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Tema: Ta Nut Ra Ptah, el sueño perdido

  1. #11
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    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (7)

    En el exiguo espacio de mi cuarto de baño, sentado sobre la minúscula pileta, acabé de verter agua sobre mi cabeza. Mientras dejaba el jarro en el suelo vino a mi memoria la imagen de El que Vierte las Aguas. El cornezuelo no me mostró imágenes nítidas sobre este personaje, al contrario que sobre el Cangrejo. Pero yo sentía temor por esta figura, pues instintiva, aunque irracionalmente, se me antojaba una formidable advertencia. Y no sabía si esta premonición estaba relacionada con el pasado o con el futuro.

    Alejando estos pensamientos, sequé mi cuerpo y me vestí con una ligera túnica de lino que ceñí a la cintura, coloqué en mis hombros el collar de cobre correspondiente a mi condición que pronto sería sustituído por otro y ungí mi cráneo con bálsamo. Después de aplicar kohol sobre mis párpados fui a ver a mi madre y me incliné ante ella. Me despedí de mi padre que hizo una ácida observación sobre el collar que acababa de ponerme, ya que yo nunca lo había utilizado hasta entonces, salvo en festividades religiosas y durante mis ordenaciones anteriores, pero me excusé diciéndole que lo portaba en honor a mi maestro a quien iba a visitar. Esta es la verdad.

    Me siento inquieto ante las reverencias provocadas por mis emblemas oficiales entre mis vecinos, incluso entre sacerdotes de más edad pero menor graduación. Me molesta ser blanco de las miradas y, por ello, eludo las vestimentas oficiales, pero en esta ocasión resultaban obligadas, lo cual me fue muy útil a la hora de atravesar el concurrido mercado con sus mil olores y sonidos distintos, pues los viandantes me abrían paso y algunos inclinaban sus cabezas con respeto.

    La casa de mi maestro Hati sólo presentaba una larga pared blanca en la que destacaba una sola y única puerta de madera, junto a la que existía una pequeña hornacina. Me abrió la puerta un sirviente que me acompañó a través de dos patios ajardinados con sendos estanques. El final del segundo patio, una bellísima clepsidra en parte transparente, servía también como surtidor. Era un lugar bellísimo en el que se conjugaban armoniosamente trinos de pájaros y el rumor del agua. Mi maestro, que estaba sentado en el porche de su casa junto a un velador, tuvo la deferencia de levantarse a mi llegada, pero yo bajé mis brazos y no hablé hasta ser interpelado.

    -Siéntate, Matti. -me habló en tono cortés mientras me entregaba un pañuelo de lino- Agradezco tu visita.

    -Soy yo el que te agradece la invitación, maestro. -correspondí inclinando levemente la cabeza.

    Otros sirvientes llegaron para veter agua en nuestras manos, las cuales secaron con paños y nos ofrecieron otros. A continuación nos sirvieron hidromiel y frutas, y se retirando después de haberse inclinado. Hati se dirigió a mi diciéndome:

    -Te he hecho venir porque, ante la inminencia de tu última ordenación y la consecución de tres especialidades, debo decirte algo al respecto. No obstante, mis palabras dependen de las tuyas, porque ahora eres mi igual y, en breve, poseerás libre albedrío. Mis palabras serán en función de tu libre decisión, de lo que tengas determinado para tu fututo inmediato. Así debo preguntarte cuales son tus intenciones. Dime: ¿Piensar ejercer libremente por tu cuenta o continuar al servicio del Templo como sacerdote de grado superior?

    Mi respuesta fue rápida. Demasiado rápida, pero no pude evitarla, salió por sí sola causando una momentánea parálisis en la expresión de mi maestro.

    -Ni lo uno, ni lo otro.

  2. #12
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    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (8)

    -¿Es tu intención combinar ambas cosas? -inquirió Hati- Porque no creo que puedas permanecer inactivo.

    -No, maestro, -respondí- deseo seguir aprendiendo. Si ello es posible.

    Hati me miró fijamente sin decir palabra. Su mirada cobró tal intensidad que bajé los ojos, como tantas veces delante de él, musitando:

    -Como alumno.

    Pero no permanecí demasiado tiempo mirando al suelo. La voz de Hati hizo levantar mi mirada hacia él.

    -No insistas en llamarme maestro. Sabemos que las especialidades se adquieren en la práctica pero perteneciendo al Templo, no puedes continuar aquí sino como docente. No existen más estudios en la Casa de la Vida. Sólo hay un lugar en todo Egipto en el que un sacerdote de clase superior...

    Hati se interrumpió y volvió a mirarme a los ojos, pero esta vez sostuve su mirada hasta que continuó.

    - ...puede seguir estudiando. Estás pensando en los Maestros del Número y la Medida. Sí, recuerdo que te hablé de ello y tú también me has hablado. Era mi decisión enviarte allí. Por este motivo retrasé tu ordenación, porque deseba formarte al ritmo necesario y para ello necesitaba tiempo, porque quise que no sólo fueras un buen médico, además, un buen geómetra y matemático que dominase un conocimiento amplio, incluídas nuestras escrituras, historia y calendarios. Confieso que tus palabras de justo resentimiento me han hecho reflexionar y, por ello, tu inmediata ordenación, que significa tu completa libertad, va acompañada de tres especialidades, lo que no es frecuente y me ha costado algún enfrentamiento con mis iguales que no las aprueban a causa de tu juventud. Siendo libre, como eres, te he hecho venir para conocer si aceptarías ir al lugar de la Dama del Cielo.

    -Mis palabras fueron alocadas, -respondí- e ignorantes. Te debo mis estudios y casi todo lo que sé, por ello iría a donde me dijeses. Pero mi deseo coincide con el tuyo y me alegro por ello.

    -Tú lo has dicho, Matti. Es mi deseo y me alegro igualmente que sea el tuyo. Pero no es tan fácil.

    Hati mandó traer una jarra de vino y ordenó retirar el hidromiel. Sirvió generosamente mi vaso e hizo lo mismo con el suyo. Tras beber un largo trago, apoyó su espalda y dijo:

    -Irás a Ta Nut Ra Ptah, pero no puedo garantizarte que te quedes allí el tiempo suficiente. Llevarás las credenciales y los documentos y emblemas oficiales de la Casa de la Vida, devengarás dietas, escolta y todo lo concerniente a tu nueva dignidad junto a mi recomendación personal para mi amigo Anhor, sumo sacerdote de la Casa de la Dama del Cielo, pero la decisión dependerá de él.

    Hati se acomodó aún más en su asiento de cuero y volvió a beber antes de seguir hablando como si lo hiciese para sí mismo.

    -Nadie entró nunca fácilmente. La severidad es extrema en Tentitris. Todos son sometidos, aún sin ser conscientes de ello, a pruebas que deben ser superadas. Hoy día, resulta aún más difícil, estamos bajo dominación griega y nos negamos a entregarles nuestro saber, pues es todo lo que nos queda. Ese saber es sólo para los merecedores, independientemente de que sean vencedores o no. Antes venían los griegos con humildad, algunos regresaban con más conocimento del que podían asimilar, otros con absolutamente nada, dependiento de su actitud y aptitud, Ahora intentan exigir que les entregemos incluso nuestra alma. Tienen nuestras riquezas y nuestro suelo, pero no nos arrancarán nuestra esencia que debe perdurar para generaciones remotas...

    Hati volvió a interrumpirse y, mirándome, advirtió la atención con que le escuchaba. Batió las palmas de sus manos y acudió un sirviente que se inclinó ante nosotros.

  3. #13
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    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (9)

    Una vez que el sirviente se hubo marchado, Hati volvió a tomar la palabra diciéndome:

    -Tu buena formación no será suficiente en Ta Nut, para que te acepten deberás mostrarles ese algo más que exigen a todos los iniciados. Confío en tu excelente nivel médico, el dominio de la imposición de manos y en esa extraña capacidad que tienes desde pequeño hacia las visiones y que aún no dominas ni acabas de comprender. Esto me recuerda que dejamos inconcluso un tema. El León y el Escarabajo.

    Hati tomó un papiro enrollado y poniéndolo ante sí en el velador, me preguntó seriamente:

    -¿Has vuelto a ingerir cornezuelo?

    -No. -respondí.

    -¿Has utilizado el poder de Nut para conseguir visiones?

    -No. -volví a responder.

    -Hazlo ahora.

    Sin acabar de comprender lo que Hati me pedía, mi expresión se volvió interrogante mientras quedaba con los ojos fijos en los de mi maestro.

    -Ahora, Matti.

    Y, advirtiendo mi duda, añadió:

    -¿Por qué no ahora? -su expresión ya no era grave- ¿Qué es una imposición de manos sino la fuerza pura de Nut? Haces imposiciones a diario, inopinadamente porque nunca sabes a la hora que vendrá la enfermedad. Te basta sentir compasión ante la persona enferma y ya estás preparado para utilizar esa sutil pero tremenda fuerza. Sabes que es la fuerza de dios en el hombre, en ese hombre que ayuda al hombre. Sabes que es necesario amar, ser puro, para canalizarla y lo haces por amor a un desconocido cuya enfermedad te mueve a la piedad, lo haces casi a diario por los demás, ahora hazlo por ti. ¿O es que mi presencia te supone impedimento?

    Las palabras de mi maestro me influían poderosamente, logrando llevarme a un estado de semitrance. Era ese estado al que él me había ayudado a llegar tantas veces. El estado desde el que llegas a saber si debes utilizar las manos o el sílex con el enfermo. Era la fuerza de Nut que nos mantiene vivos a todos y que puede ser actualizada a través del canal adecuado, nuestro propio cuerpo. Recordé el calor que me producía en las manos cuando sanaba por imposición sin intervenciones agresivas y el íntimo placer que ello me producía, pues esa fuerza beneficia tanto al sanador como al paciente, actuando en ambos. Para ello la armonía debe ser perfecta y la concentración total. El amor debe fluir, sin amor a la persona que sufre esa fuerza no actuará. En esto es millones de veces veces superior al cornezuelo, que es inútil. Esa fuerza la conocen algunos ignorantes que la utilizan con provecho y es ignorada por muchos sacerdotes instruídos.

    Apartando estos pensamientos, me di cuenta que Hati no estaba utilizando su formidable capacidad mental de influencia, esperaba que yo utilizase la mía propia y le oí decir:

    -Ámate, Matti, actualiza esa fuerza en ti. Hazlo sin miedo porque tu intención es perfecta.

    Acto seguido, desenrrolló el papiro y sujetándolo con ambas manos lo extendió ante mí mostrándomelo al tiempo que decía:

    -Hazlo ahora.

  4. #14
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    Predeterminado

    bueno,soñador,me alegra mucho tu regreso con la continuación del relato.
    es tan...gráfico que parece que cada escena se desarollase delante de mis propios ojos.me gusta mucho el estilo.
    muchas felicidades y continúa,por favor.

    un saludo

  5. #15
    Avatar de nefertari7
    nefertari7 no está en línea ...Por La Que El Sol Brilla.
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    Dec 2004
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    Predeterminado Narrador De SueÑos

    Buenas noches amigos!

    Gracias Soñador por deleitarnos con tan hermoso cuento, leo atentamente sin interrumpirte pero ya no podia más y tengo que darte la enhorabuena,es fantastico!!
    Espero con ansias la continuacion de tu relato.......... llevanos soñando a ese pais maravilloso, continua!!!!!

    Saludos
    La historia es un hilo que enlaza sombras a traves de un laberinto...

  6. #16
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    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (10)

    No supe si veía el papiro que Hati me enseñaba o si la visión me la estaba proporcionando mi mente. Dejé de ver la habitación en la que estábamos, tampoco veía a Hati, no veía nada excepto la imagen que estaba ante mis ojos. Pero supe al instante que la fuerza de Nut me poseía de un modo como nunca antes la había sentido.

    Noté vibrar todo mi cuerpo al mismo tiempo que experimentaba un cosquilleo en la frente. El papiro desapareció ante mis ojos. Sabía que estaba en trance, pero de tal intensidad que, por momentos, perdía consciencia de ello y creía estar inmerso en una vivencia. Vi como el cielo se oscurecía y como la tierra temblaba. El sol detuvo su tiempo y todo fueron tinieblas, sólo rotas por los incendios de la gran ciudad. Las olas barrieron la costa ahogando a los que no pudieron escapar. Al fin, el mar lo engulló todo y todo desapareció.

    El sol, que detuvo su tiempo en León, después de un eterno día y medio volvió a salir por el mismo lugar que se puso. Sus rayos hicieron brillar la única ala que el empapado escarabajo pudo desplegar después de haber escapado, a duras penas, del inmenso desastre. En ese momento mi visión se hizo difusa, y recuperé mi estado normal, esta vez con absoluta normalidad. Hati me sorprendió entregándome un estuche de palma mientras decía:

    -No hables. No necesito oírlo, sé lo que has visto. No podré verte después de tu ordenación, pues parto para Siwa ese mismo día. Así, me he permitido redactar tus credenciales, ya que no quise que otro lo hicera por mí, para puedas marchar al Lugar de la Dama del Cielo en el momento que desees

  7. #17
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    Jun 2004
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    Predeterminado

    Gracias, nerfertari7 y bidaia, me alegro que os guste, intentaré colgar algún episodio de vez en cuando. Si veis que tardo mucho, seguid vosotros si os parece. Un abrazo.

  8. #18
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    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (11)

    El viaje al lugar de la Dama del Cielo tuve que hacerlo en su totalidad por tierra siguiendo la orilla del Nilo pues la crecida, adelantada, imposibilitaba la navegación a contracorriente. Esto me dio la oportunidad de confraternizar con los sacerdotes de los templos en los que pasaba la noche, y preferí soportar sus puyas y bromas debido a mi escasa edad antes que colgar sobre mis hombros el collar de cobre que Hati me regaló. Ocultar mi grado evitaba la rigidez en el trato que hubiese impedido una relación informal y la posibilidad de conocer el día a día de la tierra que pisaba.

    Por mi condición de sacerdote de primer grado y la naturaleza de mi traslado, me asistía el derecho a residir en las dependencias del templo si así lo deseaba. Dudaba donde fijar mi residencia cuando llegase a Tentitris, si en el templo o fuera de él, pero nunca me asaltaron dudas sobre mi futura estancia en aquel lugar. Por alguna incomprensible razón, sabía que ese iba a ser mi sitio. A pesar de las advertencias de Hati yo tenía confianza en mi y en los conocimientos que había adquirido junto a él y en la Casa de la Vida. También confiaba en mis especialidades, imposición de manos, generalista y trepanación, aunque siempre he juzgado esta última como perfectamente inútil, pues sólo se obtienen resultados en un caso de cada cien o aún menos, en tanto que en la imposición de manos había comprobado que, en mi caso, surtía efecto en siete casos de cada diez, si bien no es siempre aplicable, bien por el tipo de dolencia, bien por las particulares condiciones que deben regir en la relación médico-paciente.

    Tuve ocasión durante mi viaje de quedar impresionado en el gran templo de Amón en Tebas, donde se efectuaban sacrificios de modo contínuo, tanto en el interior como en el exterior a la vista de miles y miles de peregrinos que no cesaban de acudir a aquel lugar, donde el olor a sangre y a carne quemada llega a resultar desagradable y provocar náuseas. El mismo barullo podía observarse en los atracaderos que, por las especiales condiciones de la época, aparecían atestados de barcas a la espera de poder remontar el río. Pero no tuve tiempo de poder pararme como pretendía, pues mi destino estaba próximo y la fecha de mi llegada estaba fijada de antemano.

    En muy poco tiempo acabé el final de mi primer viaje, pues nunca antes había salido de Heliópolis. Divisé desde lejos el aspecto que ofrecía el templo de la Diosa Madre. Los oblicuos rayos del sol de la tarde, reflejados en el embarcadero, incidían en los policromados muros haciéndolos brillar como una joya. Varios caminos convergían en una amplia plaza entre el embarcadero y el templo, que estaba flanqueado por una doble Casa de la Vida y, al otro lado, un estanque sagrado de abluciones. Otro templo más pequeño parecía proteger su parte posterior. Frente a la plaza, dos pequeños pilonos marcaban el inicio de la muralla de adobe, pintada y con las aristas perfectamente rectas.

    Era un lugar verde y apacible, sólo con una pequeña población cercana y un embarcadero muy extenso, que transmitía calma, pues no se observaba allí ningún ajetreo agobiante. Si tuve dudas antes de llegar sobre dónde fijaría mi residencia, éstas se me disiparon casi al instante, pues en las dependencias exteriores busqué al sacerdote que debía recibirme, el cual en aquel momento increpaba con dureza a un subordinado y, cuando éste se inclinó poniendo una rodilla en tierra pidiendo excusas, el superior le despidió dándole un fuerte golpe con el pie. Cuando volvió su mirada hacia mi, como he dicho, mis dudas se habían disipado. No pernoctaría allí.

    Me disgustó que fuese esta la primera impresión de saqué de aquel lugar sagrado, donde me dirigía con todo respeto interior debido a lo que representaba, pero tampoco me sorprendió en exceso, pues sé que la naturaleza humana, voluble y contradictoria, es la misma en todos los lugares. Sin embargo, viendo aún en el rostro de aquel sacerdote mucha ira reflejada y no queriendo ser blanco de ella, decidí colgar de mi cuello el collar de cobre que me distinguía como superior, y me dirigí a él.

  9. #19
    Fecha de Ingreso
    Jun 2004
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    Predeterminado Ta Nut Ra Ptah (12)

    El respeto que instintivamente siento hacia las personas que me doblan la edad, no lo experimenté en ese momento con aquel sacerdote, por lo que, consciente de mi grado superior, puse en mi pregunta y en su tono toda la altanería y distancia que pude:

    -¿Cuál es tu nombre, sacerdote?

    A la vista de mi collar de cobre, bajó su cabeza y sus brazos al tiempo que me respondía.

    -Amós, noble señor ¿eres el enviado de Hati?

    -Yo soy, -asentí- mi nombre es Matti, de Heliópolis, y si ese es tu nombre, eres el que debe recibirme.

    -Así es, noble sacerdote, tengo que...

    -Pero he sido yo -le interrumpí- el que se ha molestado en buscarte, cuando eras tú el que debía estar esperando para recibirme con presteza y auxiliarme en lo que me resultase necesario. En lugar de esto, he perdido mi tiempo, me has hecho sufrir tu incompetencia y te encuentro golpeando a un subordinado. ¿Cual ha sido el motivo de tu actitud?

    Aquel hombre cambió varias veces la expresión de rostro demostrando confusión. Me resultó evidente su penoso estado, al que contribuían algunos sacerdotes que aminoraban su paso cerca de nosotros, e incluso lo detenían, intentando captar nuestra conversación. Amós, medio inclinado ante mí y pasando los ojos alternativamente del suelo a mi cara, acertó a murmurar:

    -Son unos inútiles, acaban con mi paciencia estorbando mi trabajo.

    -Entonces, son como tú, -respondí- ¿debo por tanto castigarte en público del mismo modo que tú has hecho?

    En este punto, viendo el lamentable rostro de Amós y que la ira no se había marchado de sus ojos que le traicionaban, dudé de la posible eficacia de mi reprimenda, pero no de que aquel energúmeno la mereciera. En todo caso, decidí acabar con la situación diciendo ante el incómodo silencio de Amós:

    -Puesto que te he encontrado y no deseo perder mi tiempo, dime ahora si tienes capacidad para hacerte cargo de mis credenciales y si te han entregado algún mensaje o instrucciones para mí.

    Amos bajó nuevamente su cabeza respondiendo:

    -Anhor, sumo sacerdote, Maestro del Número y de la Dos Casas de la Vida, te está esperando. Tengo orden de llevarte hasta él, apenas llegases. Sígueme, noble sacerdote.

    Mi expresión no varió en absoluto, pero quedé momentáneamente en suspenso ante las palabras de Amós. Anhor, sumo sacerdote y maestro de la Casa de la Dama del Cielo, una leyenda viva al que incluso mi maestro Hati siempre se refería con veneración y cuya fama por su conocimiento e increíbles curaciones se extendía más allá del país, me estaba esperando. A mí, que soy nadie.

    Sin alterar lo más mínimo el gesto, dije a Amós:

    -En tal caso, apresúrate a llevarme ante él, ya hemos perdido bastante tiempo.

  10. #20
    Fecha de Ingreso
    Apr 2004
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    Granollers (Barcelona)
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    Predeterminado Me gusta...

    Hola Soñador!!

    Qué bueno verte aparecer de nuevo por aqui (aunque no sea la más indicada para decirlo ). Sabes que, por mi parte, resulta siempre muy agradable continuar leyendo tu relato.


    Un abrazo

    Iseth

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