Gracias por los ánimos amigos. Ha habido un momento en que pensaba que ya os había aburrido con tanto texto...

Hoy no me da tiempo a poner ningún comentario de propia cosecha, pero la semana que viene lo haré. Sólo decirte, Fimosis, que veo que tus sensaciones son similares a las mías, respecto a los argumentos de Wilkinson, que no son malos, de hecho son muy buenos ( desde luego en el libro mucho más extensos y mejor explicados de lo que yo hago en esta síntesis), pero parece que les falte algo...La semana que viene daré más extendida mi opinión.

Ahora voy a acabar de resumir lo que queda de este capítulo III del libro.

Los escasos asentamientos que se han encontrado en el Valle del Nilo indican este seminomadismo: en Hemamia tenemos chozas pequeñas y circulares junto con almacenes comunitarios y hornos. En Jattara el poblado había sido abandonado y vuelto a ocupar varias veces en cortos periodos de tiempo. Armant, Maghara y Dei-Tasa mostraban el mismo modelo. No había construcciones permanentes. Las capas de ceniza y otros materiales eran finas, y sugieren períodos cortos de ocupación seguidos de otros igualmente breves de abandono.

Wilkinson estima que se trataba de una ocupación estacional: buscaban pastos en la estación adecuada. Frente al modelo sedentario/agrícola de esa misma época en el Creciente Fértil, estos egipcios eran seminómadas. Las paletas cosméticas representan muchas escenas de caza y qué mejor que pinturas rituales para esa caza.

Por tanto, pasaban una parte del año en el Valle (hipopótamos, cocodrilos, barcos) y la otra en la sabana oriental (elefantes, jirafas, avestruces). En los petroglifos se mezclaron ambas vidas.

Los ceramistas del Valle del Nilo producían, además de una cerámica utilitaria, otra más refinada. Se han encontrado vasijas en forma de astas de toro, y otra enforma de testículos del mismo animal (4000 a.C.). Este animal ya sabemos que en época posterior sería uno de los símbolos y atributos del faraón ( el rabo con el que se le representaba como Toro Poderoso).

También en Nagada I (4000 a.C.) hay amuletos en forma de toro.

Todo ello sugiere que estaban muy familiarizados con el ganado bovino: estos animales habían ya entrado en el terreno de las creencias. En las Tumbas de Nagada I ( Nejen, Badari, Abadiya, Mahasna, el-Amra, Gebelein) hay ganado bovino enterrado junto a los humanos. En el Imperio Antiguo el censo de recursos económicos del país se llamaba “conteo de vacas”.

Por tanto, en 4000 a.C. la gente pudiente medía su riqueza por el número de reses bovinas. Era una sociedad eminentemente ganadera. Las vacas se representan en Nagada I en todo tipo de objetos: cerámica, peines, paletas cosméticas…

¿Era el pastoreo el motivo por el que esta gente repartía su vida entre el Valle y la sabana oriental? En los poblados estacionales de Nagada I se encuentran capas de excrementos animales, lo que indica que era una población ganadera y seminómada. Cuando el Nilo inundaba el Valle, estos pastores se llevaban su ganado a la zona de Uadis, donde en esa época llovía suficiente para el pastoreo ( antes del cambio climático que convertiría la zona en un desierto).

En muchos de los Uadis ( he de señalar aquí que Wilkinson los va precisando uno por uno, pero yo lo omito en esta síntesis) aparecen representadas figuras humanas sujetando vacas o toros con cuerdas. También aparecen algunas de estas figuras tocadas con plumas o mazas (símbolos de realeza); una imagen tierna muestra a uno de estos jefes sujetando una res con una mano y con la otra acariciando un pequeña figura ( su hijo, probablemente). En el Uadi Umm Salam tenemos una representación de una vaca de cuernos largos amamantando a su cría y un hombre que los vigila o cuida.

En general, se suele pensar que el pastoreo se inicio en África en torno al 7500 a.C., en la zona de la Baja Nubia ( al Norte del Sudán actual), propagándose desde allí. Así, parece lógico pensar que en 5000 a.C. el pastoreo fuera la actividad más importante del Valle ( se aprovecharía la leche y la sangre como fuente de grasa y proteínas, como hacen los nómadas actuales del desierto oriental). El pastoreo supone trashumancia. Por esto todos los objetos hallados en Nagada I son transportables: amuletos, peines, paletas cosméticas, cuentas…



Como véis, amigos, el autor se decanta claramente por establecer la hipótesis de que los habitantes de las poblaciones del Valle del Nilo en Nagada I eran las mismas personas que hicieron los petroglifos del desierto oriental. Y, por lo tanto, que eran genuinamente egipcios.

Hasta la semana que viene.