Página 9 de 16 PrimerPrimer ... 6789101112 ... ÚltimoÚltimo
Mostrando resultados del 81 al 90 de 159

Tema: Visita Virtual: Museo del Cairo

  1. #81
    Fecha de Ingreso
    Jun 2006
    Mensajes
    1,177

    Predeterminado Dinastia XXI Psusennes I : de Tanis

    Pátera de las nadadoras: de oro y plata: Representadas dos nadadoras que siguen y capturan ánades.
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  
    Siempre seras capaz de aprender, si continuas siendo niño

    Recuerda que esto es un foro, y no se ven las caras ni las expresiones.
    A veces se malinterpreta la forma de decir las cosas.
    Antes de liarla no postees y date un tiempo.
    Antes de faltar al respeto, piensa en todo el trabajo que hay detras del foro.
    Antes de cagarla piensálo dos veces.
    Te lo agradeceremos eternamente

  2. #82
    Fecha de Ingreso
    Aug 2005
    Mensajes
    6,338

    Predeterminado Para Delia

    Delia, quería date una respuesta y pedirte un favor.

    Post nº 59: me parece que se trata de la momia de Sekenenre pero no sé si se encnuentra en el museo de El Cairo (hab ría que averiguarlo)

    Pots nº 61: La momia de "Tut" : ¿Te refieres a Tutankhamon???? Porque si es el caso, por favor, quitra la imagen ya que la momia de Tutankhamon se encuentra en su tumba y no en el museo de El Cairo.


    Gracias

    BESOTES

  3. #83
    Fecha de Ingreso
    Aug 2005
    Mensajes
    6,338

    Predeterminado

    Hola, Delia.. He podido confirmar que la momia de Sekenenre esta en el museo egipcio de El Cairo.Pero me parece que la momia que pusiste en el post 59 no es de Sekenenr al contrario de lo que dije arriba porque aqui dejo una foto y solo con mirar la boca se nota que no se trata de la misma:

    Besotes
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  
    Úlima edición por flordeloto fecha: 10-31-2006 a las 09:17 AM

  4. #84
    Fecha de Ingreso
    Aug 2005
    Mensajes
    6,338

    Predeterminado XVIII dinastía/Amarna

    Mi aportación tenía que ser sobre Amarna.. me emocioné tanto llegando en aquella sala....

    Reina Nefertiti
    XVIII dinastía (siglo XIV a.C.)
    Obra inacabada en cuarcita con indicios de color.-
    Altura: 33 cm
    Procedencia: Tell el-Amarna
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  
    Úlima edición por flordeloto fecha: 11-01-2006 a las 02:08 PM

  5. #85
    Fecha de Ingreso
    Aug 2005
    Mensajes
    6,338

    Predeterminado XVIII dinastía /Amarna

    Mucho se habla de las ocas de Meidum pero mirad esto.... este movimiento, esta naturalidad.... ya me quedo con esta pintura al fresco de Amarna. En Amarna había costumbre de pintar lo pavimentos.



    Ánades sobre un estanque.
    XVIII dinastía (siglo XIV a.C.)
    procedencia: Tell el-Amarna
    Imágenes Adjuntas Imágenes Adjuntas  
    Úlima edición por flordeloto fecha: 11-01-2006 a las 02:09 PM

  6. #86
    Fecha de Ingreso
    Aug 2005
    Mensajes
    6,338

    Predeterminado

    El vaso canope que Hp identifico como de Tutankhamon, Reggae con de Ti-Yi y Ra-Maestre como perteneciente a Kiya(cf. posts 44 ....), yo lo tengo adjudicado a Merit-Aton ..

    Jajajaj a ver esto parece una subasta...¿Quién mejora la oferta???

    Besotes

  7. #87
    Fecha de Ingreso
    Mar 2006
    Mensajes
    242

    Predeterminado identificación de momias

    Las momias reales: problemas de identificación.

    Desde que se descubrieron las momias reales de los faraones de Egipto más importantes a finales del siglo XIX, la polémica no ha dejado de reavivarse. ¿Pertenecen realmente a quienes dicen ser algunas de las momias más célebres del Museo Egipcio de El Cairo? Actualmente el gobierno egipcio está desarrollando el llamado Egyptian Mummy Project con el que quieren zanjar de forma definitiva el problema de las momias reales.

    Parece hasta cierto punto superficial e impersonal disfrutar del legado de los grandes soberanos de Egipto sin aprovechar la ocasión que ellos nos han dado de poder ver sus rostros. El Museo Egipcio de El Cairo cuenta con decenas de miles de objetos en exposición. Muchos de ellos proceden de los momentos más gloriosos de la historia faraónica. Cualquiera de las estatuas colosales de Ramsés II, los finísimos retratos de Tutmosis III o los destellos de vida que aún emanan las estatuas de Amenofis III con esa sonrisa ingenua y los característicos ojos almendrados, no son nada si lo comparamos con ver el propio rostro de esos reyes.

    Gracias a la momificación, la cultura egipcia nos ha otorgado la posibilidad de poder descubrir el aspecto que tenían los faraones; los mismos constructores de sorprendentes templos. Los artífices de proezas increíbles dejadas a la posteridad en los anaqueles de los santuarios.

    Desde el punto de vista estético y artístico una estatua idealizada es más hermosa que el rostro desencajado de una momia. Sin embargo, nuestra naturaleza humana hace que nos sobrecojamos y que, en cierto modo, prefiramos ver las vitrinas con los restos de estos reyes, antes que su glorioso pasado.


    Hoy es posible ver a algunos de ellos en el Museo de El Cairo. La sala número 56 alberga en doce vitrinas los restos tranquilos y sosegados de otros tantos reyes y reinas del antiguo Egipto. En la actualidad el museo cuenta con 27 momias reales. Sin embargo, si añadimos a esta lista los miembros de las mismas familias a las que pertenecen los grandes soberanos, el inventario aumenta sustancialmente.

    Siguiendo el recorrido lógico de la exposición, el perímetro exterior de la sala 56 muestra al público los cuerpos del faraón Sequenenre Ta, Amenofis I, la reina Meritamún, Tutmosis II, Tutmosis IV, Seti I, Merneptah y Ramsés V. Ya en el centro de la habitación podemos ver las momias de las reinas Nedjmet y Henutaui. Finalmente, al pie de estas dos últimas momias, en el centro de la sala reposan los restos de Ramsés II. Recientemente, al pie de los escalones que dan paso al rellano que sirve de podio a las vitrinas, han depositado la momia de Tutmosis III.

    El principal problema que flota sobre las momias reales egipcias es que un elevado número de ellas están mal identificadas. Hay quien señala que para el caso de las de la XVIII dinastía, todas menos la de Tutmosis III y la de Tutankhamón, esta última por haber aparecido en el interior de su tumba en 1922, no son quienes creemos que son. Es decir, que el cuerpo que hoy señalamos como Tutmosis I no es él sino otro, que Amenofis III no es quien se dice que es sino cualquier otro faraón, y así hasta completar la lista.

    Para comprender mejor este problema tenemos que viajar en el tiempo. Si nos retrasamos más de un siglo atrás, hacia el propio momento de su descubrimiento en las lejanas montañas de Tebas, quizá entendamos por qué las momias reales del Museo de El Cairo presentan hoy esos problemas de identidad.

    En realidad, para ser exactos, la historia de este increíble puzzle comienza en la dinastía XXI (1000 a. de C.). En aquel momento Egipto pasaba una época de crisis en la que los saqueos de tumbas estaban a la orden del día. El Valle de los Reyes de Tebas y otras necrópolis regias de los alrededores eran continuamente amenazadas. Los saqueadores de tumbas buscaban objetos de valor para hacer negocio e intentar salir así de la precaria situación que los ahogaba cada vez más.

    Ésta fue la razón por la cual los sacerdotes de Tebas decidieron reagrupar las momias reales de sus gloriosos ancestros en diferentes escondites seguros, a salvo de las manos de los ladrones.

    Tras abrir las tumbas, se recuperaron los cuerpos y una parte muy pequeña de sus ajuares. En ocasiones, los sacerdotes llegaron tarde. Algunas de las momias tuvieron que ser vueltas a vendar después de haber sufrido el atropello de los saqueadores. Otras, sencillamente, fueron trasladadas de su lugar de origen hasta un nuevo emplazamiento, más escondido y seguro.

    Sobre las tapas de los ataúdes de madera que cubrían los restos de los faraones, se inscribió el relato de lo sucedido, además del nombre del inquilino momificado. Sin embargo, lo que en un principio no debió de suponer más que un simple trámite burocrático, una simple mudanza de momias, debió de convertirse en un verdadero problema para los sacerdotes. En algunas tapas podemos leer que se han escrito varios nombres reales, tachando unos y escribiendo otros encima, de lo que se deduce que, en un momento dado, los sacerdotes dejaron de ver con claridad quién era quién, no sabiendo a cuál pertenecía cada uno de los cuerpos. Si a esto sumamos lo parecidos que eran algunos de los títulos de varios reyes, no hace falta ser muy inteligente para descubrir que el lío ya estaba armado miles de años antes de que se descubriera el escondite.

    El más importante de estos escondites fue el de Deir el Bahari, descubierto en 1881. En aquella ocasión el Servicio de Antigüedades, bajo la dirección de Gaston Maspero, siguió la pista de una famosa familia de ladrones de tumbas, los Abd er Rassul, después de descubrir en el mercado negro de antigüedades de Luxor la presencia de piezas de incalculable valor. Tras una historia detectivesca realmente singular que bien merece una película, los egiptólogos dieron con un escondite al que llamaron DB320.

    En su interior aparecieron, entre muchas otras, momias cuyas etiquetas se correspondían con Amenofis I, Tutmosis III, Seti I, Ramsés II, Ramsés III, etcétera, al igual que los cuerpos de importantes reinas. En total, 35 momias entre las que había grandes sacerdotes y cuerpos, hoy todavía sin identificar.

    Años más tarde, en 1898, el francés Victor Loret descubrió en el Valle de los Reyes la tumba de Amenofis II, a la que denominaron KV35. En una de sus habitaciones estaban las momias de reyes como Amenofis III, Tutmosis IV, Seti II o Siptah, entre otros, así como ataúdes y elementos del enterramiento de algunos de los monarcas descubiertos años antes en Deir el Bahari. Entre las 17 momias que se descubrieron en esta misma tumba, apareció la que en 2003 la Dra. Joann Fletcher identificó con la reina Nefertiti, la esposa de Amenofis IV, Akhenatón. En cualquier caso los problemas de etiquetado e identificación de las momias de la KV35 presentaron los mismos problemas que las del escondite DB320.

    ¿Qué hacer ante este guirigay de momias? La decisión que se tomó y que sigue en vigor en la actualidad, fue la de dar por buenas esas etiquetas y atribuir las momias a los soberanos con que parecían estar identificadas. Por otra parte es entendible que se hiciera esto. A finales del XIX no había sistemas de identificación para poder resolver el puzzle.

    Con todo, durante décadas el descubrimiento no dio más problemas. Sin embargo, con la aparición de nuevos métodos de investigación anatómicoforenses, especialmente a partir de la década de 1960, surgieron las primeras dudas. Hasta ese momento nadie se había planteado la pregunta de por qué la momia de Tutmosis II no tiene ninguna semejanza anatómica con la de su padre Tutmosis I. O por qué éste no presentaba los brazos cruzados sobre el pecho como cabría esperar en cualquier faraón de la XVIII dinastía. Algo parecido se podía decir de todas y cada una de las momias descubiertas, especialmente en el escondite de Deir el Bahari (DB320). Entonces, las prisas y el nerviosismo empezó a extenderse entre los investigadores.

    Y el caso es que esas dudas que hoy no dejan pegar ojo a los científicos modernos, de alguna forma ya se barruntaba algo desde el mismo momento del hallazgo. Por ejemplo, Gaston Maspero, director del antiguo Servicio de Antigüedades en aquellas fechas de finales del XIX (hoy Consejo Superior para las Antigüedades de Egipto), dedujo que la momia que hoy se dice de Tutmosis I era realmente la del faraón Pinedjem I. Su propuesta nacía del texto que cubría el ataúd de madera en donde apareció la momia, en donde estaban los nombres de los dos soberanos. Entonces, ¿de quién era esa momia? A esto hay que añadir el hecho de que, como he dicho más arriba, los brazos del supuesto Tutmosis I estaban colocados a lo largo del cuerpo y no cruzados sobre el pecho, tal y como sucede con todas las momias reales del Imperio Nuevo, momento al que perteneció este monarca.
    Años después el médico forense Elliot Smith, un experto del primer tercio del XX del estudio de momias egipcias, advirtió las incongruencias anatómicas que existían entre algunas de las momias adjudicadas a los ramésidas. Es el caso, por ejemplo, de la momia de Seti II de la dinastía XIX, descubierta en la KV35, cuyos rasgos nada tenían que ver con sus supuestos parientes sino con los reyes de la dinastía XVIII.

    Desde los primeros estudios comparativos antropométricos del año 1967 hasta los análisis de ADN de Scott Woodward de los 90, todavía inéditos pero finalizados desde hace tiempo, todos los investigadores coinciden en un solo detalle. La única momia que parece ser quien dice que es de entre aquellas de la XVIII dinastía, además de la de Tutankhamón descubierta en su tumba en 1922, es la de Tutmosis III, hallada en el escondite de Deir el Bahari. El resto, sencillamente, no son quienes creemos que son.

    Lógicamente, se trata de un hecho sintomático aunque no generalizado. Abeer Helmy el Adamy es conservadora del Museo Egipcio de El Cairo y miembro de la Oficina Técnica del Consejo Superior para las Antigüedades de Egipto (SCA). Ella es una de las encargadas del Egyptian Mummy Project . Este “Proyecto de las Momias de Egipto” pretende hacer una base de datos de todas las momias existentes en el país, hacer un estudio con escáner de ellas, un análisis en profundidad, etcétera. “ Cuando se descubrieron las momias en sus escondrijos —nos señala Abeer Helmy— cada una de ellas llevaba una etiqueta diciendo quién era. Si vas a la Historia y ves los registros que apoyan la forma de muerte que ves en la momia, te das cuenta de que está bien identificada. Es el caso de Sequenenra de quien la Historia dice que murió en el campo de batalla contra los hicsos. Su momia, efectivamente, tiene una herida muy fuerte en la cabeza. Lo mismo con la momia de Ramsés II. La Historia te dice que reinó muchos años y, efectivamente, la momia es de una persona muy mayor. Esto apoya las etiquetas que cubren las momias de los escondites. Cuando en la dinastía XXI se trasladaron las momias reales a estos escondites no entiendo por qué se tendría que hacer mal. Se volvieron a vendar, se metieron en ataúdes nuevos, etcétera. S í que es cierto que hay problemas con algunas momias. Por ejemplo, Tutmosis I no está momificado como Osiris (con los brazos cruzados sobre el pecho) y le faltan las manos. Pero si miramos la etiqueta vemos que es de Tutmosis I. De todas formas, cuando se estudiaron las momias hace muchos años se vio que había similitudes entre ellas, lo que demostraba que eran de las familias a las que pertenecían. Además, si Ramsés II o cualquiera de los reyes no es quien dice ser habría que buscar una persona con quien identificar el cuerpo.”

    Es precisamente ahí donde está verdaderamente el problema. Quizá el paradigma que resume en alguna medida la generalidad del problema que rodea a las momias de la XVIII dinastía descubiertas en estos escondites es la que siempre se ha identificado como perteneciente a Tutmosis I (61065).

    Como comentaba Abeer, esta momia no tiene la postura característica de las momias de este período, es decir, con los brazos cruzados sobre el pecho, asemejándose así con el dios Osiris, algo generalizado entre los monarcas de la XVIII dinastía. Por el contrario, los tiene extendidos a lo largo del cuerpo, faltándole en la actualidad las dos manos.

    Ya cuando la momia apareció en 1881 llamó la atención por este hecho a Gaston Maspero. Esta contradicción en la posición de los brazos en la momia 61065 le llevó a pensar que en realidad se trataba de Pinedjem I, gran sacerdote de Tebas que gobernó en el Tercer Período Intermedio hacia el 1050 a. de C., es decir, cinco siglos después de Tutmosis I. Luego Maspero cambió de opinión y se asentó en la identificación de Tutmosis I añadiendo que la anomalía de los brazos se debía a que la postura osiríaca no se adoptó hasta su sucesor Tutmosis II. Pero además de que la momia de Amenofis I, antecesor de Tutmosis I ya tenía los brazos cruzados sobre el pecho, existía otra incompatibilidad sobre la que llamó la atención el médico Elliot Smith. La momia 61065 aparentaba tener no más de 18-20 años de edad, mientras que lo que se reflejaba en los monumentos era que Tutmosis I era un hombre bien adulto cuando falleció.

    Y así con muchas de ellas.

    Hasta la fecha la investigación publicada más importante es la del profesor Edward F. Wente del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago (Estados Unidos). En el año 1980 sorprendió a todos con la publicación de un trabajo serio en el que comparaba las radiografías de las momias reales del Museo Egipcio de El Cairo tomadas por el Dr. James E. Harris a finales de los 60.
    Como ya hemos visto, el primer hecho que llamó la atención del Dr. Wente fue que la edad de las momias no se correspondía con la de los reyes según los documentos históricos. La base de los estudios del profesor de la Universidad de Chicago estaba sustentada en la cefalometría de las momias, es decir, las medidas y proporciones de los cráneos que siempre guardan ciertas similitudes de padres a hijos. En este sentido, la historia nos dice que en un momento de la XVIII dinastía, por ejemplo, la sucesión de reyes fue Tutmosis III, Amenofis II, Tutmosis IV, Amenofis III y Akhenatón. Sin embargo, la cefalometría de las momias nos dice que tuvo que ser Tutmosis III, Tutmosis IV, Amenofis II y Amenofis III. Lógicamente, como reconoce el propio Dr. Wente, hay algo que está mal y no es precisamente la sucesión histórica sino la identificación de las momias.

    A partir de sus trabajos, el Dr. Wente propuso tres esquemas viables para la identificación de las momias. Ya nos quedemos con una o con otra, lo que está claro es que, para el caso de las momias de la XVIII dinastía, casi todas ellas están mal identificadas. En la elaboración del siguiente cuadro, extraído de una publicación del Dr. Wente, tenemos que acudir a algunas momias descubiertas fuera de los escondites DB320 y KV35, como la de Tutankhamón, hallada en su tumba del Valle de los Reyes (KV62) o la momia descubierta en el almacén KV55 de la misma necrópolis, perteneciente a una persona desconocida de la época de Amarna, quizá el propio Amenofis IV, Akhenatón.

    Secuencia de reyes
    Esquema 1
    Esquema 2
    Esquema 3

    Tutmosis I
    Tutmosis II
    Tutmosis II
    Tutmosis II

    Tutmosis II
    Seti II
    Seti II
    Seti II

    Tutmosis III
    Tutmosis III
    Tutmosis III
    ¿Tutmosis III?

    Amenofis II
    ¿Tutmosis III?

    Tutmosis IV
    Amenofis II
    Amenofis II
    Tutmosis IV

    Amenofis III
    Tutmosis IV
    Tutmosis IV
    Amenofis II

    Akhenatón
    KV55
    Amenofis III

    Semenkahré
    KV55
    KV55

    Tutankhamón
    Tutankhamón
    Tutankhamón
    Tutankhamón

    Ay
    Amenofis III
    Amenofis III


    La primera conclusión que se extrapola de una lectura somera de este cuadro es muy sencilla. Salvo la momia de Tutmosis III, todas, absolutamente todas las momias de la XVIII dinastía descubiertas en los escondites desde Tutmosis I, están mal identificadas. Así de sencillo y así de duro.

    El doctor Nasry Iskander, antiguo director de las momias del Museo Egipcio de El Cairo, comentaba en cierta ocasión que si alguien se hubiera planteado hace pocos años la posibilidad de trabajar con el ADN antiguo de las momias, seguro que le hubieran tomado por loco. Parecía algo increíble. Si los análisis de los grupos sanguíneos ya parecían algo de ciencia ficción, hablar de ADN era todo un sueño.

  8. #88
    Fecha de Ingreso
    Mar 2006
    Mensajes
    242

    Predeterminado sigo

    La razón de formalizar un proyecto científico en el que se trabajara con el ADN de las momias reales del Museo de El Cairo era, precisamente, buscar una salida definitiva al problema de la identificación de los cuerpos que ha existido desde siempre. “En 1898 se descubrió el segundo escondrijo de momias reales —me confesaba el Dr. Iskander—. Precisamente en el estudio de estos cuerpos estamos trabajando ahora. En este escondrijo apareció, junto a otras nueve momias reales, la del faraón Amenofis III, cuyo cuerpo ha sido identificado por algunos forenses con el de Amenofis IV, Akhenatón, gracias a una serie de particularidades físicas. Por otra parte, en la tumba KV55 del Valle de los Reyes apareció en el año 1907 la momia del faraón Semenkhare, también vinculada en un principio con la de Akhenatón. Además tenemos en el museo una tercera momia, en esta ocasión anónima, atribuida a este insólito rey. El problema se complica cuando hacemos un estudio computerizado de una momia que los textos la datan en la XVIII dinastía y el ordenador proporciona una fecha totalmente diferente; nadie puede responder a este enigma. Puede que sea Amenofis III, Amenofis IV o alguno de los hijos de aquél. En cualquier caso, no tenemos ninguna seguridad, solamente posibilidades. Pero si conseguimos el ADN, entonces sí que hay seguridad.”

    El ADN es el ácido desoxirribonucleico, material genético de todos los organismos celulares y casi todos los virus. En palabras más sencillas podríamos decir que es una especie de clave de la vida. En 1973 la universidad estadounidense de Philadelphia y dos años más tarde la de Manchester en Gran Bretaña, comenzaron a emplear en sus trabajos con momias egipcias la más alta tecnología. Pero el paso decisivo no se dio hasta 1983 cuando un equipo de médicos de la Universidad de Cambridge logró extraer por primera vez el ADN del tejido rehidratado de una momia.

    El proceso para la obtención de ADN de una momia es relativamente sencillo. Únicamente se necesita extraer una diminuta porción de tejido, empleando para ello unos guantes y una mascarilla con el fin de evitar el error de mezclarlo con el ADN del propio experimentador. Como medida añadida, suele tomarse una muestra del cabello de todos los participantes en la investigación, ya sean científicos o los simples obreros locales que extraen la momia del yacimiento arqueológico. El resto del trabajo se lleva a cabo en el laboratorio. Allí el ADN se coloca en un botecillo mezclado con un líquido especial. La solución con el ADN antiguo se vierte en una compleja máquina que proporciona una corriente eléctrica muy fuerte a este líquido gelatinoso, provocando la aparición del ADN.

    Como señala la Dra. Abeer Helmy, “el principal problema que presenta el estudio actual de ADN es que las muestras que se pueden tomar de las momias reales son muy valiosas y los resultados hasta ahora no son muy buenos. Por eso, en opinión del Dr. Zahi Hawass y de otros especialistas del SCA es mejor salvaguardar las momias hasta que la técnica esté mucho más depurada. Ésta es la razón de por qué no se ha sacado todavía nada a la luz hasta que no se puedan obtener buenos resultados. Es cierto que mucha gente tomó muestras de ADN y no ha publicado nada. La mayoría de esos resultados no son seguros. Es el caso del microbiólogo Scott Woodward. Hay resultados, eso sí, pero no se pueden considerar como definitivos. Por eso todavía no se ha publicado nada. Cuando se consiguió estudiar el ADN de momias, la técnica no estaba muy depurada ni lo sigue estando hoy. No hay que olvidar que el método de ADN es un método destructivo. Hay otros procesos de investigación no destructivos como los TAC (tomografía axial computerizada) con los que puedes obtener mucha información de la momia sin necesidad de dañarla. Eso es, por ejemplo, lo que se ha hecho con la momia de un sacerdote en el Museo Británico de Londres; una momia que llevaba en el museo mucho tiempo y de la que ahora conocemos un montón de cosas gracias al TAC”.
    El problema que cuentan las investigaciones de los años 90 realizadas por Scott Woodward, de la Brigham Young University (Estados Unidos), es que tomó muestras pero nunca publicó sus investigaciones. Sí ha hecho documentales para la televisión pero no ha hecho ninguna publicación científica.

    En palabras de Abeer Helmy “el estudio del ADN es pura ciencia, es algo que realizas en el laboratorio y que luego tienes que hacer público en una revista, ya sea científica o de acceso al gran público, en un libro, etcétera, con el fin de que otras personas puedan acceder a esa información para decir está bien o está mal”.

    La respuesta a todo este enigma médico e histórico la podríamos encontrar en el hallazgo de un tercer escondite de momias reales. Si hacemos caso de los resultados extraídos del análisis de las momias conocidas y su reubicación, en este nuevo escondite deben de estar los restos de los soberanos con los que aún no contamos. Es el caso de reyes tan importantes como la célebre reina Hatshepsut, Amenofis III, Amenofis IV (Akhenatón), Ramsés I, o la no menos inquietante reina Nefertari, la esposa principal de Ramsés II.


    Con estos antecedentes y como se podrá imaginar, la parafernalia que se levantó a finales de 2003 con la llegada a El Cairo de la supuesta momia de Ramsés I, encontrada en el escondite de Deir el Bahari en 1881 y que abandonó el país en circunstancias no aclaradas para aparecer décadas después en un pequeño museo de Canadá, no encaja con la certeza que, en este caso, no tienen los científicos. En este caso hay que reconocer que las autoridades egipcias siempre han sido muy prudente a la hora de reconocer la identificación de esta momia con la de Ramsés I. Estudios antropométricos señalan su pertenencia a la dinastía ramésida, pero nada más.

    Son muchos los que se preguntan por qué el gobierno egipcio es tan reticente a la investigación del ADN de las momias reales. No obstante, como hemos visto, su trabajo no es tan sencillo como parece. No hay más que echar un vistazo a lo que ha sucedido con Colón.

    Otros esgrimen problemas religiosos. Pero no tiene sentido intuir estos inconvenientes en relación al rechazo de la cultura musulmana a tocar los muertos, ya que el trabajo con momias en Egipto siempre ha estado a la orden del día y lo sigue estando, como algo cotidiano. Tampoco tiene lógica pensar en cierto miedo de las autoridades locales a reconocer el error en la identificación de los reyes. Nadie está diciendo que no se cuente con los grandes faraones. Ellos están ahí. Solamente hay que cambiar algunas etiquetas de lugar. Nada más.

  9. #89
    Fecha de Ingreso
    Mar 2006
    Mensajes
    242

    Predeterminado Para flor

    Como bien puedes comprender flor, despues de leer esto cualquiera se arriesga a decir quien es quien en el mundo de las momias.
    Ah! de lo que estoy segura es que Tut se refiere a Tutmosis no a Tutankamon

  10. #90
    Fecha de Ingreso
    Feb 2005
    Mensajes
    3,560

    Predeterminado

    Para Delia:

    Cuando se dice Tut de forma coloquial, lo normal es que pensemos que uno se refiere A Tutankhamón, más si la momia representada es la del rey niño.

    Y lo que tenias que haber hecho era abrir un tema especifico donde colocar todo el material que nos has copiado, más que nada para poder debatir sobre el tema sin cargar este tema que va de una visita virtual al museo de El Cairo.

    No estaría de más hacerlo, porque lo que has escrito es muy interesante y digno de debatirse.

Reglas de Mensajes

  • You may not post new threads
  • You may not post replies
  • You may not post attachments
  • You may not edit your posts
  •