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Tema: La voz de Egipto. Homenaje a Naguib Mahfuz

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  1. #1
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    Red face La voz de Egipto. Homenaje a Naguib Mahfuz

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  2. #2
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    Naguib Mahfuz murió el miércoles 30 de agosto de 2006 a los 94 años. El cuerpo del gran cronista egipcio llegó a su última morada al día siguiente en un cortejo fúnebre escoltado por quinientos militares.

    El cadáver del hombre que retrató el espíritu del pueblo egipcio en sus novelas salió de su casa en el barrio cairota de Aguza para dirigirse a la popular mezquita de Al Husein. Su última voluntad de Mahfuz había sido que, tras su muerte, se rezara en este templo por cuyo entorno solía pasear. Sin embargo, el cortejo fúnebre llegó a la mezquita antes de lo previsto y, tras una breve ceremonia, la abandonó rumbo a la mezquita de las fuerzas armadas Al Rushdan, en Medinat Nasr, lo que impidió a los ciudadanos dar un último adiós al escritor. Tras la oración del mediodía, a las 13:00 horas (10:00 GMT), el féretro salió de la mezquita a hombros de cuatro militares que lo colocaron en un carro tirado por seis caballos negros para dirigirse al cementerio. La ceremonia de despedida fue dirigida por el jeque de Al Azhar, quien recordó que Mahfuz había servido a su país con armas propias: "con sus novelas".

    El féretro iba acompañado por el presidente del país, Hosni Mubarak, y las principales autoridades políticas, religiosas y militares del país, y custodiado por quinientos militares de todos los cuerpos del Ejército, que presentaron armas en su honor.

    La ceremonia le rindió un último homenaje, aunque faltó allí el protagonista de sus mejores novelas: el pueblo cairota, que gracias al despliegue de los “honores de Estado”, tuvo poca o ninguna oportunidad de acercarse a despedir al más grande de sus escritores.

    Por él las calles de El Cairo se vistieron de luto. Los medios de comunicación de todo el mundo repitieron su nombre, en una encomiosa letanía que no tardó en culminar. Su biógrafo, Raymond Stock, declaró que Mahfuz "es el último de los pioneros. El último egipcio que hizo coincidir a Oriente y Occidente". El escritor egipcio Yusef al Quaid lamentó la muerte de Mahfuz quien, dijo, "vino al mundo únicamente para escribir. Tenía una capacidad increíble para crear, y creó toda su vida". "En mi generación todos tenemos en la sangre a Naguib Mahfuz. Es nuestro gran padre", había comentado el escritor Gamal al-Ghitani, uno de sus amigos más antiguos. “La voz de la conciencia”, “el padre del realismo social árabe”, “el padre de la prosa árabe”, “el número uno entre los novelistas árabes”, le llamaron también.

    Pero él ya sólo pertenece a la memoria. A la de su pueblo, a la de quienes descubrieron el lado fascinante de su cultura a través sus escritos, a los que compartieron con él la lucha y se hicieron eco de sus reclamos por la paz y la tolerancia; a quienes compartieron noches enteras a la luz de la luna en las terrazas de los cafés cairotas que tanto amaba, hurgando en los misterios de la vida.

    Por todos ellos y por cada uno de sus libros, la muerte no podrá borrarlo jamás de las calles cairotas.
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  3. #3
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    Mahfuz era un coloso de la literatura, a la que dedicó toda su larga vida, uno de los grandes narradores, en el mejor sentido de contador de historias, del siglo pasado. Aunque fue sin duda el gran retratista de la vida cairota y a pesar de que sólo salió tres veces en su vida de Egipto, su obra tiene vocación de universalidad por su capacidad para captar la esencia de lo que mueve a los individuos. Así lo vio la Academia sueca cuando le otorgó el Nobel de literatura como creador de «un arte narrativo árabe con validez universal». Repartió la dotación metálica del premio en partes iguales entre su esposa, hijas y el pueblo palestino.

    Con él el mundo árabe perdió también a una de sus voces más lúcidas y certeras. Defensor de la libertad de expresión, los valores universales, la tolerancia y la convivencia entre las culturas musulmana y cristiana, Mahfuz fue un escritor comprometido. Fue uno de los raros intelectuales egipcios y árabes que aprobaron los acuerdos de paz entre Egipto e Israel en 1979, aunque se declaró totalmente solidario con los palestinos. Debido a sus posiciones sobre Israel, fue incluido en las listas negras de varios países árabes. En 2001 apoyó a un dramaturgo egipcio excluido de la Unión de Escritores porque él también era favorable a la normalización de las relaciones con Israel.

    Apenas salió de Egipto, incluso su hija fue la encargada de recoger el premio Nobel. Su inspiración la buscó en libros y en las calles de El Cairo. La callejuela del barrio de al-Gamaliyya, donde nació, omnipresente en su obra, no es sólo una metáfora de El Cairo, de todo Egipto, sino de la comunidad humana en su totalidad, con sus pasiones, sus vicios y sus virtudes. Como escribió Nadine Gordimer, tenía «una cualidad que ha llegado a ser un curioso anacronismo en la existencia moderna: sabiduría». Su influencia ha sido tanta que los egipcios utilizan el nombre de Abd el-Gawwad, el patriarca de la trilogía, para designar a un hombre de doble vida y a un tirano que esclaviza a su esposa.


    En 1988 la Academia Sueca decidió entregarle el premio Nobel al considerar que su "trabajo rico y complejo nos invita a reconsiderar las cosas esenciales de la vida. Nos presenta temas como la naturaleza del tiempo y el amor, sociedad y normas, conocimiento y fe, de una manera provocadora, evocativa y clarificadora".

    Como hemos dicho, Mahfuz no asistió a la ceremonia en Estocolmo, pero envió un mensaje que se leyó en árabe e inglés, en el que en primer lugar se declaró "hijo de dos civilizaciones (...) La primera, de 7000 años de antigüedad, es la civilización de los faraones; la segunda, de 1400 años de antigüedad, es la civilización islámica".

    Después hizo una crítica severa a la apatía con la que los países desarrollados miran la situación en África, Asia y Medio Oriente e hizo un llamado a los dirigentes del primer mundo a actuar contra la esclavitud y el hambre en África, la muerte y tortura de los palestinos, a salvar la herencia espiritual de los israelíes y a aquellas naciones endeudadas a causa de las rígidas leyes de la economía mundial.
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    Úlima edición por Txukiya fecha: 10-18-2006 a las 01:32 AM
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  4. #4
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    A finales de los 80, el jeque islamista radical egipcio Omar Andel Arman, actualmente en prisión en Estados Unidos por participar en el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York en 1993, emitió una condena de muerte en su contra acusándolo de “hereje” por una de sus novelas más famosas, Los hijos de nuestro barrio. Sentencia que estuvo al punto de ser ejecutada el 14 de octubre de 1994. Aquel viernes, como siempre, salió de su casa a media tarde camino de alguno de los bulliciosos cafés de El Cairo en los que se reunía con amigos para compartir unas horas de tertulia hasta bien entrada la noche cuando un integrista lo apuñaló en el cuello. En la agresión resultó afectado el nervio que transmitía la coordinación del movimiento a su brazo derecho. Con gran esfuerzo, aprendió a escribir con la mano izquierda en una letra irregular que parecía la letra de un niño, muy alejada del trazo firme y claro de antes. El agresor declararía ante la policía que ni siquiera había leído la novela 'Hijos de nuestro barrio', prohibida en Egipto desde su publicación en 1959, y obra por la cual el autor había sido declarado enemigo del Islam. Mahfuz, en cambio, declararía que los auténticos enemigos de Egipto y del Islam siempre han sido la pobreza, la ignorancia, las enfermedades y las dictaduras: «La democracia es la única solución. Tenemos que abrirnos. Cuantas más ventanas se abran, más logrará imponerse la voluntad del pueblo». Su moderación política y religiosa hacían de él uno de los pocos portavoces relevantes de la auténtica causa árabe: el derecho a un futuro de libertades y dignidad.

    La agresión le dejó daños en la visión y la audición, así como la parálisis permanente del brazo derecho, lo que le imposibilitó seguir escribiendo por sí mismo-. Los achaques y las amenazas de los fundamentalistas le mantuvieron desde entonces prácticamente recluido en su hogar, con salidas esporádicas y controladas por la policía. Dos años antes de este atentado contra Mahfuz, los integristas asesinaron al escritor egipcio Farag Foda, férreo opositor al integrismo islámico.

    En sus últimos años, a pesar de estar ciego y prácticamente sordo, Mahfuz concedía abundantes entrevistas en las que hablaba sin temor a criticar lo que no le gustaba y siguió colaborando semanalmente en la prensa casi hasta el final con breves artículos que dictaba : «Si la urgencia de escribir me abandonase algún día, me gustaría que ese fuese mi último día».

    Los achaques de salud terminarían por conducirlo el 19 de julio de 2006 hacia el Hospital de la Policía de Al Aguza, en El Cairo, donde expelió su último aliento 44 días más tarde, cobijado por el calor de su esposa y sus dos hijas. Murió de un paro cardiaco. La salud del escritor egipcio se agravó después de sufrir a mediados de julio una caída, al tropezar con una alfombra en su apartamento de la ribera oeste de El Cairo, que le provocó una herida en la cabeza en la que recibió cinco puntos de sutura. Desde el pasado 14 de agosto se encontraba en la unidad de cuidados intensivos del hospital. El 23 de agosto fue intervenido quirúrgicamente durante dos horas y media debido a una úlcera de colon que comenzó a sangrar. Su salud empeoró los últimos días recientes por complicaciones renales y pulmonares; el martes 30 sufrió un primer paro cardiaco y fue reanimado. La causa de sus problemas de salud era en último término la debilidad propia de su edad, tan avanzada. Indicaron que estaba muy débil para poder ser tratado en el exterior, algo que tampoco le hubiera gustado al autor, al que nunca le agradó viajar. Finalmente, el miércoles 31 de agosto sufrió un infarto que acabó con su vida.

    Ahora su voz apagada yace a orillas de una larga carretera, en un cementerio a 30 kilómetros del Cairo. Pero su silencio no es el vacío postrero que dejan los que callan en vida, sino el legado justiciero que hablará por él, que invocará lo que dijo, que denunciará como tantas veces él lo hizo, cada vez que alguien pronuncie su nombre, cada vez que alguien lea sus libros.
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    Úlima edición por Txukiya fecha: 10-20-2006 a las 01:46 PM
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  5. #5
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    Naguib Mahfuz nació en la capital egipcia el 11 de diciembre de 1911 en el barrio Al-Gamalyya. Hijo de un funcionario de bajo rango, fue el menor de ocho hermanos. Recibió una formación tradicional en una escuela del Corán, y adquirió un profundo conocimiento de la literatura medieval y arábiga mientras estudiaba el bachillerato. Una vez en la Universidad Rey Faruk I (hoy Universidad de El Cairo), donde estudió Filosofía, comenzó a escribir artículos para revistas especializadas, como "Al Mayal", "Al Yadid" y "Ar Risala". Con el fin de perfeccionar su inglés, en 1932 tradujo al árabe la obra de James Baikie "El antiguo Egipto". Terminados sus estudios, empezó a escribir ficción y publicó bastantes relatos en los años siguientes.

    En 1938 publicó su colección "Susurro de locura". Entre 1939 y 1954, mientras trabajaba en el Ministerio de Asuntos Religiosos, publicó tres volúmenes de una proyectada serie de 40 novelas históricas ambientadas en el periodo faraónico. Con posterioridad abandonó este proyecto y se dedicó a escribir sobre temas sociales, al tiempo que elaboró varios guiones para el cine. A esta etapa pertenece, por ejemplo, "Principio y fin", que contó con la participación de un joven Omar Sharif.

    Publicó cerca de 50 novelas, obras de teatro, cuentos cortos, cientos de trabajos periodísticos (hasta poco antes de su muerte publicó en el periódico “Al Ahram” columnas sobre temas políticos, literarios y sociales, que un amigo copiaba en papel cuando Mahfuz le dictaba) y una treintena de guiones cinematográficos.

    En 1956, cuatro años después del fin de la monarquía en Egipto, publicó su obra emblemática La trilogía de El Cairo, integrada por las novelas Entre los palacios, El palacio del deseo y La azucarera, que narra la historia de una familia de clase humilde durante los años 1917 y 1944 en Egipto. Fue publicada por el régimen, por entregas en un periódico semioficial como Trilogía del Cairo y luego apareció en 1967 como libro, pero editada en Beirut. La trilogía fue crucial en la decisión de la Academia Sueca de otorgarle en 1988 el Premio Nobel de Literatura, lo que marcó su entrada triunfal en la literatura mundial haciéndolo acreedor al título de "padre de la prosa árabe".
    En 1959 se publica por entregas Hijos de nuestro barrio, novela que aborda el tema de la fe y las falsas enseñanzas. Esta obra, que le valió el reconocimiento mundial, está prohibida en Egipto desde la publicación de varios fragmentos por entregas en un diario del país y tildada de blasfema por “representar de forma alegórica a algunos de los profetasya que la obra es una parábola en la cual aparecen personajes basados en Adán, Moisés, Jesús y Mahoma. Describe una época de grandes cambios sociales y políticos que se dieron en su país después del derrocamiento de la monarquía en 1952. Esta novela fue la causa del atentado que sufrió en 1994 y que lo obligó a vivir vigilado para prevenir cualquier nuevo ataque.

    La crítica literaria divide el trabajo de Mahfuz en varias etapas, la primera termina en 1944 y se caracteriza por novelas de tinte histórico ambientadas en el Egipto de los faraones; la segunda comienza en 1945, cuando el novelista trata temas contemporáneos -en 1947 publicó El callejón de los milagros- y termina en 1957, fecha en la que finaliza la Trilogía de El Cairo. El ladrón y los perros inaugura una tercera fase, mientras que la cuarta, a la que se clasifica como "del absurdo", va de 1968 a 1972. La quinta fase concluye en 1992. En 2002 publicó Naguib Mahfuz en la estación de Sidi Gaber, una recopilación de textos dictados por él entre 1994 y 2000.

    Mahfuz era el primer cultivador de la novela moderna en Egipto, considerado uno de los escritores árabes más innovadores. A lo largo de su carrera experimentó con la técnica narrativa y en especial, con el monólogo interior y la literatura del absurdo. Su obra orbitaba en torno al hombre y su impotencia para luchar contra el destino y las convenciones sociales.

    Desde sus primeras obras, ambientadas en la época faraónica, hasta sus celebradas obras sobre El Cairo contemporáneo de barrios pobres y superpoblados , Mahfuz fue asumiendo a lo largo de su trayectoria el estilo que más se adecuaba en cada momento a su propósito: «El cambio es natural. Sartre dijo que el estilo es el hombre, pero el hombre encadena un período de su vida con otro, se transforma, por lo que el estilo no puede permanecer inmóvil». Aún así El Cairo, la ciudad de Mahfuz, solía ser tan protagonista de sus novelas como los personajes más importantes.
    La fuente de sus historias fue siempre la vida del ciudadano medio del centro histórico de El Cairo. Pero además de su vena de cronista, Mahfuz fue adquiriendo cada vez mayor importancia como defensor de la convivencia pacífica entre las religiones.
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  6. #6
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