Si fui a buscar trabajo, que no lo haya encontrado, no es culpa mía....

A las cinco de la tarde, me fui a ver si mi a novia se le había pasado el enojón, pero la muy cabr… estaba besándose con un tipo en la esquina. Me dio tal furia que le entré a piña, ante los gritos de mi novia que es una escandalosa…

Tampoco le estaba pegando tan duro. Pero sí, el fulano se estaba en el suelo, como si se ahogara. Le extendí la mano para que se levantara pero me miró con ojos de espanto se levantó solo y huyó. Mi novia dijo que yo no era yo, y también corrió.

Como siempre actúa como loca, no le hice caso.

Dormí como un bendito, pero hoy, al levantarme recordé un sueño extraño: estoy casi seguro de que anoche soñé con que corría por un desierto, y que no era yo, sino un animal, como un perro o sería, ah.. si… de esos que salen en Discovery Channel, un chacal... Claro, yo no veo esas soporíferas series, pero mi hermanita sí, y a veces me obliga a ponerle atención a cosas así. Anoche soñé que era un chacal, uno muy grande.


Mientras me vestía, dejé la tv encendida y pasaron las noticias. Esta mañana fueron extrañas como todos los días, pero hoy me asusté un poco cuando escuché que un chacal gigantesco había estado dando vueltas por el museo nacional y había entrado a la sala de las momias egipcias.

Mi ropa sucia estaba tirada en el piso y al recoger mi pantalón, encontré la figurita egipcia en el bolsillo de atrás.

"Es mejor devolverla a su lugar, pues no quiero que mi viejo me arme un escándalo si desaparece ésta cosa".Pensé.

Me fijé que mi ropa tenía unas enormes manchas marrones, así que mejor me lo llevé todo al garage para lavarlo, rápido antes de meterme en problemas de verdad.


Bueno, no sé. Estoy en el garage y ahora no sé que hacer. Encontré sobre la mesa de trabajo de papá, al lado de mi moto, un cuerpo envuelto en vendas. Me acerqué para ver mejor.... Sí, está cadáver y me parece que lo conozco… sí… es el tipo que estaba con mi novia... Qué raro.. ¿Qué le habrá pasado?....

Nieves
02-21-2006, 02:19 PM
Mi sombra azul oculta el brillo del sol que se refleja en el agua al atardecer. Tal vez mi alma se refugia en ella o yo la sombra soy.

Eco de un ayer que me atormenta en espacios vacíos de luna llena y luna nueva, como fantasma de la noche navego por el río, en búsqueda de aquello que fuí, que seré, que soy.

Su sonrisa de cristalinos pétalos se hunden en la corriente, el cortejo fúnebre deja un rastro de flores cayendo de las barcas silenciosas. A mi lado, mi hermano gime, llora, deja que sus lamentos laven el lino de sus vestiduras y rieguen las flores que lleva en las manos trémulas. Su dolor es el lamento que se extiende más allá de las sombras, del silencio. Es el grito que le libera de la prisión en la cual yo me contengo. Sus lágrimas envidio, pues las mías no florecen, envueltas como están en la mortaja de la culpa, se niegan a salir y mi pecho ardiente oprimen. Callado dolor mi alma soporta, sin el alivio del llanto que refresque mi rostro.

La amé, sí, cómo la amé. Sus días eran míos y los míos suyos; sus sonrisas, los rayos del sol cada nuevo amanecer; y su voz, la melodía dulce que acariciaba mis sentidos. Como candentes arenas sus manos me acariciaron y en cada uno de sus dedos mil besos dejé guardados.

La brisa del río trae lejanos recuerdos de tardes en medio de caricias imposibles, inevitables, angustiosas. Los últimos rayos del sol moribundo que danzan en reflejos de colores esquivos, sus labios me recuerdan y ansío en los míos tenerlos de nuevo. Mis ojos no me obedecen y a la barca fúnebre del cortejo se van volando; allí, cubierto de flores, el sarcófago su cuerpo seco contiene, desprovisto de la humedad de su carne, de la suavidad de su piel, de la dulzura de sus pechos. No es ella, me digo, es un cascarón vacío, pues conmigo me llevo el recuerdo de todo aquello que era ella, de todo aquello que no era mío, de todo aquello que ya no será.

Mi hermano se aferra a mí, en cuanto ha atracado la nave junto a los escalones de piedra que en el río se sumergen, como se sumerge mi cuerpo bañado en sudor. Le sostengo con fuerza y le acompaño. Mi corazón es un crisol de verdades y mentiras, su dolor es el líquido que amalgama mi culpa. Yo la amé, aunque no debí hacerlo, pues mi hermano su dueño era, pero ella me pertenecía en cuerpo y alma desde que R nacía hasta que Ra moría y desde que Nut cubría el campo con su manto, hasta que Nut lo recogía. Luché conmigo mismo para respetarla, ¿Pero quién puede impedir que Hapi inunde los campos con sus aguas en arrasador ímpetu de incontrolable pasión con sus ansias de amar y fertilizar a la tierra que ama? Así le amé y nada me importó.

Lento, lento, el cortejo se pone en marcha rumbo a las necrópolis. Los lamentos de las plañideras preceden la marcha; ceniza y añil, gritos y lamentos. Mi sombra gris se alarga en las arenas, lento, lento camino tras el cortejo. Mis pies me llevan y yo voy. Los ritos se suceden dentro de la tumba; los sacerdotes sus ceremonias cumplen y mi amada queda guardada, protegida y custodiada por los dioses que la rodean. Dejo mi guirnalda de flores sobre el sarcófago, mi hermano se arroja sobre él y no quiere dejarla. Sus lamentos hacen eco en el recinto, multiplicándose por miles; sus fuerzas abandonan su cuerpo marchito de inanición y sus rodillas se doblan y le dejan caído en las losas. De un salto me pongo a su lado y me inclino para sostenerlo; le levanto, y mi rostro junto al suyo, ven más allá de las lágrimas, más allá del dolor, más allá. Su culpa que es la mía, reflejada en sus ojos de tinieblas. Mi mente me abandona y vuela al día nefasto, al último día de mi amada, donde la sombra se llevó su alma y dejó su cuerpo abandonado.

Como siempre, como todos los días, la esperé bajo la hermosa acacia que crecía a orillas del río, y de la cual solía amarrar mi balsa de paseo, para en ella llevarla a unir nuestros sueños prohibidos donde solamente Hapi sería testigo. Esperé y tejí mis sueños en poemas de amor y cantos a su belleza incomparable, a su dulzura y tiernas caricias, poemas que ella en su pecho guardaba como tesoros de mi amor escondido, con el peligro de su existencia, aún así, yo se los daba. Las horas corrieron y Ra envejeció, para unos rápido, para otros lento; para mí fueron horas desesperadas y angustiosas. Las sombras me arroparon y no ella. El presentimiento de la desgracia me alertaba. Las miradas de ella en el jardín, en la mañana; su sonrisa forzada y el temor reflejado en sus ojos mientras las sirvientas la bañaban. Todo ello contemplé con furtivas miradas, escondido tras los sicomoros y los tamariscos del estanque. Entre las frondosas plantas, algo más que fragancias florecían; sin saber que el dolor y la venganza muy cerca anidaban, pero mi mente evitaba pensar en ello, temeroso de que una sola palabra de sospecha me alejase de mi amada.

Con la angustia de mi pecho ahogándome de preguntas sin respuesta, emprendí el camino de regreso. Un alboroto y gritos me alertaron y corrí a ver; allí entre los matorrales del sendero, su cuerpo caído, sin hálito de vida sus labios, los ojos fijos y opacos mirando eternamente el cielo manchado de naranja y oro, gris y azul, cubiertos de dolor. Mi mente se cerró y no vió, o tal vez sí, el pequeño y ensangrentado arete entre sus dedos crispados.

Ahora contemplo, con ojos incrédulos, la desgarrada cicatriz en la oreja de mi hermano.

nefert-maat
02-21-2006, 03:41 PM
Hola encantadora cuentacuentos,

Este cuento me ha gustado mucho, cada día te superas ....

Sólo queria decirtelo y mandarte un Besazo ;)

Nieves
02-22-2006, 09:25 PM
Gracias, Nefer-Maat!

No lo olvido, en cualquier momento te envío esa novela...

Un beso.

Nieves
03-12-2006, 04:11 PM
Apenas amanecía cuando el joven corría presuroso por los jardines del palacio. Al llegar a la pesada puerta de madera, los guardias le avisaron que tenían órdenes de no dejarle salir. Un sentimiento de frustración se apoderó del joven. Volvió la cabeza y alcanzó a ver como las cortinas de los ventanales de la estancia de su padre se cerraban. Con la súplica derramando en los ojos miró hacia los guardias, que esquivaron su mirada y se hicieron los desentendidos. No pudo reprimir un gesto de cólera, y emprendió el camino que le conduciría directo a los aposentos de su padre.

Negras e inmóviles imágenes de su progenitor le observaban desde los rincones, desde las columnas, desde los nichos de las paredes. Cuánta idolatría, dioses del Amenti. Los guardias que estaban apostados en la entrada del salón del trono le miraron indecisos, pero al final, se apartaron a un lado, dejándole el paso libre. El salón era un lugar creado especialmente para hacer sentir al desprevenido visitante que es un animalejo, un gusano, alguien sin importancia, que viene a pedirle algo al dios. Sí, todos vienen a pedir algo, Jamás había visto que algún dignatario extranjero o gobernador de algún nomo, viniese a regalar algo al dios vivo. El imponente trono se encontraba sobre un lugar alto e inaccesible para el común de los mortales, pero él se acercó resueltamente y en dos pasos estaba frente al imponente señor del trono.

Su padre le dirigió una escrutadora mirada y luego una sonrisa indulgente, su voz se dejó oír por todo el lugar.

-Jhensu, ven, acércate, hijo de mi cuerpo, puedes hablar.

Miró a su padre con el ceño fruncido, aquellas hermosas palabras no iban a eludir su enojo.

-Padre, ¿cómo es posible que me impidas la salida del palacio? Necesito salir.

-Hijo mío, tus impulsos y arrebatos son la causa de muchas de mis noches de insomnio. No saldrás del palacio hasta que reconsideres tu actitud.

Alguna vez había pensado seriamente en renunciar a su condición de heredero, para poder tener la actitud que le dictase su razón.

-Venerado padre, mi actitud no te ofende. Mi corazón habla por mí y mi alma se estremece de pensar que puedas creer que te he faltado.

-Entonces, ve con tu maestro a manejar el arco y la lanza, la espada y el carro de guerra.

-Es mi deseo, padre, cumplir con tus mandatos, sin embargo, mi pecho se oprime, déjame salir, te lo suplico.

Su padre se levantó del trono ante tales palabras, y colocando una mano sobre la cabeza del joven, recitó algunas fórmulas mágicas y acto seguido volvió a su lugar. La impaciencia lo consumía, pero era necesario esperar por las palabras del dios.

-Mis órdenes están ya dictadas, no saldrás. Muchos peligros hay en éstos días, para que te expongas, tú, el único hijo de mi carne. Tu educación es lo primero y primordial que debes atender, pues en tus manos quedará el destino del país cuando yo falte. Y es tu deber aprender a mantener el orden.

Inclinó la cabeza en señal de haber acatado la injusta decisión, y se retiró de su presencia.

Junto al estanque, había un jardín primorosamente cuidado, como si fuese una extensión de la vida del inframundo, exhibía con tímida profusión de aromáticas flores, sus colores y formas. Allí se sentó a pensar en ella. Las flores palidecerían ante su belleza, y sin embargo, en cada una le parecía ver su imagen reflejada.

Unas ocas nadaban en el estanque de aguas cristalinas y su pecho se expandió en suspiros imposibles de disimular. Ella, la imagen que le perturbaba, nadaba en la orilla del río, cerca de su barca cuando fue de cacería. Tendió la mano y ella se aferró a él. Conversaron durante horas, sus risas grabándose en el corazón, sus ojos quedándose en el alma, su figura clavándose en su cuerpo. Se despidieron con la promesa de encontrarse al día siguiente. Soñó con ella, mucho, y se levantó con la idea de que todo había sido tan real, que no podía creer en su intangibilidad. La había sentido, sus besos colmaron sus deseos y sus ojos se perdieron en los suyos.

Observó de nuevo hacia la pesada puerta. Sí, lo haría. Nadie le detendría.
Las ropas de su sirviente el quedaron bien. Un poco de carbón y algo de polvo en los pies. La coleta escondida tras el pañuelo y salió del palacio tan tranquilo.

Corrió presuroso hacia su barca. Allí estaban los nerviosos sirvientes esperándolo. Los dos guardias que vigilaban las barcas se subieron a la balsa y juntos, se alejaron río arriba.

En el remanso que conocía tan bien, se quedaron en actitud de pescar, pero sus ojos eran un abanico que se abría en la nada, buscando inútilmente aquello que le hacía falta. Pasaron los minutos y las horas, y hacía rato que los hombres estaban impacientes.

Al fin la vió. Sí, era ella, en la orilla, sacando agua con un cántaro enorme. Le indicó a los hombres adonde quería ir y remaron en ésa dirección.

Lo miró con enormes ojos asombrados al reconocerlo, y los dos rieron del disfraz de sirviente. Se la llevó consigo a la balsa, para disfrutar de su cercanía y de su amor juvenil que no conocía freno.

Las sombras del atardecer los cercaron desde las palmeras de la orilla y el espectáculo del sol moribundo inundó sus almas de una felicidad llena de poesía.

Lentamente, la corriente los llevó de vuelta y él le contaba mil y un planes hermosos para su vida juntos. Acarició sus cabellos, besó sus labios y se dejó arrastrar por el misterio de sus ojos negros. Atardecer mágico que llenó su corazón con las imágenes imborrables de la dicha compartida.




Al acercarse a la ciudad vieron las llamas que se elevaban hasta el cielo, cientos de barcos extranjeros estaban anclados a lo largo del río, las orgullosas naves reales apenas sobresalían del agua, hundidas, a medio quemar y miles de hombres barbudos celebraban victoriosos por las avenidas.



Se ocultaron lo mejor que pudieron y esperaron que la noche los protegiese con su manto.

En medio de la noche, junto a sus sirvientes entró al palacio por los pasadizos secretos, o lo que quedaba de él para conocer la gravedad de la situación. Protegidos por las sombras, recorrieron los espectrales pasillos. El recinto del trono estaba lleno de extranjeros, bebiendo y riendo en escandalosa e irreverente orgía. Era la devastación, los cuerpos yacían por doquier, y allí, con sus ropas regias, con su barba postiza y sin la corona de su dignidad, su padre, exánime y ensangrentado, sin el brillo de la vida en sus ojos.

La realidad le golpeó en el rostro con la violencia de las tormentas de arena del desierto. El alma le abandonó, y sus pensamientos se volvieron negros como las noches sin luna. Aunque su pecho se debatía con deseos de venganza, el sentido común le ayudó a pensar, primero era necesario tomar la acción más inmediata e importante de todas. Cambiaron las ropas del rey por las de un sirviente y así pudieron sacar el cuerpo, dejando a otro en su lugar. En su borrachera de victoria fácil, los extranjeros se entregaban a sus celebraciones, sin notar el engaño.


Amaneció con los rayos del dios niño alumbrando con su leve resplandor el palacio y el río. El rey quedó en la casa de la muerte, donde debía ser preparado para reinar en el mundo de Wsir. El joven príncipe se preparó para recuperar el reino en el mundo de los vivos. El dolor por la pérdida de su progenitor no le haría olvidar su deber.

Dos meses habían pasado, los invasores se habían apoderado del trono, aniquilado el ejército y anulado la marina. Un nuevo rey se paseaba por los salones del palacio y amenazaba con extender su conquista a través de todos los nomos hasta dominar por completo el país de la Tierra Negra.

Jhensu, nervioso se paseaba por los salones del templo de Amón, su capa se agitaba tras él y sus sandalias pisaban el suelo enlosado con una determinación inaudita. Los sacerdotes lo miraban sin decir palabra. El joven contaba mentalmente los días desde que el orgulloso ejército de su padre, la división de Ptah, compuesto por miles y miles de hombres, marchase a doblegar a los rebeldes del sur. No tardarían en regresar. Envió una comunicación urgente hacía casi un mes, y ya deberían estar aquí. Los pliegues de su túnica se agitaban en sus idas y venidas. Atrás había quedado el joven despreocupado, deseoso de reunirse con su amante. Ahora, el trono era primero. Las palabras de su padre resonaban en sus oídos, sin descanso.

Al fin, aquella noche, las antorchas le anunciaron que el ejército se acercaba. Salió a su encuentro en su carro de guerra, y en medio de las arenas del desierto, expuso su plan. Los generales de su padre, no estaba dispuestos a acatar las órdenes del joven e inexperto príncipe. Jhensu, rojo de ira, y con los nudillos blancos de tanto apretar las manos en su ira contenida, dejó que la rabia de aquellos días saliera y lo dominase. Sus puños se hicieron sentir en la humanidad de uno de los generales, el más reacio a sus órdenes. A pesar de no poder tocar la carne del joven dios, dos generales lo sostuvieron y lo dominaron a la fuerza. Pero la fuerza del joven era imbatible, sus ojos de cólera se clavaron en los hombres.

-¿Soy o no soy el hijo de mi padre? ¿Acaso no me debéis respeto y no es vuestro deber acatar mis órdenes? Se hará lo que yo diga, y como lo diga yo. El que no quiera seguir mis órdenes, puede unirse a los invasores y que lo diga de una vez para que los demás sepamos a qué atenernos.

Los generales le miraron con sorpresa y en silencio, enseguida bajaron la cabeza en señal de sometimiento.


El suelo retumbaba bajo la marcha del ejército que se dirigía a la ciudad del trono. Jhensu remontó la colina en su carro de guerra de dos caballos. Lleva en sus manos el arco doble que su padre mandase a fabricar especialmente para él, cuando le insistía en su entrenamiento. Se aferra con más fuerzas al recuerdo y los remordimientos. Desde lo alto, dio la orden de alto. Los dos mil hombres que había logrado reunir y que formaban su menguado ejército con el cual contaba para restaurar el orden, obedecieron de inmediato, deteniéndose y colocando una rodilla en tierra, bajaron la cabeza en actitud de espera, nerviosos y ansiosos de entrar a la batalla, sudaban bajo el sol rumiando su rabia y sus deseos de venganza. El ejército de Ptah no se resignaba a ver como los invasores bárbaros se habían apoderado de toda la ciudad, saqueando y violentando, tomando a sus mujeres y pasando a cuchillo a los niños inocentes.

En la vía que conducía hasta las inmediaciones de la ciudad, esperaba como un bloque el ejército de los invasores, defendiendo las posiciones ganadas en la más importante de las ciudades de los hombres de Kemet.

Jhensu tenía su plan ya establecido, y actuaba de acuerdo a él, a pesar de su escasa experiencia en el arte de la guerra, poseía mucho sentido común y miraba las cosas de manera diferente a los generales de su padre. A una indicación suya, el ejército se alzó en sus puestos con un grito atronador y cargaron sobre el enemigo, sin pausa.


El choque del ejército de Ptah fue tremendo. Cualquier línea defensiva hubiese roto su formación, pero los invasores estaban acostumbrados a enfrentarse a soldados más experimentados en estrategia y resistieron el embate, atacando a su vez, sin cuartel sin piedad.


Alrededor del campo de batalla se levantó una nube de polvo que impedía ver con claridad, pero el príncipe, desde la colina, observaba las acciones en compañía de los generales, mientras su plan se ponía en marcha.

Tras la primera línea de palmeras que protegían los cultivos de los vientos y de la arena del desierto, quinientos hombres se arrastraban como serpientes por los pastizales. Llegaron a las primeras casas de la ciudad, tras el perímetro de la fortaleza que rodeaba el palacio y allí se ocultaron, amparados por los habitantes. Los hombres hicieron correr la voz entre las mujeres del pueblo, ésta vez, su amor al país de las dos tierras y a sus dioses, en la persona del príncipe Jhensu, sería puesta a prueba.

La escaramuza del ejército de Ptah terminó en pocos momentos, pues apenas Jhensu recibió la señal de que los hombres que enviase a infiltrarse habían logrado su objetivo, dio la orden de parar las acciones, con el fin de salvar la mayor cantidad de hombres de sus menguadas fuerzas bélicas, pues el sanguinario ejército invasor les llevaba la ventaja en número y experiencia.

Los soldados se replegaron, llevando cada uno a sus muertos y heridos. Los invasores arrastraron a los suyos tras las murallas, donde según su costumbre, encenderían hogueras e incinerarían los cadáveres. Los soldados de Ptah llevaron a sus muertos hasta los sembradíos y allí, hicieron gran cantidad de barro con tierra y tallos de los pastizales, cubriendo con él a sus muertos, pues así los mantendrían a salvo de la descomposición y de las alimañas, en espera de poder realizar los ritos necesarios para el tránsito al inframundo.


Aquella noche, el humo de las piras ennegreció el cielo y ocultó las estrellas. El reflejo rojizo del fuego en las columnas de humo se alzaba sobre la ciudad, mientras un olor a carne quemada se esparcía por el aire haciendo que los habitantes de la ciudad se tapasen la nariz, repugnados y asqueados de aquella costumbre que ofendía a los dioses y a los hombres, robándoles su tránsito al otro mundo y la posibilidad de retornar a la vida, pues con su cuerpo material vuelto cenizas, ya no tendrían receptáculo al cual regresar.

En su campamento en las afueras de la ciudad, Jhensu permanecía en silencio, sentado en una pequeña silla. Los generales estaban enfrascados en una de sus interminables discusiones sobre tácticas militares y algunos hasta se atrevían a cuestionar la estrategia que el príncipe había planificado. El príncipe dejaba que sus pensamientos vagasen por los pasillos secretos del palacio. A estas horas, los hombres ya deberían estar en los lugares asignados, solo esperaba una señal. De pronto allí, sobre el resplandor rojizo de las hogueras que se alzaban sobre los muros, desde una de las torres, una antorcha flameó en círculos, sostenida por una cuerda para que el diámetro de la luz fuese lo más amplia posible y poder ser inconfundiblemente vista desde el desierto.

Jhensu se levantó de un tirón, se colocó su casco de guerra, y sin decir palabra, corrió por el campamento. Los generales apenas tuvieron tiempo de seguirlo, y a toda carrera, las compañías sobrevivientes se pusieron en camino tras él, esta vez sin ruido, sino lo más silenciosamente posible se movilizaron como un ejército de hormigas, sin ruido pero con la determinación de un león.

Amparados por la oscuridad, avanzaron por las colinas que rodeaban el campamento de los invasores, y fueron directo a las murallas. Los extranjeros, confiados por la gran derrota que le habían inflingido a los atacantes rebeldes se dedicaban a cortejar a la gran cantidad de mujeres del pueblo que había venido a celebrar la victoria, trayendo manjares, abundante vino y exhibiendo sus pechos y sus cuerpos perfumados en transparentes ropas.

Embriagados de lujuria, vino y cerveza, los invasores perseguían a las esquivas mujeres que corrían de un lado a otro riendo e incitándolos.

El ejército de Jhensu entró a la fortaleza, sin encontrar resistencia, pues los infiltrados habían pasado a cuchillo a los guardas que custodiaban las enormes puertas y las tenían abiertas. Saltaron desde las columnas sobre los generales enemigos que estaban despreocupados dentro del palacio, y un frenesí de venganza y dolor se adueñó de sus sentidos. Afuera de los muros del palacio, las mujeres se volvieron contra los ebrios soldados y tomaron venganza por su propia mano.

En pocos minutos, la batalla había terminado. Por encima de los muros, lanzaron los cuerpos de los generales invasores y en lo alto del torreón de la fortaleza, colocaron el cuerpo del rey impostor, al tiempo que resonaban las trompetas del triunfo en toda la ciudad, que después encontrarían eco en todo el país a ambas orillas del río eterno.

Mari@
03-12-2006, 06:30 PM
Nieves, realmente sin palabras.....

Gracias!

Nieves
03-20-2006, 11:33 AM
El águila de los riscos abandona su nidal para acudir al llamado de su aguilucho.

Brilla el sol en el firmamento y las nubes bajas son arrastradas por la tenue brisa del atardecer.

Vuela lejos, tras las montañas y el cielo es un manto de tonos naranja. Caído en las rocas lo encuentra. Las alas rotas y el cuerpo inmóvil, con el corazón destrozado de amor, el cielo es un manto de negro color.

La noche se adueña de su alma, de su vida de su cielo. Allí espera, la lluvia cae y su cuerpo es la capa que lo cubre. El frío llega y su calor es la llama que lo calienta.

El nuevo día nace, un águila entre brumas que el viento dispersa. Un águila en los riscos.

Hesperide
03-21-2006, 05:45 AM
Rescato uno de los relatos que más me gustan de mi escritora preferida. Riqueza de lenguaje, detonación de sentimiento, hilación y contenido, espontaneidad, desbordamiento de emoción contenida, proporciones y medidas justas, de lo que es y debe ser. Panteras, fieles leones que desgarran cuerpos buscando una justicia que les es innata, estátuas construidas con el amor que sólo ella sabe dar, árboles que sienten, aguilas que disfrutan de libertad, coregentes que traicionan lo humano y lo divino, inquietudes de quien se cree sólo sin estarlo, amores correspondidos y sin corresponder, ladrones de tumbas que mueren en manos de un destino que no lucharon por corregir. Un rio, un Egipto olvidado por muchos, siempre bajo un manto a veces negro, azul, otras anaranjado. ¿Quien da más?. Yo responderé: nadie.

TQMA


"Los cúmulos nimbos se movían perezosamente sobre las cumbres nevadas y el sol comenzaba su lento derivar por la bóveda celeste.

Azgar esperaba impaciente al borde del risco. Todos sus compañeros demostraban el mismo nerviosismo con furtivas miradas delatoras al abismo que se abría a sus pies. Permanecían inmóviles, las alas extendidas, tratando de recibir la mayor cantidad posible de calor, para secar a tiempo las plumas húmedas de oscuridad. El silbido del viento oscilaba en varios decibeles de mayor o menor intensidad y fuertes ráfagas agitaban las delicadas plumas de las alas desplegadas al sol.

Azgar no tenía intenciones de esperar mucho tiempo, ya había esperado lo suficiente a que desaparecieran las espesas borrascas oscuras que el sol no podía atravesar.

Por fin, una ráfaga de viento suave y tibia se elevó por la ladera de la montaña, y envolvió al risco con un impulso ascendente que se mantuvo. Varios jóvenes se alistaron para despegar, uno detrás del otro.

Azgar, encabezando el grupo, sacudió las alas con fuerza al tiempo que corría al borde del risco, lanzándose al abismo con un grito de alegría. Lara, la joven de impresionantes ojos amarillos le siguió en la maniobra, Y tras ella, uno a uno, los jóvenes alados se lanzaron sin miedo, desapareciendo de vista, para reaparecer después ejecutando peligrosos movimientos, que demostraban su destreza en el recién adquirido arte del dominio de las alturas.

En las laderas de la montaña, más allá de las inalcanzables copas de los gigantescos árboles, los padres dejaban de limpiar sus plumajes para admirar el vuelo de sus hijos.

La enorme águila, madre de Azgar, vigilaba atentamente las revoluciones del joven y de vez en cuando, también admiraba a Lara, la joven de hermoso y brillante plumaje, ágil y delicada.

Demostrando su nerviosismo con compulsivos movimientos de su cabeza, el padre, observaba a Muria, de fuertes músculos, pesada y muy agresiva, la joven sería capaz de defender la comida de su prole a costa de lo que fuera. Era perfecta para su hijo.

En el aire, los jóvenes se entregaban a la cacería largamente demorada. Azgar escogió la blanca silueta de un animal que había visto esconderse tras unos arbustos. Abatió sus alas lo suficiente para bajar en picada y sin hacer mucho ruido. Cayó sobre el arbusto, justo encima del animal, que se defendió agitándose y mordiendo el aire. Azgar dejó que su peso descansara sobre la presa. No podía hacer otra cosa, de ninguna manera podría remontar el vuelo él solo con su pesada carga.

Ahora, según la tradición, una joven vendría en su ayuda. Esa se convertiría en su compañera y la madre de sus hijos. Alzó la vista al cielo, y pudo distinguir a las dos jóvenes, Lara y Muria, que luchaban por descender primero a su lado.

Internamente prefería a la delicada Lara, de finos y ligeros huesos, de bellísimos ojos amarillos y hermoso plumaje. Pero su padre le había dado las razones más poderosas para que su inclinación por Lara se viera disminuida a favor de Muria. La joven era fuerte, agresiva y capaz de todo, sus uñas eran largas y afiladas, nadie se atrevía a disputarle un trozo de carne por temor a recibir un profundo arañazo. Con ella tenía la seguridad de que en épocas de escasez, a sus hijos no les faltaría el alimento.

Bajo su peso, el animal se debatía cada vez menos, se tornaban débiles e inútiles sus esfuerzos por liberarse.

Lara sabía que su mayor desventaja era su ligero cuerpo. Enorme y muy fuerte, Muria la cercaba y la empujaba. La terma las mantenía girando en el aire, pero si su rival conseguía arrojarla del cono de la corriente ascendente, perdería altura sin remedio, se vería obligada a aterrizar y a regresar sola al nidal, perdiendo su derecho a tener pareja y descendencia. Sin embargo, era consciente de que tenía una ventaja compensatoria. Se movía más rápido. Las maniobras que ejecutaba limpiamente, le permitían esquivar una y otra vez las embestidas de Muria. Esta, enfurecida, se lanzó en picada suicida para obligarla a renunciar. En la maniobra de evasión que realizó Lara, aprovechó para batir sus alas con todas sus fuerzas y ocasionar una corriente que envió a Muria fuera de la terma, llevada por su propio peso.

Lara dejó que su grito de triunfo resonara en el cañón, y luego descendió hasta el lugar donde esperaba Azgar. La alegría se adueñó del corazón del joven. Lara caminó hasta él, llevando sus alas plegadas a los costados. Un beso sin abrazos selló la unión de la pareja y el futuro de sus hijos. Juntos, cargando el peso de la presa entre los dos, batieron las alas hasta elevarse y retornar al nidal entre los riscos…."

Mika
04-19-2006, 02:13 PM
Les regalo este poema... fue escrito por una persona que apreciaba mucho a mi amado, mi amigo ... Mi pana, lo escribio mi hermana y es algo muy hermoso te lo regalo Nieves pues ella me lo obsequio a mi, y me dijo que deberia colocarlo con sus hermosos ojos....


EL ANGEL PARAPENTISTA

Finalmente emprendiste tu más importante vuelo.
Remontaste al infinito, hacia los cielos,
Abriste tus alas propias
Nuevas alas relucientes,
Con sus plumas suaves y tornasoladas...
Imaginarte con ellas es maravilloso,
Soñar que podemos verte
Como el ángel parapentista que nos cuida,
Observándonos con amor desde las alturas.

Jardines de orquídeas y nubes
Arropan tus vuelos ahora,
[Vuelos llenos de alegría y gozo.
Infinito es ahora el cielo que arropa tu libertad.
Extrañarte todos los días es inevitable,
Recordaremos siempre todas tus alegrías.


A.C.S.S.

Mika
04-19-2006, 02:15 PM
Les regalo este poema... fue escrito por una persona que apreciaba mucho a mi amado, mi amigo ... Mi pana, lo escribio mi hermana y es algo muy hermoso te lo regalo Nieves pues ella me lo obsequio a mi, y me dijo que deberia colocarlo con sus hermosos ojos....


EL ANGEL PARAPENTISTA



Finalmente emprendiste tu más importante vuelo.
Remontaste al infinito, hacia los cielos,
Abriste tus alas propias
Nuevas alas relucientes,
Con sus plumas suaves y tornasoladas...
Imaginarte con ellas es maravilloso,
Soñar que podemos verte
Como el ángel parapentista que nos cuida,
Observándonos con amor desde las alturas.

Jardines de orquídeas y nubes
Arropan tus vuelos ahora,
Vuelos llenos de alegría y gozo.
Infinito es ahora el cielo que arropa tu libertad.
Extrañarte todos los días es inevitable,
Recordaremos siempre todas tus alegrías.

A.C.S.S.

flordeloto
04-19-2006, 02:43 PM
Un nudo en la garganta..agradeciendo tu testimonio y el valor que noto en ti, te mando mi mas tierno abrazo

Un abrazo, cariño

solo
05-12-2006, 07:25 AM
Realmente hermoso el Poema Mika.
saludos
solo

technoir_mx
05-12-2006, 05:06 PM
"
El faraón ordenó que les sirvieran la comida en aquel lugar, por lo que rápidamente se instalaron carpas y mesas. Al terminar de ingerir sus alimentos, ya entrado el anochecer, Ramsés se sintió muy preocupado porque el sentimiento de muerte lo invadió de pronto. Llamó a su sirviente personal y le exigió que le llevaran de inmediato al mejor de los astrónomos, él le podría decir cuanto tiempo de vida le quedaba.
De pronto llevaron a un hombre que tenía fama de buen mago pero que no tenía ningún cargo en el gobierno, de hecho nadie sabía de donde había salido, sólo por la emergencia de la solicitud del faraón se le llevó ante su presencia. Cuando el hombre llegó a la presencia del monarca, Ramsés el Grande, se comportó de una manera déspota y sin ninguna solemnidad.
- ¿Cuál es tu nombre? – pregunto Ramsés
- Eso no es lo importante, yo se muchas cosas acerca de ti y del imperio que nadie sabe y que estoy dispuesto a decirte, sé cual es el futuro de esta tierra.
Ramsés se molestó ante la intransigencia del hombre
- No voy a permitir que un charlatán venga a hablarme de ese modo, haré que te encarcelen de inmediato.
- En este lugar pasaron cosas muy extrañas hace más de cien años –el mago comenzó a decir interrumpiendo a Ramsés- tú todavía no nacías, tu padre Sethi era solamente un joven inexperto que se avergonzaba de no tener ni una sola gota de sangre real, estaba ansioso de poder y era sumamente consentido por tu abuelo quién no era más que un simple asistente de un funcionario del ejército en aquel momento.
Ramsés al escuchar eso se quedó completamente impactado de la familiaridad con la que hablaba de su padre y decidió seguir escuchándolo, aunque, le molestaba, que le recalcaran que sus ancestros no eran de clase alta, mucho menos de la realeza.
- En aquellos tiempos el imperio más grande de la tierra estaba en manos de una joven mujer que había heredado la grandiosa belleza de su madre Nefertiti, la obstinación e inocencia de su padre Akhenatón, la inteligencia de su abuela Tiy, el carisma de su tía Sitamún y la grandeza de su abuelo Amenhotep. Esta mezcla de cualidades fue su propia perdición –Ramses y Meremptah escuchaban atentos aquellas palabras aunque les repudiaba que se haya mencionado el nombre del Hereje- Esta joven emperatriz de Egipto que tan solo contaba con 24 años de edad y de la cual se había enamorado tu padre Sethi yacía tirada en el suelo, precisamente en este mismo lugar donde nos encontramos ahora, abrazando a su joven esposo, el faraón, muerto, encima de un charco de su propia sangre, la rodeaban decenas de hombres, entre ellos tu padre Sethi y tu abuelo Paramesu, los gritos de sufrimiento de la hermosa mujer se confundían con los alaridos de los presentes y el estruendo provocado por una anormal tormenta.
Era el medio día y el sol se había ocultado por nubes negras, que posteriormente se tornaron rojas, el ambiente estaba completamente oscuro aunque a veces se iluminaba el cielo por los impresionantes rayos que parecía que iban a destruir la faz de la tierra, seguidos por el estruendo de los truenos.
Los caballos que tiraban de los carros, incluidos los de la realeza con su tocado de plumas rojas y blancas se desbocaron al sentir el granizo que golpeaba en su piel y salieron despavoridos fuera de control en todas direcciones, llevándose consigo los carros que traían atados, los encargados de guiarlos no se inmutaron en detenerlos ya que sólo les importaba escapar de aquello que parecía el fin del mundo. Los demás individuos, entre sirvientes, porta-abanicos y miembros de la guardia real fueron invadidos por el terror, algunos corrían, otros se arrodillaban suplicando piedad a los dioses. El generalísimo del ejército y el visir se quedaron paralizados observando la escena sin una sola gota de remordimiento, el sufrimiento de la reina parecía ser ultramundano y no se percataba de la tormenta mientras sacudía el cuerpo muerto de su amado esposo como si tratara de hacerlo reaccionar, sus gritos eran desgarradores.
En todo el país la gente se refugiaba en sus casas de aquella tormenta que se había desatado de un momento a otro sin ninguna explicación lógica, el sol había estado brillando en lo alto instantes antes de aquel suceso sobrenatural. La población temía pensar que por fin había sido desatada la ira de los dioses en castigo a la herejía de la familia real encabezada por el hermano del faraón.
La reina permaneció tirada por varias horas abrazando aquel cuerpo inmóvil, nadie se atrevía a pedirle que se levantara del suelo, sus damas de compañía estaban cerca de ella esperando alguna indicación suya pero parecía que estaba dispuesta a pasar la vida entera en aquel lugar. Lo que más le dolía era haber perdido a aquel muchacho que más que su esposo era su amigo y el único ser en la tierra que aún compartía lazos familiares cercanos con ella, estaba sola, nadie de su familia sobrevivía, era la única portadora de la sangre real y única heredera de la dinastía amenófica-tutmosida.
Ramsés y Meremptah estaban convencidos de que aquellos sucesos no podrían ser inventados y comenzaron a creer que el hombre en verdad era un mago ya que los detalles que mencionaba alguna vez se los había comentado su padre Sethi cuando aun vivía y de pronto este hombre salido de la nada también los conocía pero con mayor detalle aún.
"

Del libro: "LOS HIJOS DE NEBMAATRA" Autor: RAUL MARROQUIN

Nieves
10-09-2006, 08:22 AM
(Un pequeño relato para recordar a los pelirrojos del Nilo)

Noche sin luna. El negro vestido de Nut, de abismal inmensidad, cubría la tierra y el río, dominando el reino de las sombras y el silencio.

La corriente discurría en forma apacible, meciendo con suavidad la ligera barca de papiro. No se escuchaba ningún ruido, los remeros dejaban que la embarcación siguiera el curso del río, sin apenas mover las largas canaletas que usaban como remos. Solo el timonel y su ayudante sostenían con firmeza la pala de proa y la de popa para mantener a la embarcación en el rumbo, esquivando pequeños escollos e islotes, en algunas zonas, y semi sumergidos bancos de arena, en otras.

Dentro de la cabina, en total oscuridad, un joven reposaba sobre una estera, profundamente dormido. A sus pies, cual perro guardián, un viejo sacerdote se mantenía alerta, una mano sobre la lanza y la otra sosteniendo un filoso cuchillo de cobre.

Sus pensamientos le llevaban lejos, a otros días, a la época en que sostuvo el pequeño e indefenso cuerpecito entre sus brazos, llegando a sentir en su corazón tanta ternura, que arriesgó su vida para salvarlo. Ahora, convertido en un espigado jovencito, dormía allí, y su vida dependía de él una vez más. Al destino incierto, como el de las nubes que a veces surcaban el cielo en búsqueda de mejores vientos, el sacerdote confiaba su suerte.

Unos leves toques en el techo de la cabina, le indicaron que se acercaban al santuario. Despertó a Kaseth, que le dirigió una mirada interrogante.

-Hemos llegado, mi señor. Pronto estarás a salvo entre los sacerdotes del templo-le dijo en un susurro.

-¿No podrías venir conmigo, Akhas?-preguntó con un ligero temblor, presintiendo la respuesta negativa.

-Debo partir de inmediato, ya lo sabes. Dos hombres te escoltarán hasta el templo. Yo volveré pronto a buscarte, ya verás.

Kaseth abrazó al anciano y con un ágil salto, dejó de la embarcación. Dos hombres lo escoltaron por el camino que se abría paso entre las rocas, subiendo una empinada cuesta. Desde lo alto, pudo observar la delicada vela de la barca que se mecía con la corriente. Los hombres lo apresuraron y al llegar a la entrada del santuario, se retiraron, bajando a todo correr en dirección a la barca que los esperaba.

En las rocas, un templo emergía del corazón de la piedra. Oscuro como las fauces de Anubis, le aguardaba. De una columna, una sombra se apersonó ante él, era un sacerdote rapado y cubierto con una túnica oscura. Los últimos seguidores de Seth, el gran señor del desierto.

-Sígueme, no temas- le dijo en un susurro apenas audible.

-Te sigo- contestó sin temor en la voz.

Dentro del recinto, las antorchas proveían de una luz que dejaba sombras fantásticas en los rincones. Una enorme estatua del extraño dios Seth se recortaba en medio del salón. Las enseñanzas de Akhas acudieron a su memoria. Ocultos y antiguos ritos envueltos en el misterio y en el secreto. Su destino en manos de aquellos desconocidos.

El joven se encogió ante la magnificencia de la imponente estatua. Reverenció respetuoso al dios, su voz desafió el silencio y viajó al tiempo en que el nombre de Seth era la luz del camino a la eternidad, adorado por reyes, nobles y el pueblo entero.

-Suti, mi señor, a tus ojos dejo mi alma descubierta y mi corazón entrego a ti, para servirte…

Un sacerdote de mayor edad se acercó a él con andar cuidadoso. Lo examinó con mirada escrutadora y le quitó el paño de lino que ocultaba sus cabellos; luego tomó uno de sus mechones y lo cortó con un cuchillo de un solo y decisivo movimiento, antes de que Kaseth se diera cuenta de lo que estaba por hacer.

Sin poderlo evitar, su mano aferró fuertemente la muñeca del sacerdote.

-Estás a salvo, jovencito, suéltame-le dijo aquel, con tranquilidad.

-Dime, ¿Por qué lo has hecho?

-Debo examinar tu cabello, enseguida volveré o no, depende de lo que yo vea.

Sin más, se alejó, dejándole allí plantado, temiendo que de las sombras, algún otro sacerdote se le viniera encima blandiendo un cuchillo en busca ya no de un mechón de pelo, sino de su pecho descubierto.

Momentos después, el sacerdote volvió y se inclinó ante él. Sin palabras le tomó de la mano y le condujo a un recinto en lo profundo del templo. Kaseth no se atrevió a preguntar nada. El inmutable anciano le indicó una estera de papiro dispuesta en un extremo del aposento. El joven se dejó caer y pronto el sueño lo dominó.

Los días pasaron en medio de una incertidumbre paralizante. Kaseth, aburrido, se entretenía tensando arcos y lanzando flechas imaginarias a blancos inexistentes. Los sacerdotes se acercaban a él cuando intentaba salir del templo y lo retenían con suaves y respetuosos ademanes. Ya sabía que no debía salir a exponerse a ser visto, pero algunas veces se entretenía en desafiar a sus guardianes.

El ataque ocurrió al mes.

Una noche muy negra, propicia para ocultar los corazones oscuros que se deslizaban con la niebla por la superficie del río.

Kaseth se encontró de pronto en medio de una lucha despiadada. Enseguida se lío en la batalla, defendiendo el templo, aunque los sacerdotes lo cubrían y trataban de evitar que se expusiese. El joven dominado por una pasión irrefrenable dentro del pecho, que le exaltaba y anulaba todo temor, desafiante, se escurría y atacaba en plena sangrienta pelea. Los cuerpos mutilados se esparcían por doquier. Sangre y lamentos.

En la ciudad del trono, el palacio se erguía en majestuosa altura sobre los edificios circundantes. Coloridas banderolas batían al viento desde las torres y en el gran salón, el rey se alzó con gesto imperioso.

-¿Has cumplido mis órdenes?- preguntó, dominando con su altura al hombre que mantenía la frente pegada al suelo.

-Si, mi señor, el ataque ha sido fulminante, no quedó ninguno con vida.

-¿Y él? ¿Estás seguro de que ha perecido?

-No se podía confundir, mi señor, su cabeza refulgía con destellos de sangre entre los muertos. Le dejamos allí, para que el desierto lo devore.

-Más te vale que me estés diciendo la verdad. Ahora, quítate de mi vista, perro del desierto.

Las arenas formaban dunas sinuosas y suaves, arrastradas por la brisa, azotando el rostro y dificultando el avance. A lo lejos, las riberas del río. Allí, los altos riscos donde estaba enclavado el santuario, como la matriz en la noche de los tiempos, dispuesta a dar a luz a dioses y a hombres en un solo acto de creación indescriptible.

Akhas observó alarmado como grandes cantidades de hijos de la diosa Nekhbet volaban en círculos sobre el templo. Los hombres que le acompañaban bajaron la cabeza con abatimiento y se arrodillaron en la candente arena. Entró solo al oscuro templo, con el presentimiento, con la seguridad, de que algo malo había ocurrido. Encendió una antorcha y el espectáculo dantesco le golpeó.

En el suelo del recinto, caído y destrozado, el dios Seth yacía de cara a las losas de piedra. Desperdigados en diferentes posiciones, los sacerdotes del dios habían sido abandonados por el ka. Recorrió aquella masacre con el único objetivo de su alma. Al fin lo encontró. Entre cuerpos desangrados, el cabello de atardecer relucía a la luz de la antorcha. Quitó los cuerpos y tocó al joven. Ardía. Dio gracias a Seth, se postró y lloró.


Akhas acudió al primer gemido de dolor. Los profundos ojos azules, los ojos de Ra, doble wadjet, lo miraban desde un rostro desencajado y demacrado. Le hizo beber la bebida caliente que sus manos sostenían con angustia, luego lo cubrió con su manto y sostuvo su cuerpo febril, hasta que los temblores pasaron.

El tiempo discurrió en temibles días y aterradoras noches.

Una mañana, las fuerzas fueron suficientes, el cuerpo resistía y el alma rebosaba del rencor que la mantuvo aferrada con sed implacable.

Kaseth dejó que la brisa del desierto golpease su rostro sin piedad. El fuerte viento del mundo de las arenas le arrancaba lágrimas que se escurrían por sus mejillas y encontraban refugio entre los cabellos de sus sienes. Los hombres no le miraban, mantenían la cabeza baja en señal de respeto. Un ejército completo con una rodilla en tierra y una mano en el pecho aguardaba en silencio.

-¡Venganza! ¡El trono será nuestro, para gloria del omnipotente e inmortal Suti del desierto!

Un grito salió de dos mil gargantas y los escuadrones se pusieron en camino.

Las tinieblas de la muerte se adueñaron de la ciudad del trono. El palacio indefenso se rindió aquella noche de sangre y furiosa venganza. Cayeron las banderolas de diversos colores y emergieron manchadas con el color del atardecer.

El nuevo Señor de las Dos Tierras se mostró en los ventanales del palacio. Desafiante el gesto, refulgían los cabellos de fuego, con el color del ocaso en ellos, exhibiendo sin temor la fuerza del desierto en su cabellera al viento.

El orgulloso Hijo de Seth.

nefert-maat
10-10-2006, 02:19 PM
Una delicia leer un cuento tuyo de nuevo Nieves....ya los echaba de menos

un besazo enorme y un abrazo apretadillo :)

Hermes
10-11-2006, 01:17 AM
Buenas. Auquí les dejo un cuento-poema que no es exclusivamente egipcio, pero está enmarcado en esa temática.

<
<
<


Un papiro
No duden de que aquel papiro existe. Menos de que fue escrito hace mucho; tal vez en los tiempos en que los dioses todavía andaban entre la gente.
Aunque lo más importante no es su fecha, ni habrá ciencia que lo examine. Interesa su contenido, y creo recordarlo bastante bien. Puede que mi memoria haya jugado un poco con los recuerdos, y así perdido algún detalle entre salto y salto; pero doy fe que no dejaría marchitar su esencia.
Los íconos rezan:


¡Salve Thot!
Ba de las primeras almas,
dueño del nombre original
con que diste palabra a los hombres.
Eterno otorgaste armonía a mis gemidos,
regalaste signos a mis manos,
y ahora yo escribo tu voluntad.

El halo de Ra no alcanza en la noche,
por eso, Señor de Plata, hiciste luz con las estrellas.

Yo vi tus lágrimas: hicieron lagos.
El hombre bebió de ellos, calmó su sed,
y aún así reyes y gentes erraron.
Generoso insuflaste sonido Amor,
palabra blanca no alcanzó,
¿acaso no merecemos el gozo de las Dos Tierras?

Saliva de Thot cura la carne, boca concede verdad,
y los tontos invocan tu magia para contar tiempo.

Tu promesa, Ibis de las orillas, noble y misteriosa:
en cada descendencia otorgarás tu luz,
y un señor dirá tu nombre, tocará las almas.(esto iría tachado)
y un ser dirá tu nombre, tocará las almas.*
Así, igual que conmigo, que tu presencia alcanza la infinidad,
iluminado rebasará fronteras, andará en Nun, Nut y Shu,
y más, andará a la par tuya, para dar al hombre dignidad.

*Escrito en otra letra, como un enmiendo, figura la frase modificada debajo de la otra. La primera: tachada, indicando la tremenda falta del escriba


No soy el primero en transcribirlo. Deseo ser el último: miles de voces claman al menos una caricia antes de volar. Si a cada era la profecía es la misma será que la inmovilidad permanece. Los dioses pueden dar luz a los hombres, pero nunca caminarán por ellos.


<
<
<

Espero les haya gustado.
Bambu, guardián de Thot

Taja
10-11-2006, 07:35 AM
Saludos a la compañia...!

Pues si que me ha gustado Hermes...mucho.

Nieves es un placer leerte de nuevo...:)

Celso Vernon
10-11-2006, 03:12 PM
Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGO UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVO LA VIDA.

Intrigado, el amigo preguntó:

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Va por ti, Nieves... ¡Gracias por estar presente!

bussaco
10-11-2006, 03:30 PM
La primera vez que amé fue siendo niño. Me divertía con mi tiempo hasta que la muerte apareció en el horizonte. Al comienzo de la juventud conocí el amor eterno, en pos del cual va el efímero enamorado. Me sumergí en el océano de la vida. El enamorado partió y los recuerdos ardieron bajo el sol del mediodía. Un guía me condujo al camino dorado, cubierto de dificultades y que desemboca en objetivos embaucadores. A veces aparece el perfecto caballero y otras se ve partir al enamorado.

Me parece que entre la muerte y yo hay un reproche, pero mi destino está en la esperanza.


NAGUIB MAHFUZ

Nieves
10-11-2006, 06:49 PM
Gracias a todos. Nefer-Maat, Taja, las veré mañana y los abrazos serán en vivo. Celso, Hermes y Bussaco, hermosos pensamientos, ya lo creo. Un abrazo, Celso.

RmP
11-30-2007, 08:42 AM
Retomo este post. No creo que esté en el foro adecuado, pero no se como se puede trasladar al oportuno:

Se cuenta...

… que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.

El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran: una cama, una mesa y un banco.

― ¿Dónde están sus muebles?― preguntó el turista.

Y el sabio, rápidamente, también preguntó: ― ¿Y dónde están los suyos...?―

― ¿Los míos?― se sorprendió el turista. Y continuó: ― ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! ―

― Yo también...―, concluyó el sabio.

La vida en la tierra es solamente temporal... Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices.

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.

Que tengáis un buen día.