Los Colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas que representan al faraón Amenhotep III y que se construyeron para presidir su templo funerario en la orilla occidental del Nilo, en la ciudad Lúxor (antiguamente Tebas). Fueron levantadas hace 3.400 años y muestran al faraón en pose de relajación, con las manos apoyadas en las rodillas y con la mirada puesta hacia el sol naciente.

Introducción

Amenhotep III, también conocido como Amenofis III, fue coronado faraón siendo apenas un niño, a una edad que se estima entre los 6 y los 12 años. Y fue uno de los gobernantes con uno de los periodos más largos de gobierno, en una época de paz en las que Egipto ratificó su poderío comercial en la zona. Fue, además, el padre del famoso Akhenatón y dejó un importante legado arquitectónico de templos y construcciones, de los cuales los más famosos son los Colosos de Memnón.

En la zona inferior de las esculturas hay dos representaciones más. Por un lado, está esculpida su madre, la reina Mutemwiya, quien fue clave para que Amenhotep III no solo pudiera llegar al poder siendo apenas un niño sino también que consiguiera mantenerse en él. Y, por el otro, está la esposa del faraón, la reina Tiy.

El objetivo de los Colosos de Memnón era que fueran los protectores de los restos del faraón en su descanso eterno (por ese motivo coronaban la entrada del templo funerario) y también fueron usados para adorar a Amenhotep III como un dios terrenal. Que sean dos representa el dominio del faraón en las dos partes de Egipto: el Alto y el Bajo Nilo.

Cada uno de los colosos presenta una altura de 14 metros y un peso de 700 toneladas. Se encuentran subidas a pedestales de 4 metros de altura y pesa cada uno 600 toneladas de peso. Toda esta estructura suma 18 metros de altura y 1.300 toneladas de peso para cada estatua, contando con su respectivo pedestal. Algunos arqueólogos afirman que pueden haberse perdido o expoliado partes de la cabeza y el tocado de las estatuas y, en caso de ser cierto, la altura real de cada coloso llegaría a los 21 metros.

Están construidos a partir de un único bloque de granito que fue traído desde canteras cercanas a la ciudad de El Cairo, en Giza, a 675 kilómetros de Lúxor, otro motivo por el que se han abierto sucesivos debates a lo largo de la historia y que es objeto de muchos misterios. ¿Cómo hicieron los antiguos egipcios, con las tecnologías tan precarias que tenían, para transportar tantas toneladas de peso durante tantos kilómetros? Todas las respuestas conducen al río Nilo, donde, por supuesto, se abren otros interrogantes: ¿qué tipo de barcos soportaban tantas toneladas a bordo durante tantos kilómetros de navegación? Hay muchas cosas de los años de los faraones que siguen siendo un misterio.

¿Por qué se llaman los Colosos de Memnón y no los Colosos de Amenhotep III o de Amenofis III? Porque a los primeros griegos que documentaron su existencia, el nombre en griego de Amenofis, Phamenoth, les recordaba al de Memnón, un personaje que aparece en la Iliada de Homero y que fue derrotado por Aquiles en su intento de auxiliar a Troya.

En esta zona se hallaron más colosos similares a los de Memnón, pero no tan grandes. Hay una segunda pareja de 15 metros de altura y una tercera pareja de 11 metros, por lo tanto que son seis colosos los que había en Lúxor. Hoy se encuentran en pleno proceso de restauración al igual que parte del templo de Amenofis III, destruido por un terremoto durante el año 1.200 a.C.

La estatua que canta

Hay una leyenda fascinante en torno a los Colosos de Memnón que muchos historiadores la documentan como real. En el año 27 a.C. un terremoto derribó una gran parte de una de las estatuas. Entonces, el otro coloso (el que se encuentra situado más al sur) empezó a cantar cada mañana durante el amanecer.

Se mantuvo así durante muchos años hasta que en el siglo III d.C. y ya con el Imperio Romano dominando toda la zona, el emperador Septimio Severo mandó a reconstruir la parte que faltaba del otro coloso ante el temor y la superstición de los nuevos pueblos invasores, que veían algo siniestro en ese lamento cantado del coloso. Una vez reconstruida la estatua, su pareja dejó de cantar.

Podría haber una explicación lógica de este fenómeno y que es que, al comienzo de cada día, el cambio de temperatura provocaba que se evaporara el agua y que, al salir por las fisuras del coloso, produjera ese sonido tan peculiar. Pero la explicación mística también es interesante: imaginar al gemelo del coloso de Memnón tantas décadas llorando de tristeza hasta que, al fin, volver a ver a su hermano en perfectas condiciones le devolvió la paz.

Cómo llegar a los Colosos de Memnón

A Lúxor se puede llegar en avión a su aeropuerto internacional y también en tren, con un servicio diario de dos turnos que conectan la ciudad con Asuán y El Cairo.

A través del puente que une las riberas este y oeste se puede cruzar hacia uno y otro lado en coche o en autobús, mientras que por el río aún quedan algunas balsas con las que se puede cruzar como se hacía desde la antigüedad.

Horarios para visitar los Colosos de Memnón

Se puede entrar en la zona todos los días de 6h a 17h.

Precios de la visita

Es una de las pocas cosas que es gratis en Egipto, aunque te recomendamos contratar un servicio de visita guiada con algún especialista para que te explique detalles de las estatuas. Algunos packs de cruceros por el Nilo, tanto los que empiezan como los que acaban en Lúxor, incluyen como extra una visita a los Colosos de Memnón.

Fotos de los Colosos de Memnón

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