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Tema: La voz de Egipto. Homenaje a Naguib Mahfuz

  1. #21
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    Predeterminado El antiguo Egipto en la obra literaria de un Nobel

    Naguib Mahfuz Abd el-Aziz recientemente fallecido. El laureado escritor egipcio cumpliría 95 años este 2006, y su extensa y prolífica obra ha sido ponderada por muchos especialistas de diversos ramos, pero no todos han subrayado el valor e importancia de sus primeras novelas, todas ellas ambientadas en los tiempos de los faraones.

    El 11 de diciembre de 1911 nació, en una modesta vivienda de la calle Darb el-Qirmiz, en el populoso distrito de el-Gamaliyya del Viejo Cairo. Naguib era el menor de siete hermanos, un número al que siempre se ha adosado un tinte mágico en las tradiciones de la tierra del Nilo.

    Naguib, como otros niños musulmanes, comenzó su formación en la escuela coránica (kuttab) dirigida por el sheij el-Buhayri. Según ha confesado él mismo, poco es lo que recuerda de aquellos días tempranos de su niñez, fuera de la impresión que le provocó la revolución de 1919 contra los ingleses. Tenía siete años cuando recé una oración por la revolución. Una mañana me dirigía a la escuela primaria, acompañado por la criada. Andaba como si me llevaran a la cárcel. Llevaba en la mano un cuaderno, en los ojos una mirada de desánimo y en el corazón un ansia de anarquía. El aire frío me picaba en las piernas, descubiertas por debajo de los pantalones cortos. Encontramos la escuela cerrada, y al bedel diciendo en voz alta: “Debido a las manifestaciones, hoy tampoco habrá clase”. Una ola de alegría me invadió, trasladándome a las playas de la felicidad. Desde lo más profundo de mi corazón le pedí a Allah que la revolución durara por siempre. (De Ecos de Egipto. Pasajes de una vida, 19)

    Su fábula

    La ópera impresa de Mahfuz empieza con una novela llamada “Abaz al-Adqar” o “Ironía del destino” (traducida como “Destinos absurdos”); en español, su nombre ha sido transformado en “La Maldición de Ra. Keops y la Gran Pirámide”, intentando avisar al probable lector acerca de su argumento.

    Este recurso no era ninguna novedad para los tiempos en que el libro salió de la imprenta; por el contrario, estaba en consonancia con un género entonces muy en boga y al que la crítica considera inscrito en la “tendencia realista” que emplearon ciertos autores egipcios en los años 20 y 30 del siglo XX. La primera novela que recurría al antiguo Egipto como marco de argumentación fue escrita en 1933 por Tawfik el-Hakim, bajo el nombre de “Awdat er-Rush”, “El retorno del espíritu”, que fue traducido como “El despertar de un pueblo”. Tanto el título como las frases que introducen sus dos partes están inspirados en el “Libro de los Muertos”, referidas al mito de Osiris, su desmembramiento por Set, y su reunión y renacimiento por Isis y Neftys. En verdad, el mensaje a los lectores era muy claro: Osiris era Egipto e Isis y su hermana el espíritu nacionalista que expulsaría al malévolo Set, quien representaba a los ignominiosos extranjeros, y restauraría el honor egipcio. El relato gira en torno a una familia media hacia el final de la Primera Guerra Mundial, pero en ningún momento se mencionan las circunstancias políticas ni la puja por la liberación que se estaba desenvolviendo paralelamente. Es más, la revolución de 1919 sólo está referida hacia el final del relato, pero despojada de toda connotación.

    Escenario

    Sin embargo, Naguib Mahfuz fue el primer escritor egipcio que usó de lleno el recurso del “escenario faraónico” para hacer críticas o dar apoyo a la situación socio-política imperante en su país en aquellos difíciles días. Un año antes de la apación de su novela, había traducido al árabe el libro de James Baikie, Ancient Egypt, “Misr al-Qadimah”, lo que le permitió familiarizarse con la larga historia faraónica, siendo el resultado de su paso por la universidad, en la cual se había fundado la Facultad de Egiptología hacia los años 20, y a la que había concurrido llevado por un genuino interés por el pasado de su tierra.
    Yo seguía asiduamente los cursos de la Facultad de Arqueología, y estudiaba todo lo relacionado con el período faraónico: la vida cotidiana, los métodos guerreros, la religión (…)” (Citado por Gamal el-Gitani, op.cit., 82)

    Esa determinación de dedicarle su vida a la creación de una literatura egipcia faraónica no se vio cumplida en la realidad, pero cristalizó en casi cuarenta títulos destinados a novelar el pasado de su país, siempre con la perspectiva del encubrimiento, bajo la máscara de la antigüedad, de las realidades nacionales y de los temas que más le atraían de su sociedad. En este sentido, Ramón Sánchez Lizarralde ha comentado: “Mahfuz busca en el pasado un espejo en que puedan mirarse sus contemporáneos, naturalmente, un espejo deformante, no con las pretensión de ser fiel a la realidad de hace milenios, sino de buscar en aquella historia conflictos, virtudes y lacras que ayuden a interpretar el presente” (De su prólogo a “La batalla de Tebas”).

    Las disquisiciones sobre la vida, la muerte y el Más Allá pueden resultar naturales en boca de los antiguos egipcios, pero, en el autor reflejan los sentimientos profundos de una sociedad contemporánea herida, “asesinada”, en lo más profundo de su “ser nacional” por el oprobio soportado bajo el gobierno extranjerizante.


    http://www.nuevodiarioweb.com.ar/ver...uplemento=3062
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  2. #22
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    Predeterminado

    Gracias chicas: Pels, Gladys, Raquel...

    En la misma página del artículo anterior, se encuentra algo realmente interesante. Se trata de bilbliografía sobre Mahfuz, no de Mahfuz. Espero que os guste:

    Barakat, H. Arabic Novels and Social Transfrmation en R. C. Ostle (ed.), Studies in Modern Arabic Literature, pp. 126-38. Londres, 1975.

    Beard, M.-A. Haydar (eds.), Naguib Mahfuz. From Regional Fame to Global Recognition. Nueva York, 1993.

    Elbendary, A. Naguib Mahfuz. A Life in Writing en Al-Ahram Weekly On-line n° 564. El Cairo, 2001.

    Elena, A. Naguib Mahfuz y el desarrollo del cine egipcio; on-line en http://www.cervantesvirtual.com.

    El-Enani, R. The Novelist as Political Eye-Witness: A View of Najib Mahfuz’s Evaluation of the Nasser and Sadat Eras en Journal of Arabic Literature n° 21 (1990), 72-86.

    El-Gitani, G. Nayib Mahfuz yatadhakkar [Naguib Mahfuz recuerda]. Beirut, 1980.

    El-Sakkout, H. The Egyptian Novel and Its Main Trends, 1914-1952. Cambridge, 1965.

    El-Qa’id, Y. Defining the Times. Naguib Mahfuz Talks to Novelist Youssef el-Qa’id en Al-Ahram Weekly On-line n° 564. El Cairo, 2001.

    Enani, M. M. (ed.), Naguib Mahfuz Nobel 1988. Egyptian Perspectives: A Collection of Critical Essays. El Cairo, 1989
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  3. #23
    nefert-maat Guest

    Predeterminado

    El hecho de ser el menor de siete hermanos -cuatro chicas y cuatro chicos- con nueve años de diferencia respecto al siguiente le convirtió en el niño mimado de la familia, especialmente de su madre , a la que siempre se sintió muy unido, sobre todo después de que sus hermanos se fueran casando y su padre falleció. Sin embargo , se lamenta de que pasaba mucho tiempo solo.
    Para él sus hermanos eran casi como padres y nunca jugó con ellos ni les contó sus secretos. De ahí que buscara amigos entre los chicos del barrio.

    Como en todos los viejos barrios de El Cairo tambien en Gamaliyya se produjó el éxodo de sus habitantes hacía otras zonas más modernas. Su familia se trasladoa Abbasiyya, a una casa con jardín , en un barrio por el que circulaban muchos coches lo cual era signo de progreso.

    Al principio se sentía muy contento con el cambio, pero pronto empezo a echar de menos a su viejo barrio y ni la belleza del nuevo lugar ni sus nuevos amigos consiguieron hacer que lo olvidara.
    En lugar de integrarse a la vida de Abbasiyya convencía a sus amigos para que fueran con él al barrio en el que había nacido.
    No pasaba ni una semana sin que lo visitaran.
    Tambien le gustaba hacer excursiones por el Nilo, en barco de vela...
    Recuerda que todos sus amigos sabían nadar menos él. Y un día estando solo en el barco mientras sus amigos nadaban a la luz de la luna ,le sorprendió un tremendo bombardeo: Era la época de la Segunda guerra Mundial.



    Conocer como era, sus gustos, aficiones...nos ayudan a ver la realidad que tenía y que le marcó para siempre e hizo de él ese escritor que nos gusta....

    Copiado de la introducción del libro "Espejos "
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  4. #24
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    Predeterminado

    Seguimos leyendo este interesante tema.....

  5. #25
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    Predeterminado Homenaje a Naquib Mahfuz

    Hola a tod@s....
    El otro día pasaba por El Corte Inglés en la sección de libros y de repente me encuentro con una mesa llena de libros...con un cartel que ponía "Homenaje a Naquib Mahfuz"
    Me acordé mucho de vosotros....

  6. #26
    nefert-maat Guest

    Predeterminado

    En la adolescencia empezó a leer novelas policiacas traducidas al árabe. Tambien le gustaban las peliculas de aventuras sintiendose fascinado por el heroísmo de algunos de sus personajes. Al mismo tiempo, leía las novelas sentimentales ylas adaptaciones occidentales de Mustafa Lutfi al-Manfaluti, así como las traducciones al árabe de las novelas históricas occidentales.

    Tambien se interesó por otros aspectos artísticos como la arquitectura, la escultura, la fotografía y la música: asistió a clases de música en el Instituto Arabe de Música y aprendió a tocar el Qanún(instrumento musical parecido a la cítara)

    Como la mayor parte de los árabes, amaba la música yse sentía fascinado por la voz del cantante egipcio Salih Abdul Hach. También idolatraba a Umm Kulzum, la famosa cantante , cuyo nombre puso despues a una de sus hijas.

    Consideraba además que el estudio de la música era esencial para el conocimiento de la estética y la filosofía de la belleza pero al cabo de un año abandonó esta actividad para concentrarse en lecturas sobre ciencia y literatura...

    Como vemos era un joven inquieto de gustos muy diversos y artisticos...

    Sigo copiando de la introducción de Espejos.....editorial Cátedra....viene mucho de su vida y de su obra.....

    un besazo

  7. #27
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    Nefert-Maat, estupendo, ya lo sabes



    En febrero de 2003 Naguib Mahfuz tuvo que ser hospitalizado. Tenía entonces 92 años y, sin haberse recuperado nunca de las puñaladas que le habían dado en 1994 unos terroristas islamistas, el único escritor árabe galardonado con el premio Nobel de Literatura no lograba vencer una fuerte gripe. Aún así, enviaba mensajes al diario cairota Al Ahram. En uno se mostraba “muy preocupado” por la guerra que Bush preparaba contra Irak. “Mi posición”, decía, “es muy clara: me opongo a Sadam y me opongo también a esta guerra. La guerra generará una cantidad enorme de destrucción, no sólo en Iraq, sino en todo el mundo árabe. Esto es algo que no necesitamos”. En otro de los mensajes transmitidos a Al Ahram, se preguntaba si el presidente del Gobierno español que jaleaba la posición belicista de Bush era el mismo que le había visitado no hacía mucho en su casa de El Cairo y le había dicho que España siempre sería amiga del mundo árabe. La respuesta era afirmativa: se trataba del mismo personaje, José María Aznar.

    Mahfuz ha sido durante décadas un gigante literario y moral en el mundo árabe. Como escritor, Mahfuz era el gran retratista de la vida cairota del siglo XX, el maestro indiscutible del realismo egipcio y el mejor escritor en una de las lenguas más hermosas y más habladas del planeta. Como personalidad pública, era un baluarte contra los extremismos políticos —y en particular los supuestamente basados en creencias religiosas, sean éstas musulmanas, judías o cristianas— y un firme partidario de la coexistencia en Tierra Santa de dos Estados: el israelí y el palestino. También era un filósofo epicúreo. “Cuando veo mi vida en su conjunto, me pongo contento”, declaró en agosto de 1993 a Le Figaro. “El sentido de la vida”, añadió, “no es independiente de la vida misma. Vivir quiere decir comer, beber, dormir, amar, trabajar, pensar. Tal es el sentido de la vida”.

    En noviembre de 1994, en el hospital cairota adonde le había llevado el atentado sufrido el mes anterior, Mahfuz citó el viejo proverbio árabe: “Los perros ladran, la caravana sigue su camino”. Desde entonces han pasado muchas más cosas horribles, incluídos los atentados terroristas del 11-S y el 11-M en Estados Unidos y España, la calamitosa invasión norteamericana de Iraq y la reactivación de los conflictos en Palestina y Líbano. Y no obstante, Mahfuz —casi ciego, con el oído muy duro, la lengua balbuciente y la mano derecha paralizada desde el atentado— siguió sosteniendo hasta el final que la caravana de un creciente diálogo universal de culturas, que consideraba el aspecto más interesante de la globalización, seguiría caminando. También continuó escribiendo; mejor dicho, dictando pequeñas historias o reflexiones. “Si las ganas de escribir me abandonan un día, deseo que ése sea el de mi muerte”, declaró en 1988.

    Lo malo es que los perros no sólo ladran, sino que también muerden. Así que Mahfuz pasó su último período viviendo en El Cairo con protección policial. Sobre la cabeza de un escritor comparado con Flaubert, Tolstói o Balzac seguía pesando la fatua que lo condenaba a muerte por presentar de modo supuestamente irreverente a Moisés, Jesucristo y Mahoma en su novela Hijos de nuestro barrio. Ese delirante decreto religioso —similar al que Jomeini dictó contra Salman Rushdie— fue emitido a finales de los años ochenta por el jeque islamista egipcio Omar Abdel Rahman, actualmente en prisión en Estados Unidos por su participación en el primer atentado contra las Torres Gemelas, el de 1993. Fue esa fatua la que intentaron aplicar en octubre de 1994 los integristas que acuchillaron a Mahfuz en el cuello cuando salía de su casa.

    Así que El Cairo de este comienzo del siglo XXI ya no ofrecía la oportunidad de departir con Mahfuz en el café Alí Baba, donde durante décadas el escritor ojeaba por la mañana la prensa local antes de acercarse a Al-Ahram, a entregar su columna. La figura del escriba enjuto y elegante, de gruesas lentes y pulcra sahariana había desaparecido del paisaje público cairota. El atentado le había convertido en un hombre enfermo y recluido en su casa, aunque siempre lúcido. “Doy gracias a Dios de ser ciego, para no ver la muerte de los niños palestinos”, declaró en octubre de 2000 a Randa Achnawi, en una entrevista para El País. “Nunca pensé que Israel pudiera obrar así”, añadió. “Siempre he tenido un alto concepto de ellos, siempre los he juzgado como un pueblo muy civilizado, incapaz de actuar de forma irracional”.

    Moderado políticamente, también lo era en materia religiosa. Para él, la religión, cualquier religión, era “amor a la gente y a la viday “una relación íntima entre la persona y Dios”, y por eso le preocupaban por igual los llamamientos de Bush a la cruzada y los de Osama Bin Laden a la yihad. “Si el mundo hace caso de lo que dice esa gente vamos a la perdición”, decía.

    Nacido en 1911 en el viejo El Cairo fatimita, hijo de un funcionario y funcionario él mismo durante buena parte de su vida, casado y con dos hijas, Mahfuz, con novelas como El callejón de los milagros, la Trilogía de El Cairo, Hijos de nuestro barrio, Jan Aljili, El ladrón y los perros y Miramar, entre otras, abordó repetidamente el tema de la lucha de los seres humanos por mantener la memoria, la dignidad y el amor frente al destino y las convenciones sociales. Su lenguaje siempre fue sencillo, comprensible y hermoso, y sus descripciones de El Cairo, equiparables a las que realizaran Dickens de Londres y Zola de París.

    En la lengua del Corán, perfecta para la poesía y la oratoria, no existía una obra novelística tan larga, sólida y fecunda hasta que llegó él. Y precisamente por eso recibió en 1988 el premio Nobel de Literatura. Fue el primer árabe —y hasta ahora el único— en conseguirlo.

    Mahfuz creía en la utilidad de las palabras. En octubre de 2001 declaró a Babelia: “Cuando se habla de conciencia, hermandad y justicia en el mundo, alguna gente dice que eso sólo son palabras que expresan sueños. Pero no sólo las pesadillas pueden hacerse realidad, también pueden materializarse los sueños”. Una afirmación que completó con otra igualmente maravillosa: “La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera”.

    Maasalama, adiós, querido maestro.

    http://www.elpais.es/articulo/cultura/gigante/literario/moral/arabe/elpporcul/20060830elpepucul_4/Tes/
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  8. #28
    nefert-maat Guest

    Predeterminado

    Muy buen artículo Txukiya.....no sólo me gusta como escritor, sino como el ser humano que fue, lleno de grandes valores que trasmitió afortunadamente.

    Veamos un poco sus antecedentes....

    Sus padres, a los que quería y repetaba, formaban un matrimonio feliz. El ambiente familiar era muy religioso. Su padre, Maffuz Abdul Aziz fue primero funcionario en el Ministerio de Educación y cuando se jubilo se dedico al comercio.
    Era un musulmán muy estricto y además un ferviente patriota que hablaba con frecuencia del nacionalismo y reverenciaba los nombres de Mustafá Kamil, Muhammad Farid y Saad Zaglul. Los consideraba héroes por haber desafiado la autoridad británica. Como muchos egipcios de la época se tomaba a los politicos muy en serio y hablaba de ellos como si fueran amigos o enemigos.

    Por el contrario su madre, Fátima Mustafa era muy tolerante. Su papel fue fundamental en la educación de Naguib Mahfuz porque era la que siempre estaba en casa. Además le apasionaba visitar los monumentos arqueológicos, a pesar de que era analfabeta y le llevaba a ver las pirámides y monumentos coptos.


    A destacar el papel de su madre y su tolerancia que influyó en él durante toda su vida.....y le inculcó el amor por los monumentos de su querida tierra...

    Un besazo
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  9. #29
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    Predeterminado

    Muy interesante Nefert.

    Adjunto una viñeta en homenaje a Mahfuz que me gusta mucho.

    Un abrazo
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  10. #30
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    Predeterminado

    Gracias Txukiya ha sido un bonito a homenaje a Naguib Mahfuz. A mi me encanta este escritor, he leido muchos libros suyos desde hace años, y soy una gran fan suya, por eso me ha gustado mucho que nos hayas hecho este bonito regalo, recordandonos a todos al gran escritor cairota.
    Saludos

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