Página 2 de 8 PrimerPrimer 12345 ... ÚltimoÚltimo
Mostrando resultados del 11 al 20 de 71

Tema: Espectacular Hallazgo Arqueologico En Egipto

  1. #11
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Mensajes
    353

    Predeterminado

    Cita Originalmente Escrito por Jaime Manuschevich Ver Mensaje
    Secertu...

    Yo tengo claro que hay eventos en el pasado que afectaran nuestro futruro... especialemente lo relacionado con el cambio climático, que creo que fue muy estudiado por las civilizaciones antiguas, en especial la precesión, que es el factor determinate... Los concluisnes de Slosman tambien la lei y la analice de varios angulos. Y pienso que ssus traducciones son correcta.

    Estaré muy atento a lo que escribas..
    Como que no iba a salir Slosman. ¿Quien toca ahora, Davidovits?.

    Para Oval:
    Claro que sí, los atlantes construyeron las pirámides y el laberinto de hawara y creo que los dólmenes también. Y después hablan del afán constructor del "pocero". ¿Será atlante también?
    Oval, logicamente Jaime va a la suya, a vendernos la moto para autopromocionar su "libro".
    Ésto de los atlantes es como lo de los extraterrestres construyendo pirámides, puro esoterismo sin base alguna pero que algunos utilizan en beneficio propio para lucrarse. Hay agencias especializadas en viajes a Egipto, donde van a "captar la energía piramidal", a cambio de triplicar el precio. Después, cuando llegan los visten a todos de blanco y van a la camara funeraria de la gran pirámide y se pegan a las paredes, con sus cuerpos sudorosos, con falta total de respeto, para captar esa energía. Como verás, como el negocio es muy lucrativo pues hay gente como el ínclito Jaime que no para de colar su temita en cualquier post, aunque no tenga ni la más mínima relación con Egipto.
    Cada loco con su tema.

    Saludos,

  2. #12
    Fecha de Ingreso
    Sep 2008
    Mensajes
    11

    Predeterminado

    Esta es la historia de Osiris y su familia segun la traducciòn de
    Albert Slosman del Libro de los Muertos y otros jeroglificos.

    La Historia de Osiris

    La historia de Osiris (Orión) empieza en el año 10.000 a.C. L’An-Nu, el sumo sacerdote de Aha-Men-Ptah, reunió al consejo. Tenía noticias alarmantes, pues con “cál*culos matemáticos de las configuraciones estelares”, estaba en condiciones de calcular la fecha del fin de su mundo. Esto se basaba en los sucesos del cataclismo anterior, ocurrido el 21 de febrero de 21.312 a.C., cuando la Atlántida fue destruida en parte (la Tierra giró 72 grados en el zodíaco). Su mensaje fue sumamente doloroso y duro: “Hermanos, estamos hoy reunidos aquí para hablar de los aterradores acontecimientos que sufrirán nuestros bisnietos. Sin dudarlo, debemos organizar un éxodo de nuestro pueblo hacia otras regiones y esto representa un enorme esfuerzo durante mucho tiempo”. Pudo oírse un murmullo y luego una ola de protestas, pero el alto prelado era inexorable: “No me baso en las sagradas escrituras sino en combinaciones matemáticas que pueden ser comprendidas por cualquiera que lo elija. Todo movimiento de las estrellas y los planetas se produce en armonía, siguiendo las leyes de Dios. Lo que sabemos con seguridad es que las ‘combinaciones matemáticas celestiales’ tienen influencia sobre todos los organismos de la Tierra, por medio de las configuraciones que representan. Eso, por una parte. Segundo, los cálculos de mis predecesores y de los científicos de nuestra ‘Doble casa de la vida’ de Septa-Rerep establecen que una catástrofe de desconocidas proporciones nos aguarda. Durante la anterior, el Norte de nuestro país se convirtió en un enorme iceberg y fueron destruidas otras partes del mundo. Esta vez, nuestro país entero desaparecerá. He recalculado lo que nuestros científicos estimaron tantas veces con anterioridad, y lo único que podemos decir es que nuestro país desaparecerá por completo bajo las aguas. No quedará nada, y si no se toma ninguna medida no habrá nadie que pueda contar la historia de nuestra patria, porque pertenecerá al reino de los muertos”.

    La mayoría de los oyentes permanecían en silencio, pues estaban impresionados por lo que acababan de oír. Uno de los miembros más ancianos interpretó la conmoción general: “¡No dudo del poder de sus palabras! Es lógico que si aceptamos este gran cataclismo como algo que sucederá con certeza, aquí debemos discutir el éxodo con calma. Pero esto significa la construcción de cientos de miles de barcos, sin mencionar toda la comida que se necesita para millones de personas. Se requiere la intervención de varias generaciones de preparativos”.
    L’An-Nu volvió a hablar: “La ley celestial determina la armonía de los cielos y el movimiento matemático de la Tierra a lo largo del tiempo. Sobre la base de esto, ‘aquellos que saben de números’, podrán determinar la fecha exacta y la ley causante de la catástrofe. Se producirá el 27 de julio de 9.792 a.C., dentro de 208 años y será ine*vitable. Por lo tanto, apresúrense, honorables miembros del consejo, a tomar las medidas necesarias para que dentro de dos siglos todos puedan abandonar estas tierras e iniciar una segunda patria. Los primeros signos de lo que nos aguarda ya son visibles en el horizonte, donde el Sol está más rojizo a su salida. Aquí concluyo mi argumento, el Este tendrá color rojo, tan rojo como nuestra sangre, porque nuestro imperio pertenecerá a los muertos”.

    Esto produjo el efecto deseado. A partir de ese día, empezaron a tomar las medidas precautorias necesarias para llevar a cabo un éxodo sin fallas.
    Los años transcurrieron. En 9842 a.C. nació el primer hijo del rey Geb y la reina Nut. Era un varón y su madre le puso el nombre de la constelación que dominaba el cielo meridional, es decir, Osiris u Orión. Estaba predestinado a convertirse en el gober*nante 589° de Aha-Men-Ptah. (Posteriormente, Aha-Men-Ptah fue llamada Atlántida, por los filósofos griegos.) En 9841 a.C. nació su hermano Seth y un año más tarde, sus hermanas mellizas Isis y Nepthys. Todos amaban a las dos niñas, pero Seth se comporta*ba como un pequeño tirano. Envidiaba el éxito de sus hermanas y estaba sumamente enojado por no ser el heredero del trono. A Isis le gustaba reír y a menudo se la veía en compañía de Osiris. El rey Geb observó una estrecha relación entre los dos y decidió que se casaran. En presencia de una gran audiencia, el matrimonio fue solemnizado. Seth estuvo ausente, dado que estaba furioso cuando se enteró del casamiento. En un rapto de ira, se marchó luego de amenazar con vengarse y cometer fratricidio.

    De la unión entre Isis y Osiris nació Horus. Mientras tanto, Seth se dedicó a reunir un ejército cada vez más grande. Muchos de sus rebeldes se irritaron al tener que reali*zar las medidas coercitivas que les infligían para el cataclismo venidero, rehusándose a seguir participando de las tareas por algo en lo que ellos no creían. En esos tiempos difíciles, Osiris se convirtió en el nuevo gobernante, a los treinta y dos años de edad. Era 9805 a.C., y faltaban trece años para la fecha del cataclismo. Osiris, inmediatamente to*mó medidas para asegurarse la fidelidad de los otros estados del país. Formó un ejército que no sólo tendría que conquistar a los rebeldes, sino también proteger los puertos y los depósitos de almacenaje. Miles de botes se guardaron, luego de haberse dado cuenta de que muchos de ellos se habían ido y ahora servían como madera para hacer fuego. Una profunda reorganización tuvo lugar para que pudiera lograrse una tranquila evacuación de aquellos que permaneciesen leales.

    El resto de la tierra era un caos causado por Seth. Hubo una increíble cantidad de material a utilizarse en el éxodo que se tornó inútil, se demolió, se rompió o fue robado. Seth ejerció una dictadura criminal y provocó el terror, demostrándolo cuando envió de regreso a dos embajadores del palacio, decapitados, en sus ataúdes. Su mensaje era claro: “No voy a negociar”.
    Sólo quedaban tres años. Horus tenía 24 años cuando su tío incorporó su séptimo estado y ordenó la inmediata destrucción de 4.000 “Mandjits”. Estos barcos a prueba de hundimientos, ¡deberían asegurar la supervivencia de 30.000 personas de esa provincia! Luego de este insensato aniquilamiento hubo un impasse por unos tres años. Un par de semanas antes del cataclismo, Seth intensificó su ataque vigorosamente. En la noche del 26 de julio pudo hacerse con la capital, por sorpresa. Sin duda, todos estaban preocupa*dos por el cataclismo venidero que interfería con las medidas que debían adoptarse para la defensa.

    El resultado fue desastroso. Hubo saqueos y asesinatos; sólo el palacio real no fue tomado. Seth discutió con sus capitanes la estrategia necesaria, pero decidió no atacar porque sus tropas estaban demasiado ebrias y en este estado no iban a hallarse en condiciones de conquistar las tropas de élite, que se encontraban bajo el mando de Horus. La oposición también supo que Seth no tomó prisioneros y que ellos iban a luchar con todo su vigor por sus vidas. Entonces pensó en una treta. Envió un mensajero al palacio para ofrecer una rendición honorable, con la condición de que Osiris en persona viniera a firmarla. A pesar de las advertencias de Geb, Nut e Isis, el rey decidió ir. Dejó la defensa en manos de su hijo Horus. Lo escoltaron seis hombres y un oficial. Osiris condujo hasta el lugar del encuentro, pasando por las ruinas en llamas de su capital. Antes de que pudieran reaccionar, las lanzas penetraron los corazones y las cabezas de sus escoltas y los hombres fueron brutalmente asesinados. El rey apenas había sido herido y fue conducido a una habitación donde Seth, con sus oficiales comandantes, lo aguardaban con impaciencia. Convencido de su triunfo, Seth miró a su hermano con arrogancia, en tanto que este sólo lo observaba con profunda tristeza. Entonces, una ira irracional lo invadió. Tomó la espada de uno de sus capitanes y la clavó en el cuerpo de su hermano; ni un sonido se oyó de los labios de Osiris. Luego, le ordenó a sus capitanes que hicieran lo propio. Osiris murió sin emitir un solo sonido. Seth miró a su alrededor, notó que allí había una piel de toro y arrojó el cuerpo aún tibio sobre ella, atando las dos partes que la constituían. Después, ordenó a sus capitanes que arrojaran el “paquete” al mar. Los peces carnívoros y los cangrejos se darían un festín con él.

    continuarà.....





    ***************************
    Jeroglificos de la vida de Isis y Osiris
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  

  3. #13
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Mensajes
    353

    Predeterminado

    Cita Originalmente Escrito por Oval Ver Mensaje
    Ya veo, ya.
    Yo sienpre digo que el creer es libre y el soñar también.
    Hasta que no se demuestre lo contrario, la Atlántida seguirá perteneciendo al capítulo de Mitos y leyendas.

    Saludos!
    Exacto Oval. Reconozco que es ilusionante creer en mitos y leyendas. Cualquiera de nosotros nos hubiera gustado que los reyes magos, papa noel , el ratoncito pérez, etc fueran personajes reales. Pero no hay que confundir el querer con el creer. Y el creer con la realidad.

    Saludos,

  4. #14
    Fecha de Ingreso
    Oct 2006
    Mensajes
    89

    Predeterminado

    ay dios mio Albert Slosman

    la cantidad de cosas extrañas que dice , es mi opinión.
    "La envidia es una declaración de inferioridad "

    Napoleon Bonaparte

  5. #15
    Fecha de Ingreso
    Aug 2006
    Mensajes
    353

    Predeterminado

    Cita Originalmente Escrito por M.M Ver Mensaje
    ay dios mio Albert Slosman

    la cantidad de cosas extrañas que dice , es mi opinión.
    Es de la cuerda de Davidovitz, Bauval, etc, etc

  6. #16
    Fecha de Ingreso
    Jan 2007
    Mensajes
    1,081

    Predeterminado

    Hola a tod@s:

    Despues de lo de la traducción del mito de Osiris...solo puedo decir

    Pero veamos quien es el ilustre patrocinador de lo de Hawara...y creador de : ¿un artilugio de alta tecnología? que curiosamente está a la venta...uummm que cosas.

    http://www.louisdecordier.com/

    interesante, ¿ no os parece?...otro para la lista...
    Úlima edición por Náucratis fecha: 09-16-2008 a las 02:35 PM
    Soy una becerrita linda que está en el limbo...
    To view links or images in signatures your post count must be 50 or greater. You currently have 0 posts.

  7. #17
    Fecha de Ingreso
    Sep 2008
    Mensajes
    11

    Predeterminado Segunda Parte

    En el palacio, Nepthys, que tenía el don de la videncia, vislumbró los trágicos acontecimientos. Luego de comunicárselos a Horus, este decidió lanzar un contraataque. En muy poco tiempo reunió a dos mil hombres, les explicó lo ocurrido y les informó qué se esperaba de ellos. Con sus corazones llenos de enojo, comenzaron el ataque, matando instantáneamente a cada rebelde que encontraron a su paso. Pronto arribaron al lugar donde habían asesinado al padre de Horus. Eran espectadores de una escena apocalípti*ca: estaba lleno de cuerpos a los cuales se les había dado muerte de una manera bestial, pero Osiris no estaba allí. Horus continuó con la reconquista y pronto recibió refuerzos de los habitantes y de las otras brigadas. Justo antes del atardecer, la capital fue liberada, ¡pero completamente destruida!

    En el momento en que el Sol debía elevarse sobre el horizonte, no sucedió nada.
    Era el 27 de julio de 9.792 a.C. y ese sería el último día de la Atlántida. Apareció un ocaso irreal, sin sol ni cielo; una bruma rojiza, sofocante, de difusa claridad a causa de su espesor, fue tendiéndose como un manto parejo que no sólo absorbió todos los sonidos sino también la luz del Sol. La respiración se hizo difícil debido al profundo olor a muerte que dominaba la atmósfera. En todo el continente, la gente comprendió que lo inevitable estaba por desencadenarse. El instinto de supervivencia afligió a todos con un intenso temor del drama que estaba por venir. No hay palabras para expresar el pánico que se desató. En los anales está registrado en detalle y puede comprenderse el pandemónium descrito, al pensar en el temible panorama que la gente debía enfrentar. La mañana transcurrió sin que nadie estuviera en condiciones de precisar la hora, porque el Sol permaneció invisible detrás de la sofocante niebla, que se tornó color rojo sangre.

    Horus comprendió que este era el fin de su país. También se dio cuenta de que si la desesperanza de su pueblo era así de enorme, mucho peor iba a resultar con los rebeldes. Entonces, decidió aprovechar esta situación y asestar un golpe definitivo a las tropas de su tío. Brevemente, explicó esto a sus comandantes, quienes se entusiasmaron mucho con la idea. Les prometió a los soldados que podrían irse a tiempo con sus familias. El asfixiante silencio de la bruma estaba enloqueciendo a las tropas y, debido al olor insoportable y a este rojizo fenómeno, casi perdieron la razón. Como consecuencia, se produjo un violento encuentro con el enemigo, algo que pareció casi un sueño, pues la borrosa bruma aún impedía una clara visión.

    Entonces, la furia celestial se hizo conocer en su omnipresencia; suaves terremotos pusieron fin a la batalla. Nadie pudo ganar porque todos iban a perecer. Muchos fueron arrojados al suelo con sus cuerpos temblorosos a causa de las siniestras oscilaciones. Esto se prolongó con igual intensidad, mientras la bruma impenetrable parecía aclararse.
    En el palacio, Geb asumió el mando nuevamente. El monarca anterior no tenía otra alternativa, pues su hijo estaba muerto y Horus aún no había tomado su juramento. Basándose en las leyes reales, decidió iniciar de inmediato el éxodo general. Debieron abandonarlo todo, sin ninguna esperanza de recuperarlo. Primero se envió la orden al puerto para poder empezar con las acciones y medidas planificadas y evitar, en lo posible, el pánico. Los soldados reales estaban todos allí para facilitar la partida del pueblo que estaba a punto de huir.

    En el puerto real había miles de “Mandjits”, cuya característica principal era que no podían hundirse. Estaban rigurosamente protegidos y a bordo tenían equipos com*pletos de supervivencia, como por ejemplo, botellas de agua, tortas de cebada, cereales, etc. Se había practicado la evacuación hacía tiempo y esta había funcionado sin fallas. En un breve lapso, cientos de miles de personas se embarcaron. A su vez, comenzó la evacuación de la familia real y de los sumos sacerdotes. Todos se dirigieron a los botes que ya habían sido designados con anterioridad. Para estas personas, las medidas que se habían tomado hacía años, ahora estaban rindiendo sus frutos. El sumo sacerdote, con calma, impartió sus órdenes, las cuales fueron acatadas al pie de la letra. Un gran contingente de seguidores pusieron los tesoros a salvo; nadie tenía la menor idea del alcance de la catástrofe, aunque todos se imaginaban lo peor.

    A ciento sesenta kilómetros, los antiguos volcanes que tenían más de mil años de antigüedad se reactivaron. Con un enorme poder arrojaron rocas, tierra y polvo al aire, y la bruma volvió a tornarse espesa. Una lluvia de piedras más pequeñas y pedazos de toda índole cayeron sobre la capital y el puerto; como consecuencia de ello muchas personas fueron heridas o murieron. En medio del pánico que sobrevino, perdieron el autocon*trol y comenzaron una verdadera carrera hacia el puerto. Todos arrojaron lo que lleva*ban consigo, para poder escapar más rápido. Cualquier indicio de pensamiento humano fue reemplazado por un puro instinto animal de supervivencia. Los soldados fueron atropellados por esta estampida de personas. La turba saltó a los barcos de papiro que estaban recubiertos con resina y betún para impermeabilizarlos y hacerlos indestructi*bles. El terror causado por los horribles e inimaginables acontecimientos hizo que la gente olvidara toda noción de seguridad. En lugar de subir a bordo en un número no mayor a diez por barco, luchaban por subir en los primeros Mandjits a su alcance. Cientos de barcos se hundieron junto con sus pasajeros ni bien zarparon, o incluso antes de hacerlo. Miles de desafortunados murieron en el puerto, el cual ya no iba a subsistir por mucho tiempo más.
    Desde lejos se podía oír los volcanes otra vez, que arrojaban lava al aire.

    El resto de la aterrorizada población que permaneció en tierra, pereció en un torrente de fuego. Cientos de miles de litros de un infernal fuego líquido, hallaron su camino en los pueblos y las ciudades, destruyendo y cubriéndolo todo a su paso.
    En medio de este terrorífico curso de los acontecimientos, Nepthys e Isis buscaban el cuerpo de Osiris. Nepthys condujo a su hermana a través de la bruma de la invisibili*dad. De los soldados que los acompañaban sólo quedaron tres. Dado que la “vidente” tenía grandes dificultades para concentrarse en el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo envuelto en el cuero del toro, la búsqueda se hacía muy difícil. El pánico omnipresente y los miles de cadáveres complicaban su tarea. Al parecer, eran los únicos que aún permanecían vivos en este inmenso cementerio, donde las aves, otros animales y las personas habían muerto. ¿Valía la pena seguir buscando, si de todos modos iban a morir?

    Eso era exactamente lo que se preguntaba Seth. Luego de los primeros temblores, la parte principal de sus brigadas partió; los que se habían reído incrédulos ante el profetizado final de su mundo, se apresuraban a escapar de su desobediencia a las leyes de Dios, aunque para muchos ya era demasiado tarde. Seth se dio cuenta de que esta rebelión contra las leyes celestiales había, incluso, acelerado el proceso inevitable. Se quedó solo, estupefacto y sin comprender qué había sido de su honor y su reino perdidos.
    Horus les dio a los hombres restantes la libertad de partir en orden y decidió quedarse a la zaga y buscar a su tío, para matarlo en venganza por su padre. Ahora había dos hombres en el bosque, cuyas cabezas estaban atiborradas con los trágicos sucesos, sabiendo ambos que uno debería matar al otro con el fin de sobrevivir.

    Una vez más, la furia celestial se desató. El tumulto en el puerto ahora estaba en su punto máximo. Cientos de miles se empujaban en la densa niebla para poder abordar alguna nave. No había soldado que pudiera cumplir con su deber en esta masa de gente que se atropellaba camino a la muerte. Las primeras filas simplemente fueron echadas al agua. En ese momento, los rebeldes que aún quedaban llegaron al puerto. Con una despiadada violencia se abrieron paso hacia los botes. Todo el que se interponía en su camino era arrojado al agua o asesinado, luego de lo cual, los soldados se arremolinaron frente a los barcos. Pero a causa de su miedo, cometieron los mismos errores que aque*llos que los habían precedido, pues sobrecargaron los botes con demasiados hombres. En cuestión de segundos se hundieron y los ahogados se unían a las pilas de cuerpos flotantes. Otros se dirigieron al puerto real donde se llevaba a cabo el éxodo con toda calma, pero con gran apuro. Los rebeldes provocaron un gran derramamiento de sangre y enfilaron hacia el mar en barcos hurtados. Afortunadamente, el sumo sacerdote y su familia, junto con otras naves que también transportaban a sacerdotes, ya habían partido. Debido a la densa niebla, no les era posible ver u oír nada acerca de este criminal episodio en el último día de su reinado.

    Mientras tanto, los comandantes se acercaban unos a otros sin que se dieran cuenta. La niebla los hacía invisibles e inaudibles entre sí. Seth miró a su alrededor cuando una ráfaga de viento rasgó la niebla; entonces vio a Horus, que estaba meditando a unos veinte metros de distancia. Lleno de odio y sufrimiento, con el deseo de matar al hijo de su hermano, dio un paso adelante. Otra vez la Tierra temblaba y se expandía una temeraria sinfonía, cuya fantasmal imagen era pesada y siniestra. La lava volvía a correr, continuando su destructivo trabajo. Los árboles se quebraban como si sólo fuesen peque*ñas ramas y luego ardían en llamas. El fuego rugiente mataba todo lo que encontraba a su paso, tanto vegetal como animal. Nada podía escapar a eso. Un desagradable olor acompañaba todo ese panorama. Seth, quien en ese momento se encontraba sólo a tres pasos de su sobrino, cayó presa del miedo; un pánico irracional se apoderó de él y atacó sin pensar. Su grito se perdió en el ruido atronador del bosque envuelto en llamas, cuando su espada rozó el hombro de Horus; con otro golpe le pegó a la cara de su sobrino. Horus estrechó sus manos frente a su rostro y pronto estas comenzaron a sangrar. Seth estaba seguro de su victoria y se escapó, tratando de huir del torrente de lava que se aproximaba.




    *******************************
    Jeroglificos de la pelea entre Seth y Horus
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  

  8. #18
    Fecha de Ingreso
    Sep 2008
    Mensajes
    11

    Predeterminado Segunda Parte

    En el palacio, Nepthys, que tenía el don de la videncia, vislumbró los trágicos acontecimientos. Luego de comunicárselos a Horus, este decidió lanzar un contraataque. En muy poco tiempo reunió a dos mil hombres, les explicó lo ocurrido y les informó qué se esperaba de ellos. Con sus corazones llenos de enojo, comenzaron el ataque, matando instantáneamente a cada rebelde que encontraron a su paso. Pronto arribaron al lugar donde habían asesinado al padre de Horus. Eran espectadores de una escena apocalípti*ca: estaba lleno de cuerpos a los cuales se les había dado muerte de una manera bestial, pero Osiris no estaba allí. Horus continuó con la reconquista y pronto recibió refuerzos de los habitantes y de las otras brigadas. Justo antes del atardecer, la capital fue liberada, ¡pero completamente destruida!

    En el momento en que el Sol debía elevarse sobre el horizonte, no sucedió nada.
    Era el 27 de julio de 9.792 a.C. y ese sería el último día de la Atlántida. Apareció un ocaso irreal, sin sol ni cielo; una bruma rojiza, sofocante, de difusa claridad a causa de su espesor, fue tendiéndose como un manto parejo que no sólo absorbió todos los sonidos sino también la luz del Sol. La respiración se hizo difícil debido al profundo olor a muerte que dominaba la atmósfera. En todo el continente, la gente comprendió que lo inevitable estaba por desencadenarse. El instinto de supervivencia afligió a todos con un intenso temor del drama que estaba por venir. No hay palabras para expresar el pánico que se desató. En los anales está registrado en detalle y puede comprenderse el pandemónium descrito, al pensar en el temible panorama que la gente debía enfrentar. La mañana transcurrió sin que nadie estuviera en condiciones de precisar la hora, porque el Sol permaneció invisible detrás de la sofocante niebla, que se tornó color rojo sangre.

    Horus comprendió que este era el fin de su país. También se dio cuenta de que si la desesperanza de su pueblo era así de enorme, mucho peor iba a resultar con los rebeldes. Entonces, decidió aprovechar esta situación y asestar un golpe definitivo a las tropas de su tío. Brevemente, explicó esto a sus comandantes, quienes se entusiasmaron mucho con la idea. Les prometió a los soldados que podrían irse a tiempo con sus familias. El asfixiante silencio de la bruma estaba enloqueciendo a las tropas y, debido al olor insoportable y a este rojizo fenómeno, casi perdieron la razón. Como consecuencia, se produjo un violento encuentro con el enemigo, algo que pareció casi un sueño, pues la borrosa bruma aún impedía una clara visión.

    Entonces, la furia celestial se hizo conocer en su omnipresencia; suaves terremotos pusieron fin a la batalla. Nadie pudo ganar porque todos iban a perecer. Muchos fueron arrojados al suelo con sus cuerpos temblorosos a causa de las siniestras oscilaciones. Esto se prolongó con igual intensidad, mientras la bruma impenetrable parecía aclararse.
    En el palacio, Geb asumió el mando nuevamente. El monarca anterior no tenía otra alternativa, pues su hijo estaba muerto y Horus aún no había tomado su juramento. Basándose en las leyes reales, decidió iniciar de inmediato el éxodo general. Debieron abandonarlo todo, sin ninguna esperanza de recuperarlo. Primero se envió la orden al puerto para poder empezar con las acciones y medidas planificadas y evitar, en lo posible, el pánico. Los soldados reales estaban todos allí para facilitar la partida del pueblo que estaba a punto de huir.

    En el puerto real había miles de “Mandjits”, cuya característica principal era que no podían hundirse. Estaban rigurosamente protegidos y a bordo tenían equipos com*pletos de supervivencia, como por ejemplo, botellas de agua, tortas de cebada, cereales, etc. Se había practicado la evacuación hacía tiempo y esta había funcionado sin fallas. En un breve lapso, cientos de miles de personas se embarcaron. A su vez, comenzó la evacuación de la familia real y de los sumos sacerdotes. Todos se dirigieron a los botes que ya habían sido designados con anterioridad. Para estas personas, las medidas que se habían tomado hacía años, ahora estaban rindiendo sus frutos. El sumo sacerdote, con calma, impartió sus órdenes, las cuales fueron acatadas al pie de la letra. Un gran contingente de seguidores pusieron los tesoros a salvo; nadie tenía la menor idea del alcance de la catástrofe, aunque todos se imaginaban lo peor.

    A ciento sesenta kilómetros, los antiguos volcanes que tenían más de mil años de antigüedad se reactivaron. Con un enorme poder arrojaron rocas, tierra y polvo al aire, y la bruma volvió a tornarse espesa. Una lluvia de piedras más pequeñas y pedazos de toda índole cayeron sobre la capital y el puerto; como consecuencia de ello muchas personas fueron heridas o murieron. En medio del pánico que sobrevino, perdieron el autocon*trol y comenzaron una verdadera carrera hacia el puerto. Todos arrojaron lo que lleva*ban consigo, para poder escapar más rápido. Cualquier indicio de pensamiento humano fue reemplazado por un puro instinto animal de supervivencia. Los soldados fueron atropellados por esta estampida de personas. La turba saltó a los barcos de papiro que estaban recubiertos con resina y betún para impermeabilizarlos y hacerlos indestructi*bles. El terror causado por los horribles e inimaginables acontecimientos hizo que la gente olvidara toda noción de seguridad. En lugar de subir a bordo en un número no mayor a diez por barco, luchaban por subir en los primeros Mandjits a su alcance. Cientos de barcos se hundieron junto con sus pasajeros ni bien zarparon, o incluso antes de hacerlo. Miles de desafortunados murieron en el puerto, el cual ya no iba a subsistir por mucho tiempo más.
    Desde lejos se podía oír los volcanes otra vez, que arrojaban lava al aire.

    El resto de la aterrorizada población que permaneció en tierra, pereció en un torrente de fuego. Cientos de miles de litros de un infernal fuego líquido, hallaron su camino en los pueblos y las ciudades, destruyendo y cubriéndolo todo a su paso.
    En medio de este terrorífico curso de los acontecimientos, Nepthys e Isis buscaban el cuerpo de Osiris. Nepthys condujo a su hermana a través de la bruma de la invisibili*dad. De los soldados que los acompañaban sólo quedaron tres. Dado que la “vidente” tenía grandes dificultades para concentrarse en el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo envuelto en el cuero del toro, la búsqueda se hacía muy difícil. El pánico omnipresente y los miles de cadáveres complicaban su tarea. Al parecer, eran los únicos que aún permanecían vivos en este inmenso cementerio, donde las aves, otros animales y las personas habían muerto. ¿Valía la pena seguir buscando, si de todos modos iban a morir?

    Eso era exactamente lo que se preguntaba Seth. Luego de los primeros temblores, la parte principal de sus brigadas partió; los que se habían reído incrédulos ante el profetizado final de su mundo, se apresuraban a escapar de su desobediencia a las leyes de Dios, aunque para muchos ya era demasiado tarde. Seth se dio cuenta de que esta rebelión contra las leyes celestiales había, incluso, acelerado el proceso inevitable. Se quedó solo, estupefacto y sin comprender qué había sido de su honor y su reino perdidos.
    Horus les dio a los hombres restantes la libertad de partir en orden y decidió quedarse a la zaga y buscar a su tío, para matarlo en venganza por su padre. Ahora había dos hombres en el bosque, cuyas cabezas estaban atiborradas con los trágicos sucesos, sabiendo ambos que uno debería matar al otro con el fin de sobrevivir.

    Una vez más, la furia celestial se desató. El tumulto en el puerto ahora estaba en su punto máximo. Cientos de miles se empujaban en la densa niebla para poder abordar alguna nave. No había soldado que pudiera cumplir con su deber en esta masa de gente que se atropellaba camino a la muerte. Las primeras filas simplemente fueron echadas al agua. En ese momento, los rebeldes que aún quedaban llegaron al puerto. Con una despiadada violencia se abrieron paso hacia los botes. Todo el que se interponía en su camino era arrojado al agua o asesinado, luego de lo cual, los soldados se arremolinaron frente a los barcos. Pero a causa de su miedo, cometieron los mismos errores que aque*llos que los habían precedido, pues sobrecargaron los botes con demasiados hombres. En cuestión de segundos se hundieron y los ahogados se unían a las pilas de cuerpos flotantes. Otros se dirigieron al puerto real donde se llevaba a cabo el éxodo con toda calma, pero con gran apuro. Los rebeldes provocaron un gran derramamiento de sangre y enfilaron hacia el mar en barcos hurtados. Afortunadamente, el sumo sacerdote y su familia, junto con otras naves que también transportaban a sacerdotes, ya habían partido. Debido a la densa niebla, no les era posible ver u oír nada acerca de este criminal episodio en el último día de su reinado.

    Mientras tanto, los comandantes se acercaban unos a otros sin que se dieran cuenta. La niebla los hacía invisibles e inaudibles entre sí. Seth miró a su alrededor cuando una ráfaga de viento rasgó la niebla; entonces vio a Horus, que estaba meditando a unos veinte metros de distancia. Lleno de odio y sufrimiento, con el deseo de matar al hijo de su hermano, dio un paso adelante. Otra vez la Tierra temblaba y se expandía una temeraria sinfonía, cuya fantasmal imagen era pesada y siniestra. La lava volvía a correr, continuando su destructivo trabajo. Los árboles se quebraban como si sólo fuesen peque*ñas ramas y luego ardían en llamas. El fuego rugiente mataba todo lo que encontraba a su paso, tanto vegetal como animal. Nada podía escapar a eso. Un desagradable olor acompañaba todo ese panorama. Seth, quien en ese momento se encontraba sólo a tres pasos de su sobrino, cayó presa del miedo; un pánico irracional se apoderó de él y atacó sin pensar. Su grito se perdió en el ruido atronador del bosque envuelto en llamas, cuando su espada rozó el hombro de Horus; con otro golpe le pegó a la cara de su sobrino. Horus estrechó sus manos frente a su rostro y pronto estas comenzaron a sangrar. Seth estaba seguro de su victoria y se escapó, tratando de huir del torrente de lava que se aproximaba.


    continuarà....




    *******************************
    Jeroglificos de la pelea entre Seth y Horus
    Úlima edición por sercetu fecha: 09-16-2008 a las 02:41 PM

  9. #19
    Fecha de Ingreso
    Jan 2007
    Mensajes
    1,081

    Predeterminado

    Cita Originalmente Escrito por Náucratis Ver Mensaje
    Hola a tod@s:

    Despues de lo de la traducción del mito de Osiris...solo puedo decir

    Pero veamos quien es el ilustre patrocinador de lo de Hawara...y creador de : ¿un artilugio de alta tecnología? que curiosamente está a la venta...uummm que cosas.

    http://www.louisdecordier.com/

    interesante, ¿ no os parece?...otro para la lista...

    Pensé que se había borrado...lo siento...
    Soy una becerrita linda que está en el limbo...
    To view links or images in signatures your post count must be 50 or greater. You currently have 0 posts.

  10. #20
    Fecha de Ingreso
    Jun 2006
    Localización
    Santiago de Chile
    Mensajes
    1,290

    Predeterminado Pájaros Dodos

    Me apena que antes que se pongan de manifiestos los datos, los "defensores de la fe" comenzaron su ataque con artillería pesada, desacreditando, no los dichos de alguien, sino a la persona...

    Es francamente detestable que hayan personas que se dediquen a desprestigiar y molestar a quienes nos interesa investigar de verdad, con la mente abierta, como sabiamente recomienda Descarte...

    Yo pregunto ¿quien es Náucratis? ¿Cual es su aporte a este debate? ¿Qué tan experta es en Egiptología como para repartir opiniones a troche y moche de todo lo que le pongan por delante?

    Como me gusta investigar, revisé su historia en este sitio y el resultado es este: No hay un solo dato de este personaje.... nada de nada... ingreso hace algo más de un año y medio (enero 2007), ha creado 7 temas, que son unas crónicas inconclusas de un supuesto viaje a Egipto, y dijo supuesto, porque no hay nombre de un hotel en que alojo, ni fotos en algún paseo o algún nombre de alguna compañía o guía o algo… no hay nada, por lo cual su escritos inconclusos podrían ser perfectamente relatos de algún conocido... o hasta pueden ser textos sacado de Internet...

    En cuanto los temas en ha que participado, no hay una sola idea propia. Todo lo que he visto escrito de ella son nimiedades o es para desprestigiar las ideas de otros. Revise lo que ha escrito en este sitio y el resultado es 0 aporte un tema... nada ... nada de nada...

    Su primera participación registrada en este foro fue el 11 de enero del 2007 diciendo “con pilotes”... ¡¡¡gran aporte!!!... el segundo fue mas brillante aún: “hola yo tambien soy una fanatico de egipto...” (es textual ) fechado el 13 de marzo 2007...

    El tercero es genial, un verdadero dechado de sabiduría egiptológica: “Pues yo tengo el de Asteric en Egipto, la peli tamnien y es super guay.”

    El cuarto es “Ay...otra alma candida que se ha enamorado de uno de ojos negros...pero chica que una cosa es echar una canita al aire y otra echarse novio y peor casarse. si ya es malo con uno de aki imaginate con uno de alli. ”, con claros signos xenofóbicos…

    En el quinto ya entra en Egipto “Bueno a mi me gustaria poner algo. Y es una pregunta sobre la diferiencia que hay entre Hator y Sejmet.”

    El siguiente comentario es otra maravilla que muestra su generosidad y profundidad espiritual:

    “Me parece que con esa mentaldad mejor irse a otro destino que no te agobie tanto de antemano...¿qué tal las Seychelles?...playita y tumbonas en playas maravillosas, y nada de mal de barriga, ni "miles de niños" habidos de tu limosmilla boligrafera...manda carajos ...”

    El que sigue es otra maravilla de la erudición. Frente la duda que plantea Neferet5 anbte el disco trilobulado de Sakkara ella contesta con suma profundidad lo siguiente “Igual era la hélice de la lancha con la que el faraón hacía eski por las verdes aguas del Nilo...juaaasss este foro cada día es mas divertido. ”

    Otro: “Desde luego vaya panda de guiris, menuda representación. Sobre todo la parte de las meadas...impagable.

    "9.30 Meamos tras unos matorrales que no ocultaban nada. Después de enseñar nuestros chetes a todos los autobuses que abandonan el recinto vamos al punto de encuentro señalado por Alí .
    No está."

    Por cierto supongo que el hecho de estar por aquí dejando vuestra joya de viaje se debe a que han hackeado el foro del "fortasec"...y eso que que el propietario es un experto informático...menuda pandilla... ”

    Y de repente, este personaje se transforma en una enjuiciadora y juez de la egiptología....

    Por favor, seamos serios… y dejemos es seguir a pájaros Dodos... y analicemos el tema de fondo planteado ...
    Jaime Manuschevich

Reglas de Mensajes

  • You may not post new threads
  • You may not post replies
  • You may not post attachments
  • You may not edit your posts
  •